rroel58
PONCE DE LEÓN.
En busca de la fuente de la eterna juventud.
CUANDO NO VAS A NINGUNA PARTE EN CONCRETO.
(Casi todo es rigurosamente verdadero).
-Venga para acá grumete.
-A sus órdenes mi capitán.
-La otra noche te vi tonteando con mi hija en el castillo
de popa. ¿No estarás intentando engatusar a Luisa?
-¡Pues claro!
Si no fuera por Luisita, hace tiempo que me habría tirado
por la borda, estoy hasta el gorro de este barco del año
de la pera, el cuchitril donde tenemos que dormir, por
no hablar de la bazofia que tenemos que comer.
-Pues te veo rechoncho grumete.
-Solo un poco regordete mi capitán.
-Estás jugando con fuego, te recuerdo que estos mares
están infectados de tiburones, te puedo fastidiar a base
de bien.
-¡Tomo buena nota mi capitán ¡
-Prepara esta noche los bártulos grumete que mañana te
bajas conmigo a explorar la isla.
-¡Ni de coña, mi capitán! A mí estas islas me dan muy mala
espina.
-Te bajas conmigo y además, echando leches, no te jode con
el grumete.
Acaso no te pica la curiosidad de encontrar tierras maravillosas
donde solo hay que estirar un poco la mano para recoger sus
frutos en forma de oro y piedras preciosas, nos van a salir
los dineros por las orejas, grumete.
Tú nunca te separes de mí, ten los ojos bien abiertos y a partir
de ahora, el pico cerrado.
-¿Y cómo conseguiremos tantas riquezas, mi capitán?
-A las bravas grumete, a las bravas, pero no adelantemos
acontecimientos, todo a su debido tiempo.
Y ahora gandul, vete subiendo a la garza mayor que en nada
pondremos las velas a todo trapo.
En la cuarentena de edad y siendo gobernador de Puerto Rico,
había alcanzado Ponce de León toda la riqueza y toda la gloria que
un hombre podía desear, pero ahora, a sus cincuenta y tantos años
y con los achaques propios de la vejez, solo anhelaba encontrar la
fuente de la eterna juventud.
Había oído hablar a viejos marineros nativos del Caribe, de una
isla donde existía una fuente que hacía rejuvenecer y donde
todos los indios eran sanos, amables y pacíficos.
Y una mañana, pisando la arena de la playa, Ponce de León,
plantó el estandarte Real y tomando posesión de las nuevas
tierras, bautizo a la isla por su exuberante vegetación y belleza
como “La Florida “.
-Por cierto, mi capitán, ¿qué llevamos en este saco que pesa como
un demonio?
-Chucherías para los indios.
-Aunque sean pacíficos, no estaría de más tener la máxima precaución.
-Son amables, grumete.
-¿Seguro Jefe?
-Al cien por cien.
Y en eso, una lluvia de flechas les dio la bienvenida.
-Se lo dije mi capitán, que esta isla me daba muy mal rollo.
-¿Por qué no te callas grumete de los güevos?
¡Mira que eres cenizo!
Y una flecha alcanzó a Ponce de León en la pierna derecha.
-Retirada en formación, bramó Ponce.
Y con la astucia y la destreza de un gato, el grumete arrastró
a su capitán hasta la barca y poniendo pies en polvorosa,
huyeron todos en desbandada.
Días después, Ponce de León, moriría en La Habana a causa
de sus graves heridas.
Ponce de León tuvo tres pequeños grandes errores:
ni la Florida era una isla, si no, una península; la segunda: ni
los indios eran amables ni pacíficos, todo lo contrario, los
SEMINOLAS eran aguerridos luchadores y la tercera: que la
fuente de la eterna juventud no dejaba ser otro cuento chino.
FIN.
Y ahora una canción de una chica nacida en MIAMI -Florida y cantante del grupo BLONDIE.
www.youtube.com/watch?v=WGU_4-5RaxU
PONCE DE LEÓN.
En busca de la fuente de la eterna juventud.
CUANDO NO VAS A NINGUNA PARTE EN CONCRETO.
(Casi todo es rigurosamente verdadero).
-Venga para acá grumete.
-A sus órdenes mi capitán.
-La otra noche te vi tonteando con mi hija en el castillo
de popa. ¿No estarás intentando engatusar a Luisa?
-¡Pues claro!
Si no fuera por Luisita, hace tiempo que me habría tirado
por la borda, estoy hasta el gorro de este barco del año
de la pera, el cuchitril donde tenemos que dormir, por
no hablar de la bazofia que tenemos que comer.
-Pues te veo rechoncho grumete.
-Solo un poco regordete mi capitán.
-Estás jugando con fuego, te recuerdo que estos mares
están infectados de tiburones, te puedo fastidiar a base
de bien.
-¡Tomo buena nota mi capitán ¡
-Prepara esta noche los bártulos grumete que mañana te
bajas conmigo a explorar la isla.
-¡Ni de coña, mi capitán! A mí estas islas me dan muy mala
espina.
-Te bajas conmigo y además, echando leches, no te jode con
el grumete.
Acaso no te pica la curiosidad de encontrar tierras maravillosas
donde solo hay que estirar un poco la mano para recoger sus
frutos en forma de oro y piedras preciosas, nos van a salir
los dineros por las orejas, grumete.
Tú nunca te separes de mí, ten los ojos bien abiertos y a partir
de ahora, el pico cerrado.
-¿Y cómo conseguiremos tantas riquezas, mi capitán?
-A las bravas grumete, a las bravas, pero no adelantemos
acontecimientos, todo a su debido tiempo.
Y ahora gandul, vete subiendo a la garza mayor que en nada
pondremos las velas a todo trapo.
En la cuarentena de edad y siendo gobernador de Puerto Rico,
había alcanzado Ponce de León toda la riqueza y toda la gloria que
un hombre podía desear, pero ahora, a sus cincuenta y tantos años
y con los achaques propios de la vejez, solo anhelaba encontrar la
fuente de la eterna juventud.
Había oído hablar a viejos marineros nativos del Caribe, de una
isla donde existía una fuente que hacía rejuvenecer y donde
todos los indios eran sanos, amables y pacíficos.
Y una mañana, pisando la arena de la playa, Ponce de León,
plantó el estandarte Real y tomando posesión de las nuevas
tierras, bautizo a la isla por su exuberante vegetación y belleza
como “La Florida “.
-Por cierto, mi capitán, ¿qué llevamos en este saco que pesa como
un demonio?
-Chucherías para los indios.
-Aunque sean pacíficos, no estaría de más tener la máxima precaución.
-Son amables, grumete.
-¿Seguro Jefe?
-Al cien por cien.
Y en eso, una lluvia de flechas les dio la bienvenida.
-Se lo dije mi capitán, que esta isla me daba muy mal rollo.
-¿Por qué no te callas grumete de los güevos?
¡Mira que eres cenizo!
Y una flecha alcanzó a Ponce de León en la pierna derecha.
-Retirada en formación, bramó Ponce.
Y con la astucia y la destreza de un gato, el grumete arrastró
a su capitán hasta la barca y poniendo pies en polvorosa,
huyeron todos en desbandada.
Días después, Ponce de León, moriría en La Habana a causa
de sus graves heridas.
Ponce de León tuvo tres pequeños grandes errores:
ni la Florida era una isla, si no, una península; la segunda: ni
los indios eran amables ni pacíficos, todo lo contrario, los
SEMINOLAS eran aguerridos luchadores y la tercera: que la
fuente de la eterna juventud no dejaba ser otro cuento chino.
FIN.
Y ahora una canción de una chica nacida en MIAMI -Florida y cantante del grupo BLONDIE.
www.youtube.com/watch?v=WGU_4-5RaxU