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The Bionic Constructors Of Kyoöder by Daniel Arrhakis (2025)
With the music : Docking Bay 7 || Dark Space Dystopian Ambient Music by Dream Circuit
Kyoöder, a system of moons that orbits the giant planet Syghmata where an alien race originated that evolved into integrative forms with their own technology over generations.
Specialists in bionic beings and systems where the boundary between natural and artificial life has been definitively blurred, leading to the creation of intelligent hybrid systems and giant machines with a life of their own.
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Don't Miss our New Challenge already open in our Mystic Challenge Group
Alien Worlds Challenge - May 2025
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El Tesoro, de 40 metros de altura por 28 metros de ancho, es una construcción tallada en la piedra cuya antigüedad se remonta probablemente al siglo I a.C., en los tiempos del rey nabateo Aretas III.
Su diseño no tiene precedentes en Petra, de manera que debió ser excavado en la roca por constructores helenísticos del Cercano Oriente, mezclando su propio estilo con el nabateo.
A pesar de su nombre, el Tesoro o la Tesorería, como le llaman algunos, no tiene ninguna relación con este nombre, ya que pudo ser un templo o una tumba real; sin embargo, el saqueo realizado por los beduinos durante los siglos precedentes a su descubrimiento para la arqueología impiden saber a ciencia cierta su utilización.
Los beduinos creían que los piratas habían escondido un importante tesoro faraónico en el tholos, la cúpula en forma de urna gigante que hay en la glorieta central del segundo nivel, y le dieron su nombre por eso.
Los disparos realizados por los beduinos contra la urna pueden apreciarse a simple vista desde abajo.
Otra historia cuenta que fueron los otomanos quienes dispararon contra la urna al creer que los beduinos habían escondido en ella el fruto de sus saqueos.
El Tesoro es la primera construcción de cierta entidad que encuentra el viajero cuando emerge del Siq, un cañón de aproximadamente 1,5 km de longitud y hasta 200 metros de altura que en su lugar más estrecho mide apenas dos metros de ancho.
Petra está ubicada a 200 km al sur de Ammán.
En la Antigüedad fue una importante encrucijada de las caravanas comerciales que transitaban entre Arabia, Egipto, Siria y Fenicia.
En parte esculpida en la roca y en parte construida en medio de montañas surcadas por pasos y desfiladeros, Petra es uno de los sitios arqueológicos más célebres del mundo, en el que se mezclan las influencias de las tradiciones del antiguo Oriente y las de la arquitectura helenística.
La fachada tiene dos niveles; el inferior, de 12 m de altura, está decorado con seis columnas que soportan un frontón, y a los lados hay relieves escultóricos mal conservados que guardan la entrada; se cree que representan Cástor y Pólux, hijos de Zeus.
Tras la puerta hay una sala vacía de unos doce metros cuadrados y una especie de hueco en el suelo para los rituales en honor de los dioses locales, Allat, Al Uzza y Dushara.
En el segundo nivel hay representadas tres falsas glorietas con seis columnas frontales. Las glorietas laterales son cuadradas y tienen un techo en forma de frontón inclinado hacia los lados, y la central es redonda; sobre ésta se halla la urna y la figura de un águila que simboliza una deidad masculina nabatea.
En las paredes sin excavar de las falsas glorietas hay relieves. En la central, enfrente, hay la figura de la diosa de la fertilidad de Petra, conocida como Al Uzza, asociada a Isis.
En el año 2003 se descubrió un piso inferior delante del Tesoro, a unos 6 metros de profundidad, que podría formar parte de la Petra sumergida por los sedimentos que aún hay que excavar. Contiene varias tumbas.
A partir del 6 de diciembre de 1985 Petra está inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Desde el 7 de julio de 2007 forma parte de las Las nuevas siete maravillas del mundo moderno.
El constructor de la Mezquita Azul, Mehmet Paşa empleó grandes cantidades de materiales, especialmente piedra y mármol, lo cual hizo que se agotasen las existencias para otras obras importantes. El trazado de la mezquita es irregular, ya que el arquitecto tuvo que adaptarse a las restricciones el emplazamiento. La fachada principal, que sirve de entrada al edificio, se encuentra frente al hipódromo. El arquitecto se basó en la Mezquita Sehzade (1543-1548) de Estambul, la primera obra a gran escala de Sinan. Cuenta con un sistema ascendente de cúpulas y semicúpulas, cada una de ellas apoyadas en tres exedras, que termina en una gran cúpula central, de 23,5 m de diámetro y 43 m de alto en el centro.
Constructor de guitarras flamencas y clásicas de Granada.
C. Ánimas, 2, Centro, 18009 Granada
Subiendo a la Puerta de las Granadas.
Maker of flamenco and classical guitars from Granada.
C. Ánimas, 2, Centro, 18009 Granada
Going up to the Puerta de las Granadas.
Granada (Andalucía/ Spain).
ULY 904 - This well presented Ex Pickfords 75 Ton heavy haulage tractor was photographed by me at the Cromford Steam Rally in August 2019.
Pickfords usually used Junior Constructors in pairs one pulling and the other pushing one of their girder frame heavy haulage trailers, a set-up that was very much dependant on the weight of the load.
Working on creating a store out of an empty factory.
Digital image, Canon Eos 400D with Sigma 17-70/2,8
La Iglesia de San Andrés y Santa Capilla: antigua sinagoga, construida sobre un antiguo palacio visigodo, sede de la Antigua y Noble Cofradía de San Andrés.
es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura_religiosa_de_Jaén
La iglesia de San Andrés y Santa Capilla es una iglesia de la ciudad de Jaén. Es sede y propiedad de la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora.
La Iglesia de San Andrés tiene su origen en el templo mudéjar del mismo nombre. El edificio fue anteriormente una sinagoga judía.1 En el siglo XIII, se convirtió en parroquia, hasta el año 1843 que desaparece.
En 1515 se funda la Santa Capilla,2 gracias a las donaciones de Gutierre González Doncel,3 tesorero del papa León X y protonotario apostólico y del propio papa, que autorizó que se tomara tierra de las catacumbas de las iglesias romanas de Santa María del Campo Santo, San Sebastián de las Catacumbas, San Gregorio y Santa Pudenciana para esparcirla por las bóvedas y criptas de sepultura de cofrades situados bajo la capilla, de ahí el título de «Santa». Está consistía en una sala de oración y culto4 a la Inmaculada Concepción5 y era propiedad de Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora.
La fundación de la Santa Capilla y Cofradía en esta iglesia parroquial de San Andrés se llevó a cabo tras un intento de fundarla en la antigua catedral. Finalmente recaló en san Andrés debido a que Gutierre González Doncel era vicario parroquial. Con la construcción de la capilla y la adquisición, por parte de la cofradía, de diversos inmuebles aledaños al antiguo templo parroquial, modificaron la estructura hasta lo que podemos observar actualmente.
es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_San_Andrés_(Jaén)
Palacio de Villardompardo (Jaén)
El Centro Cultural Palacio de Villardompardo, de la ciudad de Jaén, está constituido por el Palacio de Villardompardo, la Capilla de la Visitación y varios edificios adosados y conectados entre sí.
El Palacio fue construido en el siglo XVI por Fernando Torres y Portugal, I Conde de Villardompardo y Virrey del Perú, presenta un estilo renacentista. Adjunto al palacio se encuentra la Capilla de la Visitación, lugar en el que se realizan exposiciones temporales. Todo el conjunto está construido sobre unos Baños Árabes del siglo XI, declarados Monumento Histórico Artístico.
es.wikipedia.org/wiki/Centro_Cultural_Palacio_de_Villardo...
El Palacio de los Condes de Villardompardo, de la ciudad de Jaén, fue construido en el siglo XVI por Fernando Torres y Portugal, I Conde de Villardompardo y Virrey del Perú, presenta un estilo renacentista. Actualmente forma parte del Centro Cultural Palacio de Villardompardo.
A finales del siglo XVIII, el edificio fue adquirido por la Junta del Real Hospicio, instalando en el mismo el Hospicio de Mujeres. El Hospicio es ampliado en los años 1901 y 1903, demoliendo algunas casas y construyéndose una capilla, inaugurada ese último año con la advocación de La Visitación.
En 1970, tras el traslado del Hospicio, comienzan las obras de restauración de los Baños Árabes situados en los sótanos del Palacio así como la rehabilitación de todo el edificio. Todas estas obras fueron galardonadas en 1984 con la Medalla de Honor de la Asociación Europa Nostra.
El patio central del Palacio está constituido por un cuadrado de gruesos muros en el que se abren las ventanas y puertas de diferentes estancias. Dentro de este cuadrado se inscribe otro formado por una galería columnada en dos niveles, con tres columnas en cada lado y con un total de ocho columnas en cada uno de los dos niveles.
La galería de la planta inferior presenta sus columnas en orden toscano, aplicando arcos de medio punto ligeramente rebajados. Sobre las cuatro columnas de las esquinas descansan cuatro arcos: los dos mayores, forman el ángulo de la galería; los dos menores, están unidos al muro perimetral convirtiéndose en columnas “en palmera”, al igual que los utilizados por el constructor musulmán que había realizado la gran Sala Templada de los Baños Árabes subyacentes. Igualmente, el arquitecto del Palacio utilizó una estructura constructiva idéntica a la utilizada en los Baños: para las columnas y los capiteles emplea la piedra y para los arcos y para las enjutas el ladrillo.
La galería de la planta superior es similar a la inferior aunque presenta modificaciones. Las columnas y los arcos son de menor altura que los situados en el nivel inferior. Actualmente, los intercolumnios de este nivel se cierran con una barandilla abalaustrada de madera.
es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_Villardompardo_(Jaén)
El Museo de Artes y Costumbres Populares de Jaén es un museo dedicado a la cultura y costumbres de la provincia de Jaén, situado en la ciudad de Jaén. Fue inaugurado por acuerdo plenario de la Diputación Provincial de Jaén el día 31 de octubre de 1980 e inaugurado el 20 de diciembre de 1990.
Se encuentra instalado en el Palacio del Primer Conde de Villardompardo y Virrey de Perú, D. Fernando Torres y Portugal, un edificio renacentista construido en el siglo XVI y en el que también se encuentran los Baños árabes y el Museo Internacional de Arte Naïf.
En este museo se muestran los modos de vida populares anteriores a la industrialización de Jaén. La colección se encuentra dividida de esta manera:
Planta sótano. En ella se encuentran las salas dedicadas a la vid, el olivo, el cereal y el agua.
Planta de acceso. En ella se sitúan las salas denominadas dedicadas a pesos, medidas y transporte.
Planta primera. En ellas están las salas dedicadas a la infancia, las casas rurales, la cerámica, cordobanes y guadamecies, textiles y la Sala Burguesa.
Planta de cámaras. En ella se encuentran las Salas de Matanza, Talleres y Oficios Artesanos y la sala dedicada a la religiosidad popular.
es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_Artes_y_Costumbres_Popular...
Los Baños Árabes de la ciudad de Jaén, conocidos como Baño del Niño (en árabe, Hamman al-Walad) están ubicados en los sótanos del Palacio de Villardompardo. Cuentan con una extensión de 450 m², lo que los convierte probablemente en los más grandes de España, y son visitados por más de 55.000 personas al año.2
En el mismo palacio también se encuentran el Museo Internacional de Arte Naïf y el Museo de Artes y Costumbres Populares.
Fueron construidos en el siglo XI, en 1002, aprovechando los restos de una casa o baño romano con pórtico. Posiblemente reformados en el siglo XII, debido a la presencia de restos de decoración almohade que se conservan en algunas de sus salas.
Tras la conquista de la ciudad en 1246 por Fernando III, El Santo, se siguieron utilizando durante los primeros años de dominio cristiano. Entre los siglos XIV y XV desaparece su función como baño al establecer los cristianos en sus salas unas tenerías, cuyos restos permanecen aún en las Salas Templada y Caliente. Y acabaron llenos de escombros para servir de cimiento al actual Palacio.
A finales del siglo XVI don Fernando de Torres y Portugal, I Conde de Villardompardo y VII Virrey del Perú, edificó su Palacio sobre los Baños, quedando éstos enterrados y ocultos entre los cimientos y sótanos durante los siglos XVIII y XIX, lo que resultó esencial para su mantenimiento.
A principios del siglo XX, el Palacio pasó a formar parte del patrimonio inmobiliario de la Diputación Provincial de Jaén, la cual entre 1901 y 1903 liberó el espacio para construir una Capilla para el Hospicio de Mujeres. En 1913 Enrique Romero de Torres descubrió parte de los Baños durante la realización del Catálogo Monumental de Jaén. Cuatro años más tarde el equipo arqueológico de Manuel Gómez-Moreno propuso que el edificio se declarase Monumento Nacional, hecho que se produjo en 1931, adjudicándose con el número de Registro General 528.
En 1936 comienzan las obras de restauración bajo la dirección de los arquitectos Leopoldo Torres Balbás y Luis Berges Martínez. Estas obras se verieron interrumpidas por el comienzo de la Guerra Civil. En 1970, la Dirección General de Bellas Artes retoma la restauración del edificio encargándosela al arquitecto don Luis Berges Roldán, hijo del anterior, completándose en 1984. La Asociación Europa Nostra otorgó la Medalla de Honor de ese año a la restauración de los Baños Árabes.
En el año 2008, sirven como escenario en la película La conjura de El Escorial del director Antonio del Real.
es.wikipedia.org/wiki/Baños_Árabes_de_Jaén
www.dipujaen.es/conoce-diputacion/areas-organismos-empres...
Jaén (Spanish pronunciation: [xaˈen]) is a city in south-central Spain. The name is most likely derived from the Roman name Villa Gaiena (Villa of Gaius), which the Arabs called Jayyān It is the capital of the province of Jaén, and is located in the autonomous community of Andalusia.
The inhabitants of the city are known as Jiennenses. Its population is 116,731 (2012), about one-sixth of the population of the province. Recently Jaén has had a great increase in cultural tourism, having received 604,523 tourists along the year 2015, 10% more than in 2014. The city is also known as the World Capital of Olive Oil, because it is the biggest producer of the oil, known by locals as liquid gold.
The layout of Jaén is determined by its position in the hills of the Santa Catalina mountains, with steep, narrow streets, in the historical central city district. The city of Jaén is the administrative and industrial centre for the province. Industrial establishments in the city include chemical works, tanneries, distilleries, cookie factories, textile factories, as well as agricultural and olive oil processing machinery industry.
Out with Ectro testing out Dennis Calvert's circle machine style. Usually i can't do this, since i'm alone, but i convinced Ectro that we should try it out. The tunnel was so foggy from the temperature difference between the inside and outside that we had to use a air blower to keep the lens un-fogged each minute and a half or so. This was about the longest photo we could take at about a minute.
Looking through some dusty files I found a packet of 6x4.5 size colour slides. They were taken of a model railway which was built in 1987, it had a feature article in the last ever edition of "Model Railway Constructor" in June 1987. The layout was built by my friend John Cox, I scratch-built or modified kits for some of the buildings, provided rolling stock and did the photography and Don Gatehouse did a thorough job in researching and providing photographs of the location it was based on, Coombe Junction in Cornwall.
The basis for the layout was a small simple layout that anyone could build in a modern small house or flat it had 3 3ft x 1ft base boards.
We managed to cram in clay dries, Carradon Junction station and a very truncated branch to the seaside "Causland Beach" The layout was quite successful and John took it to a number of model railway shows, by today's standards it was unsophisticated but it was of it's time. I still have the locos and the single car but they have not been run since 1994 when I abruptly stopped any model railway involvement.
In this scene 25233 is on engineering duty as the mechanical signal box id demolished and the signals have the arms removed.
Copyright Geoff Dowling: All rights reserved
1986 Leyland Constructor 24-21 220 Turbocharged T45 with Wilcox bulk tipper body.
Last SORN declaration expired on 16th February 2021 (no online MoT history).
Cheffins Paul Haylock machinery auction, Shudy Camps -
"1986 LEYLAND Freighter 6x4 TIPPER LORRY. Barn stored, later used as grain cart at harvest time only, runs and drives. Reg. No. C970 BPW. Serial No. SBLD6H50LLLG48181. Mileage: 175,112km. FDR: 14/03/1986."
Sold for £4800.
Corgi CC11102 Scammell Constructor 'Parker Bent', 1:50 scale.
This is the smaller Scammell Highwayman, also by Corgi: www.flickr.com/photos/adrianz-toyz/53890832598
Legendary Norwegian boat constructor Johan Anker (1871 - 1940) posing in 1928 on board the new 12-Metre class boat Magda XI, which he had designed for businessman Alfred W.G. Larsen (the man on the right).
Both men were excellent sailors. Already in 1912 Larsen´s 12-Metre yacht Magda IX - designed by Anker - won the gold medal in the Stockholm Summer Olympics, with Anker as helmsman and Larsen among the crew. During his lifetime Larsen owned altogether thirteen 10-Metre, 12-Metre and 15-Metre boats, all of them named Magda, which was the name of his first wife.
In the early 1930s Larsen sold Magda XI (with sail number N -7) to the US, where she was renamed Cantitoe (sail number was US-7).
The only mention of her in the US I found in the New York Times August 7, 1933: "American Y.C. RUN IS LED BY CANTITOE, 12-Meter Yacht"
The International 12-Metre Association data page mentions that Cantitoe was "wrecked and buried", but does not give any date.
My restoration and colorization of the original black and white image in the National Library of Norway archive.
The driver and his truck. Bydammen, Ballerup. Thanks to the team from CG Jensen constructors for letting me follow their job...
The elevated tramway near Nottingham Station under construction and the people working on and around it in 2013.
Portrait of commander (later rear admiral) George Henry Rock (1869 - 1946), who later became chief constructor of the United States Navy. My colorization of an image in the Library of Congress archive. The photo is not dated, but my estimate is ab. 1920.
George Rock graduated from the U.S. Naval Academy at Annapolis, Class of 1889. During World War 1 he served as Construction Officer of the Navy Yard, New York. For his "exceptionally meritorious service" he was awarded the Navy Cross. In 1929 - 1932 Rock was Chief of the U.S. Navy Bureau of Construction and Repair. After his retirement Rock served among other things as head of the Webb Institute of Naval Architecture. In 1933 he was elected president of the Society of Naval Architects and Marine engineers.
BASILICA DE SAN FRANCISCO EL GRANDE
La basílica fue construida en estilo neoclásico en la segunda
mitad del siglo XVIII, a partir de un diseño de Francisco Cabezas, desarrollado por Antonio Pló y finalizado por Francesco Sabatini. El edificio destaca por su cúpula, considerada como la tercera de planta circular de mayor diámetro de la cristiandad; por su suntuosa decoración interior, realizada en estilo ecléctico a finales del siglo XIX; y por su pinacoteca, representativa de la pintura española de los siglos XVII a XIX, con cuadros de Zurbarán y Goya.
Su titularidad corresponde a la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén, organismo autónomo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. El 19 de octubre de 1980 fue declarada Monumento Nacional, según Real Decreto, recibiendo por tanto la condición de Bien de Interés Cultural.
El lugar estuvo ocupado anteriormente por un convento-ermita franciscano, que, según la leyenda, fue fundado por san Francisco de Asís en 1217. Cuando Felipe II convirtió Madrid en capital del reino, en 1561, el convento fue ganando en riqueza e importancia y llegó a recibir la custodia de los Santos Lugares conquistados por los cruzados, mediante una Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén, y el Comisariado General de Indias.
En 1760, los franciscanos derribaron la primitiva edificación para construir, sobre su solar, un templo más grande, que encargaron al arquitecto Ventura Rodríguez. Su proyecto, firmado en 1761, fue desestimado, a favor de un diseño del fraile Francisco Cabezas, redactado por José de Hermosilla. Cabezas concibió una amplia rotonda para el espacio interior, cubierta por una grandiosa cúpula. Sin embargo, las obras tuvieron que suspenderse en 1768, debido a las complicaciones técnicas surgidas, lo que obligó a Cabezas a abandonar el proyecto, presionado por Ventura Rodríguez, quien aprovechó su influencia dentro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las obras fueron encomendadas entonces a Antonio Pló, que se hizo cargo de la cúpula, concluyéndola en 1770.
En 1776 la comunidad de frailes solicitó al rey Carlos III que se incorporara al proyecto el arquitecto real Francesco Sabatini, uno de los artífices del Palacio Real, a quien se debe la fachada principal y las dos torres que la coronan. También se sumó Miguel Fernández, en calidad de asesor técnico. El edificio fue finalizado en 1784. Durante el reinado de José I (1808-1813), se pensó en destinar el templo a Salón de Cortes, a partir de una remodelación proyectada por el arquitecto Silvestre Pérez. Finalmente, fue convertido en hospital, según Decreto de 3 de marzo de 1812.
En el año 1836, en el contexto de la desamortización de Mendizábal, los franciscanos fueron expulsados y el edificio quedó en manos del Estado español, a través del organismo Patrimonio Real. Un año después, se barajó la posibilidad de convertirlo en Panteón Nacional, pero la iniciativa no pudo materializarse. En 1838, sirvió de sede a un cuartel de infantería, al tiempo que se recupera el culto religioso. La Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén quedó bajo la titularidad del Estado.
En 1869 se retomó la idea del Panteón Nacional. Durante los cinco años siguientes, albergó los restos mortales de diferentes personalidades de la historia española, entre ellos los de Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán). Fueron depositados en una capilla y devueltos en 1874 a sus respectivos lugares de origen.
En 1879, el templo fue objeto de una profunda reforma y restauración, impulsada por el político Antonio Cánovas del Castillo y financiada por el Ministerio del Estado. La rehabilitación fue aprovechada para decorar su interior, en un proceso que se extendió desde 1880 hasta 1889 y en el que intervinieron diferentes artistas españoles especializados en pinturas murales y artes decorativas, entre los que cabe destacar a Casto Plasencia, José Casado del Alisal y Salvador Martínez Cubells. La mayoría de sus estudios y bocetos se conservan en el Museo del Prado.
Traslado de los restos de Calderón de la Barca, desde San Francisco el Grande (en la imagen, a la izquierda) hasta el cementerio de San Nicolás, a su paso por el primitivo Viaducto de Segovia. El grabado corresponde a 1874, cuando el templo dejó de tener la función de Panteón Nacional y fueron devueltos los restos mortales allí depositados a sus lugares de origen.
Las obras fueron realizadas a expensas de los fondos de la Obra Pía de los Santos Lugares, dirigiéndolas, por parte del Ministerio de Estado, Jacobo Prendergast. En la reforma tomaron parte escultores tan renombrados como Jerónimo Suñol, Justo Gandarias Plazón, Mariano Benlliure, Ricardo Bellver, Juan Samsó y Antonio Moltó; pintores de la fama de Carlos Luis de Ribera y Fieve, Alejandro Ferrant y Fischermans ayudado por su gran amigo José María López-Merlo Pascual, Casto Plasencia, Germán Hernández Amores, Manuel Domínguez Sánchez, José Casado del Alisal, José Moreno Carbonero, Antonio Muñoz Degraín, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover y Casanova, Eugenio Oliva y Rodrigo, José Marcelo Contreras y Muñoz y Manuel Ramírez
También ejecutaron obras de talla y ornamentación Francisco Molinelli, Pedro Nicoli y Varela.
En 1926, el rey Alfonso XIII devolvió el templo a los franciscanos. El 30 de junio de 1962 fue declarado basílica menor por el papa Juan XXIII y el 8 de noviembre del mismo año quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, tras una nueva consagración.
A lo largo del siglo XX se fueron sucediendo reformas y rehabilitaciones, permaneciendo cerrado durante décadas.Cabe señalar la iniciada en 1971, abordada por el arquitecto Luis Feduchi, en la que se actuó sobre las cubiertas y la cúpula, con la impermeabilización del emplomado y la restauración de los frescos del domo.
En noviembre de 2001, tras décadas en obras, la iglesia volvió a abrirse al público y en 2006 fueron desmontados los andamios instalados en el interior, con los que los restauradores procedieron a la recuperación de las pinturas murales
La basílica de San Francisco el Grande es de planta central y circular, con vestíbulo y ábside. La cubierta se resuelve mediante una gran cúpula, custodiada por seis pequeños domos, que rodean la base del edificio por el norte y por el sur.
Estos elementos encuentran correspondencia en el espacio interior del templo, conformado por una amplia rotonda y seis pequeñas capillas circundantes (tres a cada lado). La capilla mayor está instalada en el ábside y preside todo el conjunto.
Los materiales de construcción combinan sillares de granito, empleado principalmente en la fachada principal, y ladrillo enfoscado.
La cúpula de San Francisco el Grande tiene 33 m de diámetro y 58 m de altura (72 m desde el suelo). En lo que respecta a las cúpulas de planta circular, es la tercera de mayor diámetro de la cristiandad, por detrás de la del Panteón de Agripa (43,4 m) y de la de San Pedro del Vaticano (42,5 m), ambas en Roma (Italia).
Si se consideran también otro tipo de cúpulas, es la cuarta de mayor tamaño, por detrás de la cúpula de Santa María del Fiore (42 m), en Florencia (Italia), de planta octogonal y facetada en ocho caras.
Supera en diámetro a las cúpulas de Santa Sofía (31,8 m), en Estambul (Turquía); de la Catedral de San Pablo (30,8 m), en Londres (Reino Unido); y de Los Inválidos (24 m), en París (Francia).
Los problemas técnicos surgidos durante la construcción obligaron a adoptar una solución de escasa elevación para la cúpula, en la línea del modelo empleado en el Panteón de Agripa. Está realizada en ladrillo macizo, fabricado a pie de obra, en una sola hoja. En su arranque, la hoja presenta un grosor de tres metros, que va descendiendo hasta la coronación, donde el espesor es inferior al metro.
El domo está coronado por una linterna circular, con chapitel y cruz de hierro forjado sobre la flecha.
La fachada principal está orientada al este. Es obra de Francesco Sabatini, quien concibió un diseño netamente neoclásico, si bien matizado por su configuración convexa, necesaria para adaptarse a la planta circular de la estructura.
Presenta dos cuerpos. En el inferior se sitúan tres arcos de medio punto, sujetados mediante pilastras dóricas. El orden jónico domina el segundo cuerpo, constituido por tres ventanales adintelados. El conjunto se remata, en su parte superior, con un frontón triangular, situado en el punto central, y una balaustrada, que recorre los lados.
El frontón está adornado con la cruz de Jerusalén en el tímpano y, por encima, aparece una acrotera con el escudo franciscano y una corona real. Sobre los pilares de la balaustrada se elevan cuatro estatuas de piedra, representativas de santos, que fueron esculpidas en Londres en 1883.
La fachada está presidida por dos torres, una en cada extremo, ligeramente retranqueadas. Están cubiertas con chapiteles ondulados, coronados con veletas. En sus vanos, se alojan 19 campanas, ocho de ellas en la torre sur y las once restantes en la torre norte (estas últimas forman parte del carillón de la iglesia). Los campanarios están enmarcados con pilastras pareadas.
La cúpula y su linterna asoman entre las dos torres, dominando el conjunto
Las piezas más notables del vestíbulo son las siete puertas que permiten la entrada al recinto, que fueron talladas en madera de nogal en el siglo XIX. Se deben a Agustín Mustieles, perteneciente a la Casa de Juan Guas, quien utilizó modelos de Antonio Varela, de inspiración gótico-renacentista, sobre diferentes escenas bíblicas.
Entre los relieves más destacados, cabe citar los que figuran en las tres puertas centrales, con una representación de Cristo crucificado con la Fe y la Esperanza a sus pies y, a ambos lados, los dos ladrones del Calvario.
La rotonda interior está pavimentada en mármoles, así como sus zócalos. De decoración suntuosa, sus principales valores artísticos se concentran en las pinturas murales de la cúpula, resultado de las obras de reforma y remodelación impulsadas, en el último tercio del siglo XIX, por Antonio Cánovas del Castillo.
Éstas tienen como tema central a Nuestra Señora de los Ángeles y muestran diferentes escenas de reyes y santos rindiendo pleitesía a la Virgen. Se deben a una idea de Carlos Luis de Ribera y Fieve,como director del proyecto de decoración y ejecutada por los más prestigiosos pintores de la época —Casto Plasencia, Alejandro Ferrant y Fischermans, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover y Manuel Domínguez—.
Fueron realizadas sobre paneles de yeso, instalados sobre la superficie interior del domo, y están dispuestas en ocho grandes secciones, separadas entre sí por ocho molduras, que parten del arranque de la cúpula y se cruzan en la linterna.
El contorno de la rotonda está adornado con doce esculturas de los Apóstoles, labradas en mármol blanco de Carrara, a partir de modelos españoles. Descansan sobre grandes pedestales y miden más de dos metros y medio cada una, aproximándose, en algunos casos, a los tres metros. Fueron esculpidas por Agapito Vallmitjana, Jerónimo Suñol (San Pedro y San Pablo) y Ricardo Bellver (San Andrés y San Bartolomé), entre otros artistas.
La decoración del conjunto se completa con una serie de vidrieras policromadas, situadas en los vanos que rodean la parte inferior de la cúpula; fueron construidas en 1882 en Múnich, a partir de un diseño de Amérigo y Laplaza. Y por los 16 candelabros monumentales realizados en latón por la Compañía metalúrgica de San Juan de Alcaraz, en 1889, y dispuestos en las paredes de la rotonda
La capilla mayor está instalada en el ábside. Hasta la reforma de finales del siglo XIX, se encontraba presidida por un lienzo de Francisco Bayeu, en el que se representa la aparición de Jesucristo y la Virgen María a San Francisco de Asís. El cuadro está situado actualmente en el coro.
El aspecto austero de entonces fue transformado con la citada remodelación, en la que fueron instalados numerosos elementos ornamentales, a partir de materiales como el mármol, las maderas nobles, el bronce o eloro.
La cabecera está presidida por cinco pinturas murales, enmarcadas en cuatro grandes pilastras, con ribetes dorados. Son obra de Manuel Domínguez y Alejandro Ferrant y se centran en diferentes episodios de la vida de Francisco de Asís. La media bóveda que sirve de cubierta al recinto fue decorada con pinturas de José Marcelo Contreras, sobre fondos dorados.
Capilla mayor. En el centro, puede observarse la sillería renacentista del monasterio de Santa María del Parral, de Segovia. A la izquierda, una de las estatuas de los Evangelistas.
Junto a la base de las referidas pilastras, hay situadas cuatro estatuas de los Evangelistas, que se elevan sobre pedestales de mármol negro. Fueron talladas en madera bronceada, por Francisco Molinelli y Antonio Moltó. A su alrededor se extiende una sillería renacentista, traída desde el monasterio jerónimo de Santa María del Parral, en Segovia, y adaptada al lugar por Ángel Guirao, en 1885.
El presbiterio está flanqueado, a ambos lados, por dos grandes púlpitos, realizados, en mármol de Carrara, por Nicoli. Este artífice realizó también la balaustrada de mármol de dicha capilla
Las seis capillas secundarias se distribuyen simétricamente, tres en el lado septentrional de la rotonda y tres en el meridional. Están separadas del gran espacio circular mediante pilares, sobre los que se sostienen diferentes arcos de medio punto, que permiten el acceso.
Cada capilla lateral está cubierta por una pequeña cúpula, con su correspondiente linterna, que replican, a menor escala, el modelo del gran domo que se alza sobre la rotonda. Se cierran con verjas de hierro, realizadas en 1884 por Juan González.
Su decoración responde al eclecticismo histórico vigente a finales del siglo XIX, cuando fue reformado el interior de la basílica. Responde a un proyecto de José Marcelo Contreras, que prescindió de cuatro de las obras pictóricas que, hasta entonces, ornamentaban las capillas, concretamente, las firmadas por Gregorio Ferro, Antonio González Velázquez, José del Castillo y Andrés de la Calleja.
Sólo mantuvo los lienzos de la capilla de San Antonio, donde se muestra una Inmaculada Concepción de Mariano Salvador Maella (1784), y de la capilla de San Bernardino, con el cuadro La predicación de San Bernardino de Siena ante Alfonso V de Aragón, de Francisco de Goya, fechado igualmente en 1784. El artista aragonés representa al santo predicando ante una multitud, donde figura un joven, que tradicionalmente se ha considerado como un autorretrato del pintor.
Las cuatro capillas restantes fueron decoradas con pinturas encargadas a prestigiosos artistas de la época, como Casto Plasencia, con una capilla obra en conmemoración de la virgen del Olvido y alusiva a la Orden de Carlos III, y José Casado del Alisal, con una representación de Santiago Apóstol en la batalla de Clavijo.
El coro está instalado en la parte superior del vestíbulo. Estuvo ornamentado con la sillería gótica de la Cartuja de Santa María de El Paular, tallada en madera de nogal y atribuida a Bartolomé Fernández. Los sitiales permanecieron en San Francisco el Grande desde 1836 hasta 2003, año en el que fueron devueltos a su lugar de origen.
Una de las piezas más significativas del recinto es su órgano tubular, realizado en 1884 por la Casa de Aristíde Cavaillé-Coll, de París, y restaurado en 2001 También destacan sus esculturas y relieves, entre los que cabe citar el titulado Entierro de Santa Inés, de Ricardo Bellver, labrado en la escalera de acceso.
En la línea de las restantes dependencias, la bóveda está decorada con pinturas murales. Tienen como tema central la muerte de san Francisco de Asís y fueron ejecutadas en 1882 por Carlos Luis de Ribera y Fieve y Casto Plasencia y Maestro. En el coro se encuentra también el lienzo Porciúncula, de Francisco Bayeu, inicialmente situado en la capilla mayor, tal y como se ha señalado anteriormente
Las instalaciones de San Francisco el Grande albergan un museo conformado por 51 cuadros, entre otras piezas artísticas. Las obras pictóricas de mayor valor corresponden al barroco español e italiano, con obras de Francisco Ribalta (San Jerónimo), Francisco de Zurbarán (San Buenaventura recibiendo la visita de Santo Tomás de Aquino), Vicente Carducho (Papa arrodillado y escenas al fondo), Alonso Cano (San Antonio de Padua), Artemisia Gentileschi (Jesús y la samaritana) y Luis Tristán (El descendimiento). Se exhiben, además, cuatro lienzos del pintor belga Gaspar de Crayer.
En el templo se conservaba el Cristo crucificado de Goya, obra con la que el artista consiguió ser admitido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En el primer tercio del siglo XIX, el cuadro fue instalado en el desaparecido Museo de la Trinidad, absorbido en 1872 por el Museo del Prado.
Otras dependencias
Otras dependencias son la antesacristía y la sacristía. La primera estuvo amueblada con algunos elementos de la sillería de la Cartuja de Santa María de El Paular, hasta su traslado a este monasterio en el año 2003. En la segunda sala, la decoración corresponde al último tercio del siglo XIX.
MADRID DE LOS AUSTRIAS
Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.
Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.
Límites históricos
Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.
A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).
La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.
Extramuros, se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.
La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.
A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.
Límites turísticos
A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.
Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.
Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.
En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.
También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.
Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona. El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).
Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II
El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.
Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.
Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.
Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.
En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.
El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban. El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.
Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.
La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I. Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.
En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.
En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.
En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.
El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.
Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.
Reinado de Felipe II
En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.
Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.
Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.
Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).
Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.
Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.
La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.
Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).
En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.
Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.
Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.
Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.
Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.
Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo. De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.
Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.
En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15 En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.
Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.
En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.
Reinado de Felipe III
En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.
Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas. En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.
Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734; y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.
Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana, aunque también se observan rasgos prebarrocos.
Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.
Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.
Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.
En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.
Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.
Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.
La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.
El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21 Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.
Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.
Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.
Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.
En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.
Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.
Reinado de Felipe IV
Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura. Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español
En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.
En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.
Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29 en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30 La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.
La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.
El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.
En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.
Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.
La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.
El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.
Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.
Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.
La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.
En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.
Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.
La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial, situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.
La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.
El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.
Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.
La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.
Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.
El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.
Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.
Escultura
Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).
Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34 Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.
En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).
La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.
De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.
El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.
El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.
Reinado de Carlos II
Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.
En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.
Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo. Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.
El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.
Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.
Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.
Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.
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La primera mención de la iglesia de San Pedro se encuentra en registros que datan de 1209. La iglesia era una construcción de mampostería y que por lo tanto resultó sin daños en un incendio de la ciudad de Riga ese año. La historia de la iglesia puede dividirse en tres períodos distintos: dos periodos asociados con los estilos de construcción: románico y gótico, y el tercero con el período del barroco temprano. La sección central de la iglesia fue construida durante el siglo XIII, que comprende el primer período. Los únicos restos de este período se encuentran en las paredes exteriores de la nave y en el interior de unos pocos pilares de la nave central, alrededor de los cuales se construyeron más tarde grandes pilares.
El segundo período se remonta a 1408-1409, cuando el maestro constructor Johannes Rumeschottel supervisó desde Rostock la construcción del santuario, basado en la Iglesia de Santa María de Rostock. El santuario estaba casi terminado en 1409, pero debido a la guerra polaco-lituano-teutónica fue terminado y consagrado sólo en 1419. Otras obras fueron interrumpidas por la peste en 1420 y se reanudaron en la década de 1430. La iglesia del siglo XIII fue reconstruida en 1456-1466 para acomodarse al nuevo santuario. Ambas construcciones se unieron en la década de 1470, creando así una poderosa iglesia basilical con tres naves y ornamentados techos abovedados. El viejo campanario fue sustituido en 1456, y se colgó una campana en la torre nueva en 1477. En 1491, se añadió a la torre un campanario octogonal de 136 m, que, junto con la fachada de la iglesia, dominó la silueta de Riga. La torre se derrumbó el 11 de marzo de 1666, destruyendo un edificio vecino y enterrando a ocho personas entre los escombros. La piedra angular de una nueva torre se colocó el 29 de junio de 1667.
Tres portales idénticos realizados por Bindenshu y Andreas Peterman se añadieron en 1692.
El tercer período de construcción duró de 1671 a 1690, con la construcción de la fachada occidental y de la nueva torre. La cubierta, los techos abovedados y el amueblamiento también fueron renovados durante este tiempo. Jacob Josten, el maestro constructor de Riga de origen holandés, diseñó la torre y supervisó su construcción, que se inició en abril de 1671 por el maestro albañil Heinrich Henicke. Josten fue sustituido en 1675 por Rupert Bindenshu (1645-1698), el siguiente maestro de obras de Riga. La torre se terminó en 1677, pero, junto con el interior de la iglesia, fueron destruidos el 21 de mayo de 1677 durante un incendio de toda la ciudad. Bindenshu supervisó las reparaciones subsiguientes en 1677-79: techos de madera abovedados reemplazaron a los antiguos techos abovedados de mampostería, y el tejado, las ventanas, el interior y el mobiliario fueron sustituidos o renovados. El primer servicio religioso en la iglesia reformada se llevó a cabo el 14 de septiembre de 1679.
La renovación de la torre se inició en 1686 y fue diseñada por el ingeniero de la ciudad Friedrich S. von Dahlen. El Ayuntamiento no aprobó la torre a medio terminar, por lo que fue demolida en 1688. Se construyó luego una nueva, diseñada por Bindenshu, de 64,5 m y con cubierta de cobre. El 10 de mayo de 1690 se colocaron sobre la torre una esfera y un gallo. Esta torre fue la construcción de madera más alta de Europa en aquel momento.
La fachada occidental de la iglesia también se modificó a finales del siglo XVII. La construcción de ladrillo fue cubierta con piedra caliza rojiza de Salaspils y Koknese, y la fachada fue decorada con volutas, pilastras, cornisas, jarrones y fronteras hechas con piedra de la isla de Gotland. En 1692 el Ayuntamiento de Riga aprobó un proyecto de Bindenshu y el albañil Andreas Peterman para tres portales idénticos. El comerciante Klaus Mistett financió los portales, que fueron construidos por H. Henneken, Johann Daniel Schauss, Johann Gerwin y otros escultores. Los portales fueron decorados con esculturas de piedra caliza de estilo barroco. En 1694 L. Martini instaló un nuevo reloj en la torre con un glockenspiel de Amsterdam.
La remozada iglesia sirvió tan sólo durante 29 años, ya que el 10 de mayo de 1721 cayó un rayo y prendió fuego a la torre y la iglesia. Sólo la iglesia y las paredes de la torre quedaron en pie tras el incendio. La reconstrucción de la iglesia comenzó inmediatamente bajo la dirección del maestro carpintero Tom Bochum y del maestro albañil Kristofer Meinert. En 1723 el edificio ya tenía un tejado provisional. Johann Heinrich Wilbern se hizo cargo de la supervisión del proyecto en 1740, y bajo su dirección se levantó en 1746 un nuevo campanario de 69,6 m. El campanario fue cubierto con placas de cobre y el gallo fue dorado en 1746-1747.
Christoph Haberland, arquitecto jefe de Riga, diseñó un nuevo púlpito de mármol para la iglesia, que fue construido en Italia en 1793. En 1794 Haberland restauró los techos abovedados de madera en las secciones centrales de la nave. Las paredes interiores fueron enlucidas y las secciones inferiores de los pilares fueron recubiertas con paneles de roble en el año 1885, bajo la dirección del arquitecto Reinhold Georg Schmaeling (1840-1917).
El fuego de artillería destruyó la iglesia el 29 de junio de 1941. La conservación y restauración empezaron en 1954 con la investigación del arquitecto Pēteris Saulītis. Las obras se llevaron a cabo desde 1967 hasta 1983 bajo la dirección de Saulītis y del arquitecto Gunārs Zirnis. Primero se renovó la estructura metálica de la torre. Un gallo —una precisa reproducción del anterior gallo y el séptimo gallo en total— se colocó encima de la torre el 21 de agosto de 1970. El renovado reloj de la torre comenzó a funcionar en julio de 1975. De acuerdo a la tradición, sólo tiene la aguja de las horas. La música de campanas comenzó en 1976, y toca la melodía popular letonan "Rīga dimd" cinco veces al día y las campanas cada hora. La torre cuenta con un ascensor que permite a los visitantes disfrutar de una visión de Riga desde una altura de 72 m. La remodelación del interior de la iglesia terminó en 1984. La empresa polaca "PKZ" restauró la fachada principal y los portales en 1987-1991. La congregación luterana letona de San Pedro reanudó los servicios religiosos en 1991, y la iglesia fue devuelta a sus anteriores propietarios, la Iglesia Evangélica Luterana de Letonia, el 4 de abril de 2006. (Wikipedia)
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La Jelgavas Svētās Trīsvienības baznīcas tornis, o Torre de la Iglesia de la Santísima Trinidad de Jelgava, es un importante símbolo histórico y cultural de la ciudad de Jelgava, en Letonia.
La construcción de la iglesia comenzó en 1574 por orden del duque de Curlandia y Semigalia, Gotthard Kettler. Fue una de las primeras iglesias luteranas de piedra de nueva construcción en Europa. El campanario se añadió posteriormente, siendo completado en 1688 bajo la dirección del maestro constructor Martin Knoch. Inicialmente, su altura era de unos 41 metros. En 1862, el arquitecto Emil Strauss rediseñó y elevó el campanario hasta alcanzar los 80,5 metros, convirtiéndose en un elemento dominante del horizonte de Jelgava. Durante la Segunda Guerra Mundial, en julio de 1944, Jelgava sufrió graves daños por los bombardeos, incluida la iglesia de la Santísima Trinidad. La iglesia quedó destruida, pero el campanario sobrevivió. En 1954, las autoridades soviéticas volaron los restos de la iglesia, dejando en pie únicamente el campanario, que se utilizó con fines militares y de observación.
Tras años de abandono, se iniciaron trabajos de reconstrucción del campanario. En 2010, tras una extensa renovación, el torre de la iglesia de la Santísima Trinidad renació con una nueva forma. Actualmente, el torre tiene una altura de 50,17 metros. El interior del torre alberga tres exposiciones históricas interactivas que narran la historia de Jelgava, la historia de la iglesia y la moda en Jelgava a lo largo de los siglos. En el noveno piso se encuentra una plataforma de observación con suelo de cristal, a 37 metros de altura, que ofrece vistas panorámicas de la ciudad de Jelgava. El torre también alberga una sala de exposiciones, un centro de información turística en la primera planta y un restaurante. En el lugar donde se encontraba la nave central de la antigua iglesia, se ha instalado una fuente escultórica llamada "Trinidad", que simboliza los valores fundamentales de la fe cristiana.
En el parque de delante de la torre se encuentra el Jāņa Čakstes piemineklis, un monumento muy significativo en Jelgava, dedicado a la memoria de Jānis Čakste, quien fue el primer presidente de la República de Letonia. El monumento representa a Jānis Čakste de pie, con una expresión serena y reflexiva. Viste un abrigo largo y sostiene un documento en su mano derecha, simbolizando su papel como estadista y su contribución a la fundación de la Letonia independiente. La escultura está realizada en bronce y se alza sobre un pedestal de granito.
(Fuente: Gemini)
Foto hecha con el móvil.
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Jelgava, Letonia.