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Salou, la yaya Fefa y el Carrilet...

Salou, la yaya “Fefa” y el Carrilet.

 

La yaya Fefa no vivía en Salou, ni era abuela. Era mayor y estaba casada con José que trabajaba todo el día en el Psiquiátrico de Reus. Por eso, para llenar su soledad y para ayudar a la economía familiar, trabajaba en su casa, limpiando avellanas para una empresa local. Diariamente se sentaba, apenas José marchaba y recogida la parcelita, con su saquito de avellanas, su martillo y …” a la faena”… Eso sí, junto a la ventana de la calle, no sólo por la luz, sino porque se sentía unida a la calle, sus vecinos, el cartero, el lechero, todos la saludaban y hablaban de todo… (Le hacían compañía).

Años sesenta, una tarde tormentosa de agosto, la conocí. Llovía a cántaros…

A mi madre, por problemas de salud, le habían recomendado “baños de mar y sol”, así que, pese a lo escaso de nuestra economía familiar, ahorramos todo el año y hacia allí nos fuimos los cuatro, a la aventura…, lo más cercano la costa de Tarragona. Tren hasta Reus y luego …

Y allí nos tienes, bajo la lluvia, buscando un sitio donde alojarnos…

La yaya Fefa nos ve, frente a su casa, esperando que amaine bajo un soportal, nos hace señas desde su ventana abierta. Cruzamos la calle, nos ha abierto su puerta y nos invita a pasar.

Sentados en su pequeño comedor-sala de estar-taller charlamos y ya no salimos de allí. Una alcoba, derecho a cocina y mucho, mucho cariño para mi hermana y para mí…

Todas las mañanas, mientras desayunábamos con la yaya Fefa ( el nombre se lo había dado mi hermana, con su lengua de trapo “Josefa”) mi madre preparaba los bocadillos (lomo con pimientos) de la comida para la playa y Fefa nos contaba historias que por la noche su marido se encargaba de ampliar y casi dramatizar hasta que nos íbamos a la cama.

Durante el día estábamos en la playa de Salou, cerca de Cambrils, en un lugar poco concurrido porque había piedras y rocas y condiciones de agua y suelo sin acondicionar (allí descubrimos el dolor de los pinchazos de los erizos de mar y las picaduras de las moscas y mosquitos). A cambio teníamos espacio, un pino gigantesco para la sombra a mediodía, e intimidad.

Hoy, que como casi todos los años desde entonces, he vuelto a Salou y afortunadamente en otras condiciones, me he topado con este monumento “al Carrilet” al ferrocarril que unía Reus y Salou. Un tren que para mí, y seguro para mi hermana también, fue todo un parque de atracciones y uno de los buenos recuerdos de la infancia…

La yaya Fefa y su marido, el Señor José, también están.

Ya no supe más de ellos, pero me dejaron su huella. Rompieron prejuicios regionales y me enseñaron que la hospitalidad está por encima de ellos.

¡Gracias yaya Fefa, gracias yayo José!

 

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Uploaded on August 14, 2012
Taken on August 10, 2012