Back to photostream

L.L.E.N.A de verano.

Verano

Sí, esa fantástica sensación de no atarte a nada. De disfrutar de lo que realmente te gusta. De olvidarte el reloj en casa. De no saber en qué día vives, pero sentirte seguro.

Sí, esa maravillosa sensación que comenzó para mi un nueve de julio a eso de las once de la mañana.

 

Sin tapujos, con lo básico en una mochila: ganas, diversión, alegría y apetito de Málaga, en esta ocasión.

Aunque el lugar, como siempre, era lo de menos.

 

Emprendí un viaje en tren. De larga distancia pero que merecía la pena porque recogía sonrisas por el camino y las iba guardando en la mochila. Sonrisas de andaluces, sonrisas de extremeños, sonrisas de húngaras, sonrisas de salmantinas, sonrisas de tez oscura, sonrisas con dientes blancos y sonrisas con otros dientes. Pero, sonrisas al fin y al cabo.

Al llegar me puse todo lo que traía en la mochila y dejé lo superficial y el decoro, en la basura, donde nadie, pudiera encontrar nada, que le hiciera no ser uno mismo.

 

Playa.

Un día de locura.

Otro de libertad.

El día que le sigue, de entusiasmo.

Después, con ganas no acabar.

Cinco días completos, con ellos, sin más.

 

Y entonces, cuando menos te lo esperas, cuando has tomado las riendas de todo, te has adaptado a ser fiel solo a ellos, cuando pierdes la noción de todo ... la realidad y una llamada al timbre del apartamento hacen que te choques con la realidad; y debas volver a tu vida de antes.

 

¿Desilusión? ¿Tristeza?

No. Llevaba tantas cosas en la mochila que eso, no tenía cabida allí.

De camino, la volví a abrir para poder descubrir que cantidad de cosas habia recopilado, y sin duda, la sorpresa fue grata.

Había frases de esas, que sólo las pronuncias sin miedo a nada cuando te encuentras rodeada de personas que te conocen tal y como eres.

Momentos de silencio, rotos por algún comentario absurdo que hacía que ocho voces fuera tan sólo una. Una carcajada que ocupara todo el chiringuito.

Ignorancia en un principio, pero que ahora al descubrirla en mi mochila se había convertido en sabiduría. Sabiduría en abrazos, llenos de amor.

Encontré noches. Noches tiernas en la playa a las cuatro de la mañana. Caracterizada por sombrillas que volaban, voces en murmullo, sueños de que aquello no acabara nunca ...

Y sobre todo, hallé algo que no me esperaba.

Algo tan poderoso, capaz de incluso, atravesar molinos de viento.

Era una sola cosa, que valía más que todas las demás cosas, que había recogido.

Era una promesa.

Una promesa de volver, al sitio que fuera, el tiempo que fuera, desde donde fuera...pero volver, todos.

Así, volver a comprometernos a vivir experiencias tan inolvidables e imborrables como aquella.

Y poder volver a colmar mi mochila, de nuevo.

Y disfrutar de una Libertad de Locura Entusiasta que No Acaba, vamos de estar LLENA de verano y de ellos.

870 views
4 faves
16 comments
Uploaded on July 16, 2012
Taken on January 15, 2007