View allAll Photos Tagged rays
A sun ray was peeping thru my window and into my face..Annoyed me for a while...I had my revenge by trapping it for ever....
You really oughta view it large on black.
Lake Ray Hubbard, from the Kayak launch point at Rowlett Lakeside Park in Rowlett, Texas. Took this shot on the way back from shooting an abadonment that didn't work out so well because of the cloudy/foggy weather. 15 minutes after this shot was taken, the fog had thickened so much that you could no longer even see the tree stumps in the water. I felt like I was having a Bob West moment! :-)
Night, full moon through fog, 30 seconds.
piercings, Ray-Ban horn-rimmed glasses, a rolled cigarette, plaid shirt buttoned and a cute dog ... something told me to do some clics.
-----
Exposición · 0,002 sec (1/640)
Aperture · f/1.4
Ojo · 50 mm
ISO · 200
Calidoscopio
Ray Bradbury
[Cuento. Texto completo del libro El Hombre Ilustrado]
El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes. Se diseminaron en un mar oscuro mientras la nave, convertida en un millón de fragmentos, proseguía su ruta semejando un enjambre de meteoritos en busca de un sol perdido.
-Barkley, Barkley, ¿dónde estás?
Voces aterrorizadas, niños perdidos en una noche fría.
-¡Woode, Woode!
-¡Capitán!
-Hollis, Hollis, aquí Stone.
-Stone, soy Hollis. ¿Dónde estás?
-¿Cómo voy a saberlo? Arriba, abajo... Estoy cayendo. ¡Dios mío, estoy cayendo!
Caían. Caían, en la madurez de sus vidas, como guijarros diminutos y plateados. Se diseminaban como piedras lanzadas por una catapulta monstruosa. Y ahora en vez de hombres eran sólo voces.
Voces de todos los tipos, incorpóreas y desapasionadas, con distintos tonos de terror y resignación.
-Nos alejamos unos de otros.
Era cierto. Hollis, rodando sobre sí mismo, sabía que lo era y, de alguna forma, lo aceptó. Se alejaban para recorrer distintos caminos y nada podría reunirles de nuevo. Vestían sus trajes espaciales, herméticamente cerrados, sus pálidos rostros ocultos tras las placas faciales. No habían tenido tiempo de acoplarse las unidades energéticas. Con ellas, habrían sido pequeños botes salvavidas flotando en el espacio. Se habrían salvado, habrían salvado a otros, habrían encontrado a todos hasta unirse para formar una isla de hombres y pensar en alguna salida. Pero ahora, sin las unidades energéticas acopladas a sus hombros, eran meteoritos alocados encaminándose hacia destinos diversos e inevitables.
Pasaron diez minutos. El terror inicial se apagó, dando paso a una calma metálica. Sus voces extrañas empezaron a entrelazarse en el espacio, un telar inmenso y oscuro, cruzándose y volviéndose a cruzar hasta formar el tejido final.
-Stone a Hollis. ¿Cuánto tiempo podremos hablar por radio?
-Depende de tu velocidad y la mía.
-Una hora, supongo.
-Algo así -dijo Hollis, pensativo y tranquilo.
-¿Qué sucedió? -preguntó Hollis al cabo de un minuto.
-El cohete estalló, eso es todo. Los cohetes estallan, ¿sabes?
-¿Hacia dónde caes?
-Creo que me estrellaré en el Sol.
-Yo en la Tierra. De vuelta a la madre Tierra a quince mil kilómetros por hora, arderé como una cerilla.
Hollis pensó en ello con una sorprendente serenidad. Le parecía estar separado de su cuerpo, viéndolo caer y caer en el espacio, con la misma tranquilidad con la que había visto caer los primeros copos de nieve de un invierno muy lejano.
Los otros guardaban silencio. Pensaban en el destino que les había llevado a esto, a caer y caer sin poder hacer nada para evitarlo. Hasta el capitán callaba, porque no había orden o plan que pudiera arreglarlo todo.
-¡Oh, esto es interminable! ¡Interminable, interminable! -exclamó una voz. ¡No quiero morir, no quiero morir! ¡Esto es interminable!
-¿Quién habla?
-No lo sé.
-Creo que es Stimson. Stimson, ¿eres tú?
-Esto es interminable y no me gusta. ¡Dios mío, no me gusta nada!
-Stimson, aquí Hollis. Stimson, ¿me oyes?
Una pausa. Seguían separándose unos de otros.
-¿Stimson?
-Sí -replicó por fin.
-Stimson, tranquilízate. Todos tenemos el mismo problema.
-No quiero estar aquí. Me gustaría estar en cualquier otro sitio.
-Hay una posibilidad de que nos encuentren.
-Si, sí, seguro -dijo Stimson-. No creo en esto, no creo que esté sucediendo realmente.
-Es una pesadilla -dijo alguien.
-¡Cállate! -ordenó Hollis.
-Ven y hazme callar -contestó la voz. Era Applegate. Se reía con toda tranquilidad, sin histeria-. Ven y hazme callar.
Por primera vez, Hollis sintió su impotencia. La cólera se adueñó de él porque en aquel momento deseaba, más que ninguna otra cosa, herir a Applegate. Había esperado muchos años para poder hacerlo..., y ahora era demasiado tarde. Applegate era únicamente una voz radiofónica.
¡Y seguían cayendo y cayendo!
Dos de los hombres se pusieron a gritar, de repente, como si acabaran de descubrir el horror de su situación. Hollis vio a uno de ellos, en una pesadilla, flotando muy cerca de él, chillando y chillando.
-¡Basta!
El hombre estaba casi al alcance de su mano. Gritaba enloquecido. Nunca se callaría. Seguiría chillando durante un millón de kilómetros, mientras se encontrara en el campo de acción de la radio. Fastidiaría a todos los demás e impediría que hablaran entre sí.
Hollis alargó la mano. Era mejor así. Hizo un último esfuerzo y tocó al hombre. Se agarró a su tobillo y fue desplazando la mano hasta llegar a la cabeza. El hombre chilló y se retorció como si estuviera ahogándose. Sus gritos llenaron el universo.
"Da lo mismo -pensó Hollis-. El Sol, la Tierra o los meteoros lo matarán igualmente. ¿Por qué no ahora?"
Hollis aplastó la placa facial del hombre con su puño metálico. Los gritos cesaron. Se apartó del cadáver y lo dejó alejarse siguiendo su propio curso, cayendo y cayendo.
Hollis y los demás seguían cayendo sin cesar en el espacio, en el interminable remolino de un terror silencioso.
-Hollis, ¿sigues ahí?
Hollis no contestó. Una oleada de calor inundó su rostro.
-Aquí Applegate otra vez.
-¿Qué hay, Applegate?
-Hablemos. No podemos hacer otra cosa.
El capitán intervino.
-Ya es suficiente. Tenemos que encontrar una solución.
-Capitán, ¿por qué no se calla?
-¿Qué?
-Ya me ha oído, capitán. No pretenda imponerme su rango, porque nos separan quince mil kilómetros y no tenemos que engañarnos. Tal como dijo Stimson, la caída es interminable.
-¡Compórtese, Applegate!
-No quiero. Esto es un motín de uno solo. No tengo una maldita cosa que perder. Su nave era mala, usted un mal capitán, y espero que se ase cuando llegue al Sol.
-¡Le ordeno que se calle!
-Adelante, vuelva a ordenarlo. -Applegate sonrió a quince mil kilómetros de distancia. El capitán no dijo nada más-. ¿Dónde estábamos, Hollis? Ah, sí, ya recuerdo. También te odio a ti. Pero tú ya lo sabes. Hace mucho tiempo que lo sabes.
Hollis, desesperado, cerró los puños.
-Quiero confesarte algo -prosiguió Applegate-. Algo que te hará feliz. Fui uno de los que votaron contra ti en la Rocket Company, hace cinco años.
Un meteorito surcó el espacio. Hollis miró hacia abajo y vio que no tenía mano izquierda. La sangre brotaba a chorros. De repente, advirtió la falta de aire en su traje. El oxígeno que conservaba en los pulmones le permitió, sin embargo, hacer un nudo a la altura de su codo izquierdo, apretando la juntura y cerrando el escape. La rapidez del suceso no le dio tiempo a sorprenderse. Ninguna cosa podía sorprenderle en aquel momento. Ya cerrado el boquete, el aire volvió a llenar el traje en un instante. Y la sangre, que había brotado con tanta facilidad, quedó comprimida cuando Hollis apretó aún más el nudo, hasta convertirlo en un torniquete.
Todo esto había sucedido en medio de un terrible silencio por parte de Hollis. Los otros hombres conversaban. Uno de ellos, Lespere, hablaba sin cesar de su mujer de Marte, de su mujer venusiana, de su mujer de Júpiter, de su dinero, sus buenos tiempos, sus borracheras, su afición al juego, su felicidad... Hablaba y hablaba, mientras todos caían. Lespere, feliz, recordaba el pasado mientras se precipitaba a la muerte.
¡Todo era tan raro! Espacio, miles de kilómetros de espacio, y voces vibrando en su centro. Ningún hombre al alcance de la vista, sólo las ondas de radio se agitaban tratando de emocionar a otros hombres.
-¿Estás enfadado, Hollis?
-No.
Y no lo estaba. Había recuperado la serenidad. Era una masa insensible, cayendo para siempre hacia ninguna parte.
-Durante toda tu vida quisiste llegar a la cumbre, Hollis. Y yo lo impedí. Siempre quisiste saber lo que había ocurrido. Bien, voté contra ti antes de que me despidieran a mí también.
-No tiene importancia.
Y no la tenía. Todo había terminado. Cuando la vida llega a su fin es como un intenso resplandor. Un instante en el que todos los prejuicios y pasiones se condensan e iluminan en el espacio, antes de que se pueda decir una sola palabra. Hubo un día feliz y otro desdichado, hubo un rostro perverso y otro bondadoso... El resplandor se apaga y se hace la oscuridad.
Hollis pensó en su pasado. Al borde de la muerte, una sola cosa le atormentaba y por ella, únicamente por ella, deseaba seguir viviendo. ¿Sentirían lo mismo sus compañeros de agonía? ¿Tendrían aquella sensación de no haber vivido nunca? ¿Pensarían, como él, que la vida surge y muere antes de poder respirar una vez? ¿Les parecería a todos tan abrupta e imposible, o sólo a él, aquí, ahora, con escasas horas para meditar?
Uno de los otros hombros estaba hablando.
-Bueno, yo viví bien. Tuve una esposa en Marte, otra en Venus y otra en Júpiter. Todas tenían dinero y se portaron muy bien conmigo. Fue maravilloso. Me emborrachaba, y hasta una vez gané veinte mil dólares en el juego.
"Pero ahora estás aquí -pensó Hollis-. Yo no tuve nada de eso. Tenía celos de ti, Lespere. En pleno trabajo envidiaba tus mujeres y tus juergas. Las mujeres me asustaban y huía al espacio, siempre deseándolas, siempre celoso de ti por tenerlas, por tu dinero, por toda la felicidad que podías conseguir con aquella vida alocada. Pero ahora se acabó todo, caemos. Ya no tengo celos de ti. Es mi final y el tuyo y todo parece no haber sucedido nunca."
Hollis levantó el rostro y gritó por la radio:
-¡Todo ha terminado, Lespere!
Silencio.
-¡Como si nunca hubiese ocurrido, Lespere!
-¿Quién habla? -preguntó Lespere temblorosamente.
-Soy Hollis.
Se sintió miserable. Era la mezquindad, la absurda mezquindad de la muerte. Applegate le había herido y él, Hollis, quería herir a otro. Applegate y el espacio le habían herido.
-Ahora estás aquí, Lespere. Todo ha terminado, como si nunca hubiera sucedido, ¿no es cierto?
-No.
-Cuando llega el final, todo parece no haber ocurrido nunca. ¿Es mejor tu vida que la mía, ahora? Antes, sí, ¿y ahora? El presente es lo que cuenta. ¿Es mejor? ¿Lo es?
-¡Sí, es mejor!
-¿Por qué?
-Porque conservo mis pensamientos, ¡porque recuerdo! -gritó Lespere, muy lejos, indignado, apretando los recuerdos a su pecho con ambas manos.
Y estaba en lo cierto. Hollis lo comprendió mientras una sensación fría como el hielo fluía por todo su cuerpo. Existían diferencias entre los recuerdos y los sueños. A él sólo le quedaban los sueños de las cosas que había deseado hacer, pero Lespere recordaba cosas hechas, consumadas. Este pensamiento empezó a desgarrar a Hollis con una precisión lenta, temblorosa.
-¿Y para qué te sirve eso? -gritó a Lespere-. ¿De qué te sirve ahora? Lo que llega a su fin ya no sirve para nada. No estás mejor que yo.
-Estoy tranquilo -contestó Lespere-. Tuve mi oportunidad. Y ahora no me vuelvo perverso, como tú.
-¿Perverso?
Hollis meditó. Nunca, en toda su vida, había sido perverso. Nunca se había atrevido a serlo. Durante muchos años debió de haber estado guardando su perversidad para una ocasión como la actual. "Perverso". La palabra martilleó en su mente. Se le saltaron las lágrimas y resbalaron por su cara.
-Cálmate, Hollis.
Alguien había escuchado su voz sofocada.
Era completamente ridículo. Tan sólo un momento antes, había estado aconsejando a otros, a Stimson... Había sentido coraje y creído que era auténtico. Pero, ahora lo comprendía, no se trataba más que de conmoción, y de la "serenidad", que puede acompañarla. Y ahora trataba de condensar toda una vida de emociones reprimidas en un intervalo de minutos.
-Sé lo que sientes, Hollis -dijo Lespere, ya a treinta mil kilómetros de distancia, con una voz cada vez más apagada-. No me has ofendido.
"Pero, ¿no somos iguales? -se preguntó un aturdido Hollis-. ¿Lespere y yo? ¿Aquí, ahora? Si algo ha terminado, ya está hecho. ¿Qué tiene de bueno, entonces? Los dos moriremos, de una forma o de otra."
Pero Hollis sabía que todo aquello era puro raciocinio. Era como intentar explicar la diferencia entre un hombre vivo y un cadáver: uno poseía una chispa, un aura, un elemento misterioso, y el otro no.
Y lo mismo ocurría con Lespere y él. Lespere había vivido enteramente, y ello le convertía ahora en un hombre diferente. Y él, Hollis, había estado muerto durante muchos años. Se acercaban a la muerte siguiendo distintos caminos y, con toda probabilidad, si existieran varios tipos de muertes, el de Lespere y el suyo serían tan diferentes como la noche y el día. La cualidad de la muerte, como la de la vida, debe ser de una variedad infinita. Y si uno ya ha muerto una vez, ¿por qué preocuparse de morir para siempre, tal como estaba muriendo él ahora?
Un momento después descubrió que su pie derecho había desaparecido. Estuvo a punto de reír. El aire por segunda vez había escapado de su traje. Se inclinó rápidamente y vio salir la sangre. El meteorito había cortado la carne y el traje hasta el tobillo. Oh, la muerte en el espacio era humorística: te despedaza poco a poco, cual tétrico e invisible carnicero. Hollis apretó la válvula de la rodilla. Sentía dolor y mareo. Luchó por no perder la conciencia, apretó más la válvula y contuvo la sangre, conservando el aire que le quedaba. Se enderezó y prosiguió su caída. No podía hacer más.
-¿Hollis?
Hollis respondió cansinamente, harto de aguardar la muerte.
-Aquí Applegate de nuevo -dijo la voz.
-Sí.
-He estado pensando, y escuchándote. Esto no va bien. Nos convierte en perversos. Es una forma de morir muy mala, nos saca toda la maldad que llevamos dentro. Hollis, ¿me escuchas?
-Sí
-Te mentí. Hace un momento. Te mentí. No voté contra ti. No sé por qué lo dije. Creo que deseaba hacerte daño. Parecías el más indicado. Siempre nos hemos peleado, Hollis. Creo que me estoy haciendo viejo de repente, arrepintiéndome. Cuando oí que tú eras un perverso me avergoncé. Es igual, quiero que sepas que yo también fui un idiota. No hay ni pizca de verdad en todo lo que dije. Y vete al infierno.
Hollis sintió que su corazón volvía a latir. Había estado parado durante cinco minutos. Ahora, todos sus miembros recuperaron el calor. La conmoción había terminado, y los sucesivos ataques de cólera, terror y soledad iban disipándose. Era un hombre recién salido de una ducha fría matutina, listo para desayunar y enfrentarse a un nuevo día.
-Gracias, Applegate.
-No hay de qué. Y anímate, bobo.
-¿Dónde está Stimson? ¿Cómo se encuentra?
-¿Stimson?
Todos escuchaban atentamente:
-Debe de haber muerto.
-No lo creo. ¡Stimson!
Volvieron a escuchar.
Y oyeron una respiración dificultosa, lejana, lenta...
-Es él. Escuchad.
-¡Stimson!
Nadie respondió.
Sólo podían oír una respiración lenta y bronca.
-No contestará.
-Ha perdido el conocimiento. Dios lo ayude.
-Es él, escuchen.
Una respiración apenas audible, el silencio.
-Está encerrado como una almeja. Encerrado en sí mismo, haciendo una perla. Considérenlo así, todo tiene su poesía. Él es más feliz que nosotros.
Stimson flotaba en la lejanía. Todas lo escucharon.
-¡Eh! -dijo Stone.
-¿Qué?
Hollis había contestado con toda su fuerza. Stone, más que ningún otro, era un buen amigo.
-Estoy entre un enjambre de meteoritos, pequeños asteroides.
-¿Meteoritos?
-Creo que es el grupo de Mirmidón, que se desplaza entre Marte y la Tierra y tarda cien años en recorrer su órbita. Me encuentro justo en el medio. Es como un calidoscopio gigante. Hay colores, formas y tamaños de todos los tipos. ¡Dios mío, qué hermoso es todo esto!
Silencio.
-Me voy con ellos -prosiguió Stone-. Me llevan con ellos. Estoy condenado. -Y se rió de buena gana.
Hollis trató de ver algo, pero sin conseguirlo. Allí sólo había las grandes joyas del espacio, los diamantes, los zafiros, las nieblas de esmeraldas y las tintas de terciopelo del espacio, y la voz de Dios confundiéndose entre los resplandores cristalinos. Era algo increíble y maravilloso pensar en Stone acompañando al enjambre de meteoritos. Iría más allá de Marte y volvería a la Tierra cada cinco años. Entraría y saldría de las órbitas de los planetas durante las siguientes miles y miles de años. Stone y el enjambre de Mirmidón, eternos e infinitos, girarían y se modelarían como los colores del calidoscopio de un niño cuando éste levanta el tubo hacia el sol y lo va girando.
-Adiós, Hollis. -La voz de Stone, ya muy debilitada-. Adiós.
-Buena suerte -gritó Hollis, a cincuenta mil kilómetros de distancia.
-No te hagas el gracioso -dijo Stone.
Silencio. Las estrellas se unían más y más entre ellas.
Todas las voces iban apagándose. Todas y cada una seguían su propia ruta; unas hacia el Sol, otras hacia el espacio remoto. Como el mismo Hollis. Miró hacia abajo. Él, y sólo él, volvía solitario a la Tierra.
-Adiós.
-Tómatelo con calma.
-Adiós, Hollis -dijo Applegate.
Adioses innumerables, despedidas breves. El gran cerebro, extraviado, se desintegraba. Los componentes de aquel cerebro, que habían trabajado con eficiencia y perfección dentro de la caja craneal de la nave espacial, cuando ésta aún surcaba el espacio, morían uno a uno. Todo el significado de sus vidas saltaba hecho añicos. Igual que el cuerpo muere cuando el cerebro deja de funcionar, el espíritu de la nave, todo el tiempo que habían pasado juntos, lo que los unos significaban para los otros, todo eso moría. Applegate ya no era más que un dedo arrancado del cuerpo paterno, ya nunca más sería motivo de desprecio o intrigas. El cerebro había estallado y sus fragmentos inútiles, faltos de misión que cumplir, se desperdigaban. Las voces desaparecieron y el espacio quedó en silencio. Hollis estaba solo, cayendo.
Todos estaban solos. Sus voces se habían desvanecido como los ecos de palabras divinas vibrando en el cielo estrellado. El capitán marchaba hacia el Sol. Stone se alejaba entre la nube de meteoritos, y Stimson, encerrado en sí mismo. Applegate iba hacia Plutón. Smith, Turner, Underwood... Los restos del calidoscopio, las piezas de lo que otrora fue algo coherente, se esparcían por el espacio.
"¿Y yo? -pensó Hollis-. ¿Qué puedo hacer?. ¿Puedo hacer algo para compensar una vida terrible y vacía? Si pudiera hacer algo para reparar la mezquindad de todos estos años, el absurdo del que ni siquiera me daba cuenta... Pero no hay nadie aquí. Estoy solo. ¿Cómo hacer algo que valga la pena cuando se está solo? Es imposible. Mañana por la noche me estrellaré contra la atmósfera de la Tierra. Arderé, y mis cenizas se esparcirán por todos los continentes. Seré útil. Sólo un poco, pero las cenizas son cenizas y se mezclarán con la tierra."
Caía rápidamente, como una bala, como un guijarro, como una pesa metálica. Sereno, ni triste ni feliz... Lo único que deseaba, cuando todos los demás se habían ido, era hacer algo válido, algo que sólo él sabría.
"Cuando entre en la atmósfera, arderé como un meteoro."
-Me pregunto si alguien me verá -dijo en voz alta.
Desde un camino, un niño alzó la vista hacia el cielo.
-¡Mira, mamá! ¡Mira! -gritó-. ¡Una estrella fugaz!
La estrella blanca, resplandeciente, caía en el polvoriento cielo de Illinois.
-Pide un deseo -dijo la madre del niño-. Pide un deseo.
Daily HDR Blog | HDR One Magazine | Facebook | Twitter | Pinterest | Google+
French Journal Day 20 (Travel Diary Day 100)
(Travel blog - strange-lands.com/daily/2012/10/22/rays-of-light/)
100 days of writing this journal – wonderful! To celebrate it, I convinced myself that I had meningitis.
My neck hurt this morning. I checked for symptoms on the internet. I’ve probably got another few days left in me according the medical site.
It’s been a while since I checked my symptoms online. Last time it turned out I had Parkinson’s again.
This year I’ve had cancer (a few times), MS, rabies (Rachel’s fault), flu (that one was real), twitchy eye syndrome that I couldn’t diagnose, and various mild ailments that had the potential to become much more serious.
The sun is shining here, but still no Betsy. French mechanics really aren’t in a hurry. I wonder what she’s doing right now?
I need her for tomorrow. I’ve planned a load of beautiful spots to photograph and the weather looks promising.
We fed the dogs this morning, as we do every morning, and let the girls out to do their business while Byron was finishing up. He ate his grub, looked around, walked 2 metres and had a massive number two on the floor. Cleaning it up, I was close to vomiting.
That’s not how a person should start their day. I hadn’t even drank a coffee at that point.
Today’s Photo – The Rays of Light
Every morning I walk up the long gravel path to open the main gates with a coffee in my hand, and every morning I look for photo-worthy scenes. Most mornings there’s a bit of residue colour in the sky from the partially hidden sunrise. I knew the sun rose behind this particular tree, and I’d been hoping for the last seven days that I’d see it at some point.
After cleaning up Byron’s poop, I made my way to the gate slightly later than usual. On my return journey, I looked up and saw what I’d been waiting a week for. Kn0wing I’d only have a few minutes left to capture it, I sprinted back to the house, got my gear and ran back. The sun was almost free from the tree when I managed to take the shot.
This is actually the first ever HDR image I’ve published on any site that wasn’t processed using Photomatix. I used Oloneo, and was very pleasantly surprised. It was so intuitive. I have to really test it out soon and write a review on HDR One before I can decide if I prefer it to Photomatix.
After tone mapping the photo, I did actually manually blend some of the original exposures into the final image, so this isn’t purely Oloneo.
p.s. I’m not sponsored by Oloneo, or obligated to promote their products. I did get the software for free, but only in the knowledge that I would write a full and honest review.
Ray Chapman was a shortstop for the Cleveland Indians and has the unfortunate legacy of being the only player to die from an injury received during a major league game after being hit in the head by a pitch in 1920.
Ray House - A Confederate field hospital during the battle. Union General Nathaniel Lyon's body was brought here at the fighting's end.
On August 10th 1861, Union and Confederate forces fought fiercely for control over Bloody Hill in which the Southerners eventually won. The Battle of Wilson's Creek opened the Civil War in Missouri, which would end up being ranked the third most fought over state in the nation.
Wilson's Creek National Battlefield
Springfield, Missouri
Green County
Ray is part of a great team - the raywenderlich.com team, a group of over 100 developers and editors from across the world. He and the rest of the team are passionate both about making apps and teaching others the techniques to make them.
When Ray’s not programming, he’s probably playing video games, role playing games, or board games.
A young girl replenishes her family's water supply from a nearby well refurbished by UNICEF, near Korhogo, Ivory Coast. Photograph: UN Photo / Ky Chung
African climate negotiators are pressing for more aid to poor countries most affected by environmental changes.
When thousands of ministers, scientists and activists descended on the Mexican resort town of Cancún for another gruelling round of talks on climate change in early December, they brought with them limited expectations. The 2009 meeting in Copenhagen had produced little more than acrimonious disputes between developed and developing countries over financing and strategy, and prospects appeared no better in the run-up to Cancún. But in the end participants were surprised to find themselves in agreement on some key points.
For African and other poor developing countries, Lesotho Minister of Natural Resources Monyane Moleleki told delegates, progress in fighting climate change "remains a matter of survival." Speaking on behalf of the 48 countries — most of them in Africa — classified as least developed, Mr. Moleleki noted that they are already experiencing some effects: "sea level rises" from melting polar ice caps, "enhanced land degradation, declining land-carrying capacity, drought and biodiversity loss, to name a few." And the poorest countries, he continued, "are the most vulnerable, because they have the least capacity to adapt."
Scientific Name: Pteromylaeus bovinus (Geoffroy St. Hilaire, 1817)
www.yesterdayslife.com/photofront/Helder697
Para além da sua coloração típica, uma das características mais curiosas do ratão-bispo é o seu focinho em forma de bico de pato, muito útil para procurar moluscos ou crustáceos que vivem junto ao fundo e que constituem o seu alimento. Os machos podem também desenvolver pequenos cornos imediatamente por cima dos olhos. Podem ser encontrados sozinhos, ou em grupos, em costas tropicais e temperadas quentes. Embora seja mais raro, podem também aparecer no mar alto. Por vezes são vistos a saltar sobre a água, numa aparente tentativa de se libertarem de parasitas ou de rémoras. O período de gestação é de cerca de um ano, nascendo 3 a 4 pequenas raias completamente desenvolvidas.
Besides its typical colouring, one of the bull ray’s most curious characteristics is its snout in the shape of a duck bill, very useful to search for molluscs or crustaceans that live near to the bottom and are its menu. The males can also develop small horns right above their eyes. One can find them alone or in groups, in tropical and warm coasts. Though more rare, it may also appear in the open sea. Sometimes they are seen jumping above the water, in an apparent attempt to get rid of parasites or remora. Its gestation lasts around one year, ending in the birth of 3 or 4 small fully developed rays.
Os óculos Ray-Ban Wayfarer fizeram sucesso nos anos 60. Esse foi considerado o melhor modelo de óculos de sol na história e é um clássico do design moderno, além de ser um dos mais duradouros ícones da moda do século 20.
A primeira leva do Ray-Ban Wayfarer é de 1952. Audrey Hepburn(1) usou um par no clássico Breakfast at Tiffany´s (Bonequinha de Luxo), em 1961.
Agora ele voltou com novos modelos totalmente coloridos. Invadiu as passarelas, editoriais de moda e muitas celebridades do cinema e da música aderiram a onda. Mesmo alguns considerando um artigo altamente brega. Antes só se comprava pela internet ou comprando no exterior. Depois, as lojas começaram a receber. O original é bem carinho, algo em torno de R$ 500,00. (2)
quem usa na foto 3 , da esquerda pra direita : Demi Lovato, Katy Perry, Sienna Miller e Taylor Swift
quem usa na foto 4 , da esquerda pra direita : Demi Lovato, Ashley Tisdale, Paris Hilton
British postcard in the 'Pictures' Portrait Gallery by Pictures Ltd., London, no. 101. Photo: The Fox Film Co.
Albert Ray (1897–1944) was an American film director, actor, and screenwriter. He appeared in 22 films between 1915 and 1921 and he directed 85 films between 1920 and 1939.
Albert Ray, born in La Rochelle, New York, was already connected to the cinema during his school years, as he worked during the summer holidays as part of the permanent ensemble of the Vitagraph. After completing school, he played summer theater e. g. at the Harlem Opera House in New York City. In 1915 he started film acting at the Eastcoast company Federal Films, where he also directed his first three films. After a gap of two years, he continued his career at Fox in Hollywood by the end of 1917. His first film acting role there was in Shadows of Her Pest (Henry Lehrman, 1918). While in 1918-1919 he acted in various films at Universal, Thomas Ince, and American, in later 1919 he became a regular at Fox, often paired with Elinor Fair. As a film actor, he stopped by mid-1921, henceforth concentrating on directing. While he did one film in 1920, he had a regular directing career from 1924 (so, he had a career gap in 1921-1923).
From 1924, Albert Ray made numerous films till 1939. He first did countless comedies with Cliff Bowes and Virginia Vance at Jack White and at Fred Hibbard Productions in 1924-1925. Then in 1925-26, he became a regular director of short comedies at Fox Film Corporation with the 'Married Life' series, starring Katherine Perry and Hallam Cooley. In 1926 he did his first feature-length comedy at Fox with More Pay - Less Work, starring Albert Gran and Mary Brian, and also did his first mystery feature, Whispering Wires, with Anita Stewart and Edward Burns. Several features followed with e.g. Nancy Nash, William Russell, Marjorie Beebe, Charles Morton, and others. In the years of the passage to sound cinema (1927-1929) Ray was less active and also left Fox by 1928.
In 1929 Albert Ray did his first sound film, Molly and Me for Tiffany-Stahl, starring Belle Bennett and Joe E. Brown, about a clown and his wife. It was immediately followed by another Bennett-Brown comedy, My Lady's Past (1929). By the time sound cinema had settled in, in 1930, Ray was back full fling directing, doing five to eight films per year in the early 1930s. He alternated shorts with features, alternated genre-wise (not only comedy anymore), and also alternated companies (working e.g. for Paramount, Universal, and Columbia, but also minor companies). He directed former silent stars such as Lila Lee and Betty Compson but also upcoming ones such as Ginger Rogers. By 1936 Ray did his last films, a handful of Johnnie Mack Brown westerns including Lawless Land (1936). After another gap, Ray did one last film, Desperate Trails (1939), another Brown western, and then called it a day. In 1919 Ray was married to stage actress Roxana McGowan. They had two children but divorced in 1929. In 1930 Ray remarried Frances Hyland Anthony. Ray died in Los Angeles in 1944, at the age of (only) 46 years.
Sources: Wikipedia (German and English), and IMDb.
And, please check out our blog European Film Star Postcards.
For those of you in and around New Orleans, I´m in a group exhibition at the old U.S. Mint to benefit the NOLA Rising United Artist Front Mural Arts Program.
It´s a silent auction and it all goes down for two days only, this Friday and Saturday, April 24 and 25 from 9am to 5pm.
Some of the artists in the show include Banksy, Shepard Fairey, El Celso, Ken Kenan, Starhead, Rex Dingler, Tony Nozero, Amy Martin and many many more.
So come on down, support an excellent cause and enjoy the first weekend of Jazz Fest, as well!
The Nola Rising United Artist Front Mural Arts Program
U.S. Mint
400 Esplanade Avenue
New Orleans, LA 70611
April 24 and 25 from 9am to 5pm
Contributing Artists:
BANKSY / Shepard Fairey / STARHEAD / Ray Noland / El Celso / Amy Martin / Justin Hampton / Tony Nozero / Dr. Bob / Christopher Porche West / Rex Dingler / Joe Russo / Cherie Langford / Allison Termine / ARTCAR by Kelly Isreal / Ken Kenan / Bruce Davonport Jr / Layla Messkaub / Blaine Capone / Len Cowgill / Robert Guthie / Sarah Rosedahl / Brandon Dauphin / Ussama Hanna / Crista Rock / Amy Loewy / Scott Moseley / Lance "Varg" Vargas / Max Prophet / Mardi Claw / Mary Moses / Alleyn Evans / Stephanie Stelmach / 32 Brandongirl / GRAILIVES / Anthony Turducken / Sharky of Black Sails Photography / Donn Davis / Damon Rosenzweig / Kyle Chase / Beverly Cook / B-Kay / Emily Macafore / Bryan Barnes / Anthony Posey / Karen Miller / Graciel / Christian Silva / Sean Evans / Real Abstract / Joe Iurato / Tony Depew / Mia Volkommer / Carla Malone Steck / Peter Lundberg / Joan Davis / MAGS / Vall Webb / Dave Warnke / Arthur McLean / Jim Flynn / Sean Geatreaux / Michelle Brecher / O...Phuck / KelleyGirl / INSPIRE / Peaceswirl / SLIC / Will Frank / NEMO / Tammy Vitale / Dave Watkins / FOKUSED / GAIA / Lady Ma Dia / Shera Simon / James Peterson / Natalie Maloney / Pauline Patterson / Sheri Mora / Angela Pate / Dori Ashton / Steve Collins / The Grey Ghost / Nick Hasslock of the New Orleans Tile Co. / Leonard Lopp / Jon Curry / Michelle Augusto / Julie A. Miller / Melissa Levine / Cono / Jenna Colby / SoTx / Natalie Maloney / James Dingler / Real Abstract / Gracie! / B-Kay / Stevie Collins / Amzie Adams
...and many more...
The suns rays are breaking through. Shot at a lookout that is just past Cheltenham in the North Island of New Zealand. I can't remember the name of the lookout. Will update this when it comes to me! – via 500px ift.tt/2odNxh0
Roof of the Sony Centre, Berlin
I decided to sit down and have a beer over some people-watching at the bustling Sony Centre by Potsdamer Platz. I'd only had a quick glance at the drinks menu when the waiter came over to take my order.
I fancied their house Weissbier, but not wanting to order a 'half' (those are for girls after all) I just ordered a 'Maß', forgetting that that's actually a litre and that 'half' meant a pint. Whoops. It was tasty beer though, and I'm not usually one to notice things like that.
Cinefantastique Mag. Vol.11 # 4
The 7th Voyage of Sinbad (1958)
Credits
Director: Nathan Juran
Script: Ken Kolb, Ray Harryhausen (story)
Photo: Wilkie Cooper
Music: Bernard Herrmann
Cast: Kerwin Mathews (Sinbad), Kathryn Grant (Princess Parisa), Richard Eyer (The Genie), Torin Thatcher (Sokurah the Magician), Alec Mango (Caliph), Danny Green (Karim), Harold Kasket (Sultan), Alfred Brown (Harufa), Nana DeHerrera (Sadi), Nino Falanga (Gaunt Sailor), Luis Guedes (Crewman), Virgilio Teixeira (Ali)
Country: USA
Language: English
Support: Color
Runtime: 88 min
Synopsis
Sinbad the Sailor is returning to Baghdad with the Princess Parisa, whom he intends to marry to secure a lasting peace between their two countries. On the way, he and his crew land on the island of Colossa to replenish their stock of food and water. Here, Sinbad meets the sorcerer Sokurah, just as his men manage to get on the wrong side of a giant one-eyed monster, the Cyclops. Sokurah saves Sinbad’s crew from being barbecued by the Cyclops with the help of a genie from his magic lamp. Just as Sinband and his men reach the safety of their ship, Sokurah drops the lamp into the sea and the Cyclops seizes it. The sorcerer insists that Sinband takes him back to the island so that he can recover the lamp, but the sailor refuses and they continue on their way to Baghdad. There, having once more failed to get his own way, Sokurah shrinks Parisa in a ruse to force Sinbad to take him back to Colossa, Parisa can only be restored to her normal size with a magic potion made from the eggshell of a giant two-headed bird that is found only on the island. Once Sokurah has defeated the Cyclops and recovered his lamp, he will have no further use for Sinbad. The sailor and his crew will make a nice tasty snack for his pet dragon, or so he thinks...
Film Review
One of the best-loved fantasy films of all time, popular with adults and children alike, The 7th Voyage of Sinbad was the first in a series of colour fantasy films that showcased the talents of special effects designer Ray Harryhausen. Willis H. O’Brien had pioneered stop-motion animation in the 1930s, most notably in the 1933 version of King Kong, but it would be his disciple and successor Harryhausen who would perfect the art, giving cinema some of its most enduring images. As well as the three Sinbad films he worked on, Harryhausen would also bring to life a plethora of dinosaurs in One Million Years B.C. (1961) and realise some of cinema’s finest ever special effects in Jason and the Argonauts (1963).
The 7th Voyage of Sinbad includes some of Harryhausen’s most memorable creations – the dancing snake-woman, the vicious two-headed roc, the fire-breathing dragon, a skeletal warrior
and, best of all, the gigantic cloven-hoofed Cyclops. This cavalcade of monstrous creations is clearly the film’s main draw and they certainly put their human co-stars to shame. The Cyclops alone has more charisma than the rest of the cast put together. The comparatively bland ensemble of human thesps were presumably selected not on the strength of their acting ability (which in many cases is pretty negligible) but so that they would not distract too much from the real stars of the show, the animated monsters. And rightly so.
It is the sheer genius of Ray Harryhausen’s work that makes this film so enjoyable and has prevented it from dating as much as it might. This colourful Arabian Nights-themed concoction of myth, sorcery and intrepid adventure is pure escapist fun that continues to delight and enthral. You can keep your soulless computer-generated effects wizardry, a complacent technology that has taken virtually all of the magic out of the art of special effects. The eye-popping spectacle that is The 7th Voyage of Sinbad gives us the real McCoy – effects you can genuinely marvel at and which leave you feeling that you’ve had your money’s worth.
© James Travers 2009
When a princess (Kathryn Grant) is shrunken by an evil wizard (Torin Thatcher), Sinbad (Kerwin Mathews) must undertake a quest to an island of monsters to cure her and prevent a war.
While sailing with Princess Parisa to Baghdad to their wedding, Sinbad finds the Colossa Island and anchors his vessel to get supplies for the starving crew. Sinbad and his men help the magician Sokurah to escape from a Cyclops that attacks them, and Sokurah uses a magic lamp with a boy jinni to help them; however, their boat sinks and he loses the lamp. Sokurah offers a small fortune to Sinbad to return to Colossa, but he does not accept and heads to Baghdad. The citizens and the Caliph of Baghdad are celebrating the peace with Chandra, and they offer a feast to the Sultan of Chandra. Sakurah requests a ship and crew to return to Colossa but the Caliph refuses to jeopardize his countrymen. However, the treacherous magician shrinks the princess and when the desperate Sinbad seeks him out, he tells that he needs to return to Colossa to get the ingredient necessary for the magic potion. But Sinbad has only his friend Harufa to travel with him, and he decides to enlist a doubtful crew in the prison of Baghdad, in the beginning of his dangerous voyage to Colossa to save the princess and avoid the eminent war between Chandra and Baghdad.
Jason and the Argonauts