View allAll Photos Tagged ussi

233/365

 

on Explore Mar 11, 2012 #413 (thank youuu ;)

En 1914 la viuda del financiero Meneses encargó a los arquitectos José María Mendoza y Ussía y José de Aragón la construcción de un edificio comercial, con ático reservado para viviendas, en un pequeño solar que había en la plaza de Canalejas esquina a la calle del Príncipe.

 

Las limitaciones del solar no impidieron que al año siguiente se construyera este edificio, con tanta o más monumentalidad que el vecino edificio que había construido unos años antes el arquitecto Eduardo Adaro para el Banco Hispano Americano.

 

La solución consistió en elevar la altura de este edificio de modestas dimensiones, consiguiendo una mayor verticalidad de la fachada por medio de la disposición de semicolumnas de órdenes clasicos gigantes entrelazadas con miradores de hierro y cristal. Además, esta perspectiva vertical quedaba remarcada con la balaustrada que remata el piso superior y el templete circular de la esquina, coronado con cúpula y sostenido, también, por un tambor encolumnado.

 

Este tipo de arquitectura y los materiales empleados en su construcción crearían escuela en Madrid, principalmente representada por el arquitecto Palacios Ramilo.

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2014. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

 

Attention please !

If you are interested in my photos, they are available for sale. Please contact me by email: aragaofrancisco@gmail.com. Do not use without permission.

Many images are available for license on Getty Images

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

La Gran Vía es una de las principales calles de Madrid (España). Comienza en la calle de Alcalá y termina en la plaza de España. Es un importante hito en la ciudad desde el punto de vista comercial, turístico y de ocio. En éste último aspecto es famosa por sus cines, si bien en los últimos años algunos de ellos han cerrado y otros se han reconvertido con gran éxito al teatro musical, por lo que el tramo comprendido entre la plaza de Callao y la de España se conoce como el Broadway madrileño. El tramo comprendido entre la red de San Luis y la plaza de Callao alberga en la actualidad numerosas tiendas de cadenas internacionales de moda.

En 1897 los arquitectos municipales José López Sallaberry (autor también del proyecto y construcción del Edificio Blanco y Negro en la calle de Serrano, 61) y Francisco Andrés Octavio Palacios (autor del proyecto y construcción del Asilo de la Paloma, actualmente Instituto Virgen de la Paloma, en la Dehesa de la Villa) fueron encargados de hacer un nuevo proyecto y en 1899 presentaron su Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la calle de Alcalá. Los herederos de Velasco les acusaron de copiar el proyecto de éste, pero la acusación fue desestimada, aprobándose el nuevo plan el 2 de julio de 1901. En él se proponía la realización de la obra dividiéndola en tres tramos: Avenida A (534 metros), desde la plaza de san Marcial (actual calle de los Reyes) hasta la de Callao; el Bulevar (409 metros), desde Callao hasta la Red de San Luis y Avenida B (417 metros), desde la Red de San Luis hasta la calle de Alcalá. La longitud total sería de 1.316 metros y el ancho de 25 metros, salvo el bulevar que tendría 35 metros.

 

Comenzaba así la que se convertiría en una de las mayores intervenciones urbanísticas del Madrid de la época. Con ella se lograría, según constaba en el proyecto, la comunicación directa entre los barrios de Argüelles y Salamanca; la descongestión de la Puerta del Sol; la desaparición de todo un cúmulo de calles estrechas y antihigiénicas y un más cómodo enlace entre las estaciones de Atocha y Príncipe Pío. Aunque el proyecto de obras fue aprobado el 21 de agosto de 1904, los trabajos no comenzaron de inmediato debido a la oposición de los vecinos y comerciantes de la zona y a las dificultades financieras. En tres subastas sucesivas de obras, en 1905, 1906 y 1908, no hubo ningún postor, hasta que en 1909 se adjudicaron al banquero francés Martín Albert Silver por 29 millones de pesetas, firmándose la escritura el 19 de febrero de 1910 por el alcalde de la ciudad, José Francos Rodríguez.

Las obras comenzaron por fin el 4 de abril de 1910 (después de unos largos años pensando en como hacerla), con la presencia del alcalde, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real encabezada por el rey Alfonso XIII, lo cual da idea de la importancia que se dio a la obra en su época. La familia real se acomodó en una tribuna situada junto a la «Casa del Ataúd» (donde hoy está el Edificio Metrópolis) y adornada con tapices de la serie de la historia de Absalón de la Real Fábrica de Tapices. Además del rey, asistieron la Reina Madre, María Cristina, las infantas Isabel y María Teresa y el príncipe Adalberto de Baviera. También se dispusieron otras dos tribunas, una para miembros del Ayuntamiento y otra para el Cuerpo Diplomático, ambas adornadas con tapices de la serie de los Faetones.

 

A las once de la mañana llegó el rey acompañado de su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg y, tras escuchar la Marcha Real y los discursos del alcalde y del presidente, descendió de la tribuna real, se dirigió a la casa del cura, anexa a la iglesia de San José, y comenzó su demolición con una piqueta de plata que le entregó Martín Silver. Los obreros comenzaron inmediatamente a trabajar. El primero de ellos se llamaba Álvaro Guadaño.

 

El proyecto de construcción contemplaba la demolición de gran cantidad de caserío, incluyendo varias iglesias, y la desaparición o transformación de numerosas calles. El área afectada sería de 142.647,03 m², que incluían 358 fincas y 48 calles, construyéndose 32 manzanas nuevas. Según los datos conservados, se demolieron 312 casas, se nivelaron 44 lotes de terreno, se desenlosaron 8.856 metros de aceras y se deshicieron 26.365 m² de empedrado y adoquinado y se quitaron 14.335 metros de cañerías de agua y de gas y 274 farolas. Para ello se transportaron y nivelaron 61.799 metros cúbicos de escombros y 31.997 de terraplenes. Posteriormente se enlosaron 18.777 m² de acera, se adoquinaron con granito 35.616 m² y se asfaltaron 11.373 m²; se construyeron 2.502 metros de alcantarillas y se canalizaron 1.315 metros para acometidas de agua, gas y electricidad, así como 7.024 metros de tubo de plomo. También se instalaron 174 sumideros de incendios y tomas de agua, 219 farolas a gas y 66 lámparas con candelabros.

Siguiendo el plan propuesto por Salaberry y Octavio, la construcción se llevó a cabo en tres etapas:

  

Plano del primer tramo de la Gran Vía, entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis. En trazo grueso, las manzanas actuales, construidas al abrir la nueva calle. En amarillo, las manzanas que se eliminaron, con los números según la Planimetría General de la Villa del siglo XVIII. En la manzana 289, donde hoy el Edificio Metrópolis estaba la Casa del Ataúd. En la 293 está el Oratorio del Caballero de Gracia. La pequeña manzana 295 estaba ocupada enteramente por el palacio de la duquesa de Sevillano. En la 297 estaba el Colegio de las Niñas de Leganés. La manzana 302 perdió su extremo sur, que ocupaba gran parte de la Red de San Luis, con lo que ésta aumentó su superficie.El primer tramo, entre la calle de Alcalá y la de Montera se realizó entre 1910 y 1915. El 28 de marzo de 1917 se comunicó oficialmente que las obras estaban acabadas, aunque la entrega definitiva se produjo el 18 de julio de 1924. Denominada en el proyecto Avenida B, recibió el nombre de calle del Conde de Peñalver, en homenaje al alcalde que firmó el comienzo de las obras (hoy en día está denominación corresponde a otra calle de la ciudad).

 

Para su construcción se demolieron importantes edificios, como el colegio de Nuestra Señora de la Presentación (conocido popularmente como "de las Niñas de Leganés"), el Palacio Masserano, el Palacio de la duquesa de Sevillano o la llamada, por su estrechez, Casa del Ataúd, en la esquina con Alcalá.

 

En sustitución de las derribadas, se crearon seis nuevas manzanas, sobreviviendo sólo el oratorio del Caballero de Gracia, cuyo ábside, que quedó al descubierto al ser derruida la casa que lo tapaba, es hoy en día visible desde la Gran Vía.

 

También desapareció la calle de San Miguel, que sirvió de guía para la construcción de este primer tramo y que discurría por lo que hoy es la parte sur de la calzada de la actual avenida, y se modificaron otras nueve. En este tramo, todos los edificios construidos dedicaban sus primeras plantas a comercio y oficinas.

El segundo tramo, El Bulevar, entre la Red de San Luis y Callao, se realizó en los siguientes cuatro años, entre 1917 y 1922, aunque la entrega definitiva de obras fue el 20 de agosto de 1927. Se denominó avenida de Pi y Margall, en recuerdo del que fuera presidente de la Primera República Española.

 

Para la construcción de esta segunda fase se tuvieron que demoler 125 fincas y cuatro calles, transformándose otras trece. Entre ellas desapareció todo el tramo de la calle Jacometrezo que iba desde la plaza de Callao hasta la Red de San Luis, ya que su trazado sirvió de guía aproximada para la construcción de este segundo tramo.

 

En 1921, antes de finalizar las obras, se constató que el bulevar arbolado del proyecto original dificultaría el tráfico rodado, por lo que se decidió suprimirlo. Se construyeron en este tramo doce manzanas nuevas, una de las cuales alberga el Edificio Telefónica, que en su época fue el rascacielos más alto de Europa.

 

En 1922, Horacio de Echevarrieta y Mauri se hizo cargo de las obras de construcción de la Gran Vía, en sustitución de Martín Albert Silver.

  

El tercer tramo, estaba previsto que siguiera en la dirección de la calle Jacometrezo, hacia la cuesta de San Vicente, en prolongación casi recta con el segundo tramo, pero se cambió para empalmar con la calle de la Princesa, lo que resultó ser un acierto, así que se construyó entre la plaza de Callao y el norte de la de España; fue comenzado el 16 de febrero de 1925 y se terminó en 1929 aunque la entrega de obras fue el 22 de septiembre de 1932 y algunos edificios no se concluirían hasta después de la Guerra Civil. Se denominó en el proyecto Avenida A, aunque estaba pensado su nombre posterior de calle Eduardo Dato, en homenaje al que fuera presidente del gobierno.

 

En un principio estaba proyectado que tuviera 25 metros de ancho, como la Avenida B, pero después se decidió ampliarlo a 35, como el bulevar. Fue el tramo de más difícil construcción de los tres, ya que al contrario de lo que ocurrió con los dos primeros y las calles de, respectivamente, San Miguel y Jacometrezo, en éste último no había ninguna vía que sirviera de guía, por lo que hubo que hacer numerosos desmontes y derribar muchas manzanas. Con su construcción desaparecieron diez antiguas calles y se reformaron otras nueve y tres plazas, entre ellas la de Leganitos, al final de su calle homónima y que daría lugar a la plaza de España. Otra dificultad añadida fue las numerosas reclamaciones interpuestas por los propietarios negándose a las expropiaciones.

 

El principal problema surgió a la raíz de la propuesta en 1926, por parte del concejal marqués de Encinares, para que este último tramo tuviera los mismos 35 metros de ancho que el primero. Al estar ya construido el Palacio de la Prensa (sobre la manzana 374 del tramo anterior), el ensanchamiento sólo podía hacerse por el sur pero esto exigía la demolición de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, en la manzana 495 e inaugurada en 1901, a lo que los jesuitas se negaron. El expediente duró varios años, pero todo acabó cuando el 1 de mayo de 1931 un grupo de personas prendió fuego a la Casa Profesa. Esto, sumado a la disolución de la Compañía de Jesús a comienzos del siguiente año por el gobierno de la República, hizo que se archivara el caso y se continuasen las obras.

 

Ya en los años cuarenta, tras el paréntesis de la Guerra Civil, se reformaría la plaza de España, colofón de la Gran Vía, aunque no forme, estrictamente hablando, parte de ella. La plaza albergaría posteriormente dos de los edificios más representativos de la ciudad, el Edificio España y la Torre de Madrid.

 

La primera modificación de la Gran Vía, como ya se ha dicho, fue la eliminación, en 1921, poco después de ser construido, del bulevar que había en su tramo intermedio. La mayoría de los edificios no ha sufrido modificaciones importantes desde su construcción, aunque sí cambios en las fachadas, algunos radicales, como el que albergaba el desaparecido teatro Fontalba.

 

En 1972 se desmontó el templete de entrada a la boca de metro de la Red de San Luis, obra de Antonio Palacios, y se trasladó a Porriño (Pontevedra), localidad natal del arquitecto. Reordenada la zona, confluencia con la calle Montera, se instaló una fuente diseñada por Manuel Herrero Palacios y con esculturas de Gerardo Martín Gallego.

 

En el año 2002 se reformó la calzada y las aceras para intentar darle un aspecto homogéneo a la calle. Se cambió el pavimento por uno nuevo de granito y se instalaron nuevos bancos, paradas de autobús, kioscos y barandillas de acero al mismo tiempo que se eliminaron todas las jardineras de cemento. También se sustituyeron las farolas y se retiraron las columnas publicitarias, conocidas popularmente como "chirimbolos", instaladas por el Ayuntamiento a mediados de los años noventa por toda la ciudad y que habían provocado un fuerte rechazo entre la ciudadanía por su aspecto estético. En los años posteriores el ayuntamiento fue añadiendo nuevos chirimbolos publicitarios de nuevo diseño.

 

En 2009 la fuente de Herrero Palacios fue eliminada. El Ayuntamiento anunció la colocación de una reproducción del templete de Antonio Palacios en su primitiva ubicación. Pero en 2009 se peatonalizó la calle de la Montera y no se colocó el templete de Palacios.

 

Los edificios entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis presentan estilos historicistas. Algunos pretendían recuperar el pasado arquitectónico español, siendo construidos en estilo neobarroco o neorrenacentista; otros son de inspiración francesa. En la mayoría se utilizó la piedra y estructura metálica. Entre ellos cabe destacar:

 

Edificio Metrópolis (1911), obra de los arquitectos Jules y Raymond Février. Estrictamente hablando no pertenece a esta calle, ya que es el número 39 de la calle de Alcalá, pero, subiendo desde la plaza de Cibeles, sirve de indudable carta de presentación de la Gran Vía.

Gran Vía 1 (1916-1917), de Eladio Laredo y Carranza. Un edificio de estilo ecléctico con relieves y azulejos de estilo modernista. A lo largo de su historia ha estado ocupado por el café Molinero, el restaurante Sicilia-Molinero, la casa de pianos Aeoiam o la joyería Grassy desde 1952, que cuenta con un museo del reloj.

Edificio de La Gran Peña (1917), en el número 2, obra de Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga.

Gran Vía 3 (1918), de los hermanos Javier y Luis Feduchi.

Gran Vía 4 (1917-1919), de Ruíz Senen, José Mendoza y Ussía y José Aragón Pradera.

Gran Vía 5, de José Monasterio Arrillaga.

Gran Vía 6 (1917-1919), de Mendoza y Ussía y Aragón Pradera.

Edificio de Seguros La Estrella, en el número 7 (1917-1922), de Pedro Mathet. De estilo neorenacentista.

Gran Vía 8 (1915), de Francisco Pérez de los Rios. La primera casa que se terminó de construir en la nueva avenida.

Gran Vía 9, de Francisco Reynals.

Gran Vía 10, de Pedro Mathet.

Gran Vía 11 (1915-1917), de Cesáreo Iradier.

 

Gran Vía, 12, con el Bar Chicote en sus bajosGran Via 12, de Eduardo Reynals. En 1932 se abrió en sus bajos el Bar Chicote.

Casino Militar, en el número 13, de Eduardo Sánchez Eznarriaga. Con influencia barrocas pero con el toque más contemporáneo de la marquesina de hierro y cristal que cubre la puerta de entrada.

Gran Vía 15 (1918-1921), de Juan García Cascales.

Fachada posterior del Oratorio del Caballero de Gracia (1916), en el número 17. Desde la Gran Vía sólo se observa el ábside de esta iglesia, obra de Juan de Villanueva. El arquitecto Carlos de Luque diseñó una nueva fachada alineada con el resto de los edificios. En los años setenta, Javier Feduchi Benlliure dejó a la vista el ábside practicando un gran arco en la fachada de Luque.

Gran Vía 18 (1915-1916), de Felipe de Sala Blanco y Eduardo Reynals.

Gran Vía 19 (1977), de Francisco Calero.

Gran Vía 21 (1915-1918), de Julio Martínez Zapata.

Gran Vía 22 (1919), de Secundino Zuazo.

Gran Vía 22 duplicado, de Lomas, Manchobes y Vicente García Cabrera.

Círculo de la Unión Mercantil e Industrial (1918-1924), en el número 24, de Joaquín y Luis Sáinz de los Terreros.

Segundo tramo [editar]

Edificio Telefónica

Gran Vía 32, Edificio Madrid-ParísLos edificios del antiguo bulevar son de estilo más afrancesado y algunos de estilo americano:

 

Gran Vía 23 (1918-1923), de Vicente Agustí Elguero y José Espelius Anduaga.

Gran Vía 25 (1920-1925), de Modesto López Otero.

Gran Vía 26 (1914-1916), de Pablo Aranda Sánchez.

Casa Matesanz (1919-1923), en el número 27, de Antonio Palacios, un edificio de uso comercial "a la americana" con influencia de la escuela arquitectónica de Chicago.

Edificio Telefónica (1926-1929), en el número 28, de Ignacio de Cárdenas.

Casa del Libro, en el número 29, de José Yarnoz Larrosa, diseñado para la Constructora Calpense.

Teatro Fontalba (1919-1924), en el número 30, de Salaberry y Teodoro Anasagasti.

Gran Vía 31 (1925-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo. En sus bajos está el Café Zahara.

Edificio Madrid-París (1922-1924), en el número 32, de Anasagasti. Fue el edificio más alto hasta 1929, en que fue superado por el de Telefónica. En 1934 tras la compra del edificio por los Almacenes Sepu sufre una gran transformación dirigida por el arquitecto original con la colaboración de José López Sallaberry.

 

EDIFICIOS

 

Gran Vía 33 (1922), de Pablo Aranda.

Gran Vía 34 (1921-1924), de José Yarnoz Larrosa y Antonio Palacios. En su origen albergó el Hotel Alfonso XIII (después Avenida), hoy llamado Cibeles.

Palacio de la Música (1926), en el número 35, de Secundino Zuazo Ugalde.

Cine Avenida (1927-1928), en el número 37, de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Hotel Atlántico, en el número 38, de Joaquín Saldaña y López. Construido en estilo ecléctico, su primer propietario fue el marqués de Falces, cuyo escudo figuraba en la fachada.

Seguros la Adriática (1926-1928), en el número 39, obra de Luis Sáinz de los Terreros.

Gran Vía 40 (1926-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Gran Vía 42 (1923-1926), de Pedro Mathet.

Gran Vía 44 (1922-1925), de Teodoro de Anasagasti.

Palacio de la Prensa (1924), en el número 46, de Pedro Muguruza Otaño. Su sala de cine, de doble anfiteatro, tenía capacidad para 2.000 espectadores.

Tercer tramo [editar]

El Palacio de la PrensaEn el tercer tramo se construyeron edificios más modernos, de estilo racionalista, aunque también hay algunos en los que perdura el eclecticismo anterior.

 

Edificio Carrión (1931-1933), en el número 41, de Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced y Eced.

Gran Vía 43 (1947), de Luis Gutiérrez Soto. Alberga el cine Rex.

Gran Vía 47 (1930), de Eduardo Figueroa.

Gran Vía 49 (1929-1931), de Eugenio Fernández Quintanilla y José Osuna Fajardo, de estilo racionalista.

Gran Vía 52, de Luis Díaz de Tolosa.

Edificio Lope de Vega (1945-1949), que ocupa los números 53, 55, 57 y 59, de Joaquín Otamendi y Julián Otamendi. Albergaba un gran centro comercial subterráneo, el hotel Lope de Vega y un teatro de igual nombre, inaugurado en 1949 con el espectáculo Tonadilla de Concha Piquer y transformado en cine en 1954. Reformado en 2003, el hotel pasó a llamarse Emperador y el centro comercial redujo su extensión.

Cine Rialto (1930), en el número 54, de José Aragón y Mendoza y Ussía. El cine se inauguró el 17 de octubre de 1930 con Variedades sonoras de la Paramount. Entre 1932 y 1934 se llamó Astoria. El 6 de mayo de 1957 se estrenó aquí El último cuplé.

Gran Vía 56 (1928-1929), de Vicente García Cabrera y Jesús Carrasco Muñoz.

Gran Vía 58 (1927-1928), de Luis López López.

Edificio del Banco Hispano de Edificación (1930), en el 60, de Emilio Ortiz de Villajos. Está rematado por una escultura de Victorio Macho que descansa sobre el cuerpo central del edificio.

 

El último tramo de la Gran Vía desde la Plaza de España.Gran Vía 62, de García Lomas y Jesús Martín.

Gran Vía 64, de Fernando de Escondrillas.

Cine Gran Vía, en el número 66, de Germán Álvarez Sotomayor. El edificio fue edificado en el solar del antiguo mercado de los Mostenses.

Gran Vía 70 (1945-1946), de Pan da Torre. Albergó el cine Pompeya.

Gran Vía 72 (1952), de Enrique Colás Fontán. El último edificio construido en la Gran Vía. Albergó el hotel El Washington.

Hotel Menfis (1953-1954), en el 74, de Manuel Castaño Cabanyes. Albergó el cine Velussia.

Edificio Coliseum (1931-1932), en el 78, de Casto Fernández-Shaw y Pedro Muguruza. El edificio, de estilo americano, fue encargado por el compositor Jacinto Guerrero. Su sala de cine fue inaugurada el 10 de diciembre de 1932 con la película Champ.

Ya en la plaza de España, destacan el Edificio España y la Torre de Madrid, ambos con más de 100 metros. Éste último, construido en 1957, fue durante muchos años el edificio más alto de la ciudad hasta la construcción de la Torre Picasso

 

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2014. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

 

Attention please !

If you are interested in my photos, they are available for sale. Please contact me by email: aragaofrancisco@gmail.com. Do not use without permission.

Many images are available for license on Getty Images

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

The Ford EF Falcon was introduced in August 1994. It was a significant facelift of the Ford Falcon (ED), which it replaced. All exterior panels other than the doors were new for the EF, while Fairmont and Fairmont Ghia now had unique frontal styling differentiating them from the Falcon models. An upgraded EF Series II range was introduced in October 1995.

 

The EF Series also saw the first use of polycarbonate headlight lenses instead of glass, saving weight and gaining shatter resistance.

 

The EF Falcon was launched shortly after my first visit to Ford Australia Production and Engineering facilities as a student.

 

This particular EF Falcon was owned by my friend Paul, who purchased it ex-fleet and fairly new. Though I wasn't a big fan of Fords or Falcons, his relatively new car was a big step up from all the crappy old cars that most of my friends and I drove.

 

At this point in its history, all Falcon models still rode on live rear axles. From a marketing point of view, this was heavily criticised, but in reality, the Falcon rode very well on most Australian road surfaces. It also had incredibly powerful air-conditioning. We did a trip to Gundagai for a mutual friend's 21ist birthday in the middle of summer, and decided to see how cold the car could get if we turned the AC on 'Max' for the entire two hour trip. Despite the external temperature approaching 40 degrees C, we stepped out of the looking somewhat blue and took quite a long time to warm back up to an appropriate body temperature.

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2014. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

 

Attention please !

If you are interested in my photos, they are available for sale. Please contact me by email: aragaofrancisco@gmail.com. Do not use without permission.

Many images are available for license on Getty Images

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

© Copyright 2013 Francisco Aragão

© ALL RIGHTS RESERVED. Use without permission is illegal.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. El uso sin permiso es ilegal

© TODOS OS DIREITOS RESERVADOS. Usar sem permissão é ilegal.

=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

 

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2015. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

2013 Icona Vulcano Concept Car

 

Deuxième essai de concept-car sportif pour Icona avec la Vulcano, un coupé hybride 900 ch exposé au Salon de Shanghai. Réussi ?

 

Nouvelle icône ?

Vous ne connaissez pas Icona ? Normal, le studio de design n'a été aperçu publiquement qu'en 2011, au Salon de Shanghai, avec un premier - et bel - essai "Fuselage". Un break de chasse qui n'a pas laissé indifférent et bien reçu par les médias et le public. Un succès qu'Icona veut réitérer en 2013 avec "Vulcano".

  

"La belle et la bête" ?

Pour la conception de cette Vulcano, l'idée était de "trouver le bon équilibre entre la beauté et la puissance" confie le directeur du studio, le Français Samuel Chuffart, "quand vous chercher l'harmonie esthétique, le risque est de créer des formes trop douces pouvant appauvrir la sensation de puissance." Pour information, S. Chuffrat, a débuté chez Nissan, puis Jaguar-Land Rover et Bertone.

  

Derrière le thème du triangle rappelant le logo et ce rouge "Magma", l'Icona Vulcano est une réussite dans ses proportions et ce compromis entre utilité aérodynamique et un élégance pure. Certains trouveront encore trop d'agressivité dans les lignes, comme la poupe chargée, mais le coupé n'a pas à rougir face aux canons Ferrari ou Lamborghini.

  

Moteur explosif

Accessoire sur ce concept-car, la motorisation vaut tout de même le détour. Le V12 hybride de 900 chevaux est l'oeuvre de AIPA dirigée par Claudio Lombardi, ancien directeur technique de la branche moteur de Ferrari.

 

Selon Icona, le 0-200 km/h s'expédie en moins de 10 secondes, la vitesse de pointe étant annoncée à 350 km/h. Faudrait-il encore voir la Vulcano rouler.

 

Source sur MYTF1 : Salon de Shanghai 2013 : Icona Vulcano Concept, essai transformé

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2014. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

 

Attention please !

If you are interested in my photos, they are available for sale. Please contact me by email: aragaofrancisco@gmail.com. Do not use without permission.

Many images are available for license on Getty Images

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

Francisco Aragão © 2016. All Rights Reserved.

Use without permission is illegal.

 

Attention please !

If you are interested in my photos, they are available for sale. Please contact me by email: aragaofrancisco@gmail.com. Do not use without permission.

Many images are available for license on Getty Images

= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

2013 Icona Vulcano Concept Car

 

Deuxième essai de concept-car sportif pour Icona avec la Vulcano, un coupé hybride 900 ch exposé au Salon de Shanghai. Réussi ?

 

Nouvelle icône ?

Vous ne connaissez pas Icona ? Normal, le studio de design n'a été aperçu publiquement qu'en 2011, au Salon de Shanghai, avec un premier - et bel - essai "Fuselage". Un break de chasse qui n'a pas laissé indifférent et bien reçu par les médias et le public. Un succès qu'Icona veut réitérer en 2013 avec "Vulcano".

  

"La belle et la bête" ?

Pour la conception de cette Vulcano, l'idée était de "trouver le bon équilibre entre la beauté et la puissance" confie le directeur du studio, le Français Samuel Chuffart, "quand vous chercher l'harmonie esthétique, le risque est de créer des formes trop douces pouvant appauvrir la sensation de puissance." Pour information, S. Chuffrat, a débuté chez Nissan, puis Jaguar-Land Rover et Bertone.

  

Derrière le thème du triangle rappelant le logo et ce rouge "Magma", l'Icona Vulcano est une réussite dans ses proportions et ce compromis entre utilité aérodynamique et un élégance pure. Certains trouveront encore trop d'agressivité dans les lignes, comme la poupe chargée, mais le coupé n'a pas à rougir face aux canons Ferrari ou Lamborghini.

  

Moteur explosif

Accessoire sur ce concept-car, la motorisation vaut tout de même le détour. Le V12 hybride de 900 chevaux est l'oeuvre de AIPA dirigée par Claudio Lombardi, ancien directeur technique de la branche moteur de Ferrari.

 

Selon Icona, le 0-200 km/h s'expédie en moins de 10 secondes, la vitesse de pointe étant annoncée à 350 km/h. Faudrait-il encore voir la Vulcano rouler.

 

Source sur MYTF1 : Salon de Shanghai 2013 : Icona Vulcano Concept, essai transformé

(ANTES DE SU REMODELACION)

 

La Plaza de Canalejas, antes conocida como de las Cuatro Calles; se encuentra en el distrito Centro de Madrid, está situada entre la Carrera de San Jerónimo y las calles de la Cruz, Sevilla y Príncipe. Lleva el nombre del político y orador José Canalejas (1854-1912), que murió asesinado por un anarquista mientras miraba el escaparate de la desparecida librería San Martín, de la vecina Puerta del Sol esquina a la calle Carretas, a unos cien metros de esta plazoleta.

El espacio urbano está encajado entre edificios de singular arquitectura, entre ellos:

 

El edificio del Banco Hispano Americano de piedra caliza del que fuera Banco Hispano Americano (luego Grupo Santander), proyectado por Eduardo Adaro en 1902, sito en el número 1, esquina a la Carrera de San Jerónimo. Este edificio actualmente se esta remodelando para su huso como hotel premium y centro comercial

 

De 1920 es la Casa de Allende o de Tomás Allende, que ocupa otra esquina de la Carrera, en el número 3. Este edificio, proyectado por Leonardo Rucabado, generoso en elementos constructivos, cuenta con un mirador en madera de estilo cántabro, único en Madrid y un remate cerámico obra de Daniel Zuloaga.​

 

En el número 4, compartiendo parcela con la Casa de Allende se halla el edificio Meneses de estilo ecléctico, que la viuda del financiero Meneses encargó construir en 1914 a los arquitectos José María Mendoza Ussía y José de Aragón Pradera, quedando terminado en 1915

Répide, anota en sus crónicas callejeras que en esta plaza tuvieron establecimiento y dependencias el periódico La Tribuna y el Círculo Literario de Madrid.

 

Un rincón de típica tradición madrileña en esta falsa plazoleta de Canalejas es el establecimiento "La Violeta", una pequeña tienda de caramelos fabricados artesanalmente inaugurada en 1915 por el confitero Mariano Gil Fernández en el local de calle del portal número 6. Es anécdota legendaria que el rey Alfonso XIII compraba estas "violetas" tanto para su esposa, la reina Victoria Eugenia, como para su amante, Carmen Ruíz de Moragas.

  

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

  

Romblon, Philippines

PLAZA DE CANALEJAS

  

La Plaza de Canalejas, antes conocida como de las Cuatro Calles; se encuentra en el distrito Centro de Madrid, está situada entre la Carrera de San Jerónimo y las calles de la Cruz, Sevilla y Príncipe. Lleva el nombre del político y orador José Canalejas (1854-1912), que murió asesinado por un anarquista mientras miraba el escaparate de la desparecida librería San Martín, de la vecina Puerta del Sol esquina a la calle Carretas, a unos cien metros de esta plazoleta.

El espacio urbano está encajado entre edificios de singular arquitectura, entre ellos:

 

El edificio del Banco Hispano Americano de piedra caliza del que fuera Banco Hispano Americano (luego Grupo Santander), proyectado por Eduardo Adaro en 1902, sito en el número 1, esquina a la Carrera de San Jerónimo.

 

De 1920 es la Casa de Allende o de Tomás Allende, que ocupa otra esquina de la Carrera, en el número . Este edificio, proyectado por Leonardo Rucabado, generoso en elementos constructivos, cuenta con un mirador en madera de estilo cántabro, único en Madrid y un remate cerámico obra de Daniel Zuloaga.​​

 

En el número 4, compartiendo parcela con la Casa de Allende se halla el edificio Meneses de estilo ecléctico, que la viuda del financiero Meneses encargó construir en 1914 a los arquitectos José María Mendoza Ussía y José de Aragón Pradera, quedando terminado en 1915.

Répide, anota en sus crónicas callejeras que en esta plaza tuvieron establecimiento y dependencias el periódico La Tribuna y el Círculo Literario de Madrid.​

 

Un rincón de típica tradición madrileña en esta falsa plazoleta de Canalejas es el establecimiento "La Violeta", una pequeña tienda de caramelos fabricados artesanalmente inaugurada en 1915 por el confitero Mariano Gil Fernández en el local de calle del portal número 6.​ Es anécdota legendaria que el rey Alfonso XIII compraba estas "violetas" tanto para su esposa, la reina Victoria Eugenia, como para su amante, Carmen Ruíz de Moragas.

  

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

 

=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=

© Copyright 2013 Francisco Aragão

© ALL RIGHTS RESERVED. Use without permission is illegal.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. El uso sin permiso es ilegal

© TODOS OS DIREITOS RESERVADOS. Usar sem permissão é ilegal.

=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=.=

 

Spanish

LA CRIPTA

Su fachada da a la calle Mayor, que a esa altura desciende muy pronunciadamente hacia la Cuesta de la Vega. Para entrar hay que subir una escalinata de 15 peldaños.

El acceso se realiza por una triple puerta en arco de medio punto, de estilo neo-protogótico, pero con impronta decorativa románica en las arquivoltas.

El cuerpo alto de la fachada, por encima de las puertas, presenta una galería con siete ventanas en arco de medio punto peraltado. Las ménsulas ofrecen variedad de modelos y formas estilísticas medievales. Los paneles decorativos al frente de los pilares son de clara línea arabesca.

En su interior la planta es de cinco naves con dos capillas laterales desde la entrada hasta el crucero, a partir del cual presenta nueve naves.

Extrañamente, al entrar y tras una doble girola, topamos con el ábside. Se comprende que así sea, puesto que la cripta tenía que ser el soporte de la iglesia superior, y ésta había de estar orientada de forma que la entrada principal fuera desde la Plaza de la Armería, y el ábside diera a la calle Mayor.

El estilo de la cripta es neo-románico con influencias bizantinas. Destacan las suntuosas columnas en número de 558, pero especialmente, las cincuenta columnas monolíticas, (de una sola pieza), en la nave central y el crucero, notables por su tamaño, (3,28 m.. de altura y 2,20 de perímetro) y por la calidad de la piedra. Es de admirar el adorno que cada columna lleva al pie, para llenar el ángulo muerto, entre la basa redonda y el basamento cuadrado, así como los capiteles, por la belleza de sus tallas, por su tamaño (80 cm. Por 1 m..) y por la singularidad de ser todos diferentes a pesar de su número (cerca de 600).

Tiene planta de cruz latina y una nave central con intercolumnios que forman dos naves laterales muy estrechas y otras dos naves laterales, ya de anchura normal En la construcción de la cripta se emplearon unos 16000 m3 de piedra de Chao Maças (Portugal).

La Capilla Mayor del ábside es concebida a modo de templete. No tiene retablo. En el centro sobre un pilar se venera una imagen reciente de Nuestra Señora de la Almudena, que preside el altar desde 1956 y que fue tallada unos años antes con motivo de la coronación canónica de la imagen principal en 1948.

El primitivo destino de esta iglesia como mausoleo de la Reina Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, Hizo que numerosas familias de la aristocracia y burguesía costearan la construcción de las diversas capillas para enterramiento propio.

En las naves laterales hay varias capillas, cinco en cada lado, a partir del crucero en dirección a los pies de la iglesia. Rematando esta zona. Existe una gran capilla central a cuyos lados se encuentra un altar.

El total de las capillas, comenzando por la derecha a partir de la puerta principal son la siguientes:

1. Dedicada a Nuestra Señora de Vallivana. Enterramiento de la familia Pallarés González. Sobre proyecto de Repullés y Vargas, fue construida por Algueró e hijo. Los dos ángeles de bronce son de Benlliure.

2. Dedicada a San José. Familia José Martí Prats y Pilar Colás Eguía. Los relieves de mármol blanco son también de Benlliure.

3. Dedicada a San Antonio. Familia Alonso de Santeiro Aspuru. En el crucero, aparte de la entrada a las dependencias parroquiales, se veneran - sin capilla propia - las imágenes del Cristo del buen Camino en talla y Nuestra Señora de la Flor de Lis; cuya historia se indica con anterioridad.

4. Capilla de los señores Ruiz Senén.

5 Capilla propiedad de la Nunciatura

6. Capilla enterramiento del primer arquitecto de la Almudena. Están enterrados: Don Francisco de Cubas y González Montes y Doña Matilde de Erice y Urquijo, Marqueses de Cubas y de Fontalba.

7. Propiedad de los hijos del anterior: Don Francisco de Cubas y Erice y Doña María de la Encarnación de Urquijo y Ussi Marqueses de Fontalba y de Cubas, Condes de la Almudena.

8. Dedicada a la Virgen de los Dolores. Enterramiento de los Marqueses de Urquijo.

9. Dedicada a Cristo Crucificado. Familia Trueba Barquín.

Al fondo destaca el fastuoso monumento funerario de la familia Soto y Alba

Siguiendo desde aquí por el lado opuesto en dirección a la puerta principal, encontramos:

1. Capilla del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. De la familia Peña Boeuf.

2. Dedicada a la Virgen con el Niño, San José y San Juan. Pertenece a los Marqueses de San Juan

3. Capilla de las familias Lanuza, Yravedra y Figueroa.

4. Familias Bernáldez, Robador y Noriega.

5. Capilla de la Sagrada Familia. De los Condes de Santa María de Sisla. La obra es de Benlliure

6. En este lado del crucero, la primera capilla según venimos del fondo habría sido enterramiento de las Damas de la Reina Mercedes, si ella hubiera sido enterrada en la capilla contigua. Hoy, adosado al muro de este brazo del crucero, está el enterramiento de los Condes de San Esteban de Cañongo

7. Esta capilla, originalmente, estaba destinada a enterramiento de la Reina Mercedes, y habría de ser decorada con el mausoleo diseñado por el propio Marqués de Cubas, arquitecto inicial de la iglesia. En la actualidad preside el altar una imagen de San Fernando y en el lateral hay una Inmaculada y una copia vestida de Nuestra Señora de la Almudena.

8. Dedicada a Nuestra Señora de las Cruces (de Daimiel) y a Nuestra Señora de la Encarnación. La primera advocación acoge a las familias Jiménez de Galanes, Muñoz Morales y Salinas Barroso; la segunda a la familia de Ellas Tejada Espínola. Actualmente se encuentra en esta capilla la ultima copia de la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, obra de José Luis Parés, Más pequeña que las anteriores (sólo mide 1,20).

9. Dedicada a Nuestra Señora del Carmen, corresponde a la familia Trobo. Tiene igual tamaño y forma que la Sacristía, situada a esta misma altura en el lado opuesto de la iglesia

10. La capilla del testero del crucero por este lado está dedicada al Sagrado Corazón y es de la familia García Diego. En ella se venera un Cristo yacente.

11. La antigua capilla bautismal, cuya pila de mármol blanco ha sido colocada, últimamente, a la derecha del Presbiterio, ha sido adaptada para nuevos enterramientos, la imagen que presidirá esta capilla es la de la Soledad, que provisionalmente esta en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Cruces.

12. Capilla del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. Pertenece a los Marqueses de Maltrana y Condes de Bustorredondo. Es obra de los arquitectos Repullés y Laredo.

En la Cripta se encuentran importantes joyas, tales como:

Una talla en madera policromada del siglo XVIII que se venera como el Cristo del Buen Camino y parece que procede de la iglesia de Santa Maria.

En la cripta de la Almudena también se encuentra un hachero procedente de la iglesia de Santa María, fechado en 1803 y dos óleos del siglo XVIII que estuvieron en la desaparecida iglesia de Santa Maria.

 

http://archimadrid.es/catedral/Dossier_Almudena/default8.htm

 

Comparecencia en rueda de prensa para dar cuenta de los acuerdos adoptados en el Consejo de Gobierno entre los que cabe destacar las distinciones de 2018 a 13 instituciones y personas por su trayectoria en favor de la sociedad. Alfonso Ussía y Ángel Nieto –este a título póstumo- recibirán la Medalla de Oro y Gemma Cuervo y los profesionales sanitarios del Programa de Trasplante ABO Incompatible del Gregorio Marañón, la de Plata

La ONCE y la Policía Municipal de Madrid serán condecorados con la Gran Cruz

Gonzalo Salazar-Simpson, el padre Agustín de la Cañada Real, la Indicación Geográfica Protegida Carne Sierra del Guadarrama, la Federación Taurina Madrid, la empresa BQ, la Joven Compañía y Antonio Sáenz de Miera también serán galardonados el 2 de Mayo

  

La Casa de Allende

 

Es un edificio histórico del centro de Madrid (España) construido por el arquitecto Leonardo Rucabado entre 1916 y 1920 para su propietario, Tomás de Allende, del que toma el nombre. Está situado en la carrera de San Jerónimo, haciendo esquina en la plaza de Canalejas. Durante mucho tiempo se le conoció también como el edificio Crédit Lyonnais, debido a que en su planta baja estuvo instalada la popular entidad financiera.1 Por la plaza de Canalejas limita con el Edificio Meneses, de estilo ecléctico.

El arquitecto adoptó formas de la arquitectura tradicional española, siguiendo la corriente regionalista del siglo XIX. El edificio dispone de un amplio torreón en la esquina como sugerente remate. Se trata de un edificio absolutamente singular y único en la arquitectura madrileña, donde sobresale un magnífico mirador de madera sobre la carrera de San Jerónimo, al estilo de la arquitectura cántabra. Dispone además de elaborada rejería en balcones y escalera, donde se encuentran vidrieras empotradas. La ornamentación escultórica exuberante realzan la majestuosidad del edificio.

 

Se trata del típico edificio representativo de la arquitectura que surge a partir de la crisis de 1898, y que intentaba adaptar los estilos regionales a las nuevas necesidades de la vida moderna.

 

El remate cerámico del edificio es de gran belleza y originalidad, obra del ceramista Daniel Zuloaga.

--------------------------------------------------------

 

El Edificio Meneses

 

Se encuentra en el distrito Centro de Madrid (España), con fachadas al nº 4 de la Plaza de Canalejas y el nº 1 de la Calle del Príncipe. Se levanta sobre una parcela compartida con la Casa de Allende, situada a su izquierda.

En 1914 la viuda del financiero Meneses encargó a los arquitectos José María Mendoza Ussía y José de Aragón Pradera el diseño de este edificio, destinado a uso comercial exceptuando el ático, reservado para viviendas. Fue construido entre 1914 y 1915.

 

A pesar del reducido espacio del solar sobre el que se asienta, Mendoza y Aragón lograron darle al inmueble un aire monumental, con apariencia de mayor verticalidad, mediante largas semicolumnas clásicas en la fachada, una balaustrada en el piso superior y un templete circular sostenido por un tambor encolumnado y coronado por una cúpula.

 

En Madrid, el Edificio Meneses fue uno de los primeros que combinó el vidrio y los elementos clasicistas de gran tamaño en su fachada, características estas que serían muy frecuentes en diversas edificaciones de la capital en los años siguientes, como la Casa Matesanz (Gran Vía 27, del año 1923), de Antonio Palacios Ramilo.

  

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

 

The crazy Doto ussi that likes to hold up in stinging hydroids. Very difficult to get a nice clean shot (without disturbing it)

Ilford HP5+ EI 1600

Nikkor 35mm f/2

Nikon FM2n

Kodak HC110

 

Arquitectura y diseño concebidos como arte de La Cosa, Julen Ussia, Javier Montoro y Studio La Cube.

 

colectivolacosa.com/Soynard

 

Dolmabahçe Palace (Turkish: Dolmabahçe Sarayı, IPA:

 

[doɫmabahˈtʃe saɾaˈjɯ]) located in the Beşiktaş district of Istanbul, Turkey, on the European coastline of the Bosphorus strait, served as the main administrative center of the Ottoman Empire from 1856 to 1922, apart from a 22-year interval (1887–1909) in which Yıldız Palace was used.

 

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.

 

History:

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856. Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman mecidiye gold coins, 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values. This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire which eventually slid into state bankruptcy with the subsequent establishment of financial control over the "sick man of Europe" by European powers.

 

Dolmabahçe Palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924: The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic. Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Today, the palace is managed by Milli Saraylar Daire Başkanlığı (Directorate of National Palaces) responsible to the Grand National Assembly of Turkey. The only way to see the interior of Dolmabahçe is with a guided tour.

 

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.2 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing

 

(Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2000 m² and a 36 m high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

Ceremonial Hall with the chandelier gifted by Queen Victoria

Baccarat crystal balusters of the Crystal Staircase

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold in the form of gold leaf were used to gild the ceilings. The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier, a gift from Queen Victoria, has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul. It includes his"Eyup by Moonlight","View of Egypt",and "Ottoman Navy in front of Citagan Palace".There are also paintings by Gustave Boulanger,Jean-Léon Gérôme,Eugene Fromentin,Sandor Swoboda,Stanislaus Chlebowski,Felix Ziem,Karl Kuwasseg,Fausto Zonaro,and Theo Van Rhysellberghe in this art museum.There are also paintings by Turkish painters such as;Osman Hamdi Bey,Halil Pasa,Osman Nuri Pasa,Sekrit Dag,and Omer Ben Mustafa in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Medhal (Main Entrance) Hall:

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms:

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

 

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room:

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 a.m. on November 10, 1938, in a bedroom, located in the former Harem section of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. Although this has changed recently and the clocks outside of his room are now set to the actual time in Turkey, the clock in the room where he died is still pointing to 9:05 a.m.

 

en.wikipedia.org/wiki/Dolmabah%C3%A7e_Palace

The Ford EF Falcon was introduced in August 1994. It was a significant facelift of the Ford Falcon (ED), which it replaced. All exterior panels other than the doors were new for the EF, while Fairmont and Fairmont Ghia now had unique frontal styling differentiating them from the Falcon models. An upgraded EF Series II range was introduced in October 1995.

 

The EF Series also saw the first use of polycarbonate headlight lenses instead of glass, saving weight and gaining shatter resistance.

 

The EF Falcon was launched shortly after my first visit to Ford Australia Production and Engineering facilities as a student.

 

This particular EF Falcon was owned by my friend Paul, who purchased it ex-fleet and fairly new. Though I wasn't a big fan of Fords or Falcons, his relatively new car was a big step up from all the crappy old cars that most of my friends and I drove.

 

At this point in its history, all Falcon models still rode on live rear axles. From a marketing point of view, this was heavily criticised, but in reality, the Falcon rode very well on most Australian road surfaces. It also had incredibly powerful air-conditioning. We did a trip to Gundagai for a mutual friend's 21ist birthday in the middle of summer, and decided to see how cold the car could get if we turned the AC on 'Max' for the entire two hour trip. Despite the external temperature approaching 40 degrees C, we stepped out of the looking somewhat blue and took quite a long time to warm back up to an appropriate body temperature.

A pair of Doto ussi laying egg's

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

Comparecencia en rueda de prensa para dar cuenta de los acuerdos adoptados en el Consejo de Gobierno entre los que cabe destacar las distinciones de 2018 a 13 instituciones y personas por su trayectoria en favor de la sociedad. Alfonso Ussía y Ángel Nieto –este a título póstumo- recibirán la Medalla de Oro y Gemma Cuervo y los profesionales sanitarios del Programa de Trasplante ABO Incompatible del Gregorio Marañón, la de Plata

La ONCE y la Policía Municipal de Madrid serán condecorados con la Gran Cruz

Gonzalo Salazar-Simpson, el padre Agustín de la Cañada Real, la Indicación Geográfica Protegida Carne Sierra del Guadarrama, la Federación Taurina Madrid, la empresa BQ, la Joven Compañía y Antonio Sáenz de Miera también serán galardonados el 2 de Mayo

  

The Ford EF Falcon was introduced in August 1994. It was a significant facelift of the Ford Falcon (ED), which it replaced. All exterior panels other than the doors were new for the EF, while Fairmont and Fairmont Ghia now had unique frontal styling differentiating them from the Falcon models. An upgraded EF Series II range was introduced in October 1995.

 

The EF Series also saw the first use of polycarbonate headlight lenses instead of glass, saving weight and gaining shatter resistance.

 

The EF Falcon was launched shortly after my first visit to Ford Australia Production and Engineering facilities as a student.

 

This particular EF Falcon was owned by my friend Paul, who purchased it ex-fleet and fairly new. Though I wasn't a big fan of Fords or Falcons, his relatively new car was a big step up from all the crappy old cars that most of my friends and I drove.

 

At this point in its history, all Falcon models still rode on live rear axles. From a marketing point of view, this was heavily criticised, but in reality, the Falcon rode very well on most Australian road surfaces. It also had incredibly powerful air-conditioning. We did a trip to Gundagai for a mutual friend's 21ist birthday in the middle of summer, and decided to see how cold the car could get if we turned the AC on 'Max' for the entire two hour trip. Despite the external temperature approaching 40 degrees C, we stepped out of the looking somewhat blue and took quite a long time to warm back up to an appropriate body temperature.

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

Este establecimiento fue fundado como una pastelería por el suizo Emilio Lhardy (apellidado realmente Huguenin) en 1839. En su trastienda se preparaban los productos típicos de su lugar de origen, como los bollos suizos, los croissants y los canapés, una novedad en la repostería madrileña de la época. A los pocos meses, las buenas expectativas llevaron a Lhardy a ampliar el negocio e instaló una charcutería y un lujoso restaurante. Desde entonces, su casa se convirtió en lugar de encuentro y reunión de aristócratas, políticos e intelectuales y se fue haciendo costumbre degustar un buen jerez a la hora del aperitivo. También fue creciendo la fama de su gastronomía y los banquetes que se celebraban en sus salones, sobre todo en el conocido salón japonés del primer piso, y al que solían acudir con frecuencia personajes de la talla de Isabel II, Alfonso XII, Espartero, Prim, O´Donnell, Serrano y Pérez Galdos, entre otros.

 

En 1880 el decorador Rafael Guerrero, padre de la conocida actriz María Guerrero, se encargó de dar una nueva imagen al local, resaltando la elegancia de su fachada con cristalerías y maderas de caoba traídas de la antigua colonia de Cuba.

 

Todos estos matices han llevado a considerar a Lhardy como el primer restaurante de lujo que se instaló en Madrid, rango que conserva en la actualidad, al igual que su decoración decimonónica y su tradición gastronómica.

Dolmabahçe Palace (Turkish: Dolmabahçe Sarayı, IPA:

 

[doɫmabahˈtʃe saɾaˈjɯ]) located in the Beşiktaş district of Istanbul, Turkey, on the European coastline of the Bosphorus strait, served as the main administrative center of the Ottoman Empire from 1856 to 1922, apart from a 22-year interval (1887–1909) in which Yıldız Palace was used.

 

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.

 

History:

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856. Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman mecidiye gold coins, 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values. This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire which eventually slid into state bankruptcy with the subsequent establishment of financial control over the "sick man of Europe" by European powers.

 

Dolmabahçe Palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924: The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic. Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Today, the palace is managed by Milli Saraylar Daire Başkanlığı (Directorate of National Palaces) responsible to the Grand National Assembly of Turkey. The only way to see the interior of Dolmabahçe is with a guided tour.

 

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.2 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing

 

(Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2000 m² and a 36 m high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

Ceremonial Hall with the chandelier gifted by Queen Victoria

Baccarat crystal balusters of the Crystal Staircase

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold in the form of gold leaf were used to gild the ceilings. The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier, a gift from Queen Victoria, has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul. It includes his"Eyup by Moonlight","View of Egypt",and "Ottoman Navy in front of Citagan Palace".There are also paintings by Gustave Boulanger,Jean-Léon Gérôme,Eugene Fromentin,Sandor Swoboda,Stanislaus Chlebowski,Felix Ziem,Karl Kuwasseg,Fausto Zonaro,and Theo Van Rhysellberghe in this art museum.There are also paintings by Turkish painters such as;Osman Hamdi Bey,Halil Pasa,Osman Nuri Pasa,Sekrit Dag,and Omer Ben Mustafa in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Medhal (Main Entrance) Hall:

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms:

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

 

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room:

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 a.m. on November 10, 1938, in a bedroom, located in the former Harem section of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. Although this has changed recently and the clocks outside of his room are now set to the actual time in Turkey, the clock in the room where he died is still pointing to 9:05 a.m.

 

en.wikipedia.org/wiki/Dolmabah%C3%A7e_Palace

La Gran Vía es una de las principales calles de Madrid (España). Comienza en la calle de Alcalá y termina en la plaza de España. Es un importante hito en la ciudad desde el punto de vista comercial, turístico y de ocio. En éste último aspecto es famosa por sus cines, si bien en los últimos años algunos de ellos han cerrado y otros se han reconvertido con gran éxito al teatro musical, por lo que el tramo comprendido entre la plaza de Callao y la de España se conoce como el Broadway madrileño. El tramo comprendido entre la red de San Luis y la plaza de Callao alberga en la actualidad numerosas tiendas de cadenas internacionales de moda.

En 1897 los arquitectos municipales José López Sallaberry (autor también del proyecto y construcción del Edificio Blanco y Negro en la calle de Serrano, 61) y Francisco Andrés Octavio Palacios (autor del proyecto y construcción del Asilo de la Paloma, actualmente Instituto Virgen de la Paloma, en la Dehesa de la Villa) fueron encargados de hacer un nuevo proyecto y en 1899 presentaron su Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la calle de Alcalá. Los herederos de Velasco les acusaron de copiar el proyecto de éste, pero la acusación fue desestimada, aprobándose el nuevo plan el 2 de julio de 1901. En él se proponía la realización de la obra dividiéndola en tres tramos: Avenida A (534 metros), desde la plaza de san Marcial (actual calle de los Reyes) hasta la de Callao; el Bulevar (409 metros), desde Callao hasta la Red de San Luis y Avenida B (417 metros), desde la Red de San Luis hasta la calle de Alcalá. La longitud total sería de 1.316 metros y el ancho de 25 metros, salvo el bulevar que tendría 35 metros.

 

Comenzaba así la que se convertiría en una de las mayores intervenciones urbanísticas del Madrid de la época. Con ella se lograría, según constaba en el proyecto, la comunicación directa entre los barrios de Argüelles y Salamanca; la descongestión de la Puerta del Sol; la desaparición de todo un cúmulo de calles estrechas y antihigiénicas y un más cómodo enlace entre las estaciones de Atocha y Príncipe Pío. Aunque el proyecto de obras fue aprobado el 21 de agosto de 1904, los trabajos no comenzaron de inmediato debido a la oposición de los vecinos y comerciantes de la zona y a las dificultades financieras. En tres subastas sucesivas de obras, en 1905, 1906 y 1908, no hubo ningún postor, hasta que en 1909 se adjudicaron al banquero francés Martín Albert Silver por 29 millones de pesetas, firmándose la escritura el 19 de febrero de 1910 por el alcalde de la ciudad, José Francos Rodríguez.

Las obras comenzaron por fin el 4 de abril de 1910 (después de unos largos años pensando en como hacerla), con la presencia del alcalde, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real encabezada por el rey Alfonso XIII, lo cual da idea de la importancia que se dio a la obra en su época. La familia real se acomodó en una tribuna situada junto a la «Casa del Ataúd» (donde hoy está el Edificio Metrópolis) y adornada con tapices de la serie de la historia de Absalón de la Real Fábrica de Tapices. Además del rey, asistieron la Reina Madre, María Cristina, las infantas Isabel y María Teresa y el príncipe Adalberto de Baviera. También se dispusieron otras dos tribunas, una para miembros del Ayuntamiento y otra para el Cuerpo Diplomático, ambas adornadas con tapices de la serie de los Faetones.

 

A las once de la mañana llegó el rey acompañado de su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg y, tras escuchar la Marcha Real y los discursos del alcalde y del presidente, descendió de la tribuna real, se dirigió a la casa del cura, anexa a la iglesia de San José, y comenzó su demolición con una piqueta de plata que le entregó Martín Silver. Los obreros comenzaron inmediatamente a trabajar. El primero de ellos se llamaba Álvaro Guadaño.

 

El proyecto de construcción contemplaba la demolición de gran cantidad de caserío, incluyendo varias iglesias, y la desaparición o transformación de numerosas calles. El área afectada sería de 142.647,03 m², que incluían 358 fincas y 48 calles, construyéndose 32 manzanas nuevas. Según los datos conservados, se demolieron 312 casas, se nivelaron 44 lotes de terreno, se desenlosaron 8.856 metros de aceras y se deshicieron 26.365 m² de empedrado y adoquinado y se quitaron 14.335 metros de cañerías de agua y de gas y 274 farolas. Para ello se transportaron y nivelaron 61.799 metros cúbicos de escombros y 31.997 de terraplenes. Posteriormente se enlosaron 18.777 m² de acera, se adoquinaron con granito 35.616 m² y se asfaltaron 11.373 m²; se construyeron 2.502 metros de alcantarillas y se canalizaron 1.315 metros para acometidas de agua, gas y electricidad, así como 7.024 metros de tubo de plomo. También se instalaron 174 sumideros de incendios y tomas de agua, 219 farolas a gas y 66 lámparas con candelabros.

Siguiendo el plan propuesto por Salaberry y Octavio, la construcción se llevó a cabo en tres etapas:

  

Plano del primer tramo de la Gran Vía, entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis. En trazo grueso, las manzanas actuales, construidas al abrir la nueva calle. En amarillo, las manzanas que se eliminaron, con los números según la Planimetría General de la Villa del siglo XVIII. En la manzana 289, donde hoy el Edificio Metrópolis estaba la Casa del Ataúd. En la 293 está el Oratorio del Caballero de Gracia. La pequeña manzana 295 estaba ocupada enteramente por el palacio de la duquesa de Sevillano. En la 297 estaba el Colegio de las Niñas de Leganés. La manzana 302 perdió su extremo sur, que ocupaba gran parte de la Red de San Luis, con lo que ésta aumentó su superficie.El primer tramo, entre la calle de Alcalá y la de Montera se realizó entre 1910 y 1915. El 28 de marzo de 1917 se comunicó oficialmente que las obras estaban acabadas, aunque la entrega definitiva se produjo el 18 de julio de 1924. Denominada en el proyecto Avenida B, recibió el nombre de calle del Conde de Peñalver, en homenaje al alcalde que firmó el comienzo de las obras (hoy en día está denominación corresponde a otra calle de la ciudad).

 

Para su construcción se demolieron importantes edificios, como el colegio de Nuestra Señora de la Presentación (conocido popularmente como "de las Niñas de Leganés"), el Palacio Masserano, el Palacio de la duquesa de Sevillano o la llamada, por su estrechez, Casa del Ataúd, en la esquina con Alcalá.

 

En sustitución de las derribadas, se crearon seis nuevas manzanas, sobreviviendo sólo el oratorio del Caballero de Gracia, cuyo ábside, que quedó al descubierto al ser derruida la casa que lo tapaba, es hoy en día visible desde la Gran Vía.

 

También desapareció la calle de San Miguel, que sirvió de guía para la construcción de este primer tramo y que discurría por lo que hoy es la parte sur de la calzada de la actual avenida, y se modificaron otras nueve. En este tramo, todos los edificios construidos dedicaban sus primeras plantas a comercio y oficinas.

El segundo tramo, El Bulevar, entre la Red de San Luis y Callao, se realizó en los siguientes cuatro años, entre 1917 y 1922, aunque la entrega definitiva de obras fue el 20 de agosto de 1927. Se denominó avenida de Pi y Margall, en recuerdo del que fuera presidente de la Primera República Española.

 

Para la construcción de esta segunda fase se tuvieron que demoler 125 fincas y cuatro calles, transformándose otras trece. Entre ellas desapareció todo el tramo de la calle Jacometrezo que iba desde la plaza de Callao hasta la Red de San Luis, ya que su trazado sirvió de guía aproximada para la construcción de este segundo tramo.

 

En 1921, antes de finalizar las obras, se constató que el bulevar arbolado del proyecto original dificultaría el tráfico rodado, por lo que se decidió suprimirlo. Se construyeron en este tramo doce manzanas nuevas, una de las cuales alberga el Edificio Telefónica, que en su época fue el rascacielos más alto de Europa.

 

En 1922, Horacio de Echevarrieta y Mauri se hizo cargo de las obras de construcción de la Gran Vía, en sustitución de Martín Albert Silver.

  

El tercer tramo, estaba previsto que siguiera en la dirección de la calle Jacometrezo, hacia la cuesta de San Vicente, en prolongación casi recta con el segundo tramo, pero se cambió para empalmar con la calle de la Princesa, lo que resultó ser un acierto, así que se construyó entre la plaza de Callao y el norte de la de España; fue comenzado el 16 de febrero de 1925 y se terminó en 1929 aunque la entrega de obras fue el 22 de septiembre de 1932 y algunos edificios no se concluirían hasta después de la Guerra Civil. Se denominó en el proyecto Avenida A, aunque estaba pensado su nombre posterior de calle Eduardo Dato, en homenaje al que fuera presidente del gobierno.

 

En un principio estaba proyectado que tuviera 25 metros de ancho, como la Avenida B, pero después se decidió ampliarlo a 35, como el bulevar. Fue el tramo de más difícil construcción de los tres, ya que al contrario de lo que ocurrió con los dos primeros y las calles de, respectivamente, San Miguel y Jacometrezo, en éste último no había ninguna vía que sirviera de guía, por lo que hubo que hacer numerosos desmontes y derribar muchas manzanas. Con su construcción desaparecieron diez antiguas calles y se reformaron otras nueve y tres plazas, entre ellas la de Leganitos, al final de su calle homónima y que daría lugar a la plaza de España. Otra dificultad añadida fue las numerosas reclamaciones interpuestas por los propietarios negándose a las expropiaciones.

 

El principal problema surgió a la raíz de la propuesta en 1926, por parte del concejal marqués de Encinares, para que este último tramo tuviera los mismos 35 metros de ancho que el primero. Al estar ya construido el Palacio de la Prensa (sobre la manzana 374 del tramo anterior), el ensanchamiento sólo podía hacerse por el sur pero esto exigía la demolición de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, en la manzana 495 e inaugurada en 1901, a lo que los jesuitas se negaron. El expediente duró varios años, pero todo acabó cuando el 1 de mayo de 1931 un grupo de personas prendió fuego a la Casa Profesa. Esto, sumado a la disolución de la Compañía de Jesús a comienzos del siguiente año por el gobierno de la República, hizo que se archivara el caso y se continuasen las obras.

 

Ya en los años cuarenta, tras el paréntesis de la Guerra Civil, se reformaría la plaza de España, colofón de la Gran Vía, aunque no forme, estrictamente hablando, parte de ella. La plaza albergaría posteriormente dos de los edificios más representativos de la ciudad, el Edificio España y la Torre de Madrid.

 

La primera modificación de la Gran Vía, como ya se ha dicho, fue la eliminación, en 1921, poco después de ser construido, del bulevar que había en su tramo intermedio. La mayoría de los edificios no ha sufrido modificaciones importantes desde su construcción, aunque sí cambios en las fachadas, algunos radicales, como el que albergaba el desaparecido teatro Fontalba.

 

En 1972 se desmontó el templete de entrada a la boca de metro de la Red de San Luis, obra de Antonio Palacios, y se trasladó a Porriño (Pontevedra), localidad natal del arquitecto. Reordenada la zona, confluencia con la calle Montera, se instaló una fuente diseñada por Manuel Herrero Palacios y con esculturas de Gerardo Martín Gallego.

 

En el año 2002 se reformó la calzada y las aceras para intentar darle un aspecto homogéneo a la calle. Se cambió el pavimento por uno nuevo de granito y se instalaron nuevos bancos, paradas de autobús, kioscos y barandillas de acero al mismo tiempo que se eliminaron todas las jardineras de cemento. También se sustituyeron las farolas y se retiraron las columnas publicitarias, conocidas popularmente como "chirimbolos", instaladas por el Ayuntamiento a mediados de los años noventa por toda la ciudad y que habían provocado un fuerte rechazo entre la ciudadanía por su aspecto estético. En los años posteriores el ayuntamiento fue añadiendo nuevos chirimbolos publicitarios de nuevo diseño.

 

En 2009 la fuente de Herrero Palacios fue eliminada. El Ayuntamiento anunció la colocación de una reproducción del templete de Antonio Palacios en su primitiva ubicación. Pero en 2009 se peatonalizó la calle de la Montera y no se colocó el templete de Palacios.

 

Los edificios entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis presentan estilos historicistas. Algunos pretendían recuperar el pasado arquitectónico español, siendo construidos en estilo neobarroco o neorrenacentista; otros son de inspiración francesa. En la mayoría se utilizó la piedra y estructura metálica. Entre ellos cabe destacar:

 

Edificio Metrópolis (1911), obra de los arquitectos Jules y Raymond Février. Estrictamente hablando no pertenece a esta calle, ya que es el número 39 de la calle de Alcalá, pero, subiendo desde la plaza de Cibeles, sirve de indudable carta de presentación de la Gran Vía.

Gran Vía 1 (1916-1917), de Eladio Laredo y Carranza. Un edificio de estilo ecléctico con relieves y azulejos de estilo modernista. A lo largo de su historia ha estado ocupado por el café Molinero, el restaurante Sicilia-Molinero, la casa de pianos Aeoiam o la joyería Grassy desde 1952, que cuenta con un museo del reloj.

Edificio de La Gran Peña (1917), en el número 2, obra de Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga.

Gran Vía 3 (1918), de los hermanos Javier y Luis Feduchi.

Gran Vía 4 (1917-1919), de Ruíz Senen, José Mendoza y Ussía y José Aragón Pradera.

Gran Vía 5, de José Monasterio Arrillaga.

Gran Vía 6 (1917-1919), de Mendoza y Ussía y Aragón Pradera.

Edificio de Seguros La Estrella, en el número 7 (1917-1922), de Pedro Mathet. De estilo neorenacentista.

Gran Vía 8 (1915), de Francisco Pérez de los Rios. La primera casa que se terminó de construir en la nueva avenida.

Gran Vía 9, de Francisco Reynals.

Gran Vía 10, de Pedro Mathet.

Gran Vía 11 (1915-1917), de Cesáreo Iradier.

 

Gran Vía, 12, con el Bar Chicote en sus bajosGran Via 12, de Eduardo Reynals. En 1932 se abrió en sus bajos el Bar Chicote.

Casino Militar, en el número 13, de Eduardo Sánchez Eznarriaga. Con influencia barrocas pero con el toque más contemporáneo de la marquesina de hierro y cristal que cubre la puerta de entrada.

Gran Vía 15 (1918-1921), de Juan García Cascales.

Fachada posterior del Oratorio del Caballero de Gracia (1916), en el número 17. Desde la Gran Vía sólo se observa el ábside de esta iglesia, obra de Juan de Villanueva. El arquitecto Carlos de Luque diseñó una nueva fachada alineada con el resto de los edificios. En los años setenta, Javier Feduchi Benlliure dejó a la vista el ábside practicando un gran arco en la fachada de Luque.

Gran Vía 18 (1915-1916), de Felipe de Sala Blanco y Eduardo Reynals.

Gran Vía 19 (1977), de Francisco Calero.

Gran Vía 21 (1915-1918), de Julio Martínez Zapata.

Gran Vía 22 (1919), de Secundino Zuazo.

Gran Vía 22 duplicado, de Lomas, Manchobes y Vicente García Cabrera.

Círculo de la Unión Mercantil e Industrial (1918-1924), en el número 24, de Joaquín y Luis Sáinz de los Terreros.

Segundo tramo [editar]

Edificio Telefónica

Gran Vía 32, Edificio Madrid-ParísLos edificios del antiguo bulevar son de estilo más afrancesado y algunos de estilo americano:

 

Gran Vía 23 (1918-1923), de Vicente Agustí Elguero y José Espelius Anduaga.

Gran Vía 25 (1920-1925), de Modesto López Otero.

Gran Vía 26 (1914-1916), de Pablo Aranda Sánchez.

Casa Matesanz (1919-1923), en el número 27, de Antonio Palacios, un edificio de uso comercial "a la americana" con influencia de la escuela arquitectónica de Chicago.

Edificio Telefónica (1926-1929), en el número 28, de Ignacio de Cárdenas.

Casa del Libro, en el número 29, de José Yarnoz Larrosa, diseñado para la Constructora Calpense.

Teatro Fontalba (1919-1924), en el número 30, de Salaberry y Teodoro Anasagasti.

Gran Vía 31 (1925-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo. En sus bajos está el Café Zahara.

Edificio Madrid-París (1922-1924), en el número 32, de Anasagasti. Fue el edificio más alto hasta 1929, en que fue superado por el de Telefónica. En 1934 tras la compra del edificio por los Almacenes Sepu sufre una gran transformación dirigida por el arquitecto original con la colaboración de José López Sallaberry.

 

EDIFICIOS

 

Gran Vía 33 (1922), de Pablo Aranda.

Gran Vía 34 (1921-1924), de José Yarnoz Larrosa y Antonio Palacios. En su origen albergó el Hotel Alfonso XIII (después Avenida), hoy llamado Cibeles.

Palacio de la Música (1926), en el número 35, de Secundino Zuazo Ugalde.

Cine Avenida (1927-1928), en el número 37, de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Hotel Atlántico, en el número 38, de Joaquín Saldaña y López. Construido en estilo ecléctico, su primer propietario fue el marqués de Falces, cuyo escudo figuraba en la fachada.

Seguros la Adriática (1926-1928), en el número 39, obra de Luis Sáinz de los Terreros.

Gran Vía 40 (1926-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Gran Vía 42 (1923-1926), de Pedro Mathet.

Gran Vía 44 (1922-1925), de Teodoro de Anasagasti.

Palacio de la Prensa (1924), en el número 46, de Pedro Muguruza Otaño. Su sala de cine, de doble anfiteatro, tenía capacidad para 2.000 espectadores.

Tercer tramo [editar]

El Palacio de la PrensaEn el tercer tramo se construyeron edificios más modernos, de estilo racionalista, aunque también hay algunos en los que perdura el eclecticismo anterior.

 

Edificio Carrión (1931-1933), en el número 41, de Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced y Eced.

Gran Vía 43 (1947), de Luis Gutiérrez Soto. Alberga el cine Rex.

Gran Vía 47 (1930), de Eduardo Figueroa.

Gran Vía 49 (1929-1931), de Eugenio Fernández Quintanilla y José Osuna Fajardo, de estilo racionalista.

Gran Vía 52, de Luis Díaz de Tolosa.

Edificio Lope de Vega (1945-1949), que ocupa los números 53, 55, 57 y 59, de Joaquín Otamendi y Julián Otamendi. Albergaba un gran centro comercial subterráneo, el hotel Lope de Vega y un teatro de igual nombre, inaugurado en 1949 con el espectáculo Tonadilla de Concha Piquer y transformado en cine en 1954. Reformado en 2003, el hotel pasó a llamarse Emperador y el centro comercial redujo su extensión.

Cine Rialto (1930), en el número 54, de José Aragón y Mendoza y Ussía. El cine se inauguró el 17 de octubre de 1930 con Variedades sonoras de la Paramount. Entre 1932 y 1934 se llamó Astoria. El 6 de mayo de 1957 se estrenó aquí El último cuplé.

Gran Vía 56 (1928-1929), de Vicente García Cabrera y Jesús Carrasco Muñoz.

Gran Vía 58 (1927-1928), de Luis López López.

Edificio del Banco Hispano de Edificación (1930), en el 60, de Emilio Ortiz de Villajos. Está rematado por una escultura de Victorio Macho que descansa sobre el cuerpo central del edificio.

 

El último tramo de la Gran Vía desde la Plaza de España.Gran Vía 62, de García Lomas y Jesús Martín.

Gran Vía 64, de Fernando de Escondrillas.

Cine Gran Vía, en el número 66, de Germán Álvarez Sotomayor. El edificio fue edificado en el solar del antiguo mercado de los Mostenses.

Gran Vía 70 (1945-1946), de Pan da Torre. Albergó el cine Pompeya.

Gran Vía 72 (1952), de Enrique Colás Fontán. El último edificio construido en la Gran Vía. Albergó el hotel El Washington.

Hotel Menfis (1953-1954), en el 74, de Manuel Castaño Cabanyes. Albergó el cine Velussia.

Edificio Coliseum (1931-1932), en el 78, de Casto Fernández-Shaw y Pedro Muguruza. El edificio, de estilo americano, fue encargado por el compositor Jacinto Guerrero. Su sala de cine fue inaugurada el 10 de diciembre de 1932 con la película Champ.

Ya en la plaza de España, destacan el Edificio España y la Torre de Madrid, ambos con más de 100 metros. Éste último, construido en 1957, fue durante muchos años el edificio más alto de la ciudad hasta la construcción de la Torre Picasso

 

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

El Parlamento de Cantabria acogió el solemne acto institucional para conmemorar el XXXIII aniversario del Estatuto de Autonomía para Cantabria.

Esta edición se dedicó a homenajear a los Productores Agroalimantarios Cántabros. Intervinieron en el acto el hostelero Rogelio Gómez, y el escritor y periodista, Alfonso Ussía, que dedicaron palabras a los productos cántabros y la proyección que hacen de Cantabria más allá de sus fronteras.

Ambos firmaron además en el Libro de Honor del Parlamento.

En el programa musical actuaron:

 

-Dúo Julián Revuelta “El Malvís y Puri Díaz : “¿Dónde vas morenuca”.

-Luis A. Agüeros, Esther Terán, Toñín Peláez, Puri Díaz y El Malvís: Cóctel de tonadas montañesas.

-Grupo de Danzas “Santa Justa” de Ubiarco: Jota Montañesa.

-Ronda “La Esperanza” de Requejo: “Asómate a la ventana”.

-Miguel Cadavieco: Coplas al rabel.

-Banda de Gaitas “Cantabria”.

 

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

Istanbul Galata district 2019 - Dolmabahce Sarayi Palace...

 

Centre of the Ottoman Empire 1856 to 1887 and from 1909 to 1922

 

Dolmabahçe Palace was ordered by the Empire's 31st Sultan, Abdülmecid I, and built between the years 1843 and 1856.

 

Previously, the Sultan and his family had lived at the Topkapı Palace, but as the medieval Topkapı was lacking in contemporary style, luxury, and comfort, as compared to the palaces of the European monarchs, Abdülmecid decided to build a new modern palace near the site of the former Beşiktaş Sahil Palace, which was demolished. Hacı Said Ağa was responsible for the construction works, while the project was realized by architects Garabet Balyan, his son Nigoğayos Balyan and Evanis Kalfa (members of the Armenian Balyan family of Ottoman court architects).

 

The construction cost five million Ottoman gold lira, or 35 tonnes of gold, the equivalent of ca. $1.5 billion in today's (2013) values.[1][2] This sum corresponded to approximately a quarter of the yearly tax revenue. Actually, the construction was financed through debasement, by massive issue of paper money, as well as by foreign loans. The huge expenses placed an enormous burden on the state purse and contributed to the deteriorating financial situation of the Ottoman Empire, which eventually defaulted on its public debt in October 1875, with the subsequent establishment in 1881 of financial control over the "sick man of Europe" by the European powers.

 

The palace was home to six Sultans from 1856, when it was first inhabited, up until the abolition of the Caliphate in 1924:

 

The last royal to live here was Caliph Abdülmecid Efendi. A law that went into effect on March 3, 1924 transferred the ownership of the palace to the national heritage of the new Turkish Republic.

 

Mustafa Kemal Atatürk, the founder and first President of the Republic of Turkey, used the palace as a presidential residence during the summers and enacted some of his most important works here. Atatürk spent the last days of his medical treatment in this palace, where he died on November 10, 1938.

 

Location

 

Close-up view of the palace from the Bosphorus

The site of Dolmabahçe was originally a bay on the Bosphorus which was used for the anchorage of the Ottoman fleet. The area was reclaimed gradually during the 18th century to become an imperial garden, much appreciated by the Ottoman sultans; it is from this garden that the name Dolmabahçe (Filled-in Garden) comes from the Turkish dolma meaning "filled" and bahçe meaning "garden." Various small summer palaces and wooden pavilions were built here during the 18th and 19th centuries ultimately forming a palace complex named Beşiktaş Waterfront Palace. The area of 110,000 m² is confined by Bosphorus on the east side, while a steep precipice bounds it on the west side, such that after the building of the new 45,000 m² monoblock Dolmabahçe Palace a relatively limited space has remained for a garden complex which would normally surround such a palace.[3][4]

 

Design and layout

 

Fountain in the garden

 

Floor plan of the palace

Dolmabahçe is the largest palace in Turkey. It has an area of 45,000 m2 (11.1 acres), and contains 285 rooms, 46 halls, 6 baths (hamam) and 68 toilets.[3][4]

 

The design contains eclectic elements from the Baroque, Rococo and Neoclassical styles, blended with traditional Ottoman architecture to create a new synthesis. The palace layout and décor reflect the increasing influence of European styles and standards on Ottoman culture and art during the Tanzimat period. The exterior, in particular the view from the Bosporus, shows a classical European two-wing arrangement which is divided by a big avant-corps with two side avant-corps.

 

Functionally, on the other hand, the palace retains elements of traditional Ottoman palace life, and also features of traditional Turkish homes. It is strictly separated structurally in a southern wing (Mabeyn-i Hümâyûn, or Selamlık, the quarters reserved for the men) which contains the public representation rooms, and a northern wing (Harem-i Hümâyûn, the Harem) serving as the private residential area for the Sultan and his family. The two functional areas are separated by the big Ceremonial Hall (Muayede Salonu) with a floor area of 2,000 m2 (22,000 sq ft) and a 36 m (118 ft) high dome. Since the harem had to be completely isolated from the outside world, the main entrance for the visitors is located on the narrow southern side. There, the representation rooms are arranged for receptions of visitors and of foreign diplomats. The harem area includes eight interconnected apartments for the wives of the sultan, for his favourites and concubines, and for his mother, each with its own bathroom.

 

Décor and equipment

 

Ceremonial Hall, with the chandelier said to have been given by Queen Victoria

 

Crystal Staircase with Baccarat crystal banisters and chandelier

 

Ambassador's Hall (Süfera Salonu) with two bearskin rugs

 

Sultan's hamam decorated with Egyptian alabaster

Whereas the Topkapı has exquisite examples of Iznik tiles and Ottoman carving, the Dolmabahçe palace is extensively decorated with gold and crystal. Fourteen tonnes of gold were used to gild the ceilings.[5] The world's largest Bohemian crystal chandelier is in the Ceremonial Hall. The chandelier was assumed to be a gift from Queen Victoria, however in 2006 the receipt was found showing it was paid for in full. It has 750 lamps and weighs 4.5 tonnes. Dolmabahçe has the largest collection of Bohemian and Baccarat crystal chandeliers in the world. The famous Crystal Staircase has the shape of a double horseshoe and is built of Baccarat crystal, brass and mahogany.

 

Expensive stones such as Marmara (Proconnesian) marble, Egyptian alabaster (calcite, also known as onyx-marble), and Porphyry from Pergamon were used for the decoration.

 

The palace includes a large number of Hereke palace carpets made by the Hereke Imperial Factory. Also featured are 150-year-old bearskin rugs originally presented to the Sultan as a gift by Tsar Nicholas I.

 

A collection of 202 oil paintings is on display in the palace. A highlight of the collection are 23 paintings by Ivan Aivazovsky which he created as a court painter during his stays in Istanbul.[6] The collection also includes paintings by Gustave Boulanger, Jean-Léon Gérôme, Eugène Fromentin, Stanisław Chlebowski, Félix Ziem, Karl Joseph Kuwasseg, Fausto Zonaro, Théo van Rysselberghe and Alexander Sandor Svoboda. There are also paintings by Turkish painters such as Osman Hamdi Bey, Halil Pasha and Osman Nuri Pasha in this art museum.

 

From the very beginning, the palace's equipment implemented the highest technical standards. Gas lighting and water-closets were imported from Great Britain, whereas the palaces in continental Europe were still lacking these features at that time. Later, electricity, a central heating system and an elevator were installed.

 

Rooms

 

Blue Hall

 

Pink Hall

Medhal (Main Entrance) Hall

A visit to the Dolmabahce Palace begins at the Medhal Hall. Rooms leading off the Medhal are towards the sea and the land. The rooms facing the sea were used by the leading Ottoman officials, the Grand Vizier and the other state ministers, while the rooms facing the land were used by various administrators of the palace and the state, such as the Palace Marshall, Şeyhülislam, and members of the House of Representatives (Meclis-i Mebusan) and the Senate (Meclis-i Ayan).

 

Guests would first wait in this hall and then would be led inside at the proper time by a palace protocol officer. On entering the Medhal, one sees Boulle tables on both sides of the room, which bear the monogram of Sultan Abdülmecid on top. The royal monogram of the sultan is also on the fireplace. The English chandelier hanging in the middle of this room has sixty arms. The Hereke fabrics used as upholstery for the furniture and as draperies are in the royal shade of red.

 

The secretariat's rooms

The second room after the Medhal to the right is the Clerk's Hall, also referred to as the Tiled Room. The largest painting in the palace collection, a depiction of the Surre Procession by Stefano Ussi, hangs on the left wall of this hall. Surre was used to refer to the caravans which travelled from Istanbul to Mecca during the religious month of Recep, bearing the monetary aid used to support the maintenance and the decoration of the Kaaba and to provide financial assistance to the local population of Hejaz.

  

Atatürk's deathbed

On the wall to the right is a painting signed by Rudolf Ernst depicting the fire at the Paris Municipal Theater and another painting of a Dutch Village Girl by Delandre. Decorated with French style furniture, this room also contains very valuable porcelain vases.

 

Atatürk's room

Mustafa Kemal Atatürk spent the last days of his life in the palace as his health deteriorated. He died at 9:05 A.M. on November 10, 1938, in a bedroom located in the former harem area of the palace. All the clocks in the palace were stopped and set to 9:05 after his death. The clocks outside of his room now are set to the actual time in Turkey, but the clock in the room in which he died still points to 9:05.

 

La Casa de Allende

 

Es un edificio histórico del centro de Madrid (España) construido por el arquitecto Leonardo Rucabado entre 1916 y 1920 para su propietario, Tomás de Allende, del que toma el nombre. Está situado en la carrera de San Jerónimo, haciendo esquina en la plaza de Canalejas. Durante mucho tiempo se le conoció también como el edificio Crédit Lyonnais, debido a que en su planta baja estuvo instalada la popular entidad financiera.1 Por la plaza de Canalejas limita con el Edificio Meneses, de estilo ecléctico.

El arquitecto adoptó formas de la arquitectura tradicional española, siguiendo la corriente regionalista del siglo XIX. El edificio dispone de un amplio torreón en la esquina como sugerente remate. Se trata de un edificio absolutamente singular y único en la arquitectura madrileña, donde sobresale un magnífico mirador de madera sobre la carrera de San Jerónimo, al estilo de la arquitectura cántabra. Dispone además de elaborada rejería en balcones y escalera, donde se encuentran vidrieras empotradas. La ornamentación escultórica exuberante realzan la majestuosidad del edificio.

 

Se trata del típico edificio representativo de la arquitectura que surge a partir de la crisis de 1898, y que intentaba adaptar los estilos regionales a las nuevas necesidades de la vida moderna.

 

El remate cerámico del edificio es de gran belleza y originalidad, obra del ceramista Daniel Zuloaga.

--------------------------------------------------------

 

El Edificio Meneses

 

Se encuentra en el distrito Centro de Madrid (España), con fachadas al nº 4 de la Plaza de Canalejas y el nº 1 de la Calle del Príncipe. Se levanta sobre una parcela compartida con la Casa de Allende, situada a su izquierda.

En 1914 la viuda del financiero Meneses encargó a los arquitectos José María Mendoza Ussía y José de Aragón Pradera el diseño de este edificio, destinado a uso comercial exceptuando el ático, reservado para viviendas. Fue construido entre 1914 y 1915.

 

A pesar del reducido espacio del solar sobre el que se asienta, Mendoza y Aragón lograron darle al inmueble un aire monumental, con apariencia de mayor verticalidad, mediante largas semicolumnas clásicas en la fachada, una balaustrada en el piso superior y un templete circular sostenido por un tambor encolumnado y coronado por una cúpula.

 

En Madrid, el Edificio Meneses fue uno de los primeros que combinó el vidrio y los elementos clasicistas de gran tamaño en su fachada, características estas que serían muy frecuentes en diversas edificaciones de la capital en los años siguientes, como la Casa Matesanz (Gran Vía 27, del año 1923), de Antonio Palacios Ramilo.

 

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

 

👉 Just nii alustaksin selle korra blogijutukest. 👈

Nimelt sai nädala alguses käidud oma kodujärvel kindla plaani ja sooviga tabada võimalusel mõni afonja mõõtu tegelane. 😎🎣

⚠️ Selgitan korra veel ära, kes pole aru saanud, mida tähendab minu postitustes nimetus "AFONJA". Ahvenat, kelle kaal on vähemalt kilogramm või enam, kutsungi Afonjaks. Ja kõik ülejäänud sinna kaalu alla jäävad triibulised siis hellitavalt kas pätsu, triibu, vanaema või isegi mammi. ⚠️

Olgu, lähme siis tagasi sellesse päeva. Järve peale jõudes olin esimene, kes seal auke puurima asus. Hiljem lisandusid veel üksikud õnne proovivad kalamehed. Etteruttavalt siis sain pärast infot, et olin ainuke tol päeval, kes üldse käed kalaseks sai. Teistel, kas kala tonksas ainult või pudenes poolel teel otsast ära. Ja kui ausalt, siis võttu nagu üldse õieti polnudki. 😏

Selle aja jooksul kl 8-16.30, kui mina seal askeldasin, oli mul vaid neli reaalset kontakti kaladega. Millest kaks ma realiseerisin, üks pudenes mulgu all ära ja üks toksas mokaga õrnalt sikut, mis oli ka kenasti kajalood Praktikul näha.

Nüüd lähemalt siis nendest kahest realiseeritud kalakestest. Esimene tabatu näitas ennast mitmeid kordi landile lähenemas ja siis taas taandumas. Mõeldud-tehtud. Vahetasin sama landi, aga suurema vastu ja ei läinudki kaua aega mööda, kui põmaki käis ja selline 250-300g triibu mul käes oli. Alguses mõtlesin, et läheb toiduks, aga kuna eelmine päev sai ka jõel kalal käidud ja pannijagu ära korjatud, siis lasin ta tagasi kosuma. Kuid enne vabastamist lugesin sõnad peale, et selle eest võlgneb mulle kohtumise oma vanaemaga! Ja oppaa johanna!! Mingi aeg hiljem see juhtuski! Praktiku ekraan läks kirjuks, kui ussi mäng kiirendatul kujul. Kenad paksud jooned hakkasid põhjast üles torpeedotama. 😲 Nii! Vajutasin KINO kaamera käima! Krrt! Aga see ei hakanud kohe jäädvustama. 🤔 Oli vist külma käes kangeks jäänud. OK! Vajutasin siis teist korda käima, samal ajal hoidsin otsas tundejärgi kena tegelast. Yess, hakkas salvestama. 👍 Arvan, et mõni teine oleks käega löönud ja keskendunud põhiliselt kalapüügile. "Haige" mina aga käitus vastupidiselt, et seda protsessi ja emotsiooni ikka teieni tuua saaks. 😜

"Sa vana peedu-eedu!!" Mis kõik mahlased ja emotsionaalsed väljendid minust hõiskele tulid. 😉😜😎 Krdi mega tunne oli ikka see vanaema jääle saada. 😎 Yesss, mõtlesin ma! See tagasi lastud kala täitis mu soovi, yess!! 👌

Aga oli tuldud kindla plaaniga võimalusel tabada korralik ahven ja ta kindlasti peale mõõtmist ning jäädvustamist ka kenasti vabastada. Ja nii saigi ta kaalutud ja numbrid näitasid kaaluks kena 925 grammi! 😍 Semu Toivo kaasabil sai ta ka jäädvustatud, ning ka kenasti vabastatud, kus ta meile lõpus sabaga hüvastijätu lehvituse kinkis.

Neid ilusaid kalu on mõnna püüda, aga uskuge, et veel ilusam ja parem tunne jääb, kui te nad pärast mõõtmist-jäädvustamist ka vabastate. Sest tavaliselt kodu-järvedes tööstuslikke püüke ei tehta (pole lubatud) ja ei kehti selline arusaam, et kui mina ei võta, siis võtab kalur nagunii. Nii on tubli ja õige, kui hea geeniga isendid saavad jätkata oma populatsiooni . 👍 Ise olen nii korduvalt käitunud. Eriti kevade poole, kui nad kohe-kohe hakkavad marja heitma. Olen isegi nii mõne tegelasega seepärast sõnasõtta läinud, et miks kena kala (marjakala) tagasi lasen. Jah, seaduses pole keelatud neid jurakaid ära tappa, aga kui ise ei hoolitse, siis varsti pole meil enam seda kena järelkasvu.

Ja nüüd siis see magusam osa -KINO! 🎥☺️

Olge ilusad ja terved, ning tublit lähenevat sõbrapäeva teile ! ☺️

P.S! Juhul, kui isu peale tuli, et tahaks talikalastama hakata, siis olete alati oodatud külla meile Vobla poodidesse üle Eesti

La Gran Vía es una de las principales calles de Madrid (España). Comienza en la calle de Alcalá y termina en la plaza de España. Es un importante hito en la ciudad desde el punto de vista comercial, turístico y de ocio. En éste último aspecto es famosa por sus cines, si bien en los últimos años algunos de ellos han cerrado y otros se han reconvertido con gran éxito al teatro musical, por lo que el tramo comprendido entre la plaza de Callao y la de España se conoce como el Broadway madrileño. El tramo comprendido entre la red de San Luis y la plaza de Callao alberga en la actualidad numerosas tiendas de cadenas internacionales de moda.

En 1897 los arquitectos municipales José López Sallaberry (autor también del proyecto y construcción del Edificio Blanco y Negro en la calle de Serrano, 61) y Francisco Andrés Octavio Palacios (autor del proyecto y construcción del Asilo de la Paloma, actualmente Instituto Virgen de la Paloma, en la Dehesa de la Villa) fueron encargados de hacer un nuevo proyecto y en 1899 presentaron su Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la calle de Alcalá. Los herederos de Velasco les acusaron de copiar el proyecto de éste, pero la acusación fue desestimada, aprobándose el nuevo plan el 2 de julio de 1901. En él se proponía la realización de la obra dividiéndola en tres tramos: Avenida A (534 metros), desde la plaza de san Marcial (actual calle de los Reyes) hasta la de Callao; el Bulevar (409 metros), desde Callao hasta la Red de San Luis y Avenida B (417 metros), desde la Red de San Luis hasta la calle de Alcalá. La longitud total sería de 1.316 metros y el ancho de 25 metros, salvo el bulevar que tendría 35 metros.

 

Comenzaba así la que se convertiría en una de las mayores intervenciones urbanísticas del Madrid de la época. Con ella se lograría, según constaba en el proyecto, la comunicación directa entre los barrios de Argüelles y Salamanca; la descongestión de la Puerta del Sol; la desaparición de todo un cúmulo de calles estrechas y antihigiénicas y un más cómodo enlace entre las estaciones de Atocha y Príncipe Pío. Aunque el proyecto de obras fue aprobado el 21 de agosto de 1904, los trabajos no comenzaron de inmediato debido a la oposición de los vecinos y comerciantes de la zona y a las dificultades financieras. En tres subastas sucesivas de obras, en 1905, 1906 y 1908, no hubo ningún postor, hasta que en 1909 se adjudicaron al banquero francés Martín Albert Silver por 29 millones de pesetas, firmándose la escritura el 19 de febrero de 1910 por el alcalde de la ciudad, José Francos Rodríguez.

Las obras comenzaron por fin el 4 de abril de 1910 (después de unos largos años pensando en como hacerla), con la presencia del alcalde, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real encabezada por el rey Alfonso XIII, lo cual da idea de la importancia que se dio a la obra en su época. La familia real se acomodó en una tribuna situada junto a la «Casa del Ataúd» (donde hoy está el Edificio Metrópolis) y adornada con tapices de la serie de la historia de Absalón de la Real Fábrica de Tapices. Además del rey, asistieron la Reina Madre, María Cristina, las infantas Isabel y María Teresa y el príncipe Adalberto de Baviera. También se dispusieron otras dos tribunas, una para miembros del Ayuntamiento y otra para el Cuerpo Diplomático, ambas adornadas con tapices de la serie de los Faetones.

 

A las once de la mañana llegó el rey acompañado de su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg y, tras escuchar la Marcha Real y los discursos del alcalde y del presidente, descendió de la tribuna real, se dirigió a la casa del cura, anexa a la iglesia de San José, y comenzó su demolición con una piqueta de plata que le entregó Martín Silver. Los obreros comenzaron inmediatamente a trabajar. El primero de ellos se llamaba Álvaro Guadaño.

 

El proyecto de construcción contemplaba la demolición de gran cantidad de caserío, incluyendo varias iglesias, y la desaparición o transformación de numerosas calles. El área afectada sería de 142.647,03 m², que incluían 358 fincas y 48 calles, construyéndose 32 manzanas nuevas. Según los datos conservados, se demolieron 312 casas, se nivelaron 44 lotes de terreno, se desenlosaron 8.856 metros de aceras y se deshicieron 26.365 m² de empedrado y adoquinado y se quitaron 14.335 metros de cañerías de agua y de gas y 274 farolas. Para ello se transportaron y nivelaron 61.799 metros cúbicos de escombros y 31.997 de terraplenes. Posteriormente se enlosaron 18.777 m² de acera, se adoquinaron con granito 35.616 m² y se asfaltaron 11.373 m²; se construyeron 2.502 metros de alcantarillas y se canalizaron 1.315 metros para acometidas de agua, gas y electricidad, así como 7.024 metros de tubo de plomo. También se instalaron 174 sumideros de incendios y tomas de agua, 219 farolas a gas y 66 lámparas con candelabros.

Siguiendo el plan propuesto por Salaberry y Octavio, la construcción se llevó a cabo en tres etapas:

  

Plano del primer tramo de la Gran Vía, entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis. En trazo grueso, las manzanas actuales, construidas al abrir la nueva calle. En amarillo, las manzanas que se eliminaron, con los números según la Planimetría General de la Villa del siglo XVIII. En la manzana 289, donde hoy el Edificio Metrópolis estaba la Casa del Ataúd. En la 293 está el Oratorio del Caballero de Gracia. La pequeña manzana 295 estaba ocupada enteramente por el palacio de la duquesa de Sevillano. En la 297 estaba el Colegio de las Niñas de Leganés. La manzana 302 perdió su extremo sur, que ocupaba gran parte de la Red de San Luis, con lo que ésta aumentó su superficie.El primer tramo, entre la calle de Alcalá y la de Montera se realizó entre 1910 y 1915. El 28 de marzo de 1917 se comunicó oficialmente que las obras estaban acabadas, aunque la entrega definitiva se produjo el 18 de julio de 1924. Denominada en el proyecto Avenida B, recibió el nombre de calle del Conde de Peñalver, en homenaje al alcalde que firmó el comienzo de las obras (hoy en día está denominación corresponde a otra calle de la ciudad).

 

Para su construcción se demolieron importantes edificios, como el colegio de Nuestra Señora de la Presentación (conocido popularmente como "de las Niñas de Leganés"), el Palacio Masserano, el Palacio de la duquesa de Sevillano o la llamada, por su estrechez, Casa del Ataúd, en la esquina con Alcalá.

 

En sustitución de las derribadas, se crearon seis nuevas manzanas, sobreviviendo sólo el oratorio del Caballero de Gracia, cuyo ábside, que quedó al descubierto al ser derruida la casa que lo tapaba, es hoy en día visible desde la Gran Vía.

 

También desapareció la calle de San Miguel, que sirvió de guía para la construcción de este primer tramo y que discurría por lo que hoy es la parte sur de la calzada de la actual avenida, y se modificaron otras nueve. En este tramo, todos los edificios construidos dedicaban sus primeras plantas a comercio y oficinas.

El segundo tramo, El Bulevar, entre la Red de San Luis y Callao, se realizó en los siguientes cuatro años, entre 1917 y 1922, aunque la entrega definitiva de obras fue el 20 de agosto de 1927. Se denominó avenida de Pi y Margall, en recuerdo del que fuera presidente de la Primera República Española.

 

Para la construcción de esta segunda fase se tuvieron que demoler 125 fincas y cuatro calles, transformándose otras trece. Entre ellas desapareció todo el tramo de la calle Jacometrezo que iba desde la plaza de Callao hasta la Red de San Luis, ya que su trazado sirvió de guía aproximada para la construcción de este segundo tramo.

 

En 1921, antes de finalizar las obras, se constató que el bulevar arbolado del proyecto original dificultaría el tráfico rodado, por lo que se decidió suprimirlo. Se construyeron en este tramo doce manzanas nuevas, una de las cuales alberga el Edificio Telefónica, que en su época fue el rascacielos más alto de Europa.

 

En 1922, Horacio de Echevarrieta y Mauri se hizo cargo de las obras de construcción de la Gran Vía, en sustitución de Martín Albert Silver.

  

El tercer tramo, estaba previsto que siguiera en la dirección de la calle Jacometrezo, hacia la cuesta de San Vicente, en prolongación casi recta con el segundo tramo, pero se cambió para empalmar con la calle de la Princesa, lo que resultó ser un acierto, así que se construyó entre la plaza de Callao y el norte de la de España; fue comenzado el 16 de febrero de 1925 y se terminó en 1929 aunque la entrega de obras fue el 22 de septiembre de 1932 y algunos edificios no se concluirían hasta después de la Guerra Civil. Se denominó en el proyecto Avenida A, aunque estaba pensado su nombre posterior de calle Eduardo Dato, en homenaje al que fuera presidente del gobierno.

 

En un principio estaba proyectado que tuviera 25 metros de ancho, como la Avenida B, pero después se decidió ampliarlo a 35, como el bulevar. Fue el tramo de más difícil construcción de los tres, ya que al contrario de lo que ocurrió con los dos primeros y las calles de, respectivamente, San Miguel y Jacometrezo, en éste último no había ninguna vía que sirviera de guía, por lo que hubo que hacer numerosos desmontes y derribar muchas manzanas. Con su construcción desaparecieron diez antiguas calles y se reformaron otras nueve y tres plazas, entre ellas la de Leganitos, al final de su calle homónima y que daría lugar a la plaza de España. Otra dificultad añadida fue las numerosas reclamaciones interpuestas por los propietarios negándose a las expropiaciones.

 

El principal problema surgió a la raíz de la propuesta en 1926, por parte del concejal marqués de Encinares, para que este último tramo tuviera los mismos 35 metros de ancho que el primero. Al estar ya construido el Palacio de la Prensa (sobre la manzana 374 del tramo anterior), el ensanchamiento sólo podía hacerse por el sur pero esto exigía la demolición de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, en la manzana 495 e inaugurada en 1901, a lo que los jesuitas se negaron. El expediente duró varios años, pero todo acabó cuando el 1 de mayo de 1931 un grupo de personas prendió fuego a la Casa Profesa. Esto, sumado a la disolución de la Compañía de Jesús a comienzos del siguiente año por el gobierno de la República, hizo que se archivara el caso y se continuasen las obras.

 

Ya en los años cuarenta, tras el paréntesis de la Guerra Civil, se reformaría la plaza de España, colofón de la Gran Vía, aunque no forme, estrictamente hablando, parte de ella. La plaza albergaría posteriormente dos de los edificios más representativos de la ciudad, el Edificio España y la Torre de Madrid.

 

La primera modificación de la Gran Vía, como ya se ha dicho, fue la eliminación, en 1921, poco después de ser construido, del bulevar que había en su tramo intermedio. La mayoría de los edificios no ha sufrido modificaciones importantes desde su construcción, aunque sí cambios en las fachadas, algunos radicales, como el que albergaba el desaparecido teatro Fontalba.

 

En 1972 se desmontó el templete de entrada a la boca de metro de la Red de San Luis, obra de Antonio Palacios, y se trasladó a Porriño (Pontevedra), localidad natal del arquitecto. Reordenada la zona, confluencia con la calle Montera, se instaló una fuente diseñada por Manuel Herrero Palacios y con esculturas de Gerardo Martín Gallego.

 

En el año 2002 se reformó la calzada y las aceras para intentar darle un aspecto homogéneo a la calle. Se cambió el pavimento por uno nuevo de granito y se instalaron nuevos bancos, paradas de autobús, kioscos y barandillas de acero al mismo tiempo que se eliminaron todas las jardineras de cemento. También se sustituyeron las farolas y se retiraron las columnas publicitarias, conocidas popularmente como "chirimbolos", instaladas por el Ayuntamiento a mediados de los años noventa por toda la ciudad y que habían provocado un fuerte rechazo entre la ciudadanía por su aspecto estético. En los años posteriores el ayuntamiento fue añadiendo nuevos chirimbolos publicitarios de nuevo diseño.

 

En 2009 la fuente de Herrero Palacios fue eliminada. El Ayuntamiento anunció la colocación de una reproducción del templete de Antonio Palacios en su primitiva ubicación. Pero en 2009 se peatonalizó la calle de la Montera y no se colocó el templete de Palacios.

 

Los edificios entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis presentan estilos historicistas. Algunos pretendían recuperar el pasado arquitectónico español, siendo construidos en estilo neobarroco o neorrenacentista; otros son de inspiración francesa. En la mayoría se utilizó la piedra y estructura metálica. Entre ellos cabe destacar:

 

Edificio Metrópolis (1911), obra de los arquitectos Jules y Raymond Février. Estrictamente hablando no pertenece a esta calle, ya que es el número 39 de la calle de Alcalá, pero, subiendo desde la plaza de Cibeles, sirve de indudable carta de presentación de la Gran Vía.

Gran Vía 1 (1916-1917), de Eladio Laredo y Carranza. Un edificio de estilo ecléctico con relieves y azulejos de estilo modernista. A lo largo de su historia ha estado ocupado por el café Molinero, el restaurante Sicilia-Molinero, la casa de pianos Aeoiam o la joyería Grassy desde 1952, que cuenta con un museo del reloj.

Edificio de La Gran Peña (1917), en el número 2, obra de Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga.

Gran Vía 3 (1918), de los hermanos Javier y Luis Feduchi.

Gran Vía 4 (1917-1919), de Ruíz Senen, José Mendoza y Ussía y José Aragón Pradera.

Gran Vía 5, de José Monasterio Arrillaga.

Gran Vía 6 (1917-1919), de Mendoza y Ussía y Aragón Pradera.

Edificio de Seguros La Estrella, en el número 7 (1917-1922), de Pedro Mathet. De estilo neorenacentista.

Gran Vía 8 (1915), de Francisco Pérez de los Rios. La primera casa que se terminó de construir en la nueva avenida.

Gran Vía 9, de Francisco Reynals.

Gran Vía 10, de Pedro Mathet.

Gran Vía 11 (1915-1917), de Cesáreo Iradier.

 

Gran Vía, 12, con el Bar Chicote en sus bajosGran Via 12, de Eduardo Reynals. En 1932 se abrió en sus bajos el Bar Chicote.

Casino Militar, en el número 13, de Eduardo Sánchez Eznarriaga. Con influencia barrocas pero con el toque más contemporáneo de la marquesina de hierro y cristal que cubre la puerta de entrada.

Gran Vía 15 (1918-1921), de Juan García Cascales.

Fachada posterior del Oratorio del Caballero de Gracia (1916), en el número 17. Desde la Gran Vía sólo se observa el ábside de esta iglesia, obra de Juan de Villanueva. El arquitecto Carlos de Luque diseñó una nueva fachada alineada con el resto de los edificios. En los años setenta, Javier Feduchi Benlliure dejó a la vista el ábside practicando un gran arco en la fachada de Luque.

Gran Vía 18 (1915-1916), de Felipe de Sala Blanco y Eduardo Reynals.

Gran Vía 19 (1977), de Francisco Calero.

Gran Vía 21 (1915-1918), de Julio Martínez Zapata.

Gran Vía 22 (1919), de Secundino Zuazo.

Gran Vía 22 duplicado, de Lomas, Manchobes y Vicente García Cabrera.

Círculo de la Unión Mercantil e Industrial (1918-1924), en el número 24, de Joaquín y Luis Sáinz de los Terreros.

Segundo tramo [editar]

Edificio Telefónica

Gran Vía 32, Edificio Madrid-ParísLos edificios del antiguo bulevar son de estilo más afrancesado y algunos de estilo americano:

 

Gran Vía 23 (1918-1923), de Vicente Agustí Elguero y José Espelius Anduaga.

Gran Vía 25 (1920-1925), de Modesto López Otero.

Gran Vía 26 (1914-1916), de Pablo Aranda Sánchez.

Casa Matesanz (1919-1923), en el número 27, de Antonio Palacios, un edificio de uso comercial "a la americana" con influencia de la escuela arquitectónica de Chicago.

Edificio Telefónica (1926-1929), en el número 28, de Ignacio de Cárdenas.

Casa del Libro, en el número 29, de José Yarnoz Larrosa, diseñado para la Constructora Calpense.

Teatro Fontalba (1919-1924), en el número 30, de Salaberry y Teodoro Anasagasti.

Gran Vía 31 (1925-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo. En sus bajos está el Café Zahara.

Edificio Madrid-París (1922-1924), en el número 32, de Anasagasti. Fue el edificio más alto hasta 1929, en que fue superado por el de Telefónica. En 1934 tras la compra del edificio por los Almacenes Sepu sufre una gran transformación dirigida por el arquitecto original con la colaboración de José López Sallaberry.

 

EDIFICIOS

 

Gran Vía 33 (1922), de Pablo Aranda.

Gran Vía 34 (1921-1924), de José Yarnoz Larrosa y Antonio Palacios. En su origen albergó el Hotel Alfonso XIII (después Avenida), hoy llamado Cibeles.

Palacio de la Música (1926), en el número 35, de Secundino Zuazo Ugalde.

Cine Avenida (1927-1928), en el número 37, de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Hotel Atlántico, en el número 38, de Joaquín Saldaña y López. Construido en estilo ecléctico, su primer propietario fue el marqués de Falces, cuyo escudo figuraba en la fachada.

Seguros la Adriática (1926-1928), en el número 39, obra de Luis Sáinz de los Terreros.

Gran Vía 40 (1926-1927), de José Miguel de la Quadra-Salcedo.

Gran Vía 42 (1923-1926), de Pedro Mathet.

Gran Vía 44 (1922-1925), de Teodoro de Anasagasti.

Palacio de la Prensa (1924), en el número 46, de Pedro Muguruza Otaño. Su sala de cine, de doble anfiteatro, tenía capacidad para 2.000 espectadores.

Tercer tramo [editar]

El Palacio de la PrensaEn el tercer tramo se construyeron edificios más modernos, de estilo racionalista, aunque también hay algunos en los que perdura el eclecticismo anterior.

 

Edificio Carrión (1931-1933), en el número 41, de Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced y Eced.

Gran Vía 43 (1947), de Luis Gutiérrez Soto. Alberga el cine Rex.

Gran Vía 47 (1930), de Eduardo Figueroa.

Gran Vía 49 (1929-1931), de Eugenio Fernández Quintanilla y José Osuna Fajardo, de estilo racionalista.

Gran Vía 52, de Luis Díaz de Tolosa.

Edificio Lope de Vega (1945-1949), que ocupa los números 53, 55, 57 y 59, de Joaquín Otamendi y Julián Otamendi. Albergaba un gran centro comercial subterráneo, el hotel Lope de Vega y un teatro de igual nombre, inaugurado en 1949 con el espectáculo Tonadilla de Concha Piquer y transformado en cine en 1954. Reformado en 2003, el hotel pasó a llamarse Emperador y el centro comercial redujo su extensión.

Cine Rialto (1930), en el número 54, de José Aragón y Mendoza y Ussía. El cine se inauguró el 17 de octubre de 1930 con Variedades sonoras de la Paramount. Entre 1932 y 1934 se llamó Astoria. El 6 de mayo de 1957 se estrenó aquí El último cuplé.

Gran Vía 56 (1928-1929), de Vicente García Cabrera y Jesús Carrasco Muñoz.

Gran Vía 58 (1927-1928), de Luis López López.

Edificio del Banco Hispano de Edificación (1930), en el 60, de Emilio Ortiz de Villajos. Está rematado por una escultura de Victorio Macho que descansa sobre el cuerpo central del edificio.

 

El último tramo de la Gran Vía desde la Plaza de España.Gran Vía 62, de García Lomas y Jesús Martín.

Gran Vía 64, de Fernando de Escondrillas.

Cine Gran Vía, en el número 66, de Germán Álvarez Sotomayor. El edificio fue edificado en el solar del antiguo mercado de los Mostenses.

Gran Vía 70 (1945-1946), de Pan da Torre. Albergó el cine Pompeya.

Gran Vía 72 (1952), de Enrique Colás Fontán. El último edificio construido en la Gran Vía. Albergó el hotel El Washington.

Hotel Menfis (1953-1954), en el 74, de Manuel Castaño Cabanyes. Albergó el cine Velussia.

Edificio Coliseum (1931-1932), en el 78, de Casto Fernández-Shaw y Pedro Muguruza. El edificio, de estilo americano, fue encargado por el compositor Jacinto Guerrero. Su sala de cine fue inaugurada el 10 de diciembre de 1932 con la película Champ.

Ya en la plaza de España, destacan el Edificio España y la Torre de Madrid, ambos con más de 100 metros. Éste último, construido en 1957, fue durante muchos años el edificio más alto de la ciudad hasta la construcción de la Torre Picasso

2 4 5 6 7 ••• 41 42