Luisa Balada.
Las Sirenas si existen...
Amanecía con aquel color que solo el mar sabe mostrar a los ojos de quien le ama.
La vio despertarse y sonreírle, empezó a hablarle en un idioma que él no reconocía pero que entendía perfectamente.
Le explico que su padre el Rey Forcis le había concedido su deseo, tres días con sus tres noches para poder estar junto al humano que la daba luz durante las largas noches oscuras, explicarle que sin verle ya desde niña le amaba , que aun estando tan cerca les separaba dos mundos distintos...
Aun y así ella en su corazón sabia que él, cada noche con la luz de su faro la buscaba como un pozo seco busca al agua.La voz entraba por sus oídos como un susurro, le golpeaba el cerebro con tal fuerza que anulaba sus sentidos, durante tres días y tres noches el hombre amo a la sirena.
Al tercer día, al despuntar el alba, el farero abrió sus ojos y la sirena ya no estaba...
Busco desesperado negándose a creer que aquello hubiera sido un sueño, las lágrimas le resbalaban por el rostro curtido por el sol, sus ojos azules cansados se cerraron intentado volver a soñar otra vez...
Este texto esta registrado, pertenece a mi colección, Relatos de Madrugada.
Copyright. Luisa Balada.
Fotógrafo. Antonio Martinez Galiot. (JOKERBCN)
Las Sirenas si existen...
Amanecía con aquel color que solo el mar sabe mostrar a los ojos de quien le ama.
La vio despertarse y sonreírle, empezó a hablarle en un idioma que él no reconocía pero que entendía perfectamente.
Le explico que su padre el Rey Forcis le había concedido su deseo, tres días con sus tres noches para poder estar junto al humano que la daba luz durante las largas noches oscuras, explicarle que sin verle ya desde niña le amaba , que aun estando tan cerca les separaba dos mundos distintos...
Aun y así ella en su corazón sabia que él, cada noche con la luz de su faro la buscaba como un pozo seco busca al agua.La voz entraba por sus oídos como un susurro, le golpeaba el cerebro con tal fuerza que anulaba sus sentidos, durante tres días y tres noches el hombre amo a la sirena.
Al tercer día, al despuntar el alba, el farero abrió sus ojos y la sirena ya no estaba...
Busco desesperado negándose a creer que aquello hubiera sido un sueño, las lágrimas le resbalaban por el rostro curtido por el sol, sus ojos azules cansados se cerraron intentado volver a soñar otra vez...
Este texto esta registrado, pertenece a mi colección, Relatos de Madrugada.
Copyright. Luisa Balada.
Fotógrafo. Antonio Martinez Galiot. (JOKERBCN)