Back to photostream

SANTIAGO DE COMPOSTELA. Catedral. Cripta. La Luna/Iglesia.

Hacia el año 634, cuando San Isidoro, arzobispo de Sevilla, publica ese compendio enciclopédico del saber de su época que son las “Etimologías”, algunos conocimientos astronómicos eran imprecisos, pero la simbología muy rica. Sobre la Luna, nuestro santo escribe:

 

III, 53, 1-2: “Algunos filósofos sostienen que la luna posee luz propia; que una parte de su globo es luminosa y la otras obscura […] Otros, en cambio, afirman que la luna no tiene su propia luz, sino que es iluminada por los rayos del sol".

Es algo extensible a las estrellas, que “están inmóviles”: “Afirman que las estrellas carecen de luz propia y que son iluminadas por el sol, como la luna” (III, 61)

 

La Luna era determinante en la medición del tiempo, pues el uso de calendarios lunares era común. Y daba nombre al segundo día de la semana. En V, 30,9, se aclara que “entre los hebreos, en cambio, el primer día se llama una sabbati, que entre nosotros es el “día del Señor”, el que los gentiles dedicaron al sol”.

 

El ciclo completo de la luna daría lugar al mes: “Mes es una palabra griega derivada del nombre de la luna, que en griego se llama mene (V, 33, 1). “De Diana, hermana de Apolo, dicen igualmente que es la luna y la protectora de los caminos. De ahí que afirmen que es virgen, porque el camino no engendra nada. Representan a ambos portando flechas, porque los dos astros envían desde el cielo sus rayos a la tierra. Se la denomina Diana, como si dijéramos Duana, porque la luna aparece tanto de día como de noche”. La llaman también Lucina, porque da luz. Y Trivia, porque puede presentarse bajo tres aspectos”. (VIII, 11, 56-57) (1)

 

Los Padres de la Iglesia desde Orígenes o San Ambrosio de Milán, sin embargo, vieron clara la imagen Luna-Iglesia; como la luna del sol, la Iglesia es un reflejo de Cristo. En el arte cristiano aparecen ya en el siglo VI, en el Evangeliario de Rábula, acompañando representaciones de la Crucifixión y son usadas en el devenir del tiempo en motivos iconográficos muy variados (2). Antes de convertirse en el papa Benedicto XVI, en su célebre discurso de 1971 “¿Por qué pertenezco a la Iglesia?”, Joseph Ratzinger recogía de nuevo el símil: “Los padres han aplicado el simbolismo de la luna a la iglesia sobre todo por dos razones: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. Es oscuridad y luz al mismo tiempo. Aunque por sí misma es oscuridad, da luz en virtud de otro de quien refleja la luz.

 

Precisamente por esto simboliza la iglesia, que resplandece aunque de por sí sea obscura; no es luminosa en virtud de la propia luz, sino del verdadero sol, Jesucristo, de tal modo que siendo solamente tierra -también la luna solamente es otra tierra- está en grado de iluminar la noche de nuestra lejanía de Dios: «la luna narra el misterio de Cristo» (3).

 

La Luna y el Sol portados por ángeles de manos veladas como señal de su sacralidad, aparecen en la cripta del Pórtico de la Gloria en claves de bóvedas. Quienes, con óptica apocalíptica, citan las “Jerusalén terrenal y celeste”, ven aquí la primera, mientras en la tribuna, que tiene como clave un Agnus Dei, estaría simbolizada la segunda. Y será así, pero pienso que, ante una simbología tan clara, parece un poco “marear la perdiz”.

 

(1) SAN ISIDORO DE SEVILLA. “Etimologías”, BAC, Madrid, 1994.

(2) institucional.us.es/revistas/arte/17/03 medianero.pdf

(3) La cita es de San Ambrosio. Conferencia completa en www.corazones.org/iglesia/iglesia_permanezco_ratzinger.htm

512 views
6 faves
0 comments
Uploaded on November 4, 2021
Taken on October 1, 2021