Mercado Grande, Muralla y aparcamiento. 1975
Diapositiva en color. Fotógrafo anónimo norteamericano.
Archivo JL Pajares.
SIN CONSENSO____
En 1964 el Ayuntamiento de Ávila, también sin consultar a la ciudadanía, desmanteló la anterior plaza del Mercado Grande para dejar este "espacioso aparcamiento" a cielo abierto, que firmó Victor Caballero Hungría, "prestigioso arquitecto, con currículum en la rehabilitación del patrimonio arquitectónico" y autor de otros cuestionables proyectos, como el desmontaje del crucero de la Mezquita-Catedral de Córdoba, o una nueva celosía para ese mismo monumento.
___ SOBRE EL APARCAMIENTO. "LA PLAZA".___
LA VANGUARDIA, 2 de febrero de 1967
En la plaza de Santa Teresa, el monumento a la Reformadora ha sido desmantelado. La plaza, en virtud de una arbitraria orden de la Dirección General dé Arquitectura, será destinada a aparcadero de automóviles.
No vale protestar, que ya sabemos cómo se las gastan. En posesión de la verdad no admiten sugerencias. Las consignaciones deben ser escasas ya que cuatro o cinco obreros asientan de mala gana losas y bordillos. El alto organismo que nadie sabe para qué sirve se dedica a convertir las plazas de los pueblos españoles en vulgares depósitos de coches. En la plaza avilesa no había árboles que entorpecieran sus propósitos, pero en cambio estaba la estatua de Santa Teresa.
Los técnicos de la aridez nacional decidieron apearla y desmontar su aparatoso pedestal. No hay en Avila una sola per- sona qué acepte el desaguisado perpetrado por los representantes del arte oficial y el vecindario unánime reclama que la Santa torne a ocupar su puesto en el espacio solanero.
Se espera que cuando las circunstancias sean propicias la estatua volverá al lugar que ocupó desde hace muchos años. Y mientras tanto, ¿qué se hizo de la blancuzca efigie? Los expertos de la cultura oficial buscan una encrucijada de las afueras y hasta ahora sus planes han fallado, porque una figura de tanto volumen no cabe arrinconarla en un desmonte subalterno. Y con una resignación ejemplar la estatua se eleva provisionalmente en su columna estriada, junto a la puerta del Alcázar.
ANTONIO GUERRAS, FAMOSO DISECADOR
La plaza es un rectángulo en dos de cuyos lados se levantan románticas casas porticadas. Los cafés mesocráticos se han instalado bajos soportales. Frontera a la muralla se eleva rojiza la iglesia románica de San Pedro y en un bajo del lado sur tiene su obrador el naturalista Antonio Guerras, famoso disecador de la capra hispánica, cuya fama de especialista en la materia ha brincado las fronteras voceada por las más ilustres escopetas cosmopolitas. Han plantado unos pinos en la acera de Antonio Guerras y se sospecha que estos arbolitos no prosperaran, porque en ese andén nunca bate el sol.
La plaza era el recreo de la gente mayor y de la infancia, pero este ameno esparcimiento ya le ha sido negado. En el derrame de la plaza con el paseo del Rastro cavilo que por aquí pasaría madrugadora Teresa de Jesús, camino del monasterio ¿dominicano de Santo Tomas. Es posible que entrara en San Pedro a oír la misa del alba. Tal vea el amplio espacio, si entornamos los ojos, fuese un paisaje grato a Santa Teresa. La lástima es que en tiempos de la Santa, el paisaje aún no se había incorporado a la literatura.
ALVARO RUIBAL
Mercado Grande, Muralla y aparcamiento. 1975
Diapositiva en color. Fotógrafo anónimo norteamericano.
Archivo JL Pajares.
SIN CONSENSO____
En 1964 el Ayuntamiento de Ávila, también sin consultar a la ciudadanía, desmanteló la anterior plaza del Mercado Grande para dejar este "espacioso aparcamiento" a cielo abierto, que firmó Victor Caballero Hungría, "prestigioso arquitecto, con currículum en la rehabilitación del patrimonio arquitectónico" y autor de otros cuestionables proyectos, como el desmontaje del crucero de la Mezquita-Catedral de Córdoba, o una nueva celosía para ese mismo monumento.
___ SOBRE EL APARCAMIENTO. "LA PLAZA".___
LA VANGUARDIA, 2 de febrero de 1967
En la plaza de Santa Teresa, el monumento a la Reformadora ha sido desmantelado. La plaza, en virtud de una arbitraria orden de la Dirección General dé Arquitectura, será destinada a aparcadero de automóviles.
No vale protestar, que ya sabemos cómo se las gastan. En posesión de la verdad no admiten sugerencias. Las consignaciones deben ser escasas ya que cuatro o cinco obreros asientan de mala gana losas y bordillos. El alto organismo que nadie sabe para qué sirve se dedica a convertir las plazas de los pueblos españoles en vulgares depósitos de coches. En la plaza avilesa no había árboles que entorpecieran sus propósitos, pero en cambio estaba la estatua de Santa Teresa.
Los técnicos de la aridez nacional decidieron apearla y desmontar su aparatoso pedestal. No hay en Avila una sola per- sona qué acepte el desaguisado perpetrado por los representantes del arte oficial y el vecindario unánime reclama que la Santa torne a ocupar su puesto en el espacio solanero.
Se espera que cuando las circunstancias sean propicias la estatua volverá al lugar que ocupó desde hace muchos años. Y mientras tanto, ¿qué se hizo de la blancuzca efigie? Los expertos de la cultura oficial buscan una encrucijada de las afueras y hasta ahora sus planes han fallado, porque una figura de tanto volumen no cabe arrinconarla en un desmonte subalterno. Y con una resignación ejemplar la estatua se eleva provisionalmente en su columna estriada, junto a la puerta del Alcázar.
ANTONIO GUERRAS, FAMOSO DISECADOR
La plaza es un rectángulo en dos de cuyos lados se levantan románticas casas porticadas. Los cafés mesocráticos se han instalado bajos soportales. Frontera a la muralla se eleva rojiza la iglesia románica de San Pedro y en un bajo del lado sur tiene su obrador el naturalista Antonio Guerras, famoso disecador de la capra hispánica, cuya fama de especialista en la materia ha brincado las fronteras voceada por las más ilustres escopetas cosmopolitas. Han plantado unos pinos en la acera de Antonio Guerras y se sospecha que estos arbolitos no prosperaran, porque en ese andén nunca bate el sol.
La plaza era el recreo de la gente mayor y de la infancia, pero este ameno esparcimiento ya le ha sido negado. En el derrame de la plaza con el paseo del Rastro cavilo que por aquí pasaría madrugadora Teresa de Jesús, camino del monasterio ¿dominicano de Santo Tomas. Es posible que entrara en San Pedro a oír la misa del alba. Tal vea el amplio espacio, si entornamos los ojos, fuese un paisaje grato a Santa Teresa. La lástima es que en tiempos de la Santa, el paisaje aún no se había incorporado a la literatura.
ALVARO RUIBAL