Danzantes de Anguiano
Al ritmo que subo fotos últimamente todas se me van quedando caducadas 😅
Hace unos días volvió a celebrarse durante las fiestas de Anguiano la tradicional bajada de los danzantes desde la iglesia y al escuchar nombrarlo en la radio recordé esta imagen.
La tomé en septiembre del año pasado en sus fiestas "pequeñas" donde repiten el espectáculo con algo menos de público (léase, agobio porque gente siempre hay mucha pero en verano es realmente insufrible)
Por si alguno no conoce esta costumbre voy a intentar describirla. Tenedme paciencia; sabéis que me enrollo...
La iglesia de Anguiano está situada, como en tantos lugares de nuestra geografía, en lo alto del pueblo. Para acceder hasta el centro es necesario bajar por una cuesta MUY empinada revestida con adoquines. El día de la virgen de la Magdalena los danzantes aguardan en la explanada de la iglesia preparados para bailar. Al finalizar la misa mayor, cuando las autoridades abandonan el recinto ellos comienzan una danza en su honor. Una vez cumplimentada la cita oficial comienza el ritual más apasionante y llamativo de toda la jornada.
Pertrechados con sus zancos y armados de unas sonoras castañuelas se colocan al principio de la cuesta.
Los vecinos del pueblo ya hace mucho rato que esperan impacientes pegados como lapas a las fachadas de las casas.
Quienes asistieron a la misa buscan con premura un hueco para colarse entre ellos en un vano intento de no perderse el espectáculo. No todos lo consiguen pues la calle es estrecha y sufre de overbooking desde hace tiempo. Son muchos los que tendrán que conformarse con bajar muy de prisa hasta la plaza e intentar ver algo desde allí.
Empieza a sonar la música.
Los danzantes se preparan.
La calle hierve de emoción.
El primer danzante comienza a girar sobre sus zancos. Va tomando velocidad antes de lanzarse a su compleja tarea.
De pronto, en pleno giro, inicia el inquietante descenso por la cuesta.
Gira y gira clavando los zancos entre los adoquines.
Las castañuelas acompañan y acompasan su descenso.
Aunque intentarà bajar por el centro de la calle es muy probable que, si estás allí mirando, pase rozándote. Eso o que te caiga encima en caso de que el zanco resbale o el danzante calcule mal la potencia de su giro.
Su peregrinación por la cuesta continúa hasta alcanzar la plaza donde, prácticamente, se derrumbará sobre el público.
Antes de que esto ocurra otro danzante ya estará emulando su gesta; puede que, a estas alturas, tenga bailada la mitad de la calle.
Todos van descendiendo poco a poco. Hay momentos en los que tres de ellos pueden llegar a ocupar la calle.
El ritmo es trepidante.
No dan margen ni para respirar.
A medida que llegan a la plaza vuelven a subir para repetir el descenso, una y otra vez...
Es impresionante observarlos desde esa altura a la que tanto nos gusta tomar fotos. Ver sus zancos sobre los adoquines, sus faldas de color volando alrededor de sus cuerpos, la fuerza y destreza con que se mueven y, sobre todo, las caras de devoción de los vecinos de Anguiano ante la gesta de sus hijos predilectos.
No es una foto fácil.
No creo que sea una buena foto.
Pero es MI versión de los danzantes de Anguiano y me costó mucho esfuerzo y pelea 😋 conseguir capturarla.
Espero que os guste y os acerque un poquito la emoción de esta hermosa y curiosa costumbre.
Danzantes de Anguiano
Al ritmo que subo fotos últimamente todas se me van quedando caducadas 😅
Hace unos días volvió a celebrarse durante las fiestas de Anguiano la tradicional bajada de los danzantes desde la iglesia y al escuchar nombrarlo en la radio recordé esta imagen.
La tomé en septiembre del año pasado en sus fiestas "pequeñas" donde repiten el espectáculo con algo menos de público (léase, agobio porque gente siempre hay mucha pero en verano es realmente insufrible)
Por si alguno no conoce esta costumbre voy a intentar describirla. Tenedme paciencia; sabéis que me enrollo...
La iglesia de Anguiano está situada, como en tantos lugares de nuestra geografía, en lo alto del pueblo. Para acceder hasta el centro es necesario bajar por una cuesta MUY empinada revestida con adoquines. El día de la virgen de la Magdalena los danzantes aguardan en la explanada de la iglesia preparados para bailar. Al finalizar la misa mayor, cuando las autoridades abandonan el recinto ellos comienzan una danza en su honor. Una vez cumplimentada la cita oficial comienza el ritual más apasionante y llamativo de toda la jornada.
Pertrechados con sus zancos y armados de unas sonoras castañuelas se colocan al principio de la cuesta.
Los vecinos del pueblo ya hace mucho rato que esperan impacientes pegados como lapas a las fachadas de las casas.
Quienes asistieron a la misa buscan con premura un hueco para colarse entre ellos en un vano intento de no perderse el espectáculo. No todos lo consiguen pues la calle es estrecha y sufre de overbooking desde hace tiempo. Son muchos los que tendrán que conformarse con bajar muy de prisa hasta la plaza e intentar ver algo desde allí.
Empieza a sonar la música.
Los danzantes se preparan.
La calle hierve de emoción.
El primer danzante comienza a girar sobre sus zancos. Va tomando velocidad antes de lanzarse a su compleja tarea.
De pronto, en pleno giro, inicia el inquietante descenso por la cuesta.
Gira y gira clavando los zancos entre los adoquines.
Las castañuelas acompañan y acompasan su descenso.
Aunque intentarà bajar por el centro de la calle es muy probable que, si estás allí mirando, pase rozándote. Eso o que te caiga encima en caso de que el zanco resbale o el danzante calcule mal la potencia de su giro.
Su peregrinación por la cuesta continúa hasta alcanzar la plaza donde, prácticamente, se derrumbará sobre el público.
Antes de que esto ocurra otro danzante ya estará emulando su gesta; puede que, a estas alturas, tenga bailada la mitad de la calle.
Todos van descendiendo poco a poco. Hay momentos en los que tres de ellos pueden llegar a ocupar la calle.
El ritmo es trepidante.
No dan margen ni para respirar.
A medida que llegan a la plaza vuelven a subir para repetir el descenso, una y otra vez...
Es impresionante observarlos desde esa altura a la que tanto nos gusta tomar fotos. Ver sus zancos sobre los adoquines, sus faldas de color volando alrededor de sus cuerpos, la fuerza y destreza con que se mueven y, sobre todo, las caras de devoción de los vecinos de Anguiano ante la gesta de sus hijos predilectos.
No es una foto fácil.
No creo que sea una buena foto.
Pero es MI versión de los danzantes de Anguiano y me costó mucho esfuerzo y pelea 😋 conseguir capturarla.
Espero que os guste y os acerque un poquito la emoción de esta hermosa y curiosa costumbre.