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Arte de portada e identidad visual desarrollada para el EP Elegía (2024) de Siniestra Pandora.

Proyecto realizado en Playa Carvallo, Valparaíso.

 

La construcción visual se originó desde el mundo simbólico propuesto por la música: duelo, memoria, conflicto interno, resistencia al cambio y la experiencia íntima de la pérdida. A partir de estos conceptos se diseñó un sistema de imágenes en blanco y negro que dialoga con la sonoridad difusa y atmosférica del EP.

 

Se trabajó desde una estética de apariencia analógica, incorporando larga exposición, motion blur y trepidación como recursos formales que materializan la idea de recuerdo borroso, cuerpo en tránsito y emoción inestable. Las flores marchitas, la vegetación adherida al cuerpo y el gesto de entrar al mar funcionan como metáforas del desprendimiento y del paso hacia lo desconocido: un acto de soltar.

 

La locación —roqueríos desprovistos de vegetación y horizonte abierto— refuerza la noción de ciudad desolada y ausencia. El cuerpo no es retrato, sino territorio atravesado por la memoria.

 

Las imágenes fueron utilizadas como portada oficial del EP, arte para dos singles y como insumos gráficos para afiches y piezas promocionales, consolidando un sistema visual coherente que extiende el universo narrativo de la obra musical.

 

Dirección de arte y fotografía: Sebastián Mancilla

An example of fully merchandised surface design, created for a Walmart order

Arte de portada e identidad visual para Perder (FABI, 2024).

 

El proyecto trabaja la idea de “perder” como estado: derrota, deseo de volver, impulso de insistir y la incomodidad de mirarse sin defensa. La sesión se construyó desde el retrato como personaje —entre lo teatral y lo íntimo— usando maquillaje como marca emocional y el color como temperatura narrativa.

 

El telón funciona como escenario mental; las variaciones cromáticas (rojo/azul/rosado) recorren distintos momentos del disco: exposición, fricción y pausa. Las imágenes fueron utilizadas como portada del álbum y como insumos de identidad para piezas gráficas y publicaciones asociadas al lanzamiento.

 

Makeup: Luna Rossetti

Dirección de arte y fotografía: Sebastián Mancilla

Escucha el disco: music.youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_nLDyPCWViTTmQQWY2...

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

#AW2019 #TREND DIRECTION

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Bottle set for a product shoot.

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Serie de portada e identidad visual para The Little Black Book (EP, 2025) de Solange Sosa. Retratos en paisaje costero con una estética cinematográfica, atmosférica y experimental, trabajada desde el contraluz, el movimiento y la textura del mar. Sesión realizada en playa La Boca, Concón.

Serie de portada e identidad visual para The Little Black Book (EP, 2025) de Solange Sosa. Retratos en paisaje costero con una estética cinematográfica, atmosférica y experimental, trabajada desde el contraluz, el movimiento y la textura del mar. Sesión realizada en playa La Boca, Concón.

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

Después del Bogotazo, el barrio de Santa Inés experimentó un serio deterioro dado a que los residentes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y gentes que buscaban oportunidades para vivir, mediante el comercio de materiales y envases reciclados.

 

Las abuelas señalaban que desde que tumbaron la iglesia de Santa Inés, en febrero de 1957, el barrio se comenzó a dañar. "Eso fue como una maldición por el sacrilegio cometido".

 

La consolidación del contrabando y el desempleo urbano fueron concentrando grupos de vendedores estacionarios y muchos jóvenes en búsqueda de su subsistencia. La pobreza produjo que esta población fuera aumentando. Para finales de los sesenta y principios de los setenta, Santa Inés ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas. De una extraña manera este lugar se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad

Hasta finales del siglo diez y nueve en pleno centro de Bogotá, a pocas cuadras de la plaza de Bolívar, florecía el barrio Santa Inés, donde residía lo más granado de la clase alta de Bogotá, las lujosas mansiones de ese barrio, ostentaban en sus balcones bellas flores entre ellas los denominados cartuchos.

 

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George Robert Kotalik, Business Strategy, Brand Strategy, Marketing Campaign Development, Copy Writing, Graphic Design, Art Direction, Creative Direction, Product Design.

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Poster design for an interactive theater experience in Westminster, CO.

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