alas para volar
¿Quién no ha soñado nunca con darse como un hálito,
como un ofrecimiento vaporoso?
¿Quién no ha sentido nunca la nostalgia
de vulnerar la ley de la materia
y cruzar la frontera de los cuerpos
bajo una forma nueva de las formas,
bajo una insustancial ciudadanía?
En sus divagaciones, ¿quién no ha sido
por un instante el soplo del amor
que nos levanta en vilo de la tierra
cuando nos hemos vuelto más terrestres?
Es cierto que el paisaje del hombre es lo posible,
pero no existe nada más humano
que dejarse llevar por las quimeras,
por esta inclinación de inmaterialidad,
y ella desuncirnos,
y desenmadejarnos,
y desencarnecernos.
Carlos Marzal
alas para volar
¿Quién no ha soñado nunca con darse como un hálito,
como un ofrecimiento vaporoso?
¿Quién no ha sentido nunca la nostalgia
de vulnerar la ley de la materia
y cruzar la frontera de los cuerpos
bajo una forma nueva de las formas,
bajo una insustancial ciudadanía?
En sus divagaciones, ¿quién no ha sido
por un instante el soplo del amor
que nos levanta en vilo de la tierra
cuando nos hemos vuelto más terrestres?
Es cierto que el paisaje del hombre es lo posible,
pero no existe nada más humano
que dejarse llevar por las quimeras,
por esta inclinación de inmaterialidad,
y ella desuncirnos,
y desenmadejarnos,
y desencarnecernos.
Carlos Marzal