El Apoxiómeno de Lisipo
Nos encontramos ante una escultura exenta, en concreto una figura completa en posición erguida. Representa a un joven desnudo que flexiona su brazo izquierdo mientras despliega el brazo opuesto. Se trata de una obra antigua, que presenta algunos deterioros, pero que se halla en buen estado de conservación.
El material con la que está realizada la obra es mármol. Probablemente, el artista modeló primero la escultura en barro o yeso y después la copió en piedra con la técnica de la talla, esto es trabajando la piedra con cincel y martillo. Hay que señalar que la obra traslada al mármol una escultura que originalmente fue realizada en bronce, como lo demuestra la presencia de un tronco que sirve de apoyo. El original o prototipo debió ser realizado según la técnica de la cera perdida. Al pasar del metal a la piedra el peso de la obra aumentó y su equilibrio se alteró, por lo que se hizo preciso añadir el tronco.
En la copia que analizamos una vez concluido el proceso de talla, el escultor se esmeró en el acabado. El artista quería transmitir con este tratamiento de la superficie es la impresión de suavidad, y así los músculos se encuentran más sugeridos que resaltados. También trabajó los cabellos, cortos y ensortijados, que contrastan con el resto de la cabeza.
Posteriormente debió policromar la pieza, aplicando primero una capa de yeso y después superpuso los pigmentos. En la Antigüedad y en la Edad Media se aplicaban colores a las estatuas y relieves en piedra. Todo esto se ha perdido en el ejemplar que ha llegado hasta nosotros.
Respecto a la composición, señalaremos que la pieza guarda la corrección anatómica, bien que idealizada, buscandoen esta idealización la regularidad y la armonía. Los tendones del cuello y el pliegue inguinal se hallan bien marcados, pero en el resto del cuerpo el artista ha preferido trazar una transición suave entre las partes de su anatomía. Así la musculatura se halla muy desarrollada, pero sólo se revela mediante la iluminación. Es lo que se conoce como la técnica del claroscuro. El canon empleado es el de ocho cabezas.
La escultura está concebida para verse desde todos los puntos de vista, de tal forma que su composición varía por completo a medida que giramos en torno a ella. El cuerpo está representado en una posición conocida como «quiasmo» o «contraposto»: la pierna derecha permanece recta, sosteniendo el peso del cuerpo, mientras que la pierna izquierda se alza y se flexiona. En consecuencia el torso y la cadera se giran levemente y el hombro izquierdo aparece más alto.
Respecto a la expresión, el artista ha querido representar la serenidad, con la mirada perdida típica de la estatuaria clásica. Al rehundir los ojos, el escultor ha conseguido otorgar una intensidad especial a la expresión de su rostro. En los rasgos el escultor plasma unas facciones ideales, no las del individuo que le sirvió de modelo o las de una persona concreta.
Con esta obra el artista ha tratado de buscar la expresión de la armonía y de la belleza. También ha querido demostrar su virtuosismo, o sea su capacidad de superar retos técnicos
La imagen representa a un joven atleta que se limpia el polvo, el sudor y el aceite con el que se ungía tras el ejercicio o prueba. En la mano izquierda debía portar una instrumento (hoy perdido) llamado estrígilo o rascadera, que era un objeto de metal con forma de hoz. Hay que señalar que los artistas de la Antigüedad solían representar a los deportistas en los momentos que anteceden a la competición o en los posteriores a la misma, prefiriendo los estados de concentración o de reposo a la acción propiamente dicha. Su desnudez nos recuerda que los griegos practicaban el deporte sin llevar ningún tipo de vestimenta, pero también que el atleta, por sus triunfos, ha ascendido al nivel de héroes y de dioses.
Sabemos que las ciudades de la Grecia Antigua erigían estatuas a sus atletas victoriosos y, de hecho, esta escultura se interpreta como la de un campeón que descansa después de realizar el ejercicio. Su temática sería, por tanto, conmemorativa. Algunos estudiosos creen, no obstante, que el propio artista decidió realizar la obra por razones estéticas, para plasmar su ideal de belleza o para demostrar su pericia como buen escultor.
Según la primera interpretación, la pieza original o prototipo sería una obra de encargo destinado a ser emplazada en un lugar público, como un foro o ágora, un templo (o sus pórticos), una palestra, un gimnasio o unas termas. Las copias, como la que analizamos, podían ubicarse en los mismos lugares, bien que normalmente se destinaban a adornar palacios, mansiones y quintas o villas campestres.
Respecto a la clasificación, señalaremos que por la corrección anatómica, el uso del contraposto y la temática del atleta, la obra se encuadra dentro del arte griego. Este estilo tuvo dos fases principales: la clásica y la helenística. La pieza que analizamos es una obra de transición entre ambas. Así la temática y el equilibrio entre realismo e idealización la sitúan dentro del arte clásico, mientras que el uso del claroscuro, el canon de ocho cabezas y la multiplicidad de puntos de vista anuncian ya el arte helenístico. Esta etapa de transición, conocida como post-clásica, se desarrolla a lo largo del siglo IV a. C.
En este periodo la civilización griega se desarrolla en la Hélade (ámbito que abarcaba el extremo sur de los Balcanes, las islas adyacentes y las costas de Asia Menor) y la Magna Grecia (Sicilia y Sur de Italia). Fue una etapa de crisis, marcada por continuas guerras civiles entre las distintas polis griegas, que concluirán con el predominio del reino de Macedonia, considerado bárbaro por los helenos. El progresivo distanciamiento del ideal de belleza y armonía marcado por Fidias se entiende como un reflejo de esta difícil situación política.
En esta etapa las polis con regímenes democráticos decayeron y se impusieron la oligarquía y otros sistemas autoritarios. Se comprende que en este momento no se inicien grandes empresas arquitectónicas en el mundo griego, aunque se continúan las emprendidas en el siglo anterior. Por otra parte aparece una nueva clientela formada por mercaderes y latifundistas que encarga sobre todo tumbas y esculturas.
En la Grecia post-clásica los artistas logran mejorar su consideración social y algunos maestros se convierten en verdaderas celebridades, logrando que sus nombres pasen a la posteridad como el autor de esta obra. Se trata de Lisipo, natural de la ciudad de Sición, en el Peloponeso. Sición, y la vecina ciudad Argos, destacaban por sus talleres de broncistas, y en ellos debió formarse Lisipo. Este escultor fue considerado el principal representante de estas escuelas, siendo reconocido como el sucesor de Policleto, de quién recibió una considerable influencia. Lisipo desarrolló su obra entre los año 360 y 305 a. C., llegando a ser el escultor personal de Alejandro Magno, honor que compartió con Leocares. Lisipo fue un artista muy longevo y extraordinariamente prolífico y así Plinio señala que realizó mil quinientas obras, bien que ninguna se ha conservado, y se conocen sólo por copias y algunas descripciones literarias.
La obra que comentamos se trata del Apoxiómeno, nombre que proviene del participio griego Αποξυόμενος, (Apoxyiomenos), «el que se restriega». Se data entre el 330 y el 320 a. C. Algunos autores lo identifican con un retrato ideal de Agias, príncipe de Tesalia famoso por sus victorias deportivas y que vivió a principios del siglo V. Pero se trata de una atribución errónea, pues la estatua de Agias es conocida por una copia romana descubierta en Delfos y la única relación que mantiene con la escultura que comentamos es que se trata de otra obra de Lisipo. Con más fundamento, se cree que esta pieza pudiera representar al campeón olímpico Quelón de Elis. Hay que señalar que el tema del atleta que se limpia con el estrígilo fue escogido igualmente por otros escultores de las escuelas de Argos y Sición. Incluso el propio Lisipo pudo realizar otras versiones de este tema. Así se considera que el Atleta de Croacia, que apareció en el fondo del mar Adriático en 1999, es una copia de otro Apoxiómeno realizado por Lisipo con anterioridad al que comentamos.
El Apoxiómeno que analizamos fue una obra de arte muy apreciada en la Antigüedad, como lo demuestra que se hayan conservado varias copias de esta pieza. Plinio la menciona y señala que en su época (siglo I) el original se exhibía en las termas de Agripa, en Roma.
Lamentablemente la obra original no se conserva, ignorándose cuándo y cómo desapareció. Pudo ser destruida en el saqueo de Roma por los visigodos (410), en el saqueo de los vándalos (455), en los sucesivos asedios y asaltos de la urbe por bizantinos y ostrogodos (entre el 536 y el 551) o, finalmente, en el expolio de algunas obras de arte realizado por el emperador bizantino Constante II en el 663. Tampoco se puede olvidar la destrucción intencionada de restos considerados paganos por los cristianos más exaltados. Hay que señalar que la estimación por estas esculturas se perdió, y las que eran de bronce se fundían para aprovechar el metal para otros usos.
La copia considerada más próxima al original, que es la que aparece en la ilustración, fue hallada en una excavación en el barrio romano del Trastévere en el año 1849, siendo trasladada a los Museos Vaticanos, donde se conserva, en concreto en el Museo Pío-Clementino. Se trata de una obra realizada en mármol pentélico y que se data en la era claudia (siglo I). La pieza mide 2,05 m. de altura.
Procedencia de la imagen:
El Apoxiómeno de Lisipo
Nos encontramos ante una escultura exenta, en concreto una figura completa en posición erguida. Representa a un joven desnudo que flexiona su brazo izquierdo mientras despliega el brazo opuesto. Se trata de una obra antigua, que presenta algunos deterioros, pero que se halla en buen estado de conservación.
El material con la que está realizada la obra es mármol. Probablemente, el artista modeló primero la escultura en barro o yeso y después la copió en piedra con la técnica de la talla, esto es trabajando la piedra con cincel y martillo. Hay que señalar que la obra traslada al mármol una escultura que originalmente fue realizada en bronce, como lo demuestra la presencia de un tronco que sirve de apoyo. El original o prototipo debió ser realizado según la técnica de la cera perdida. Al pasar del metal a la piedra el peso de la obra aumentó y su equilibrio se alteró, por lo que se hizo preciso añadir el tronco.
En la copia que analizamos una vez concluido el proceso de talla, el escultor se esmeró en el acabado. El artista quería transmitir con este tratamiento de la superficie es la impresión de suavidad, y así los músculos se encuentran más sugeridos que resaltados. También trabajó los cabellos, cortos y ensortijados, que contrastan con el resto de la cabeza.
Posteriormente debió policromar la pieza, aplicando primero una capa de yeso y después superpuso los pigmentos. En la Antigüedad y en la Edad Media se aplicaban colores a las estatuas y relieves en piedra. Todo esto se ha perdido en el ejemplar que ha llegado hasta nosotros.
Respecto a la composición, señalaremos que la pieza guarda la corrección anatómica, bien que idealizada, buscandoen esta idealización la regularidad y la armonía. Los tendones del cuello y el pliegue inguinal se hallan bien marcados, pero en el resto del cuerpo el artista ha preferido trazar una transición suave entre las partes de su anatomía. Así la musculatura se halla muy desarrollada, pero sólo se revela mediante la iluminación. Es lo que se conoce como la técnica del claroscuro. El canon empleado es el de ocho cabezas.
La escultura está concebida para verse desde todos los puntos de vista, de tal forma que su composición varía por completo a medida que giramos en torno a ella. El cuerpo está representado en una posición conocida como «quiasmo» o «contraposto»: la pierna derecha permanece recta, sosteniendo el peso del cuerpo, mientras que la pierna izquierda se alza y se flexiona. En consecuencia el torso y la cadera se giran levemente y el hombro izquierdo aparece más alto.
Respecto a la expresión, el artista ha querido representar la serenidad, con la mirada perdida típica de la estatuaria clásica. Al rehundir los ojos, el escultor ha conseguido otorgar una intensidad especial a la expresión de su rostro. En los rasgos el escultor plasma unas facciones ideales, no las del individuo que le sirvió de modelo o las de una persona concreta.
Con esta obra el artista ha tratado de buscar la expresión de la armonía y de la belleza. También ha querido demostrar su virtuosismo, o sea su capacidad de superar retos técnicos
La imagen representa a un joven atleta que se limpia el polvo, el sudor y el aceite con el que se ungía tras el ejercicio o prueba. En la mano izquierda debía portar una instrumento (hoy perdido) llamado estrígilo o rascadera, que era un objeto de metal con forma de hoz. Hay que señalar que los artistas de la Antigüedad solían representar a los deportistas en los momentos que anteceden a la competición o en los posteriores a la misma, prefiriendo los estados de concentración o de reposo a la acción propiamente dicha. Su desnudez nos recuerda que los griegos practicaban el deporte sin llevar ningún tipo de vestimenta, pero también que el atleta, por sus triunfos, ha ascendido al nivel de héroes y de dioses.
Sabemos que las ciudades de la Grecia Antigua erigían estatuas a sus atletas victoriosos y, de hecho, esta escultura se interpreta como la de un campeón que descansa después de realizar el ejercicio. Su temática sería, por tanto, conmemorativa. Algunos estudiosos creen, no obstante, que el propio artista decidió realizar la obra por razones estéticas, para plasmar su ideal de belleza o para demostrar su pericia como buen escultor.
Según la primera interpretación, la pieza original o prototipo sería una obra de encargo destinado a ser emplazada en un lugar público, como un foro o ágora, un templo (o sus pórticos), una palestra, un gimnasio o unas termas. Las copias, como la que analizamos, podían ubicarse en los mismos lugares, bien que normalmente se destinaban a adornar palacios, mansiones y quintas o villas campestres.
Respecto a la clasificación, señalaremos que por la corrección anatómica, el uso del contraposto y la temática del atleta, la obra se encuadra dentro del arte griego. Este estilo tuvo dos fases principales: la clásica y la helenística. La pieza que analizamos es una obra de transición entre ambas. Así la temática y el equilibrio entre realismo e idealización la sitúan dentro del arte clásico, mientras que el uso del claroscuro, el canon de ocho cabezas y la multiplicidad de puntos de vista anuncian ya el arte helenístico. Esta etapa de transición, conocida como post-clásica, se desarrolla a lo largo del siglo IV a. C.
En este periodo la civilización griega se desarrolla en la Hélade (ámbito que abarcaba el extremo sur de los Balcanes, las islas adyacentes y las costas de Asia Menor) y la Magna Grecia (Sicilia y Sur de Italia). Fue una etapa de crisis, marcada por continuas guerras civiles entre las distintas polis griegas, que concluirán con el predominio del reino de Macedonia, considerado bárbaro por los helenos. El progresivo distanciamiento del ideal de belleza y armonía marcado por Fidias se entiende como un reflejo de esta difícil situación política.
En esta etapa las polis con regímenes democráticos decayeron y se impusieron la oligarquía y otros sistemas autoritarios. Se comprende que en este momento no se inicien grandes empresas arquitectónicas en el mundo griego, aunque se continúan las emprendidas en el siglo anterior. Por otra parte aparece una nueva clientela formada por mercaderes y latifundistas que encarga sobre todo tumbas y esculturas.
En la Grecia post-clásica los artistas logran mejorar su consideración social y algunos maestros se convierten en verdaderas celebridades, logrando que sus nombres pasen a la posteridad como el autor de esta obra. Se trata de Lisipo, natural de la ciudad de Sición, en el Peloponeso. Sición, y la vecina ciudad Argos, destacaban por sus talleres de broncistas, y en ellos debió formarse Lisipo. Este escultor fue considerado el principal representante de estas escuelas, siendo reconocido como el sucesor de Policleto, de quién recibió una considerable influencia. Lisipo desarrolló su obra entre los año 360 y 305 a. C., llegando a ser el escultor personal de Alejandro Magno, honor que compartió con Leocares. Lisipo fue un artista muy longevo y extraordinariamente prolífico y así Plinio señala que realizó mil quinientas obras, bien que ninguna se ha conservado, y se conocen sólo por copias y algunas descripciones literarias.
La obra que comentamos se trata del Apoxiómeno, nombre que proviene del participio griego Αποξυόμενος, (Apoxyiomenos), «el que se restriega». Se data entre el 330 y el 320 a. C. Algunos autores lo identifican con un retrato ideal de Agias, príncipe de Tesalia famoso por sus victorias deportivas y que vivió a principios del siglo V. Pero se trata de una atribución errónea, pues la estatua de Agias es conocida por una copia romana descubierta en Delfos y la única relación que mantiene con la escultura que comentamos es que se trata de otra obra de Lisipo. Con más fundamento, se cree que esta pieza pudiera representar al campeón olímpico Quelón de Elis. Hay que señalar que el tema del atleta que se limpia con el estrígilo fue escogido igualmente por otros escultores de las escuelas de Argos y Sición. Incluso el propio Lisipo pudo realizar otras versiones de este tema. Así se considera que el Atleta de Croacia, que apareció en el fondo del mar Adriático en 1999, es una copia de otro Apoxiómeno realizado por Lisipo con anterioridad al que comentamos.
El Apoxiómeno que analizamos fue una obra de arte muy apreciada en la Antigüedad, como lo demuestra que se hayan conservado varias copias de esta pieza. Plinio la menciona y señala que en su época (siglo I) el original se exhibía en las termas de Agripa, en Roma.
Lamentablemente la obra original no se conserva, ignorándose cuándo y cómo desapareció. Pudo ser destruida en el saqueo de Roma por los visigodos (410), en el saqueo de los vándalos (455), en los sucesivos asedios y asaltos de la urbe por bizantinos y ostrogodos (entre el 536 y el 551) o, finalmente, en el expolio de algunas obras de arte realizado por el emperador bizantino Constante II en el 663. Tampoco se puede olvidar la destrucción intencionada de restos considerados paganos por los cristianos más exaltados. Hay que señalar que la estimación por estas esculturas se perdió, y las que eran de bronce se fundían para aprovechar el metal para otros usos.
La copia considerada más próxima al original, que es la que aparece en la ilustración, fue hallada en una excavación en el barrio romano del Trastévere en el año 1849, siendo trasladada a los Museos Vaticanos, donde se conserva, en concreto en el Museo Pío-Clementino. Se trata de una obra realizada en mármol pentélico y que se data en la era claudia (siglo I). La pieza mide 2,05 m. de altura.
Procedencia de la imagen: