Sergio Moratilla
Fin
Ella se desplomó a la vez que me rozaba. Fue sólo un instante pero suficiente para sentirlo. La pena, el dolor. Un puñal desgarrando alma como si fuera carne.
Había venido cientos de veces. Siempre arrancaba una ramita, y la olía disfrutando el momento como si fuera la primera vez que venía a verme. Siempre venía sola y eso me hacía sentir único. Luego se marchaba dando saltitos por la linde, evitando tocarme. Ese momento me había parecido siempre muy frío. Pero así era nuestra relación.
Esta vez era distinto. Era la primera vez que venía acompañada. Venían de la mano. Sentí rabia y como me marchitaba un poco por dentro. No arrancó ninguna ramita, ni se dignó en mirarme. Exploté por dentro. Quise gritar, decirle que no me parecía justo, que yo no quería compartirla. Quise gritar y de hecho no sé si lo hice. No recuerdo lo que pasó en ese instante de ira. Él por fin se dignó en mirarme y se giró. No sé si fue algo de lo que le había dicho, pero lo siguiente que recuerdo son sus rodillas doblándose. Su roce. Su dolor. Después cogió una ramita y, según me abrazaba, sentí algo nuevo.
Creo que eso había sido una despedida. Pero, eh, que sabemos de despedidas las lavandas...
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Mi historia final para #12fotos12historias.
Fin
Ella se desplomó a la vez que me rozaba. Fue sólo un instante pero suficiente para sentirlo. La pena, el dolor. Un puñal desgarrando alma como si fuera carne.
Había venido cientos de veces. Siempre arrancaba una ramita, y la olía disfrutando el momento como si fuera la primera vez que venía a verme. Siempre venía sola y eso me hacía sentir único. Luego se marchaba dando saltitos por la linde, evitando tocarme. Ese momento me había parecido siempre muy frío. Pero así era nuestra relación.
Esta vez era distinto. Era la primera vez que venía acompañada. Venían de la mano. Sentí rabia y como me marchitaba un poco por dentro. No arrancó ninguna ramita, ni se dignó en mirarme. Exploté por dentro. Quise gritar, decirle que no me parecía justo, que yo no quería compartirla. Quise gritar y de hecho no sé si lo hice. No recuerdo lo que pasó en ese instante de ira. Él por fin se dignó en mirarme y se giró. No sé si fue algo de lo que le había dicho, pero lo siguiente que recuerdo son sus rodillas doblándose. Su roce. Su dolor. Después cogió una ramita y, según me abrazaba, sentí algo nuevo.
Creo que eso había sido una despedida. Pero, eh, que sabemos de despedidas las lavandas...
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Mi historia final para #12fotos12historias.