View allAll Photos Tagged text

dibujo hecho para hernan camoletto para un libro de texto del taller de escritura de la colonia psiquiatrica de oliveros

 

texto silvia robles

 

La malparida

 

Esta es mi historia.

Yo, Silvia Inés Robles, pienso, no sé bien a veces, no siempre, que vengo mal de chiquita. Dicen las malas lenguas que llevo una maldición de mis antepasados, o sea, mi abuela o mi tatarabuela (que era india y fea como la puta madre).

Yo siempre dije, la familia no se elije, viene con el combo, en cambio los amigos, sí y por suerte puedo elegir. Mis amigas son todas las chicas del Suipacha y ahora son chicas y chicos de Oliveros. Hice muchos amigos, pero tengo mis amigas del alma que viven en Buenos Aires y se llaman Azucena (ella se hace llamar Susy) y Mary.

Bueno, para no cansarlos, les cuento que tengo dos hijos: Sabrina y Walter y los amo con todo mi corazón; cuatro nietos, dos nenas y dos varones y viene otro en camino de parte de Sabri (hace poco, nos enteramos que es otra nena).

En este momento, estoy viviendo en Funes, vine hace cinco años (y ya conozco cinco hospitales de acá). Vine a cuidar a papá porque cuando murió mamá, él se casó nuevamente porque se sentía solo. Ahora se separó. Me dijo que fuera a vivir a Rosario. En diciembre se me vencía el contrato en Buenos Aires (porque alquilaba un departamento en Haedo). Entonces, decidí mudarme pero atrás mío vino Sabrina con Camila de seis años. La nena empezó primer grado en Funes y Sabri estaba embarazada de Giuliana. O sea que tengo una nieta rosarina (comegatos jaja).

Bueno, sigamos la historia de chica. A los dos años y medio, estaba sentada en la cama de mamá y me agarró un ataque de epilepsia pero mami no sabía nada, estaba sentada en su cama con un velador en la mano y pensó que me había agarrado corriente. Me lo sacó de la mano pero seguía temblando. Entonces me llevaron al médico y dijeron que era epiléptica.

Cuando tenía tres años, en casa vivían tres tías menores que mi mamá. Mi abuela las dejaba venir de Mar del Plata donde vivían por que mi mamá era la mayor de las hermanas. Un día, mi tía no me dejó abrir una lata de galletitas, me acuerdo patente que estaba sentada arriba de la mesa y mi tía, en una silla. Agarré un cuchillo y se lo quise clavar en la cabeza jaja… y digan que me lo sacó mi papi, si no se lo clavaba. O sea que ya tenía problemas y nadie se dio cuenta.

A los tres años y medio me operaron de la garganta. Me acuerdo patente que me sentaron arriba de una enfermera y que el médico estaba delante de mí. Me hizo abrir la boca y parece que yo no estaba preparada para operarme porque cuando me pusieron el aparato para sacarme las amígdalas, lo vomité todo de arriba abajo, se tuvo que cambiar el médico. Después no recuerdo más nada, parece que me durmieron. Cuando me desperté, me estaban esperando con helado. Fue lo más lindo. Yo soy loca por el helado y mis hijos salieron a mí, les encanta.

Seis veces entré al quirófano. A los trece, me operaron de apéndice. Me acuerdo que antes íbamos al cine los martes, que era para mujeres y fuimos todas mis amigas con mi hermana. Daban una película de Isabel Sarli que era prohibida para menores y no pudimos entrar por culpa de Mary que era flacuchita, las otras éramos más chicas que ella pero parecíamos más grandes. Entonces fuimos a la casa de Susana que tenía una planta de higos. Eran las dos de la tarde y al rayo del sol, me puse a comer higos. Ahí se me inflamó el apéndice, por comer higos calientes. Me acuerdo que le decía a mi mamá que corría y sentía una pelota, “no estaré embarazada?” le decía. Qué iba a estar embarazada! Hasta que a la semana, me subió fiebre y me llevaron al sanatorio evangélico. Ahí me pusieron el termómetro en la cola y me dejaron internada. Me acuerdo que mi mami me dejó sola para ir a buscar el camisón. Pero yo no tenía miedo, eh. Me quedé sola, lloré un poquito y después se me pasó. Lo que me pasó por comer higos calientes. Cuando me abrieron, me sacaron un quiste grande como una naranja. Yo pensé que no iba a poder tener hijos pero el médico me explicó que si me dejaba eso adentro y no me operaba, cuando fuera grande iba a tener barba y bigote, iba a trabajar en el circo, jaja. A los veinticuatro me operaron de hemorroides. Ahí no me pudieron dar la raquídea. Me hicieron poner como un gato enojado y no encontraban la vértebra. Entonces, el médico me mandó a hacer radiografías. El anestesista me dijo que yo había sido s primer fracaso. Al final, me pusieron anestesia local alrededor de la cola, sentí todo. “quédese quieta”, me decía el médico. Por eso es mejor la anestesia general, pero es más peligrosa porque si se pasan, te podés morir. Después quedé embarazada y, a los cuatro meses, perdí el bebé. Pasé otra vez por el quirófano, me hicieron un raspaje en carne viva, no sabés los gritos que pegaba, me acuerdo que con una jarra me echaban merthiolate, cómo ardía!!! Sentía cra cra cra, raspaban con una cucharita. Al tiempo, quedé nuevamente embarazada y lo volví a perder. Era un varón. Me ponían unas agujas grandes en la panza para sacar el líquido amniótico para ver si el feto estaba vivo, pero no, estaba muerto. Lo tuve por parto normal. Me daban quinina; cuatro sellos, uno cada media hora. Cuando tomé el cuarto, lancé una vomitada que llegó hasta la punta de la cama. Cuando salió, le dieron vuelta la cabecita para que yo no lo viera y no me quedaran recuerdos. Tenía rulitos, iba a ser como el padre… A raíz de eso, empezaron las peleas con mi pareja (gracias a Dios nunca me casé). Nos separamos.

Al tiempo, conocí a Miguel en una fiesta, en el bautismo del hijo de una compañera de trabajo que siempre me invitaba (yo trabajaba de cajera en un supermercado grande en San Justo). Enseguida nos juntamos, lo que no me había dicho es que era casado y que vivía con la mujer. Con él tuve a mis hijos, Sabrina y Walter. Hasta que se murió, fui diez años cornuda (la cornuda es la única que se entera jaja) pero viví una vida maravillosa con dos hijos maravillosos.

Pero volvamos a Miguel. A los diez años de estar juntos, se enfermó de la vesícula (me acuerdo que le hice pastel de papas ese día). Él era matarife y me acuerdo de que siempre jugaba al truco el frente de la carnicería con los que hombreaban la carne, con los choferes. Gremio feo el de los matarifes, gente de cuchillo y de mucho tomar. Yo dejaba a mis chicos con la niñera y me iba a la carnicería a cobrar, estaba en la caja. Un día veo que entre dos lo traen a Miguel, pensé que lo había acuchillado. Por esa época andábamos mal, discutíamos porque yo me había enterado de su familia paralela. La otra, Mari, era una mujer policía de veintitrés años (más joven que yo), hermana de Walter, el carnicero que trabajaba con Miguel. Mis hijos eran chiquitos. Con ella tuvo un hijo, Maxi, que ahora debe tener veinticuatro años, o veintitrés, por ahí. A Miguel lo traían entre dos, decía, le había agarrado un ataque de vesícula. Mi cuñado, Daniel, lo quería llevar a una clínica. Yo no quise porque nos iba a costar la casa. Finalmente, lo llevaron al hospital Posadas donde quedó internado. Pesaba ciento cuarenta kilos. Era gordo y grandote. Cuando salió, pesaba ochenta. Tuvo pancreatitis, no podía comer nada. El médico no daba ni dos pesos por él. Pero salió comiendo. Tres veces se le abrió la herida mientras estaba internado. Tres veces fue al quirófano… pero salió. Un día, estaba cuidándolo en el hospital cuando aparece una mujer. Entonces, Miguel me dijo que fuera a desayunar. “Quedáte tranquila que es la mamá de Walter”, me dijo, yo le creí. A la vuelta me pidió que la llevara en el auto, que yo iba al banco a depositar la plata de la carnicería y ella iba para San Justo. Ella no me quería decir a dónde bajaba. Se quería tirar del auto. La bajé en cualquier parada. Yo pasé por mi casa para cambiarme y ella vio mi casa y me esperó arriba del auto. A la vuelta del banco, la esposa del compañero de habitación de mi marido (no me acuerdo si era chaqueña o qué), me contó que la mujer le había dicho que yo le había robado el marido a la hija. Ahí me enteré del asunto entre mi marido y Mari, la hermana de Walter. A la noche, llega mi suegra. Estábamos sentadas fumando un cigarrillo. Me preguntó quién había venido a verlo. Yo le conté que había venido la mamá de Walter. “Esa vieja qué vino a hacer?”, me preguntó. En eso, siento un par de tacos y veo a una chica rubia de pelo cortito que, con las manos en los bolsillos y una cartera colgando, venía por el pasillo. Mi suegra se levantó de golpe y se el fue al humo. Yo no entendía nada. Me metí en office con las enfermeras y les avisé que se estaban peleando. Cuando salimos, la rubia ya no estaba y mi suegra me pidió que me metiera adentro, con Miguel. La enfermera me mandó a buscar una silla de ruedas para llevar a mi suegra a la guardia porque se había desmayado. Mientras bajo, veo subir a unos policías que habían llamado las enfermeras.

Me acuerdo también cuando cumplí cuatro años. Me sacaron una foto con la torta que hacía mami (hacía unas tortas riquísimas con claras de huevo y azúcar). Estaba yo solita, vestida de blanco y con dos hebillitas en la cabeza, sentada en una sillita y una mesita chiquitas. Me acuerdo porque conservo la foto. Sin amigos, sin nada, o sea que los cumples (los míos y los de mi hermana) eran distintos a los de los otros chicos.

También me acuerdo del arroz con leche que hacía mami, lo hacía con claras de huevo y se formaba una capa crocantita y dulce. La sopa que tomábamos era de verduras y a mí no me gustaba; vomitaba todo sobre el plato, me daban una cachetada y me la hacían tragar otra vez (ése era mi papi). Más asco me daba, más vomitaba. Pero también me acuerdo cuando mami hacía otra sopa, con pedacitos de pan frito (ahora me doy cuenta de que a veces no había plata para fideos o arroz entonces, mami se arreglaba con lo que tenía). El asunto era tomar sopa todos los días (jaja, nos llenaban la panza con sopa).

Mis tías nos sacaban a pasear. Nos llevaban al zoológico, a todas partes. Una tenía novio e íbamos en auto (mi tía Elvira y Pedro tenían un coche viejo Ford 38 más o menos).

Con mi hermana Mary y mis tías, Elvira, Marta y Teresa, dormíamos en una misma pieza. Cuando llegaba la noche, nos acostaban a Mary y a mí en una cama. Yo me dormía con la frazada rozándome la nariz y la boca. Me acuerdo que mi tía me preguntaba dónde ponía las manos cuando dormía ji ji ji… (que no vaya a tocarme la cocholi!!).

Pasó un año y en el ’55 vino la revolución de Perón y como vivíamos en Haedo, los aviones pasaban bajito casi tocando el techo de la casa. En esa época estaba también mi abuelo, o sea, el papá de papi y me acuerdo de que salió a la calle a gritar “Tiren, tiren… acá está mi cuerpo, doy la vida por Perón!” Ahí fue cuando mami lo echó, aprovechó que papi no estaba y lo echó.

Después vino la miseria. Yo tenía cinco años e íbamos con Mary a comprar azúcar y teníamos que hacer dos colas: una era para el azúcar y la otra, para el kerosene. Nos daban un kilo de azúcar y un litro de kerosene por persona. Entonces llegábamos a casa co dos kilos y dos litros (qué vivos, no? Nos mandaban a nosotras… y bueno, así somos los padres).

Papá tenía un sulky de esos que tienen un caballito de madera y andan a pedal. Los domingos íbamos los tres, mi hermana, mi papá y yo a buscar a los chicos para la escuelita dominical que funcionaba en la iglesia. Los chicos venían contentos, después papi los llevaba de nuevo a sus casas. Así íbamos pasando la infancia. Papá también tenía un rebenque y con ése nos pegaba. La casa estaba en calle de tierra y me acuerdo que cuando asfaltaron, enterramos el látigo y asfaltaron encima. Papi nunca se enteró.

Ya tenía seis años y nos mudamos a San Justo (provincia de Buenos Aires) a un chalet que pertenecía a los evangelistas. Las piezas eran las aulas (mis papás eran los caseros) y una de las piezas la ocupábamos nosotros.

Las tías se fueron casando y quedamos nosotros cuatro. En la escuela pusieron juegos: hamacas, toboganes y sube y baja; yo, por ser la más chica, me quise tirar primera por el tobogán pero tenía miedo y me iba agarrando de los costados, sin saber que al final había un clavo que me cortó un dedo, un tajito nada más pero todavía tengo la cicatriz, cuatro puntos…). Enseguida me llevaron al policlínico y me cosieron. Lloraba como una marrana.

Me acuerdo de la primera navidad en el chalet. En vísperas de reyes había tormenta y Mary vio a los reyes bajando en un relámpago. Ella sola los vio (y estaba muy contenta). Al otro día, teníamos los regalitos, me acuerdo que a mí me tocó una pava y un calentador a pilas, que se ponía colorado como si fuera el fuego. Había muuuuuchos parientes: tías, tíos, primos, éramos como veinticinco o treinta personas… Una fiesta inolvidable!!! Mami había hecho pollitos rellenos, uno para cada uno.

En marzo empezaron las clases. Primer grado. Yo era re gorda y en las fiestas del 25 de Mayo y del 9 de Julio decía versos, ahora casi la mejor del grado, digo casi porque en la bandera iba de escolta.

A los siete, tenía una maestra que era de Pergamino. Yo siempre fui muy curiosa y quise conocer Pergamino. Y como todos los maestros eran evangélicos, llegaron las vacaciones y me dejaron ir. De día lo pasaba requetebién porque como eran turcos, se la pasaban comiendo mantecol pero cuando llegaba la noche, lloraba porque extrañaba.

A los ocho años, empecé a estudiar piano, estudié hasta los doce o trece y muchas veces no quería ir y me llevaba a una amiga a la casa de la profesora o le decía que tenía que volver antes porque tenía que salir con mami… al médico o al dentista. Mentía, yo quería ir a la casa de mi amiga Cristina, a mirar TV y a comer tostadas qua hacía Rosita, la hermana de mi amiguita. Ellas fueron las que tuvieron el primer televisor blanco y negro y nos juntábamos todos los chicos del barro para mirar televisión. Rintintín, dibujitos, Popeye, el Pájaro Loco, la Pequeña Lulú, todo en blanco y negro.

Estudié en el conservatorio Fracassi de piano y dábamos los exámenes en el conservatorio. Yo tenía todos 10. Excelente en teoría, solfeo y piano, siempre pasaba con 10. Cada año aprendía más y más… Hasta que un día me compraron el piano y a los quince le dije a mi papi que no quería estudiar más.

La cuestión es que me recibí de profesora en teoría y solfeo.

Cuando salía del conservatorio, la profesora nos llevaba a tomar algo. Todas pedían café con leche, submarino y yo que una sola vez había ido al centro (recuerdo que viajé en subte, hacía frío y llevaba guantes; me acuerdo que me saqué un guante y mi papá me vio las uñas con brillo y me dijo: “Ahora cuando lleguemos a casa, vamos a arreglar… vas a ver…) pedí también un submarino para ver qué era y me encontré con una gran sorpresa: en la leche había una barra de chocolate y venía con una cuchara larga. Lo revolví y me tomé la chocolatada. Estaba riquísima, tenía un hambre, comí medialunas dulces, doraditas, gorditas, pintaditas, brillantes, era la nena más feliz del mundo! Yo nunca había comido eso.

Pero volvamos a mi primer viaje en subte cuando mi papi me vio las uñas pintadas. Cuando llegamos a casa, me ligué una paliza. La que me había pintado era mi tía, la loca, hermana de mi padre yo la quiero un montón (es viva, ella se saca los años como yo).

Me acuerdo también de cuando fuimos a comprar con mi mami y mi papi a un negocio donde vendían de todo (Damonte, se llamaba, le hacemos la propaganda jaja) antes los negocios eran distintos, en un mismo lugar vendían de todo. A mi hermana, a Mary se le ocurrió “tomar” una muñequita que servía para poner escarbadientes (se la guardó en el bolsillo). Cuando llegamos a casa, Mary mostró la muñequita y mi papi nos hizo arrodillar a las dos en maíz mirando la pared. Primero nos reíamos pero cuando pasó una hora, se nos empezaron a clavar los maíces en las rodillas pero con eso aprendimos que no debíamos robar. Pero antes, nos obligó a ir a devolver la muñequita (pasamos vergüenza… se reía el hombre, “lo hubieran dejado”, dijo y nos la regaló). Volvimos contentas a casa, no sabíamos que nos esperaba el maíz.

Me acuerdo que cuando era chica era gorda. Tenía un tapadito rojo cruzado acampanadito. Cuando volvía de la casa de la profesora de piano, tenía que caminar ocho cuadras de tierra. Mi mami me iba a esperar a la parada. Una noche de luna llena, íbamos con mami de la mano por el medio de la calle porque a los costados había quintas (una de esas quintas era la de Damonte, el del negocio). Yo le dije a mi mami, “mirá si cuando llegamos nos enteramos de que murió el tío Raúl”… Mi mami me tiró del brazo y me dijo “nena, no digas eso”. En efecto, a las 23:30 horas, tocan el timbre y nos avisan que el tío Raúl había fallecido. Eso marcó el comienzo de una nueva etapa en mi vida: supe que podía anticipar el futuro. Y siempre la luna llena.

En otra oportunidad, le di a mi mami el número 12347 para que compre un billete de lotería pero me hizo caso. Salió. Mi mami se quería morir.

Cómo sé, eso es lo que no sé.

Otra vez, yo tenía ya veintiún años, fui de vacaciones a Mar del Plata a casa de mi abuela. Antes de salir, le dije a mi mami “me voy de vacaciones pero voy a un velorio”. “Nena, no digás esas cosas, andá a divertirte”. A los tres días, mi mamá estaba en Mar del Plata velando a una prima que murió intoxicada por unas pastillas para adelgazar (las tomó, se dio media vuelta y quedó dura en la cama, el marido se dio cuenta al otro día recién –se ve que no la tocaba jaja). Dejó dos criaturas.

A los trece años, nos hicimos la rabona por primera vez. Estábamos como en 6º grado. Éramos seis, tres varones y tres mujeres. Como no sabíamos, nos fuimos de guardapolvo a casa de una compañera y le dijimos a la mamá que no había clases porque había faltado la maestra. Pero siempre hay alguien que nos ve y nos vio la chusma del barrio. Fue la primera vez que me pusieron un tres en colorado y fue la primera vez que le falsifiqué la firma a mi mamá. Ahora sé hacer la firma de los dos, de mi mamá y de mi papá y ahora que a mi papá le tiembla el pulso, me sale mejor que a él jaja. Así que soy falsificadora también.

Mi mami murió hace doce años. Al año de su muerte, Dios me dio una nieta que ahora tiene once añitos. Camila. Dice mi hija que la ubique por Facebook pero a mí me gusta más la carta porque le puedo contar todo y además es más privado. “Esta es una abuela loca”, dirían. Uff si tengo nietos, once tengo con la que va a nacer. Cinco propios, cuatro nietastros (nietos de mi ex pareja) y dos más hijos de mi nuera y de mi yerno con sus anteriores parejas. Mi hija es la que más hijos tiene, parece una coneja jaja, tiene tres. En las cartas, le cuento todo a Camila. En un sobre le mando la carta con todo lo que hice, si fui a bailar, le mando la servilletita y los precios de lo que consumí jaja. En mi última salida, fui a bailar a Katoa, en Rosario, una confitería para solas y solos. Yo bailaba con Pepe y marqué un gordo que me gustó. “Y… marcálo”, me dijo. Pasamos una vez y otra vez… Tres vueltas a la pista, dimos. Pepe me hizo de vareador, me sacó a bailar para que los hombres vieran que sabía bailar, como era nueva. Él me vareó, nos lucimos los dos en la pista bailando cumbia agarrada, cumbia suelta, todo cumbia. Los Palmeras, Los Lirios, todo cumbia linda. Y como el gordo no me sacaba a bailar, fui yo a sacarlo. Me dijo que era rengo. “Discúlpeme, señor, no quisiera bailar conmigo?”. “No, soy rengo, vengo a escuchar música nada más”. Miré al otro “Y, yo soy el que le llevo la silla de ruedas”, me dijo. “disculpe, señor”. Si era la primera vez que iba, soy adivina pero no tanto. A veces me tiro a chanta.

Pero volvamos a mis quince años. En los quince de Mary, mi hermana, no hubo baile porque mi viejo es evangélico. Estábamos todos con cara de culo. Ahí Mary nos presentó a Jorge. Ya andaba con él desde los catorce pero nosotros no lo conocíamos.

Fuimos a San Cayetano, un pueblo pasando Mar del Plato, donde vivía mi bisabuela, la abuela de mi mami. Se sacaron una foto donde aparecían las cuatro generaciones: mi bisabuela, María se llamaba; mi abuela, María Luisa; mi mami, Inés Catalina y mi hermana, Mary. Mi hermana salió enojada porque había tenido que dejar al novio en Buenos Aires porque todavía nadie sabía de la relación. Me acuerdo que fuimos para Pascuas y mi bisabuela hizo muñequitos de torta y los pintó con claras de huevo batidas. Uno para cada uno. No me acuerdo si había huevos de Pascua también, todo italiano porque ella era italiana. Mi abuela había nacido en San Luis (mi mami por un día no nació en San Luis porque mi abuela se mudó a Mar del Plata y al día siguiente nació ella).

Cuando yo cumplí los , un año y cinco meses después del cumpleaños de Mary, ya hubo baile. Me acuerdo que había un montón de pibes. En Arieta, donde vivíamos había pileta de natación. Los muchachos estaban de traje y corbata (antes se usaba eso, ahora van de elegante sport). La torta me la hizo mi mami. Era de tres pisos con cintitas, el anillo y yo tenía el pelo batido, unos zapatos Luis XV y un vestido de color turquesa que me hizo mi mami también. Era escotado desde la espalda hasta la cintura y tenía una flor negra en el hombro con una cinta negra que caía por la espalda. Mi mami me hacía todos los vestidos.

Yo iba a bailar los sábados o los viernes y siempre estrenaba algo. Un día, mi mami me pegó, lo recuerdo porque fue la única vez que me dio un cachetazo porque no me quería probar la ropa. “Te quedás quieta” me dijo y pumba, me sonaron los dedos en la cara. Me quedó picando y ahí me quedé, quietita.

Mary se casó temprano, a los diecinueve, yo tenía dieciocho. Yo tenía un novio llamado Ricardo. Estaba linda yo. Tenía pelo largo con dos hebillitas de strass, el pelo planchado por la toca. Hubo una fiesta hermosa que pagó mi mami (ella tenía una sucursal de panadería) y mi viejo salió de padrino. Sabés lo que era verlo a mi viejo que es evangelista ahí arrodillado en la iglesia. Miraba para todos lados… A los santos, lo que menos hacía era prestar atención a lo que decía el sacerdote. La celebración fue con misa pero mi viejo no tomó la comunión, si no creía…

Cuando salieron las chanchitas, las monedas de 25 centavos, mi mamá empezó a ahorrar tirando esas monedas atrás del placar. En el verano, yo tenía veinte años, corrimos el placar y con ese dinero nos fuimos a Mar del Plata. Llenamos la ciudad de monedas. Todo lo pagábamos con esa plata, con moneditas.

A Mar del Plata fui con otro novio (ya me había peleado con Ricardo porque cuando volvió del viaje de estudios me dijo que tenía novia en Bariloche) y mi mami. Los tres dormíamos en una misma habitación. Yo dormía con mi mami en una cama de dos plazas y Víctor, mi nuevo novio, en una de una plaza.

Me acuerdo que fuimos al circo Rodas, hace años que está el circo Rodas. Había un japonés que hacía magia y le sacaba cosas a la gente para hacer sus trucos. A mí me sacó la cartera. Yo tenía una bombacha (limpita) adentro. Pensé que si abría la cartera, la iba a ver. Y la abrió nomás. Cuando me la devolvió me dijo “la bombacha no te la toqué”. O sea que la vio pero no me hizo desaparecer nada… La cartera nomás. Cómo nos reíamos jaja.

A mi mami le gustaba tomar sol y se iba temprano a la playa. Una mañana que se fue, como de costumbre, Víctor me invitó a su cama. Ahí perdí mi virginidad. Me acuerdo que me dolía hasta el alma, no podía caminar jaja. Anduve un tiempo coja y después volví a caminar bien.

A los veintidós empecé a ir a bailar sola porque Mary ya estaba casada. Por esa época se separaron mis papis. Estuvieron diecisiete años separados, conviviendo en la misma casa. Les preguntamos porqué se habían separado y nunca nos enteramos, “son cosas de grandes”, nos decían.

A los trece años, empecé a trabajar. Mi papi me dijo “yo te voy a llamar una sola vez, te voy a tocar los pies”. Y así era, entraba “Silvia!”, decía, y me tocaba los pies. Yo me sentaba enseguida para no dormirme. Era muy responsable en el trabajo. Antes de que él me tocara los pies ya me despertaba sola. Escuchaba que mi papá hablaba por teléfono y decía: “Hola, negrita, ya voy para allá”. Mi viejo piola… Yo no quería decirle nada a mi mami para que no sufriera. Me callé la boca durante años. Pero un día explotó todo. Me di cuenta de quién era la negrita: Amelia, una amiga de mi mamá. Los sábados se reunían a jugar a las cartas, a la chancha, y yo a veces jugaba y a veces no pero observaba todo. Mi viejo la tocaba a Amelia por debajo de la mesa. Mi vieja era piola. A mi mamá le decía Negrita, a Amelia también. Así, nunca se confundía. Años más tarde, cuando tenía setenta y uno, mi viejo se casó de nuevo. Mi mamá ya había muerto. A su nueva mujer, Margarita, también le decía Negrita. Siete años duraron casados. Yo le dije a mi viejo “Te casaste para sacarme un treinta por ciento de la casa” pero no puede porque es herencia familiar.

Pero volvamos a los catorce. Cuando empecé a trabajar, me compré un piano. Era el tercero, el más lindo. Con mi plata. Sabés cómo sonaba. ¿Sabés a quién se lo compre? A García Ferrer, el que hacía lo dibujitos animados. Fue el mejor piano que tuve.

Pero un día dije no toco más y se lo vendí a una chica llamada Aurora, la mujer de Antonio, el hermano de una amiga mía de toda la vida. Ella, a su vez lo vendió también porque se casó, estudió y vendió todo.

Por esa época, hacíamos festivales en casa. Cantábamos, bailábamos y venían todos los chicos del barrio. Yo me pintaba rayas en las piernas como imitando las medias de nylon. A Rosita y Cristina, mis amigas que eran mellizas les decían las mellizas porque cantaban y bailaban juntas el rock. Mi mamá por ese tiempo tenía un kiosquito y le robábamos los cigarrillos y fumábamos a escondidas. No sabíamos pero echábamos humo. Lo más lindo de la infancia… Tomábamos gaseosas que traían los chicos.

   

At Nairobi's Mathare slum.

Fantastic Four / Heft-Reihe

The Eyes Have It!

cover: John Byrne

Marvel Comics Group / USA 1981

ex libris MTP

www.comics.org/issue/921268/

Another goldwork piece in the or nue technique. Note the subtle differences in my text: if you can't laugh at it, what can you do??

charlottebailey24.blogspot.co.uk/2013/08/bulmers-cider-lo...

In Nice, France tonight a man in a truck plowed through a group of people attending the Bastille Day celebration. Over 70 innocent people confirmed dead, others severely injured

 

Picture from Justin M Michigan www.flickr.com/photos/68405442@N06

#PrayForNice.

Thunder Bay Amethyst Mine Panorama is located on East Loon Rd. Watch for the billboards.

 

Metal cladding elements on an exterior wall of the former GDR department store

In reaction to Philippine Tour Operators comment that some people dont even know where the Philippines is located. Well... We are here. #HelpDOT

Fans flag at Hibernian 1 v 0 Aberdeen - Scottish Cup Feb 3rd 2013.

  

The Twilight Zone / Heft-Reihe

> The Plague!

> The Stand-In

> Shock Treatment

> The Golden Glove

cover: Joe Certa

Gold Key Publications Inc.

(New York/USA; 1974)

ex libris MTP

www.comics.org/issue/27726/?

www.scifi.com/twilightzone/

Volume 11 ("TypoReklame" issue) - 1924 by Kurt Schwitters, El Lissitzky

Sign in food court of Honolulu airport (near Burger King)

Hawaii

1913 dated postcard view of flooding at Delphi, Indiana. This was the Great Flood of 1913. The flood affected much of Indiana and portions of surrounding states. The photographer was on the south side of the city, standing east of Market Street and looking south. The flooding was associated with Deer Creek that ran along the foot of the ridge in the background. That ridge is part of Riley Park today.

 

The structures in the foreground would have been on the northeast corner at Market and Water Streets, but are not in the Sanborn™ map set. This must be the “stone crusher” mentioned in the message on the back of the postcard. The boys in this scene were standing on a pile of rocks that may have been part of the crushing operation. The large building and the house in the center of this scene stood southwest of the intersection of Market and Water Streets. These structures are shown in the 1912 Sanborn™ fire insurance map set for Delphi. The utility poles immediately behind these structures stood along the Wabash Valley Traction Co. line that followed Deer Creek in this part of the city. The company’s station was a block east (left in this view) on Water Street at the Washington Street intersection.

 

The large building in the center of this view was identified in the Sanborn™ map set as the Crystal Steam Laundry and Ice Cream Factory. The larger part of the building facing Water Street was the laundry. A rear addition to the building that can’t be seen from this angle was the ice cream factory. The low sheds at the back were separate from the laundry/ice cream factory structure and were part of the ice house according to the map set.

 

The postcard’s dateline is April 5, a few days after the flood event. “Herman” addressed the postcard to Mr. and Mrs. August Piepho at Dyer, Indiana. His message says, “The Laundry and Stone-Crusher below our hill is shown here after the flood had gone down a little.” “Herman” was probably August (Herman) Piepho who resided in Delphi for a while.

 

Near the left edge of the postcard, one of the buildings at the top of the ridge had a small bell tower. The Sanborn™ map set didn’t include this area, but that building was probably a small church in the area known as South Delphi.

 

From a private collection.

 

The other side of this postcard can be seen here.

 

www.flickr.com/photos/hoosier_recollections/8518837749/in...

 

Copyright 2006-2014 by Hoosier Recollections. All rights reserved. This image is part of a creative package that includes the associated text, geodata and/or other information. Neither this package in its entirety nor any of the individual components may be downloaded, transmitted or reproduced without the prior written permission of Hoosier Recollections.

Titel: Sachsenspiegel : Auffs new fleissig corrigiert, an Texten: Glossen: Allegaten: Auch mit vermehrung des emendirten Repertorij, vnd vieler newen nützlichen Additionen

 

Verfasser: Eike, von Repgow

Verlag: Wolrab

Erscheinungsort: Dressden

Erscheinungsjahr: 1554

Format: [22], CCLXX, [6], [108] Bl.

Signatur: Gk 22857:F4

 

Sprache: Latein und Deutsch

Spezialbestand: Grimm-Bibliothek

 

Link zum Bibliothekskatalog:

hu-berlin.hosted.exlibrisgroup.com:443/hub_ub:default_sco...

 

Besuchen Sie weitere Digitalisate der UB:

www.digi-hub.de

 

Reproduktions-Service:

www.ub.hu-berlin.de/de/bibliothek-benutzen/digitalisierun...

  

This was found among the letters written during the American Civil War by my great-great grandfather, Andrew Jackson Adrain, to his loved ones at home.

 

My great-great grandfather:

 

www.flickr.com/photos/itinerant_wanderer/3151090337/in/al...

 

#1 third time: University of Pittsburgh Medical Center, July 2013

 

Pictures by John S. Quarterman for Spam ranked as a sneeze for infosec disease (SpamRankings.net), , .

 

www.perilocity.net/2013/08/1-third-time-university-of-pit...

Plano topográfico de Zaragoza, 1830.

 

Fuente: BNE.

 

Proyecto GAZA ("Gran Archivo Zaragoza Antigua"),

es un compendio de imágenes de la antigua Zaragoza (España), acompañadas de textos creados por José María Ballestín Miguel

y la colaboración de Antonio Tausiet.

adioszaragoza.blogspot.com

This is the Crease Pattern (CP) for my Cross Lap Unit Heart.

 

The same method as used here for making the strip of paper seemingly intersect itself can be used to fold many other shapes, both from single sheets and as modular assemblies.

Never give up on tons of text tattoos. Tattoo with Black Birds.

 

I am a small town professional licensed tattooist currently tattooing near Portland, Oregon. I am a classically trained illustrator-University of Minnesota and Minneapolis College of Art & Design. I try to do my best with EACH tattoo I do regardless of the size or cost. Thank you for looking, Jason Doherty, Tattooist. I just THINK different!

Wegala Water Supply and Sanitation Project. Sri Lanka. Photo: Simone D. McCourtie / World Bank

 

Photo ID: SDM-LK-085

Peter Behrens (German graphic designer, 1868-1940)

1913 letterpress, color lithograph 8.4 cm (height) x 12.7 cm (width)

 

part of "16 Weinetiketten" [16 Wine Labels], which was published in supplement to the journal Das Plakat as a promotional sample by the firm Wilhelm Gerstung, Offenbach-am-Main (Hesse), November, 1913

 

See MCAD Library's catalog record for this book.

Plakat (Berlin, Germany). Berlin: Verlag Max Schildberger

intranet.mcad.edu/library

Scatalogical woodcut illustration accompanying a poem characterizing the Roman Catholic polemicist Johannes Nas as an ass. Used by Nicolaus Henricus of Oberursel.

 

Birgit Wiedl notes that the Eselritt (ass-ride), like the Sauritt (sow-ride), "is the typical feature of a type of pamphlet that is known as Schandbild or Schmähbrief ('defamatory picture/letter') that ... show the person(s) they are directed against as riding backwards; if groups of people are depicted, they might also engage in the 'typical' habit of occupying themselves with the animal's behind, shoving seals or money pouches into its hindquarters, or devouring its excrement" ("Laughing at the Beast" in Laughter in the Middle Ages and Early Modern Times, ed. A. Classen (Berlin: De Gruyter, 2010), p. 351). Donkeys are commonly depicted eating thistles; in the 16th century, this image also becomes emblematic of miserliness or the failure to appreciate the good things in one's possession: cf. emblem 86 in Andrea Alciati's Emblemata. (The anagram "Nasus/As(i)nus," used in this work, may also have influenced the choice of mount.) The pigs pursuing the donkey's droppings require no further comment. The rider is tonsured and dressed as a friar and bears a shield which identifies him as Johannes Nas. The upper portion of the shield shows a pair of scissors, three needles, and a thimble. Johannes Nas began life as a tailor and included a pair of shears on his episcopal arms; they are common in satirical depictions of him: cf. this image and this image. Here the tailor's tools are accompanied by a goat, negatively associated with lasciviousness and stubbornness (cf. Wiedl, p. 353, and the entry "Goat" in H.B. Werness, The Continuum Encyclopedia of Animal Symbolism in Art (New York: Continuum, 2006)).

 

Established heading: Henricus, Nicolaus, fl. 1557-1597

 

Penn Libraries call number: GC55 Sch955 570v

ليْه أن دريت بحاجتيْ لك

زدت جفووووه ="]?

وان عطيتك من حياتي

ما تريده ما كفاك وتحسب

انه الحب نزوه !

This large-format, illuminated Timurid copy of the Qur’an is believed to have been produced in Northern India in the ninth century AH / fifteenth CE. The manuscript opens with a series of illuminated frontispieces. The main text is written in a large vocalized polychrome muḥaqqaq script. Marginal explanations of the readings of particular words and phrases are in thuluth and naskh scripts, and there is interlinear Persian translation in red naskh script. The fore-edge flap of the gold-tooled, brown leather binding is inscribed with verses 77 through 80 from Chapter 56 (Sūrat al-wāqiʿah). The seal of Sultan Bayezid II (1481-1512 CE) appears on fol. 8a. There is an erased bequest (waqf) statement and stamp of Sultan ʿUthmān Khān (1027-31 CE) on fol. 3a.

 

To explore fully digitized manuscripts with a virtual page-turning application, please visit Walters Ex Libris.

1 2 ••• 19 20 22 24 25 ••• 79 80