Anochece en La Albufera (II)
Hay días que no comienzan demasiado bien... pero en nuestras manos está el conseguir que, por lo menos, finalicen con la calma que nos aporta la contemplación de algo hermoso y que tenemos al alcance de la mano... a apenas unos pocos minutos de coche... Y en verdad, merece la pena buscar esa paz ansiada que aporta la contemplación del ciclo continuo de la vida, de lo que día tras día nos recuerda que el dolor nunca es eterno y que el tiempo ayuda a que las heridas sanen sin más traumas que la pequeña marca que se queda grabada en alguna parte de nuestro mapa emocional... Reconciliarse con uno mismo, permitirse el lujo de saber que lo que prevalece es lo que una siente es puro y transparente, sin dobleces, sin manipulaciones, sin intervenciones malévolas que intentan colgarte una responsabilidad que no te corresponde... no tiene precio y, es más, es gratificante, saludable y reparador.
Anochece en La Albufera (II)
Hay días que no comienzan demasiado bien... pero en nuestras manos está el conseguir que, por lo menos, finalicen con la calma que nos aporta la contemplación de algo hermoso y que tenemos al alcance de la mano... a apenas unos pocos minutos de coche... Y en verdad, merece la pena buscar esa paz ansiada que aporta la contemplación del ciclo continuo de la vida, de lo que día tras día nos recuerda que el dolor nunca es eterno y que el tiempo ayuda a que las heridas sanen sin más traumas que la pequeña marca que se queda grabada en alguna parte de nuestro mapa emocional... Reconciliarse con uno mismo, permitirse el lujo de saber que lo que prevalece es lo que una siente es puro y transparente, sin dobleces, sin manipulaciones, sin intervenciones malévolas que intentan colgarte una responsabilidad que no te corresponde... no tiene precio y, es más, es gratificante, saludable y reparador.