Manuel Angel Carmona
El Tunel
Lo peor ya había pasado y al fin podía ver al fondo la luz del sol.
A medida que mis pasos se encaminaban a la salida del túnel, la oscuridad se iba disipando y a estas alturas ya podía distinguir formas, colores e incluso las caras de las personas que pasaban cerca de mí en sentido contrario.
Reconozco que la oscuridad me había abrumado y que en algún momento había estado a punto de desfallecer paralizado por mi miedo a la oscuridad. Esta “absurda fobia”, como la había llamado uno de los muchos psicólogos que me habían tratado, me había acompañado desde la infancia y a estas alturas ya sabía que no me abandonaría nunca.
Un día más había superado “el túnel” que me atormentaba cada tarde a la vuelta del trabajo y ya podía respirar tranquilo… solo hasta que recordase que a la mañana siguiente tendría que volver a cruzarlo para ir a mi puesto de trabajo.
Otra noche más no dormiría, ya podía notar las perlas de sudor brotar en mi frente.
El Tunel
Lo peor ya había pasado y al fin podía ver al fondo la luz del sol.
A medida que mis pasos se encaminaban a la salida del túnel, la oscuridad se iba disipando y a estas alturas ya podía distinguir formas, colores e incluso las caras de las personas que pasaban cerca de mí en sentido contrario.
Reconozco que la oscuridad me había abrumado y que en algún momento había estado a punto de desfallecer paralizado por mi miedo a la oscuridad. Esta “absurda fobia”, como la había llamado uno de los muchos psicólogos que me habían tratado, me había acompañado desde la infancia y a estas alturas ya sabía que no me abandonaría nunca.
Un día más había superado “el túnel” que me atormentaba cada tarde a la vuelta del trabajo y ya podía respirar tranquilo… solo hasta que recordase que a la mañana siguiente tendría que volver a cruzarlo para ir a mi puesto de trabajo.
Otra noche más no dormiría, ya podía notar las perlas de sudor brotar en mi frente.