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Jannys - yo - jessi :)

 

Sabes amor, a veces no todo es eterno

como mi amor... por ti,

tenia un presentimiento... y te menti

yo te di un pacto... y habia que cumplir

no queria involucrarte, ni llevarte a donde fui

no debias ir... no me escape de ti

estoy tras las rejas, y esas...

esas me separan de ti......

(8)

The Las Vegas Strip is a stretch of South Las Vegas Boulevard in Clark County, Nevada, renowned for its concentration of resort hotels and casinos. The Strip is approximately 4.2 miles (6.8 km) in length, located immediately south of the Las Vegas city limits in the unincorporated towns of Paradise and Winchester. However, the Strip is often referred to as being in Las Vegas.

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VX47 LAS-SFO 21AUG2016

A320-214 N285VA

s/n 6889 del. DEC/2015

named "Flights With Benefits"

     

Las Vegas by night, Nevada, USA.

 

►NIKON D5100

►Lightroom 4

 

© Tous droits réservés à Alicia L.

No decían nada de esto en los libros, pensé, cuando la nieve entraba soplando por la puerta, abierta

de par en par, y venía a caer sobre mi espalda desnuda.

Estaba echado de bruces sobre un suelo empedrado de guijarros en un charco de barro indecible, el

brazo profundamente hundido en el interior de la vaca a punto de parir, y los pies tratando de hallar

un punto de apoyo entre las piedras. Iba desnudo hasta la cintura y la nieve se mezclaba con la

suciedad y la sangre reseca que me cubrían el cuerpo. No veía nada fuera del círculo de luz

temblorosa que arrojaba la lámpara de aceite humeante sostenida por el granjero sobre mi cabeza.

No, los libros no decían una palabra de tener que buscar cuerdas e instrumentos en las sombras, de

intentar mantenerse limpio con medio pozal de agua tibia, y de que las piedras se te clavaran en el

pecho. Ni tampoco del lento entumecimiento de los brazos, de la creciente parálisis de los músculos,

así como de los dedos que intentaban trabajar a pesar de los poderosos esfuerzos expulsores de la

vaca.

Intenté abrirme camino unos centímetros más en el interíor de la vaca. El ternero venía al revés y

yo trataba de introducir penosamente con la punta de los dedos una cuerda fina con un lazo al

extremo para llegar hasta su mandíbula inferior. Cada pocos minutos el brazo me quedaba aplastado

entre el ternero y la pelvis huesuda. A cada esfuerzo de la vaca la presión se hacía casi insoportable,

luego se relajaba y yo introducía la cuerdecita un par de centímetros más. Me pregunté cuánto tiempo

podría seguir adelante con ello. Si no agarraba pronto aquella mandíbula, jamás conseguiría sacar el

ternero. Gruñí, apreté los dientes y estiré el brazo de nuevo.

Entró soplando otra racha de nieve y casi pude oír cómo se derretían los copos sobre mi espalda

sudorosa. También tenía la frente bañada en sudor que me caía en los ojos mientras seguía

empujando.

Siempre hay un momento en un mal parto de vaca en que uno empieza a preguntarse si llegará a

ganar esa batalla. Y yo había llegado a ese punto.

Algunos consejitos empezaron a revolotear en mi cerebro:

«Tal vez sería mejor matar a esta vaca. Tiene una pelvis tan pequeña y estrecha que no me

imagino a un ternero saliendo por ella», o bien: «Es un animal muy gordo, y creo que la carne sería

realmente tierna, así que, ¿no crees que sería mejor llevarla al matadero?», o, quizás: «Esto se

presenta muy mal. En una vaca grande no sería difícil conseguir que la cabeza del ternero diera la vuelta, pero en este caso resulta prácticamente imposible».

Naturalmente, podía haber sacado al ternero con una embríotomía: pasándole un alambre por el

cuello y cortándole la cabeza. Muchas ocasiones como ésta terminaban con el suelo lleno de patas,

montones de intestinos y la cabeza. Había incluso libros de texto muy gruesos dedicados a explicar

los muy diversos modos de cortar en trozos a un ternero.

Pero nada de todo aquello me servía en este caso porque el ternero estaba vivo. En mi último

esfuerzo había llegado a tocarle con la punta de los dedos la comisura de la boca y había descubierto

un débil movimiento de la lengua de aquella críaturita. Algo inesperado, ya que los terneros en esa

posición suelen estar muertos, asfixiados por la aguda flexión del cuello y la presión de las poderosas

contracciones de la madre. Pero a éste aún le quedaba una chispa de vida y, si salía, tendría que ser de

una pieza.

Me incliné sobre el pozal de agua, ahora fría y llena de sangre, y me enjaboné los brazos

silenciosamente. Luego me eché de nuevo sintiendo contra mi pecho las piedras del suelo, más duras

que nunca. Afirmé bien los dedos de los pies entre las piedras, me sacudí el sudor que venía a caerme

en los ojos y, por centésima vez, metí un brazo que parecía un espagueti dentro de la vaca, junto a las

patitas secas del ternero, que eran como papel de lija contra mi piel; llegué a la curva del cuello y

hasta la oreja y luego, con un dolor horrible, y tanteándole la cara, hasta la mandíbula inferior que se

había convertido en la meta más importante de mi vida.

Casi no podía creer que llevara ya dos horas metido en el trabajo, luchando al límite de mis

fuerzas para introducir un pequeño nudo corredizo en torno a aquella mandíbula. Había intentado

todo lo demás: empujar una pata, hacer tracción con un instrumento romo en la órbita del ojo; pero

había vuelto al lazo corredizo.

Y la sesión había resultado deprimente en verdad. El señor Dinsdale, el granjero, era un hombre

alto, triste y silencioso, de pocas palabras, y siempre con cara de esperar que sucediera lo peor. Tenía

un hijo alto, triste y silencioso, y los dos se habían limitado a observar mis esfuerzos con creciente

melancolía.

Pero lo peor de todo había sido el tío. Cuando llegué yo a aquel granero en la ladera de la colina

me sorprendió ver a un hombrecillo ya viejo, de ojos brillantes, con un sombrero de piel de cerdo, cómodamente instalado en una paca de paja. Estaba llenando la pipa y aguardando, sin duda, un rato

de diversión.

-Hola, jovencito -gritó con el acento nasal de los del oeste del Yorkshire-. Soy el hermano del

señor Dinsdale. Mi granja está en Listondale.

Dejé el equipo e incliné la cabeza:

-Encantado. Mi nombre es Herriot.

El viejo me escudriñó:

-Mi veterinario es el señor Broomfield. Supongo que habrá oído hablar de él; todo el mundo lo

conoce, creo. Un hombre maravilloso, Broomfield, especialmente con los terneros. ¿ Sabe?, aún no lo

he visto derrotado ni una sola vez.

Conseguí ofrecerle una débil sonrisa. En cualquier otra ocasión me habría encantado saber cuán

bueno era mi colega, pero la verdad ahora no, ahora no. En realidad aquellas palabras pusieron en

marcha una campana de duelo en mi interior.

-No, me temo que no conozco al señor Broomfield -dije, quitándome la chaqueta y sacándome

también, aunque de mala gana, la camisa por la cabeza-. Pero aún no llevo mucho tiempo por aquí.

El tío se quedó atónito:

-¿Que no lo conoce? Bueno, pues debe ser el único. Puedo asegurarle que todos tienen una gran

opinión de él en Listondale -se hundió en un malhumorado silencio y aplicó la cerilla a la pipa; luego

lanzó una mirada a mi torso, todo él en carne de gallina-. Cuando se quita la camisa, el señor

Broomfield parece un boxeador. Jamás he visto músculos como los suyos.

Una ola de debilidad empezó a apoderarse de mí. De pronto me sentí torpe e inútil. En cuanto

empecé a extender las cuerdas e instrumentos sobre una toalla limpia, el viejo habló de nuevo:

-Y, ¿cuánto tiempo hace que obtuvo el título, si me permite que se lo pregunte?

-Unos siete meses.

-¡Siete meses! -el tío sonrió con indulgencia, apretó el tabaco y lanzó una nube de humo azul-.

Bueno, no es mucha experiencia en realidad, diría yo. El señor Broomfield lleva más de diez años

haciendo su trabajo y de verdad que sabe de qué se trata. No, no me venga con sus libros. A mí deme

siempre la experiencia.

Eché un poco de antiséptico en el cubo y me enjaboné los brazos cuidadosamente. Me arrodillé

junto a la vaca.

-El señor Broomfield siempre se pone primero aceite lubricante especial en los brazos -dijo el tío,

fumando satisfecho-. Dice que se infecta el seno materno si sólo se usa agua y jabón.

Hice mi primera exploración. El peor momento por el que pasan todos los veterinarios cuando

meten por primera vez las manos en una vaca. En pocos segundos sabría si volvería a ponerme la

chaqueta a los cinco minutos o si me esperaban horas y horas de duro trabajo.

Esta vez no tenía suerte; el asunto se presentaba muy feo: venía del revés y con muy poco sitio

además; más parecía una novilla sin desarrollar que una vaca en su segundo parto. Y estaba seca hasta

los huesos; debía de haber «roto aguas» hacía horas. Había estado corriendo por los campos e iniciado

el parto una semana antes de su hora; por eso habían tenido que meterla en aquel granero medio en

ruinas. De todas formas, pasaría mucho tiempo antes de que yo volviera a acostarme.

-Bien, y ahora, ¿qué ha encontrado, jovencito? -la voz penetrante del tío cortó el silencio-. Del

revés, ¿eh? No tendrá muchos problemas entonces. He visto hacerlo al señor Broomfield..., le da la

vuelta en redondo al ternero y lo saca con las patas por delante.

Ya había oído antes estupideces parecidas. Mi escaso tiempo en la práctica me había enseñado que

todos los granjeros son expertos con el ganado de los demás. Cuando sus propios animales estaban

enfermos corrían a llamar por teléfono al veterinario pero, con los de sus vecinos, se sentían

confiados, llenos de sabiduría y buenos consejos. Y otro fenómeno que también había observado era

que, generalmente, todos consideraban sus consejos más valiosos que los del veterinario. Como

ahora, por ejemplo. Bien claro se veía que el tío era un sabio acreditado y que los Dinsdale

escuchaban con deferencia todo cuanto decía.

-Otra solución, en un caso así -continuó el tío- es traer a unos cuantos chicos fuertes con cuerdas y

sacarlo incluso del revés.

Inspiré profundamente mientras me abría camino.

-Me temo que es imposible darle la vuelta en redondo a un ternero en ese espacio tan reducido. Y

sacarlo sin darle la vuelta a la cabeza rompería indudablemente la pelvis de la madre.

Los ojos de los Dinsdale se estrecharon. Sin duda pensaban que me echaba atrás en vista de la

sabiduría suprema del tío, y ahora, dos horas más tarde, la derrota estaba a la vuelta de la esquina. Yo

estaba casi deshecho. Me había estado arrastrando y dando vueltas sobre las asquerosas piedras

mientras los Dinsdale me observaban en hosco silencio y el tío seguía su interminable cadena de

comentarios. Aquel rostro rudo brillaba de gozo y le relucían los ojillos; no había pasado una noche

tan feliz en muchos años. El largo viaje colina arriba le había sido pagado con creces. No disminuía

su vitalidad y seguía disfrutando cada minuto del proceso.

Mientras yo continuaba luchando con los ojos cerrados, el rostro lleno de suciedad reseca y

boqueando, el tío, con la pipa en la mano, se inclinó sobre su asiento de paja.

-Está casi derrotado, jovencito -dijo, con profunda satisfacción-. Bien, jamás he visto derrotado al

señor Broomfield, pero, claro, él tiene mucha experiencia. Y lo que es más: es fuerte, realmente

fuerte. Un hombre incansable.

La rabia me inundó como una corriente de alcohol. Por supuesto lo que debía hacer era

levantarme, lanzar el pozal de agua ensangrentada a la cabeza del tío, correr colina abajo y largarme

en el coche, lejos del Yorkshire, de aquel viejo, de los Dinsdale, de la vaca.

En cambio, apreté los dientes, afirmé las piernas, empujé con toda la fuerza que me quedaba, y,

con una sensación de incredulidad, noté que el lazo corredizo se deslizaba sobre el agudo y pequeño

incisivo y caía en la boca del ternero. Cautelosamente, murmurando una plegaria, tiré de la cuerdecita

con la mano izquierda y sentí que el nudo se apretaba. Ya lo tenía bien cogido.

Al fin pude empezar a hacer algo.

-Sostenga esta cuerda, señor Dinsdale, sólo con una ligera tensión. Voy a empujar al ternero y, si

usted tira suavemente al mismo tiempo, la cabeza dará la vuelta.

-¿ Y si se sale la cuerda de su sitio? -preguntó el tío, ilusionado.

No le contesté. Apoyé una mano en el hombro del ternero y empecé a empujar contra las

contracciones de la vaca.

Sentí que el cuerpecito se alejaba de mí.

-Ahora tire un poquito, señor Dinsdale, sin sacudidas -dije. Y rogué en mi interior: «Señor, no

permitas que se salga de su sitio».

La cabeza estaba dando la vuelta. Primero sentí que el cuello se enderezaba contra mi brazo,

luego la oreja me rozó el codo. Solté el hombro y agarré el pequeño morro. Apartando con la mano

los dientes del ternero de la pared vaginal guié la cabeza hasta que quedó apoyada donde debía estar,

sobre los miembros anteriores.

Rápidamente extendí el nudo corredizo hasta pasarlo por detrás de las orejas.

-Ahora, tire de la cabeza cuando la vaca haga fuerza.

-¡No, ahora debería estirar de las piernas! -gritó el tío.

-¡Tire de esa maldita cuerda, repito! -aullé con todas mis fuerzas y me sentí muchísimo mejor

cuando el tío se retiró ofendido a su paca de paja.

Con la tracción salió la cabeza y el resto del cuerpo le siguió con facilidad. El animalito quedó

inmóvil sobre las piedras, sus ojos apagados y mortecinos, la lengua azulada y muy hinchada.

-Está muerto, claro, tenía que ser -gruñó el tío volviendo al ataque.

Le limpié la mucosidad de la boca, soplé fuerte por la garganta e inicié la respiración artificial.

Tras unas cuantas presiones en las costillas el ternero exhaló un poco de aire y los párpados le

temblaron. Luego empezó a inspirar y movió una pata.

El tío se quitó el sombrero y se rascó la cabeza, incrédulo;

-Señor, pues está vivo. Había dado por sentado que tenía que estar muerto después de todo lo que

usted lo ha zarandeado.

Había perdido su energía, y la pipa le colgaba, vacía, de los labios.

-Sé lo que necesita este pequeño -dije. Cogí el ternero por las patas anteriores y lo arrastré hasta la

cabeza de la madre. La vaca estaba tendida de lado, la cabeza apoyada cansadamente sobre el duro

suelo. Jadeaba, con los ojos cerrados; ya no le importaba nada de nada. De pronto sintió el cuerpo del

ternerito junto a su rostro y hubo una transformación. Se le abrieron los ojos de par en par y su morro

inició la exploración de aquel objeto. Creció su interés conforme lo olfateaba, y luchó por

incorporarse, tanteando y husmeando el cuerpecito metido bajo su pecho. Luego empezó a lamerlo

metódicamente. La naturaleza ha dispuesto el mejor masaje estimulante para una situación como ésta,

y la criaturita empezó por arquear el lomo mientras las rudas papilas de la lengua materna le corrían

por la piel. Un instante después agitaba la cabeza y trataba de incorporarse.

Sonreí. Ésta era la parte que más me gustaba. El milagrito. Comprendí que era algo que jamás me

parecería rutinario por muchas veces que lo viera. Limpié toda la sangre seca y toda la suciedad que

pude de mi cuerpo. La mayor parte se me había incrustado en la piel, y ni siquiera podía quitármela

con las uñas. Tendría que esperar hasta el baño caliente en casa. Al meterme la camisa. sobre la

cabeza me dio la impresión de que había recibido una paliza prolongada y con un palo muy fuerte.

Me dolían todos los músculos. Tenía la boca seca; los labios se me pegaban.

Una figura alta y de aire tristón apareció a mi lado.

-¿Qué le parece si bebe algo? -preguntó el señor Dinsdale.

Sentí que mi rostro aún sucio se abría en una sonrisa de incredulidad. La visión de una taza de té

caliente, bien cargado de whisky, se alzó ante mí:

-Muy amable de su parte, señor Dinsdale. Me encantaría beber algo. Han sido dos horas muy

duras.

-No -dijo el señor Dinsdale, mirándome firmemente -si yo decía la vaca.

Empecé a tartamudear:

-¡Oh, sí, claro, naturalmente, no faltaba más! Dele de beber. Debe tener mucha sed. Le hará bien.

Desde luego, desde luego, dele de beber...

Recogí todo el equipo y salí a tientas del establo. En la colina aún era de noche y un viento helado

barría la nieve y me hería los ojos. Mientras iniciaba la bajada, la voz del tío, estridente e invencible,

llegó a mí por última vez.

-El señor Broomfleld no cree que sea bueno dar de beber después del parto. Dice que enfría el

estómago.

the treasure island (TI) on the strip, las vegas

Las Vegas Air Conditioning Inc.

6220 Kimberly Ave #13,

Las Vegas, NV 89122,‎

702-437-1888

 

lasvegasair.net/

 

As seen from MiX Lounge

Las Vegas 4-day trip 9/7 - 9/11 2016

Looking north on the Las Vegas strip from the pedestrial walkway between the MGM Grand and New York New York.

 

The Las Vegas Strip is an approximately 4.2-mile (6.8 km) stretch of Las Vegas Boulevard South in Clark County, Nevada. The Strip is not located within the City of Las Vegas but it passes through the unincorporated towns of Paradise and Winchester, which are south of the Las Vegas city limits. Most of the Strip has been designated an All-American Road.

 

Many of the largest hotel, casino and resort properties in the world are located on the Las Vegas Strip. Fifteen of the world's 25 largest hotels by room count are on the Strip, with a total of over 62,000 rooms.

 

One of the most visible aspects of Las Vegas' cityscape is its use of dramatic architecture. The modernization of hotels, casinos, restaurants, and residential high-rises on the Strip has established the city as one of the most popular destinations for tourists.

 

en.wikipedia.org/wiki/Las_Vegas_Strip

 

en.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Text_of_Creative_Commons_...

Las Colinas is an upscale,developed area in the Dallas suburb of Irving, Texas. Due to its central location between Dallas and Fort Worth and its proximity to DFW Airport, Las Colinas has been a viable place in the Metroplex for corporate and business relocation. As a planned community, it has many corporate offices, luxury hotels, landmark office towers, luxury townhomes, distinguished single family homes, private country clubs, gated enclaves and urban lofts. Find more info at: en.wikipedia.org/wiki/Las_Colinas

Las Vegas, Nevada, USA

Half Reality - Urban Abstract Street Photography

www.jasonogulnik.com

 

(first day out with my D750...and 70-200 2.8!)

ALASKA B737-990ER

A green, late winter view of Las Trampas Ridge, with Mount Diablo behind, and the Bollinger Creek Loop Trail below. The abrupt change in vegetation, from bright grass in lower valley to darker chaparral on the steeper upper slopes, reveals a geologic boundary: from the Tertiary Contra Costa Group below (river and lakebeds), to the Neroly Formation (Miocene, shallow marine deposits). Seen from the Rocky Ridge View Trail, in the Las Trampas Regional Wilderness, East Bay Regional Park District, Contra Costa County, California.

Despedida del Diablo Nuñez - Tigres vs. Monterrey - 2009

Fotos por cortesia de José Prieto

 

1583 Parroquia de Purisima Concepción (Las Navas de la Concepción) Sevilla,Andalucia,España

La Iglesia de la Purísima Concepción de Las Navas de la Concepción se encuentra en todo el centro de la localidad, concretamente en la plaza de España, se trata de su edificio más representativo.

Historia

 

A diferencia de otros arquitectos como Leonardo de Figueroa, que gozaron de celebridad entre sus contemporáneos y prestigio hasta nuestros días, el caso de Diego Antonio Díaz es singular, pues ha sido un gran desconocido no sólo a niveles populares, sino en la historiografía artística. Y ello a pesar de que su obra se desarrolló durante medio siglo por la Baja Andalucía, ejerciendo los cargos de maestro Mayor de Obras del Arzobispado de Sevilla y del Cabildo de la Catedral. Y a pesar de que fue tan importante como para que el Cabildo de la Catedral de Málaga le llamase para emitir dictamen junto a importantes arquitectos del momento como Vicente Acero y Hurtado Izquierdo, su nombre quedó algo olvidado en las publicaciones artísticas.

 

Diego Antonio Díaz representa un eslabón en la evolución del barroco sevillano, a caballo entre el arte de gran riqueza ornamental y plantas movidas de Leonardo de Figueroa y el rigor academicista cuyo influjo percibió ya, en el tercer cuarto del siglo XVIII, Pedro de Silva.

 

La primera noticia profesional que se tiene de él aparece en el Libro de Cuentas de las obras de la Iglesia de la O, de Sevilla, donde se registran los jornales que se le abonaron. En 1705 ya era “maestro mayor de fábricas de esta ciudad” y en 1711 se le encargó la dirección de las obras de la Iglesia del Salvador, uno de los edificios de más prestigio de cuantos se construían en ese momento en esta ciudad. Tras el fallecimiento de José Tirado, el Cabildo sevillano lo eligió para cubrir su maestría mayor, el 24 de octubre de 1714. Así obtiene los cargos de “maestro mayor de obras de la Santa Iglesia (Catedral) y de fábricas de este Arzobispado”.

 

De su intensa e importante actividad profesional destacamos las siguientes obras: Iglesia Conventual de Santa Rosalía, Iglesia del Divino Salvador, Iglesia de San Antonio Abad y Capilla de Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio, Iglesia de la Purísima Concepción de Las Navas de la Concepción, fachada de la Iglesia de San Miguel de Morón de la Frontera, Ermita de Jesús Nazareno de Lora del Río, Iglesia de San Blas, la Iglesia de San Pedro y la del Convento de las Agustinas Descalzas de Carmona, la Iglesia de Santa María de Écija…

 

Las Navas se había constituido a principios del siglo XVIII en una entidad suficientemente importante como para que sus vecinos reclamasen su emancipación espiritual, primera necesidad en la época, antesala de la independencia administrativa de la villa de Constantina, que Las Navas alcanzó en 1856.

 

En el primer cuarto del siglo XVIII, los vecinos de la aldea de Las Navas, apodada antiguamente de “Los Puercos”, solicitaron del Cabildo catedralicio la edificación de una Iglesia en la localidad a causa de la “mucha incomodidad espiritual” que padecían por carecer de templo propio donde recibir los sacramentos y participar de los oficios divinos, teniendo que desplazarse por senderos peligrosos, cruzando montes y profundos arroyos, bien a la villa de Constantina, distante tres leguas, bien al convento de San Antonio de la orden de San Basilio, ubicado a media legua de poblado.

 

Al margen de la voluntad del vecindario de obtener su libertad espiritual y su administración propia, se conoce el nombre de cuarenta y tres vecinos (dos de ellos eran mujeres) que encabezaron la iniciativa y sus posibilidades económicas: uno ofrece aceite para iluminar el Santísimo Sacramento, otro madera de castaño para la cubierta, el sacristán su trabajo sin salario, el maestro tejero y un calero sus productos, siete vecinos, sus carretas (muchos de ellos serían transportistas de profesión) y otros 32, distintas cantidades de peonadas (entre quince y cuatro días). Todos los contribuyentes ofrecen pagar temporalmente el valor doble de la primicia a la que estaban obligados.

 

A la vista de esta petición, los eclesiásticos hispalenses enviaron, en 1717, a su Maestro Mayor de obras, Diego Antonio Díaz, para que confirmase la necesidad de construir un oratorio y, en su caso, precisase el emplazamiento, las dimensiones, los materiales necesarios, las obligaciones que pensaban contraer los habitantes de la aldea y presentara un diseño de la planta. Díaz entregó su primer informe el 18 de octubre de ese año, señalando como lugar más apropiado para la elevación del edificio que, a su juicio, debía tener veinticinco varas de largo por nueve de ancho, la plaza ubicada en el centro del pueblo. Tres días después confeccionó una memoria de los materiales que se requerían para comenzar las obras y cómo debían conservarse éstos para obtener el mejor resultado posible.

 

Estudiados estos informes, se solicitaron otros de diversa índole cuya confección demoró hasta el 1 de julio de 1726. D. Cristóbal Rodríguez Chaparro, cura de Constantina, se hizo cargo de la administración de las rentas. A él dirigió Diego Díaz, el 20 de julio de 1727, una carta excusándose por no poder desplazarse hasta allí para comenzar las obras, amparándose en el encarecimiento que esto supondría para la fábrica y en las múltiples obligaciones que le retenían en Sevilla, detallando también los pasos que los alarifes debían seguir en la cimentación.

 

El templo se comenzó en 1727 siguiendo sus directrices, encontrándose dos años después, según informe de Silvestre Tirado fechado el 24 de septiembre de 1729, elevado en todo su perímetro hasta una altura de siete varas, es decir casi seis metros. A partir de este momento existe en los archivos consultados una laguna documental que nos ha impedido reconstruir los avatares sufridos en la conclusión del templo. Sabemos que fue bendecido por D. Antonio Nicolás de Ocaña, cura de Constantina, el día de San Matías, 25 de febrero, de 1764, año en el que al parecer se finalizaron las obras, ignorando hasta el presente el por qué de esta demora.

Templo parroquial de la Purísima Concepción, que como su nombre indica tiene como titular a la Purísima Concepción. Su origen data de la segunda mitad del siglo XVIII; presenta planta basilical con una sola nave de cinco tramos, con capillas-hornacinas entre los contrafuertes, crucero y capilla mayor plana.

 

El cuerpo de la nave y la capilla mayor se cubren con bóvedas de cañón con arcos fajones y lunetos y el crucero con bóveda semiesférica.

 

El coro se situaba en alto a los pies de la nave, ocupando el primer tramo, no existe en la actualidad.

 

La Iglesia presenta similitud con otras obras de Díaz. Su planta, de una sola nave de cinco tramos cubiertos de bóveda de cañón con lunetos y capillas-hornacinas laterales, con crucero no acusado al exterior y cerrado por una media naranja, evoca lo realizado en la Capilla de Jesús Nazareno de la sevillana hermandad del Silencio, donde, al igual que aquí, los últimos tramos fueron añadidos en épocas posteriores. En el proyecto primitivo diseñado por él, la nave debía constar de tres tramos, en el último de los cuales se situarían la portada principal y la torre que hoy en día se halla absorbida por el cuerpo de la Iglesia debido a la ampliación de la misma llevada a cabo, en 1785, por Antonio Matías de Figueroa, quien añadió, posiblemente, dos tramos a los pies, en el último de los cuales se sitúa el coro, además de cerrar el crucero y el presbiterio que todavía se hallaban en alberca.

Exterior

 

La portada de los pies, labrada en ladrillo limpio y producto de la reforma citada, está formada por un vano adintelado con remates laterales y la del muro derecho, del mismo material, por un arco de medio punto flanqueado por pilastras dóricas sobre las que descansa un sencillo entablamento. La torre, de estructura sencilla, se sitúa a la izquierda de la portada lateral, presentando dos cuerpos. El bajo muestra un rehundimiento rectangular en su frente y dentro del mismo se sitúan dos pequeños vanos que iluminan la escalera de acceso al cuerpo superior. Este rehundimiento, hoy encalado, recuerda la solución empleada por Díaz en las torres de las parroquiales de Gines y Umbrete, donde ese espacio se destinó a la ubicación de balconajes. El campanario propiamente dicho, está recorrido por sobrias pilastras dóricas que enmarcan vanos de medio punto donde se sitúan las campanas, todo ello rematado por el típico antepecho coronado por un chapitel ochavado forrado de azulejos. A un lado de la torre se colocó hace algunos años un manchón que sirve de alojamiento a un reloj.

 

La portada de los pies, labrada en ladrillo visto, está formada por un vano adintelado con remates laterales; y la del muro derecho, del mismo material, por un arco de medio punto entre pilastras toscanas rematado por un entablamento.

 

La torre se sitúa a la izquierda de la portada lateral. Consta de dos cuerpos y un remate piramidal, y es de la misma época que el resto de la edificación. Con veinte metros de altura y restaurada en 1953, tiene recubierta la aguja con azulejos de reflejos metálicos. Posee cuatro campanas: la “Jesús, María y José”, fundida en 1620 y una altura de 0,60 metros, la “San Antonio”, fundida en 1800 y 0,75 metros, incluido el cabezal, la “San José”, fundida en 1890 y 0,55 y la “Santa Matilde”, fundida en 1920 con 0,60 metros de altura.

Interior

 

En el interior del templo, a pesar de los añadidos posteriores - el zócalo de azulejos, la solería,...-, se observa la sobria distribución de volúmenes constructivos tan característica de Diego Antonio Díaz. La nave, flanqueada por capillas laterales, aparece compartimentada mediante pilastras dóricas de fuste liso sobre las que descansa un entablamento de pronunciada cornisa.

 

En el templo, los elementos arquitectónicos- pilastras y arcos perpiaños- carecen de esa ornamentación a base de molduras que, sin duda, constituían un rasgo peculiar del quehacer del Maestro Mayor diocesano que, en este caso, ha sido suprimido acaso por tratarse del oratorio de una aldea humilde, con escasos recursos económicos, acaso por estar realizado por operarios inexpertos.

Retablo del Altar Mayor.

Retablo del Altar Mayor.

 

El Retablo Mayor es de tipo neogótico de 1953, figurando en él imágenes también modernas, restaurado y dorado en el 2003.

 

En el muro izquierdo del crucero aparece un retablo moderno con imagen de candelero, actual, de la Dolorosa, y un púlpito de hierro de forja artística, con tornavoz y baranda de madera policromada del tercer tercio del siglo XVIII, original del templo.

 

En la primera capilla-hornacina del muro se sitúa un grupo escultórico de Santa Ana y la Virgen Niña de la mano, del último tercio del siglo XVII, de la primitiva “Iglesia de los Monjes Basilios”, de madera estofada y policromada, de buena ejecución. La imagen de Santa Ana se diferencia mucho de las que hizo Juan Martínez Montañés, pues el escultor presenta una Santa Ana de rostro joven, y quizás puede proceder del taller de Juan de Mesa, su discípulo. También encontramos de los Monjes Basilios una escultura del Crucificado, de tamaño mediano, del tercer tercio del siglo XVI.

 

En la capilla de los pies hay una Pila Bautismal de piedra granítica del siglo XV, original de la “Iglesia de los Monjes Basilios”.

 

En el muro derecho del crucero se encuentra el retablo con hornacina entre columnas corintias y frontón curvo de hacia 1970. En el banco figura una pequeña escultura del Crucificado del siglo XVIII. A continuación se dispone de un retablo de azulejos modernos, con escultura de candelero de Cristo con la Cruz a cuestas, de moderna realización.

 

En la sacristía se conserva un armario con puertas talladas, del segundo tercio del siglo XVIII, y una pequeña pintura sobre tabla de la Virgen de Belén de la segunda mitad de dicho siglo. Entre los objetos de orfebrería destacan un cáliz de plata repujada fechado en 1745; un copón de plata dorada con la base decorada con estrías helicoidales, de la segunda mitad del siglo XVIII con punzones de Córdoba y del platero Cárdenas, y un ostensorio de plata dorada decorado con medallones en forma de rocalla con relieves de motivos eucarísticos, del tercer cuarto del siglo XVIII, con el punzón del platero Sánchez.

The Las Vegas Amtrak station and Hotel Castaneda are seen here waiting for Amtrak 4 to arrive

Encore Las Vegas or Encore at Wynn Las Vegas (often just called Encore) is a luxury resort, casino and hotel located on the Las Vegas Strip in Paradise, Nevada. The resort is connected to its sister resort, Wynn Las Vegas; both are owned by Wynn Resorts Limited, headed by casino developer Steve Wynn.

 

Encore has been awarded the AAA Five Diamond Award. The Towers Suites at Encore and The Spa have received the Forbes five-star award in 2013. Encore Las Vegas and its sister property, Wynn Las Vegas collectively hold more Forbes five-star awards than any other casino-resort in the world and it is considered to be one of the finest hotels in the world.

 

en.wikipedia.org/wiki/Encore_Suites

 

en.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Text_of_Creative_Commons_...

Las Cruces, Valparaíso, Chile.

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