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Leon

Aparento muchas cosas, aunque no soy un animal, mis movimientos son ágiles, ¿cómo un felino? Pues no

lo soy, mi rostro cambia de expresión, como camaleón que camufla su color real, esa puede ser la comparación más exacta que se aproxima a mi personalidad. Siempre solemne silencioso trepado a una rama, esperando oportunidad alguna, ¡el camaleón, claro!, para lanzar el zarpazo de su extensa lengua que llega más allá de lo conocido, aproximándose a su objetivo. Callado misterioso, camuflado expectante, caminante sin rumbo, oportunista de este mundo, pensador astuto, lector de ángulos, imágenes, planos, tanto traseros como posteriores, pasivo como corteza prendida al tronco de este globo, quieto y sorpresivo, sorprendente y vidente a la hora de actuar, aunque soy una persona más en este reino. Cambiante y macizo como un adoquín, un arlequín callado, cabeza gacha, como avestruz ocultando su rostro, ¿por miedo? Ay, siempre ese traicionero, pionero de vidas ha incorporadome como un nuevo condenado. Avestruz vergonzoso, separatista, reservado, convicto del temor, convierto mi “yo” en cuerpo, y por otro lado, en sentimientos, rostro como cocodrilo, aparentando lo que no es, tramando un nuevo plan, asentando su voracidad, y engañando, como dije, mi cuerpo tiene voluntad propia. Interiormente soy una hiena cuando río, sonriente siempre, rompiente de carcajadas, alegrías anheladas, en una caja oscura donde se escuchan pero sin expresar perduran. Como un escorpión repugnante para algunos, bellísimo brillante para otros, los que realmente me conocen. Sobreviviente eterno, condenado a ser pequeño, aunque tan poderoso, venenoso y mortal, tal es el rostro inofensivo, espectro pasivo, desafiante, tan preciado como diamante, tan despreciado como cualquiera otra alhaja. Aislado en desierto seco con sol quebrante, ambiente capaz de desvanecer a cualquier individuo que se atreva a retarlo, y el escorpión sigue su curso. Luego mi tristeza opaca la luz, torrente como cascada, grandes depresiones existen en los ríos, sigilosos y atrapantes, truchas que quieren llegar a tener alas pero siempre condenadas a vivir en la humedad que las retiene, entre curvas y rectas, finalmente uno desea llegar al sector amplio y tranquilo, sin antes toparse con depredadores o escracharse contra las firmes filosas rocas, que lastiman o no, aunque hay que tener un valor sublime para enfrentarlas, valor que se encoge dentro mío cuando la presión, de la gravedad, me esconde aún mas abajo.Así me siento yo, que siento de manera muy particular, sin ser un animal, vivo como uno, y me complace vivir de esta manera, quizás la costumbre me ha llevado a esto, la vida enseña, revela, instruye, hace fuerte a la roca y débil a la trucha, cambia convierte miente, engaña, hasta que el pez llega a ser roca o viceversa, la roca llegue a ser pez, eso depende de mi.

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Uploaded on April 21, 2012
Taken on April 21, 2012