conejo721*
En esta tierra de Dios...
Escape hacia el ocaso
Veo una sigilosa verdad tras el espejo de mis ojos,
fallece el día y más allá de la luz, seré solo un número
en esta tierra de dios,
agoniza un rumor entre las llamas,
un viento en rendición disuelve el pecho y los entornos,
bajo la profecía de la vida tal vez el barro merezca aquella
insolente piedad,
más cuando me hable la lluvia no habrá respuestas,
el misterio del silencio eterno sustenta el amor en el renacer
de los tiempos,
y en el claudicar de la sombra todo se vuelve irregular,
brilla el ocaso en su mortaja y un ardor privado da
su veredicto cuando se abren la aguas,
aquí espero por todos los ángeles cuando echen a volar en su utopía
sin juzgar la luz de la silueta,
morirán los retoños,
y la sonrisa, amiga mía, hoy se asegura un suspiro junto al
desvelo que escapa de la esencia que aún no nace,
se maldicen las sombras, ya nada existe,
esta triste leyenda parece tener un final verdadero,
con el ansia de la esencia creo saber porque lo creo,
guardarás tus manos tras el oscuro sol antes de que anochezca,
se moverán las estrellas y lucirán en tus pupilas sus precipitadas muertes,
ya las bestias calman las fobias en los siglos de nada y arriba
un íntimo dios sin melodías, sin pájaros,
sin palabras ni luceros,
anochecido de niños abarca una dimensión más amplia
supliendo, quizá, un impacto en el tímpano, la verdad del trueno,
no hay tiempos de codicia, invade una hora de cortejos,
buscará la esfera, bajo el bosque, la infinita huella de la mente
y perpetuará su mirada aquél dulce contraluz cuando sollocen
los ojos y ría la sangre trepada al sexo de la noche.
Jorge Rosso
Un deleite musical...
En esta tierra de Dios...
Escape hacia el ocaso
Veo una sigilosa verdad tras el espejo de mis ojos,
fallece el día y más allá de la luz, seré solo un número
en esta tierra de dios,
agoniza un rumor entre las llamas,
un viento en rendición disuelve el pecho y los entornos,
bajo la profecía de la vida tal vez el barro merezca aquella
insolente piedad,
más cuando me hable la lluvia no habrá respuestas,
el misterio del silencio eterno sustenta el amor en el renacer
de los tiempos,
y en el claudicar de la sombra todo se vuelve irregular,
brilla el ocaso en su mortaja y un ardor privado da
su veredicto cuando se abren la aguas,
aquí espero por todos los ángeles cuando echen a volar en su utopía
sin juzgar la luz de la silueta,
morirán los retoños,
y la sonrisa, amiga mía, hoy se asegura un suspiro junto al
desvelo que escapa de la esencia que aún no nace,
se maldicen las sombras, ya nada existe,
esta triste leyenda parece tener un final verdadero,
con el ansia de la esencia creo saber porque lo creo,
guardarás tus manos tras el oscuro sol antes de que anochezca,
se moverán las estrellas y lucirán en tus pupilas sus precipitadas muertes,
ya las bestias calman las fobias en los siglos de nada y arriba
un íntimo dios sin melodías, sin pájaros,
sin palabras ni luceros,
anochecido de niños abarca una dimensión más amplia
supliendo, quizá, un impacto en el tímpano, la verdad del trueno,
no hay tiempos de codicia, invade una hora de cortejos,
buscará la esfera, bajo el bosque, la infinita huella de la mente
y perpetuará su mirada aquél dulce contraluz cuando sollocen
los ojos y ría la sangre trepada al sexo de la noche.
Jorge Rosso
Un deleite musical...