LA ETERNA FLORACIÓN DE VORTICELLA, TURBERAS DE PEÑAYERRE
En Biodiversidad virtual y también en Instagram como @proyectoagua.
Ulula el agua en el rincón de una gota, donde en rizos, Vorticella , crea un tornado, deshaciendo la calma silenciosa sobre el fondo. Y desde él, anclada y curiosa, Vorticella se levanta elegante y se asoma atornillando, queriendo alcanzar el infinito que no alcanza, amarrada por su suave pie de soga, que en sustos la recoge hasta hacerla renacer una y otra vez.
Una y otra vez Vorticella se levanta, y mil veces florece en primavera y otras tantas en verano, y así también en otoño y en invierno, haciendo de su vida un perpetuo florecer en el que extiende y se abre en su cuerpo de copa hacia la luz; luz que se difunde bajo el agua y a la que no puede alcanzar en su infinito. Por elo, quizá, Vorticella la atrae hacia sí en el abrazo de un tornado continuo que en vueltas y vueltas, repleto de minúsculos regalos, le da la vida.
El cuerpo de copa de Vorticella muestra las finas estrías de las marcas de un tornero que moldeó su cuerpo blando, y hoy, en esta especie, de torso recto que se estrecha en un cuello antes de abrir su corona de amplias membranas espirales, se distinguen las burbujas de vacuolas de lo que el agua regaló: bacterias y pequeños grumos de materia orgánica que este ciliado acoge o va desechando en su continuo florecer solitario.
La forma del cuerpo, el tamaño, la ornamentación y otras características externas son fundamentales para determinar el numeroso grupo de especies que engloba este género. La de hoy, muy similar a Vorticella cyclopis, según Kahl y con un gran parecido a Vorticella alpestris de Foissnier presenta el cuerpo recto, que arranca sobre un perfecto cono, peinado en su superficie por unos surcos muy finos que recuerdan a una vasija torneada y con un interior que está salpicado por pequeñas vacuolas esféricas como burbujas y un largo núcleo en forma de C situado en vertical, lo que la diferencia de otras especies próximas.
Solitaria y batiendo el agua con sus tornados de remolino Vorticella similis se abre en el agua como una flor pálida con su cuerpo de campana.
A diferencia de otros ciliados Vorticella solo muestra una corona de cilios en el extremo de su cuerpo, en esta especie muy desarrollada y formada por una membrana amplia y espiral. No los necesita para desplazarse, como otros ciliados, ella vive fija sobre el fondo, sobre las algas o sobre cualquier otra superficie sumergida que le pueda servir de soporte para alcanzar los alimentos de los que depende y hoy en estas turberas en las que la vida fluye, cualquier pequeño despojo es para ella también vida y florecer.
En sus gotas de universo, Vorticella una y otra vez florece sobre su mismo pie, sobre su mismo cuerpo, y en el silencio verde entre los esfagnos de las turberas ha sido fotografiada en vivo a 400 aumentos empleando la técnica de contraste de interferencia y de fase, en unas muestras recogida el 7 de junio de 2020 en las turberas riojanas de Peñayerre.
LA ETERNA FLORACIÓN DE VORTICELLA, TURBERAS DE PEÑAYERRE
En Biodiversidad virtual y también en Instagram como @proyectoagua.
Ulula el agua en el rincón de una gota, donde en rizos, Vorticella , crea un tornado, deshaciendo la calma silenciosa sobre el fondo. Y desde él, anclada y curiosa, Vorticella se levanta elegante y se asoma atornillando, queriendo alcanzar el infinito que no alcanza, amarrada por su suave pie de soga, que en sustos la recoge hasta hacerla renacer una y otra vez.
Una y otra vez Vorticella se levanta, y mil veces florece en primavera y otras tantas en verano, y así también en otoño y en invierno, haciendo de su vida un perpetuo florecer en el que extiende y se abre en su cuerpo de copa hacia la luz; luz que se difunde bajo el agua y a la que no puede alcanzar en su infinito. Por elo, quizá, Vorticella la atrae hacia sí en el abrazo de un tornado continuo que en vueltas y vueltas, repleto de minúsculos regalos, le da la vida.
El cuerpo de copa de Vorticella muestra las finas estrías de las marcas de un tornero que moldeó su cuerpo blando, y hoy, en esta especie, de torso recto que se estrecha en un cuello antes de abrir su corona de amplias membranas espirales, se distinguen las burbujas de vacuolas de lo que el agua regaló: bacterias y pequeños grumos de materia orgánica que este ciliado acoge o va desechando en su continuo florecer solitario.
La forma del cuerpo, el tamaño, la ornamentación y otras características externas son fundamentales para determinar el numeroso grupo de especies que engloba este género. La de hoy, muy similar a Vorticella cyclopis, según Kahl y con un gran parecido a Vorticella alpestris de Foissnier presenta el cuerpo recto, que arranca sobre un perfecto cono, peinado en su superficie por unos surcos muy finos que recuerdan a una vasija torneada y con un interior que está salpicado por pequeñas vacuolas esféricas como burbujas y un largo núcleo en forma de C situado en vertical, lo que la diferencia de otras especies próximas.
Solitaria y batiendo el agua con sus tornados de remolino Vorticella similis se abre en el agua como una flor pálida con su cuerpo de campana.
A diferencia de otros ciliados Vorticella solo muestra una corona de cilios en el extremo de su cuerpo, en esta especie muy desarrollada y formada por una membrana amplia y espiral. No los necesita para desplazarse, como otros ciliados, ella vive fija sobre el fondo, sobre las algas o sobre cualquier otra superficie sumergida que le pueda servir de soporte para alcanzar los alimentos de los que depende y hoy en estas turberas en las que la vida fluye, cualquier pequeño despojo es para ella también vida y florecer.
En sus gotas de universo, Vorticella una y otra vez florece sobre su mismo pie, sobre su mismo cuerpo, y en el silencio verde entre los esfagnos de las turberas ha sido fotografiada en vivo a 400 aumentos empleando la técnica de contraste de interferencia y de fase, en unas muestras recogida el 7 de junio de 2020 en las turberas riojanas de Peñayerre.