SANTIAGO DE COMPOSTELA. Catedral. Azabachería.
La Torre de Babel
Si observas un tiempo en la Plaza del Obradoiro o en la de la Quintana o en ésta de la Azabachería, te das cuenta de que las ciudades que como Santiago de Compostela reciben personas de multitud de países -en este caso de 146 en el 2016- llegadas con un objetivo común aunque la motivación sea distinta, reflejan en sus calles esa variedad de culturas, razas, creencias e idiomas, pero además crean en ellas un ambiente que en buena medida parece reflejo del de el Camino, donde cada uno recibe y da la ayuda que se precise: el hombre se hermana con el hombre, interactúa con él y se siente bien, aunque la ciudad se convierta en una especie de Babel, en la que las diferencias de idioma se suplen holgadamente con voluntad. El lenguaje, aunque sea el de señas, se utiliza para unir, no para separar, como ocurrió en el relato sobre la bíblica ciudad que es sobre la que quiero escribir.
La Biblia es, ante todo, un libro escrito en lenguaje religioso que cuenta la historia de la relación con Dios de su pueblo elegido, Israel. El calificativo "religioso" es importante, porque muchos se afanan en leerla como si estuviera escrita en lenguaje histórico, geográfico, geológico, astronómico, científico, ... cuando nada de eso es y para nada de ello se pensó.
Pero, obviamente, contiene datos que pertenecen a campos como los que he citado, y, en ese sentido, el investigador ha de tenerlo en cuenta. Durante mucho tiempo se tuvieron por falsos algunos de sus textos sólo porque no se podían corroborar por otras fuentes, como si hubiera tantas de su época, pero la Arqueología, como ya hizo con los nombres de los reyes asirios, sigue sacando a la luz confirmaciones de lo que algunos consideraron fábula. El último hallazgo, uno más que yo conozca, es el que se refiere a la construcción de la torre (el zigurat) de Babel. Se trata de una tablilla del siglo VI a.de C. que acredita su construcción en tiempos de Nabucodonosor II, y que se reclutó gente para edificarla (estaba hecha de ladrillos) "desde el mar superior" (Mediterráneo), "hasta el mar menor" (Golfo Pérsico), lo que significaría una gran disparidad de lenguas. También deja clara su intención de "alcanzar el cielo".
¿Qué cuenta el relato bíblico acreditado por las inscripciones de esta tablilla? Básicamente que, tras el diluvio universal, los descendientes de Noé, que "hablaban una misma lengua y empleaban las mismas palabras", decidieron establecerse en la tierra de Senaar (posible corrupción de Sumer) y levantar "una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra” (Gn 11, 1 ss.). Esto no fue grato a los ojos de Dios, que confundió sus lenguas.
Los antiguos sumerios llamaron a los zigurats "etemenanki", palabra que significa “fundación o creación del cielo y la tierra”, que indica bien su esencia. En su cima, un templo dedicado a Marduk. El escriba judío que transcribió este texto (s. V a.de C.), partió de un relato original que se había conservado por tradición oral durante muchos años, los suficientes como para que sufriera alteraciones en su forma (lenguaje histórico), pero no en su fondo (lenguaje religioso).
El autor del Génesis interpreta como una intervención divina la de que, a través de la confusión de las lenguas para "que no se entiendan unos con otros", se impidiera la construcción. Sabemos ahora gracias a esta tablilla que esa confusión se debió producir por la decisión del rey de traer operarios desde distintas y lejanas tierras, cada cual con su idioma, lo que la dificultaría en gran medida, convirtiendo así a Nabucodonosor II en el instrumento utilizado por Dios.
En torno al 732 a.de C., el Libro de Isaías profetiza ya la destrucción de Babilonia y da, casi dos siglos antes de que ocurriera, el nombre de su conquistador: Ciro, el rey persa que liberará al pueblo judío de su cautividad, aunque la crítica cree que estos capítulos fueron añadidos con posterioridad (Is 44,28-45,1). La profecía se cumple en el 539 a.de C., cuando Babilonia es conquistada por Ciro, como narra Herodoto, que pone como regente del reino a Dario, rey de los medos, cumpliéndose así otra profecía, en este caso de Daniel (Dn 5, 26-28)
www.smithsonianmag.com/videos/category/history/some-very-...
SANTIAGO DE COMPOSTELA. Catedral. Azabachería.
La Torre de Babel
Si observas un tiempo en la Plaza del Obradoiro o en la de la Quintana o en ésta de la Azabachería, te das cuenta de que las ciudades que como Santiago de Compostela reciben personas de multitud de países -en este caso de 146 en el 2016- llegadas con un objetivo común aunque la motivación sea distinta, reflejan en sus calles esa variedad de culturas, razas, creencias e idiomas, pero además crean en ellas un ambiente que en buena medida parece reflejo del de el Camino, donde cada uno recibe y da la ayuda que se precise: el hombre se hermana con el hombre, interactúa con él y se siente bien, aunque la ciudad se convierta en una especie de Babel, en la que las diferencias de idioma se suplen holgadamente con voluntad. El lenguaje, aunque sea el de señas, se utiliza para unir, no para separar, como ocurrió en el relato sobre la bíblica ciudad que es sobre la que quiero escribir.
La Biblia es, ante todo, un libro escrito en lenguaje religioso que cuenta la historia de la relación con Dios de su pueblo elegido, Israel. El calificativo "religioso" es importante, porque muchos se afanan en leerla como si estuviera escrita en lenguaje histórico, geográfico, geológico, astronómico, científico, ... cuando nada de eso es y para nada de ello se pensó.
Pero, obviamente, contiene datos que pertenecen a campos como los que he citado, y, en ese sentido, el investigador ha de tenerlo en cuenta. Durante mucho tiempo se tuvieron por falsos algunos de sus textos sólo porque no se podían corroborar por otras fuentes, como si hubiera tantas de su época, pero la Arqueología, como ya hizo con los nombres de los reyes asirios, sigue sacando a la luz confirmaciones de lo que algunos consideraron fábula. El último hallazgo, uno más que yo conozca, es el que se refiere a la construcción de la torre (el zigurat) de Babel. Se trata de una tablilla del siglo VI a.de C. que acredita su construcción en tiempos de Nabucodonosor II, y que se reclutó gente para edificarla (estaba hecha de ladrillos) "desde el mar superior" (Mediterráneo), "hasta el mar menor" (Golfo Pérsico), lo que significaría una gran disparidad de lenguas. También deja clara su intención de "alcanzar el cielo".
¿Qué cuenta el relato bíblico acreditado por las inscripciones de esta tablilla? Básicamente que, tras el diluvio universal, los descendientes de Noé, que "hablaban una misma lengua y empleaban las mismas palabras", decidieron establecerse en la tierra de Senaar (posible corrupción de Sumer) y levantar "una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra” (Gn 11, 1 ss.). Esto no fue grato a los ojos de Dios, que confundió sus lenguas.
Los antiguos sumerios llamaron a los zigurats "etemenanki", palabra que significa “fundación o creación del cielo y la tierra”, que indica bien su esencia. En su cima, un templo dedicado a Marduk. El escriba judío que transcribió este texto (s. V a.de C.), partió de un relato original que se había conservado por tradición oral durante muchos años, los suficientes como para que sufriera alteraciones en su forma (lenguaje histórico), pero no en su fondo (lenguaje religioso).
El autor del Génesis interpreta como una intervención divina la de que, a través de la confusión de las lenguas para "que no se entiendan unos con otros", se impidiera la construcción. Sabemos ahora gracias a esta tablilla que esa confusión se debió producir por la decisión del rey de traer operarios desde distintas y lejanas tierras, cada cual con su idioma, lo que la dificultaría en gran medida, convirtiendo así a Nabucodonosor II en el instrumento utilizado por Dios.
En torno al 732 a.de C., el Libro de Isaías profetiza ya la destrucción de Babilonia y da, casi dos siglos antes de que ocurriera, el nombre de su conquistador: Ciro, el rey persa que liberará al pueblo judío de su cautividad, aunque la crítica cree que estos capítulos fueron añadidos con posterioridad (Is 44,28-45,1). La profecía se cumple en el 539 a.de C., cuando Babilonia es conquistada por Ciro, como narra Herodoto, que pone como regente del reino a Dario, rey de los medos, cumpliéndose así otra profecía, en este caso de Daniel (Dn 5, 26-28)
www.smithsonianmag.com/videos/category/history/some-very-...