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Centro Cultural Estacion Mapocho

El edificio fue originalmente ideado para que se hallara entre las calles Bandera y Morandé, poseyendo una plaza de 2000 m² destinados para vehículos, 5400 m² de edificio que tendrá cuatro andenes longitudinales y tres vías, además de los salones y espacios administrativos.

 

La construcción del edificio estuvo a cargo del arquitecto chileno Emilio Jecquier, quien después de haber estudiado en Francia cuando la Escuela de Bellas Artes (L'Ecole des Beaux Arts) dominaba con sus edificaciones monumentales y majestuosas del estilo neoclásico, volvió al país influenciado por las enseñanzas del connotado ingeniero francés Gustave Eiffel. La cubierta, originalmente vidriada y hoy de cobre, se construyó en Bélgica y está conformada por cerchas metálicas, rotuladas en base y cúspide. La máxima expresión beaux arts del edificio se aprecia en el detallado modelado de su fachada principal, así como en las columnas y cúpulas del hall de acceso.

 

La construcción del edificio comenzó en 1905; se partió con los cimientos y la albañilería, mientras que las vigas metálicas fueron encargadas a la empresa francesa Schneider-Creusot. El edificio fue construido para ser una estación terminal con las comodidades necesarias para pasajeros: baños, restaurantes, kioscos. La gran parte de las ornamentaciones que fueron añadidas al edificio fueron importadas desde Europa.

 

Debido a problemas con las obras, y siendo que la estación fue terminada para el centenario de Chile, la estación no se inauguró sino hasta el 10 de mayo de 1912 y ser entregada oficialmente en 1914.

 

En diciembre de 1976, por Decreto N° 1290, la Estación Mapocho fue declarada Monumento Nacional. Años después, debido a que el recinto se encontraba en un grave estado de deterioro, se cerró temporalmente para hacer remodelaciones que no fructificaron. En 1987 el terminal fue clausurado y el servicio de trenes a Valparaíso fue suspendido indefinidamente. Desde esa fecha, el recinto quedó en desuso y total abandono. La Empresa de los Ferrocarriles del Estado traspasó el edificio a la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción) para que vendiera el inmueble y lo privatizara.

 

La Estación Mapocho llegó a ser la más importante de la red ferroviaria nacional. Desde ella se podía llegar a lugares como la ciudad de Iquique, haciendo conexión en La Calera con el Ferrocarril Longitudinal del Norte. Además, en Llaillay se podía transbordar a Los Andes para seguir a Mendoza y después a Buenos Aires, a través del Ferrocarril Trasandino y con viajes directos al puerto de Valparaíso.

 

En febrero de 1991 se constituyó la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, institución de derecho privado sin fines de lucro que instauró una experiencia pionera de gestión privada a cargo de un edificio público, ya que si bien pertenece al Estado de Chile, su administración y financiamiento es completamente autogestionado por esta corporación. Desde sus inicios, la misión de esta entidad ha sido preservarlo y desarrollarlo como territorio de creación y difusión de la cultura.

 

En mayo del mismo año se decidió llamar a Concurso Nacional de Arquitectura para rescatar este emblemático edificio. De un total de veinte proyectos presentados, la propuesta ganadora correspondió al grupo de arquitectos conformado por Teodoro Fernández, Montserrat Palmer, Rodrigo Pérez de Arce y Ramón López. Los profesionales abordaron la remodelación del edificio con un mínimo de intervenciones, revalorando la obra del arquitecto Jecquier y unificando su conjunto. El proyecto, desarrollado por Constructora Internacional (CIL) y supervisado técnicamente por la consultora de ingeniería Cade Idepe, alcanzó un costo total cercano a los diez millones de dólares financiados por el Gobierno de Chile y fue realizado en cuatro etapas, finalizando a principios de 1994.

 

Durante la primera fase, se remodeló la fachada del edificio tanto en su interior como exterior. Una de las pocas innovaciones que se realizaron fue el cambio de color blanco a ladrillo, actualmente utilizado. En esta etapa también se construyó la Plaza de la Cultura, antiguo lugar de estacionamientos ubicado en el frontis del edificio que se constituyó en un nuevo espacio para las artes y la cultura.

 

En las etapas siguientes se restauró la gran nave, las salas del segundo nivel y subterráneo del edificio, donde destaca la Sala de las Artes. Luego, la remodelación contempló las instalaciones y terminaciones del costado sur del edificio, andenes y escalera de la Gran Nave. Los trabajos en la última etapa estuvieron dedicados a los portones y sus respectivos rieles del sector Poniente, marquesina y escaleras del sector Norte y el techo de cobre.

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The building was originally designed to be located between Bandera and Morandé streets, having a 2,000 m² plaza for vehicles, a 5,400 m² building that will have four longitudinal platforms and three lanes, in addition to lounges and administrative spaces.

 

The construction of the building was carried out by the Chilean architect Emilio Jecquier, who after having studied in France when the School of Fine Arts (L'Ecole des Beaux Arts) dominated with its monumental and majestic buildings of the neoclassical style, returned to the country influenced by the teachings of the renowned French engineer Gustave Eiffel. The roof, originally glazed and now made of copper, was built in Belgium and is made up of metal trusses, labeled at the base and top. The maximum beaux arts expression of the building can be seen in the detailed modeling of its main façade, as well as in the columns and domes of the entrance hall.

 

Construction of the building began in 1905; It started with the foundations and masonry, while the metal beams were commissioned from the French company Schneider-Creusot. The building was built to be a terminal station with the necessary amenities for passengers: bathrooms, restaurants, kiosks. Most of the ornamentation that was added to the building was imported from Europe.

 

Due to problems with the works, and since the station was completed for the centenary of Chile, the station was not inaugurated until May 10, 1912 and was officially handed over in 1914.

 

In December 1976, by Decree No. 1290, Mapocho Station was declared a National Monument. Years later, because the facility was in a serious state of disrepair, it was temporarily closed for renovations that were unsuccessful. In 1987 the terminal was closed and the train service to Valparaíso was suspended indefinitely. Since that date, the facility has been disused and completely abandoned. The State Railway Company transferred the building to CORFO (Production Development Corporation) so that it could sell the property and privatize it.

 

Mapocho Station became the most important station on the national railway network. From it you could reach places like the city of Iquique, connecting in La Calera with the Northern Longitudinal Railway. Furthermore, in Llaillay you could transfer to Los Andes to continue to Mendoza and then to Buenos Aires, through the Trasandino Railway and with direct trips to the port of Valparaíso.

 

In February 1991, the Mapocho Station Cultural Corporation was established, a non-profit private law institution that established a pioneering experience of private management in charge of a public building, since although it belongs to the State of Chile, its administration and Financing is completely self-managed by this corporation. Since its inception, the mission of this entity has been to preserve and develop it as a territory for the creation and dissemination of culture.

 

In May of the same year it was decided to call a National Architecture Competition to rescue this emblematic building. Of a total of twenty projects presented, the winning proposal corresponded to the group of architects made up of Teodoro Fernández, Montserrat Palmer, Rodrigo Pérez de Arce and Ramón López. The professionals approached the remodeling of the building with a minimum of interventions, revaluing the work of architect Jecquier and unifying its ensemble. The project, developed by Constructora Internacional (CIL) and technically supervised by the engineering consultancy Cade Idepe, reached a total cost close to ten million dollars financed by the Government of Chile and was carried out in four stages, ending in early 1994. .

 

During the first phase, the façade of the building was remodeled both inside and outside. One of the few innovations that were made was the change from white to brick, currently used. During this stage, the Plaza de la Cultura was also built, a former parking space located in the front of the building that became a new space for arts and culture.

 

In the following stages, the large nave, the rooms on the second level and the basement of the building were restored, where the Arts Room stands out. Then, the remodeling included the installations and finishes on the south side of the building, platforms and stairs of the Great Nave. The work in the last stage was dedicated to the gates and their respective rails in the West sector, the canopy and stairs in the North sector, and the copper roof.

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Uploaded on December 20, 2023
Taken on December 19, 2023