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Resto del lienzo de muralla de la ciudad de Almería en el llamado "Cerro de San Cristóbal"
En el se erige el monumento al Sagrado Corazón de Jesús.
Anteriormente hubo una ermita, se dice que construída por los Templarios que estuvieron allí instalados durante el asedio y conquista de la ciudad en 1147.
El 18 de marzo 1952, el Patronato del Sagrado Corazón de Jesús de esta capital, dirige un escrito al ayuntamiento en el que expone: “Que en la cumbre del Cerro de San Cristóbal y por detrás del monumento al Sagrado Corazón de Jesús, existía desde tiempo inmemorial una pequeña Iglesia o Ermita, dedicada al mencionado Santo, la que fue arrasada en 1936, quedando el sitio que ocupaba para tránsito público, y así se encuentra”
Firman el escrito, como representantes del Patronato en calidad de Presidenta y secretaria, Ángela Fornovi, viuda de Romero, y Dolores Requena de Viciana.
El objetivo del escrito era solicitar que se construyese de nuevo la ermita, para que en la misma tuviesen lugar actos de culto al Sagrado Corazón de Jesús, cuya efigie se alza en el Monumento referido, y que no podían celebrarse al aire libre. La ermita debería ocupar el mismo lugar que la anterior, y ser de iguales o parecidas dimensiones.
El arquitecto municipal en aquel momento era, Guillermo Langle. Recibido el escrito, y tras visitar el cerro, informa lo siguiente: “la reconstrucción de la Ermita en el lugar en el que anteriormente estuvo emplazada, no lo estima procedente, pues reconstruido el Monumento al Sagrado Corazón, la nueva Ermita que se levantare contigua al mismo, descompondría su silueta, ocultándola en parte a la observación del público desde las terrazas de la ciudad.”
Langle, para evitar esto, propone construir la ermita en un lugar próximo al Monumento, pero situado a cota más baja, señalando la ubicación en el plano que adjuntaba al proyecto. El sitio para construirla sería en el camino que sube al cerro, a su izquierda subiendo, en el segundo ramal recto del mismo, y que queda por bajo de la plaza terminal del camino. En tal lugar, determinado por un covarrón allí existente, la silueta de la Ermita no taparía la vista del Monumento desde ningún punto principal de la ciudad. Para asegurarse de ello, Langle, traza en el plano un perfil uniendo el centro del Monumento con el de la Ermita, llegando con el perfil hasta la Puerta de Purchena, demostrando que la parte alta de la Ermita corta el muro de contención de la plaza del pie del Monumento, dejando este libre, por encima de la visual.
La Ermita.
El proyecto de la Ermita, firmado por Langle, era de una sola nave, con una longitud de 16,60 m, una anchura de 8,20 m, y con una altura hasta la base del campanario de 8,40m. Tres pináculos como adorno, y sobre el arco de la puerta, una cruz de piedra. El diseño de la fachada principal, de estilo historicista y alejado del racionalismo de la época, la hace muy peculiar, y recuerda mucho a la que él mismo realizó en 1930, para la iglesia de San Agustín, en la fachada que da a la calle Jesús de Perceval. (Para conocer este proyecto hay un artículo muy interesante de, Juan Francisco Escámez Trujillo, publicado en este periódico el 10 de abril de 2018)
Se presentaron las mediciones y costes, que ascendían a un total de 119.927,91 Ptas. Esto incluía los movimientos de tierras, la fábrica de mampostería, ladrillo, mortero, cemento, los cornisamentos, portada, pináculos, tejado de teja árabe, escalones de granito artificial, solería de baldosín hidráulico, aseo completo, puertas, ventanas, cristales, pintura al óleo y encalados.
El 6 de mayo de 1952 , la Comisión de Urbanismo aprueba el proyecto y concede el permiso para la construcción de la Ermita. Dos días después, en la sesión de la Comisión Municipal Permanente, se hace constar que “el hecho de fijar el ayuntamiento el terreno donde se debe edificar la Iglesia o Ermita, no supone la cesión de dicho terreno, ya que por no ser propiedad de la Corporación Municipal, no puede hacerlo, y las solicitantes deberán ponerse de acuerdo con los propietarios de los mencionados terrenos, para su adquisición.
Seguramente el no acuerdo con los propietarios para la compra de los terrenos, fue la razón por la que finalmente no se construyó la ermita. El solar a día de hoy, sigue vacío.
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El rebozo
"rī-bō’sō"
"def." Lienzo jaspeado de hilo de algodón o seda devanado, urdido en un soporte rígido de un telar de cintura o de pedal, en donde el jaspé se efectúa al tramar el hilo devanado que ha sido teñido en bola con grandes nudos y cuyo efecto resulta en un diseño "ikat". Se dice que la palabra "rebozo" viene de "arrebozarse", antiguo vocablo castellano que significa “cubrirse el rostro con una capa o manta”. Esta prenda, meramente femenina, data del sincretismo del ayate indígena y la mantilla española de la época colonial. El "ikat", al igual que el "xal" o chal —manto usado por los sacerdotes—, provienen del mundo persa y de la antigua India y hacen la larga y compleja trayectoria a la península ibérica durante la invasión omeya y, consecuentemente, a la Nueva España.
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El manto mexicano o rebozo sustituye a la mantilla en las clases sociales superiores durante el siglo XVII, al igual que sustituye al ayate indígena, prenda que se convierte en un objeto multifuncional que “cubre, abriga, envuelve y sostiene” (Isabel Marín de Paalen) y, como describe Dr. Atl, es una prenda que denota la “identidad de casta y el gusto indígena”. Esta prenda simboliza una distinción social y se convierte en mestizaje. La importancia de sus variantes se ilustra en las famosas pinturas novohispanas de castas del siglo XVIII y costumbristas del siglo XIX. Los artistas viajeros lo utilizan como testimonio del paisaje mexicano y el folclor tradicional vinculado con el pasado rural y el artista costumbrista risueño lo adopta como respuesta romántica hacia la Revolución Industrial.
En el arte plástico mexicano nunca ha faltado la representación y resignificación del rebozo. Así como Antonio García Cubas ilustró, en 1885, sus coloridas cartas etnográficas con ejemplos de los varios usos y lucidos del rebozo, los artistas José María Velasco y Saturnino Herrán nos seducen con sus representaciones romanticistas de desnudos voluminosos de mestizas arropadas con este indumento minimalista, en mundos paisajistas meramente idílicos. En el siglo XX, las fotografías de Casasola y de Manuel Álvarez Bravo nos muestran el rebozo como personajes singulares vistiendo a su modelo anónimo y las puntas secas de Isidoro Ocampo como investigaciones sociales del urbanismo porfiriano. En tiempos de la Revolución Mexicana, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera representaron a la infatigable mujer Adelita, portando la munición del batallón en su rebozo en marcha a la guerra y Frida Kahlo revivió el rebozo como identificación nacionalista y revolucionaria en sus autorretratos de las décadas de 1930 y 1940.
La exposición "El rebozo. Propuesta gráfica femenina" se compone de 32 obras gráficas en diferentes técnicas, realizadas por 27 artistas plásticas de la república mexicana. Las artistas se reúnen por el tema y significado del rebozo, el cual es pluralizado como este objeto elemental en la vida mexicana que nos acompaña desde el nacimiento y forma parte de nuestra identidad maternal y nacional. La artista Gilda Genis García, originaria de la Ciudad de México, representa, en Enigma, a una mujer de Lima, Perú, cuyo rostro es cubierto por su rebozo en un acto de reclusión para la anonimidad pública, significado de liberación interna y empoderamiento que evidencia el historial en sociología y derechos humanos de la artista. Soledad Vázquez, autora de El origen y De bolita en bolita, utiliza su interés en la investigación microscópica y el diseño de la naturaleza para resaltar el proceso técnico y los diseños geométricos del hilo del rebozo, como un cosmos metafórico que hace referencia a nuestra codependencia y suma con el entorno infinito. La obra de Rocío Figueroa es autobiográfica, como en el caso de su colografía Cobijo desde la tierra, una técnica de impresión en la cual se aplican tintas a un collage de materiales sobre una superficie rígida; en esta obra, el rebozo simboliza cobijo y es generador de sombra, por lo que se convierte en un árbol que, enraizado por sus flecos, da fruto y flor con bordados coloridos. La artista y psicóloga especialista en arte como terapia Miriam Ladrón de Guevara aborda el significado del rebozo desde el rebozo matérico y desde el sentido utilitario de dicha prenda con un fin de “compañero de vida”. Ana Rojas, originaria de Morelos, conlleva temas de territorio y migración en sus obras Mujer paisaje y Hombre paisaje. Utilizando la técnica de colografía de un rebozo como paisaje de fondo y sobreponiendo un tallado en linóleo de una mujer y luego de un hombre en travesía, nos narra la metáfora “cómo cargamos nuestro territorio”.
Teresa Díaz Diez
Museóloga y curadora de arte