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¿Haciendo Buenos Aires?

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Arriba: Puente grúa sobre las columnas del pórtico lindero a la futura estación Echeverría correspondiente a la prolongación de la línea B, una de las tantas obras de subte desfinanciada por el macrismo. Al frente del mismo (a la der), el viejo teatro 25 de Mayo remodelado y reinaugurado.

 

LAS PROMESAS DE MACRI Y LAS OBRAS

 

Dos megaobras mantienen este año un ritmo sostenido: Arroyo Maldonado y Teatro Colón. Pero la ampliación del subte camina a paso de hombre y son varios los proyectos que quedaron en compás de espera. El Gobierno porteño asegura que no se paralizó ninguna obra, aunque reconoce la existencia de demoras y dificultades. Hasta qué punto Macri cumplió sus promesas. Opinan los candidatos.

 

Foto: Propia (cualquier copia o reproducción requiere del previo permiso y/o consulta al autor).

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Texto: Por Enrique Colombano y Laura Di Marco para Noticias Urbanas.

 

 

Mauricio Macri ganó las elecciones porteñas prometiendo una avalancha de inversiones públicas, eficiencia y velocidad a una ciudad harta de la ineficiencia, la lentitud y la desinversión crónica. Se vendió a sí mismo, más que como un político, como un empresario eficaz, un ingeniero carente de las viejas mañas de la corporación política. Se vendió como alguien que venía de "afuera". Lo nuevo frente a lo viejo; los hechos frente a las palabras, sobre todo frente a las palabras de los "progres", que lo habían precedido en la gestión.

 

En pleno frenesí de su campaña llegó a prometer que construiría 10 kilómetros de subte por año, en una ciudad tan colapsada por el tránsito que cualquier paro de subtes la convierte en un tsunami en cuestión de minutos. Sin embargo, a un año y medio de gestión PRO, ¿cuántas de todas aquellas promesas esperanzadoras pudo concretar? ¿Cuál es realmente la obra pública de Macri y la inversión en infraestructura que está llevando adelante? ¿Cuánta plata dijo que iba a destinar a su gesta urbana, y cuánta destinó realmente? En una palabra, ¿cuánto de aquella eficiencia prometida ante las cámaras pudo llevar verdaderamente a la práctica? Como es lógico en estos casos, las percepciones varían, y sólo los números suelen darnos pistas más certeras.

 

Mientras el oficialismo jura que los 3.300 millones de pesos previstos para la obra pública de 2009 es el mayor porcentaje invertido en el rubro de los últimos años, y que PRO ha hecho más en un año y medio de gestión que los "progres" en muchas administraciones, la oposición responde, lapidaria, que Macri no ha hecho, directamente, obra pública, si por ella se entiende una inversión destinada a infraestructura de alto impacto. Por ejemplo, más subtes. Los legisladores del arco opositor le achacan al macrismo concentrarse en hacer cosas visibles –tales como el bacheo o la refacción de veredas–, pero no las que son más necesarias a largo plazo. Sospechan de transferencias de fondos estatales a las constructoras privadas y de conexiones non sanctas entre el oficialismo y las empresas vinculadas al grupo Macri. Le facturan que sólo inauguraron una escuela, en la Villa 21, y que, encima, es un predio que había sido previamente recuperado por los vecinos de la zona. Lanzan que del hospital prometido en Villa Lugano sólo hay una salita de primeros auxilios. Le cuestionan que este año los chicos porteños volverán a pasar frío en las escuelas por una impericia de gestión. Desde el Acuerdo Cívico y Social, el segundo candidato a legislador de Lilita, Juan pablo Arenaza, lo explica: "La Legislatura votó el año pasado una norma que le permitía a Macri destinar dinero a la mejora de la infraestructura en las escuelas, y de ese porcentaje sólo ejecutó un 40 por ciento; no queremos subtes, pero al menos que ponga gas en los colegios".

 

Finalmente, lanzan, de los 10 kilómetros de subte prometidos no pudo hacer ni uno solo. Macri –es sabido– acusa al Gobierno nacional y, de paso, a la escasa colaboración de Daniel Scioli en el fracaso de llevar adelante políticas con mirada metropolitana. Más aún, Gabriela Michetti, que lidera las encuestas porteñas, justificó su renuncia a la vicejefatura para pasar a la "pelea nacional" con el único objetivo de cambiar esas "injustas" reglas del juego, según los macristas.

Cristian Ritondo (PRO), presidente de la Comisión de Obras Públicas de la Legislatura, explica la situación con números en mano: "Nosotros esperábamos contar con 2.500 millones de dólares de financiamiento: 1.500 millones los iba a aportar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 500 millones la Ciudad y 500 millones la Nación, porque se había hablado con el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sobre la posibilidad de trabajar juntos para el Bicentenario". La historia que sigue es conocida: el Gobierno nacional jamás consideró avalar el pedido de toma de deuda, la economía mundial entró en crisis y, por último, Fernández se fue mal del Gobierno. La realidad es que hoy las obras del subte "sobreviven" a paso de hormiga con el presupuesto asignado (116 millones de pesos), además de un 5 por ciento de lo que recauda Autopistas Urbanas S.A. (AUSA), que se destina a Subterráneos de Buenos Aires (Sbase) y que son apenas 12 millones de pesos más. Esto alcanza para mantener en funcionamiento las obras civiles, pero no para tender la red.

 

Este mes se debería haber inaugurado la estación de Corrientes y Pueyrredón de la línea H. No ocurrió. El Gobierno porteño sólo alcanzó a poner en funcionamiento las estaciones Puán y Carabobo de la línea A, que, encima, ya estaban terminadas desde fines de 2007.

 

Desde la oposición, el segundo candidato de Diálogo por la Ciudad, el ibarrista Mario Gygli, sale a cruzar a PRO: "Yo puedo demostrar, con números, que Macri miente cuando se victimiza. Él puede avanzar perfectamente con las obras de los subtes con presupuesto propio, sin pedirle plata a nadie, como lo hicimos nosotros en plena crisis de 2001, cuando construimos 11 kilómetros".

 

Desde el Frente para la Victoria, Francisco Tito Nenna va en la línea de Gygli cuando destaca que Buenos Aires tiene uno de los presupuestos más vigorosos del país. Y avanza: "Lo que hay es una transferencia de los recursos del Estado a empresas de construcción privadas, amigas del macrismo, que son las que se dedican a arreglar veredas y baches".

 

Para las obras de ampliación de la red de subtes, el macrismo había asignado inicialmente 447,5 millones de pesos, pero más adelante tuvo que recortar a 116 millones. Ya sea porque los demás fueron peores, porque lo actual no es tan malo como dice la oposición o porque la estrategia de la "acupuntura urbana" –y visible– da resultado, lo cierto es que, según las encuestas, los porteños, aunque no están del todo conformes, no le soltaron la mano a Macri. Más aún, los politólogos suelen decir que la estrategia de victimización "paga" en el caso de Macri: la gente, en general, le cree cuando culpa al Gobierno nacional. Una cosa es verdad: además del aval para el financiamiento de subtes, la Nación "cajoneó" el Fondo de Infraestructura Social (Foiso), una toma de deuda por 1.600 millones que Macri pensaba destinar a la obra social, como refacción de escuelas y hospitales.

 

 

REALIDADES Y PROMESAS

 

De todas las megaobras prometidas, lo cierto es que sólo dos marchan a ritmo este año: las refacciones del Teatro Colón, que terminarían en 2010 según promete el Gobierno porteño, y la del canal aliviador del Arroyo Maldonado, que permitirá evitar inundaciones en vastas zonas de la Ciudad.

 

Después, sí, se incluyeron obras de envergadura intermedia. Veamos: intervenciones en la Red Pluvial II –son 25 y el Gobierno porteño promete terminar la mitad este año– o las obras de la 9 de Julio Sur, a cargo de AUSA. Y finalmente, tenemos bacheo, lo más visible, la ampliación de calles, construcción de placitas, adoquinados, desadoquinados, peatonalización, muchos obreros vestidos de amarillo con la leyenda "Haciendo Buenos Aires", más bacheo, antenimiento. La famosa "acupuntura urbana". La megaobra del Teatro Colón es un tema aparte; le destinarán 106,5 millones, pero desde el Frente para la Victoria sugieren que en las demoras hay algo turbio. Nenna dirá concretamente: "Hay que estar atento porque pueden llevarnos a un proceso de privatización".

 

Cuando en noviembre del año pasado el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, fue a la Legislatura, a las reuniones previas a la aprobación del Presupuesto 2009, reconoció que este año el Gobierno porteño iba a tener que suspender obras previstas por 472 millones de pesos.

 

Desde el macrismo, el vocero del Ministerio de Desarrollo Urbano, Sergio Levit, es enfático cuando niega que se hayan parado obras y, en cambio, destaca los avances en la obra del Maldonado: "Es la obra más importante que se hace en Latinoamérica y la que tiene la más mayor tecnología". En verdad, lo que la administración PRO tiene para decir es que hacen lo que pueden con el dinero que tienen. Y hay muchas obras que se dejaron de lado, entre ellas la anunciada construcción de nuevos neuropsiquiátricos, el aliviador de la Cuenca Medrano-White y la megalicitación Oasis Urbanos, una construcción de espacios verdes en lugares estratégicos de la Ciudad, que fue reemplazada por un programa de licitaciones progresivas.

 

Desde la oposición dicen, en cambio, que Macri tiene serios problemas para encarar licitaciones de largo aliento. "No tiene cuadros capaces de llevar adelante y concluir un proceso licitatorio", dicen, palabras más o menos, desde Proyecto Sur, el FPV, el socialismo, el ibarrismo y el lilismo porteño. Precisamente, desde Proyecto Sur, el médico del hospital Argerich, Jorge Selzer, segundo candidato a legislador porteño detrás de Fabio Basteiro, lanza un último dardo al ingeniero PRO: "Debería planificarse el crecimiento

urbano y poner topes en la Ciudad, de lo contrario la polución y el consumo de energía van a ser insostenibles". El año pasado la Legislatura sancionó, luego de varios años de demora, el Plan Urbano Ambiental (PUA). La norma, ordenada

por la Constitución de la Ciudad, es la ley marco que garantiza los derechos urbanos de los porteños. De allí se desprende cómo se debe planear la Ciudad a partir de ejes como el transporte, los espacios públicos, la vivienda, la producción o el empleo. El PUA sugiere la discusión de una política interconectada y, también, la reformulación urgente del Código Urbanístico, que dice qué se puede construir y en dónde. Hoy el Código que se usa es del 77 y no responde al modelo de ciudad que propone el nuevo plan urbano. También redactar nuevos códigos de Habilitaciones y Espacio Púbico. Finalmente, ampliar la mirada a escala metropolitana, en lugar de centrarse sólo en la Ciudad, es otro de los desafíos.

 

A estas alturas, Macri ya debe haberse dado cuenta de que para achicar la distancia que media entre la campaña y el poder real deberá apelar sí o sí a la política. Porque con la ingeniería sola no le va alcanzar.

 

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Uploaded on June 1, 2009
Taken on July 12, 2008