manolo gomez bur says:
...
A orillas de la playa está sentada.
La espuma con sus pies está jugando,
y el mar y el horizonte está intentando
abarcar con su mano y su mirada.
Su espalda contra azules destacada.
Sus rizos con el viento están bailando.
Su mente, como pájaros volando,
va rozando la mar alborotada.
A veces mira atrás y estalla en risa
clavando su mirada en mi pupila
y un dedo señalando al infinito.
Parece que al mirar lanzara un grito,
decirme con los ojos, tan tranquila,
que en la mar, por crecer, no tiene prisa.
manolo gomez bur says:
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En sacos de algodón lágrima quieta,
vida de blanca cal, rojo tejado,
al aire, al viento, al frío, el cuerpo reta.
Su vista, pie en la tierra, se ha dejado
mojar por la tormenta que lo oprime…
La luz alarga sombra al descansado.
¿Qué más ha de esperar, o querer, dime,
si tiene los olores a su diestra,
la espuma que le llega y le redime?
¿Qué tiene que sacar a la palestra
si sueña solo ver el infinito
del cual enseña Lou Rouge una muestra?
manolo gomez bur says:
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FUENTE
Entregada total, derramada
en mil flechas cuajadas de espuma,
llena eres de luz y de gozo,
fragua ardiente que en chispas relumbras.
Trasplantada al hervor ciudadano,
no la flor ni la hierba fecundas.
Tu ambición te ha llevado muy lejos:
Es al hombre a quien quieres y buscas.
Es su sed lo que a ti te atormenta
y le sales al paso en su ruta
y a su origen de amor le regresas,
oh clara ventura.
Sí, le lanzas por todas tus bocas
ese beso apretado de espumas.
Y le das, maternal, esos brazos
plenos, ricos de arroyo y frescura.
Y te entregas en rayos, estrella
plateada, lunar de mil puntas.
Hasta el cielo levantas sus ojos
y hasta el fondo su espíritu alumbras.
Tú le cantas, le encantas al paso
con tu voz empapada de música,
catarata de escalas celestes,
tan nuevas, tan puras.
Día y noche le brindas ejemplo
de alegría y de dicha segura:
Darse, dar, entregar, entregarse.
Ejercicio de amor. Ciencia suma.
manolo gomez bur says:
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ECOS DEL VIENTO
Rompes mi armonía
con depravadas luces de color,
con la calcomanía de mi frente
recogiendo tus luces de fragancia.
No conozco tu estancia.
La vivencia me lleva a mal-ejadas
lanzaderas de espasmos,
multrigueras que enfautan a los pritmos
y surfullan la constull rebatible.
No sellamandran a los flogéluros
que enrollan las suburbas
caralejas.
No vendrán los canejas,
los que tienen que abrir,
y mústudos serán por inconformes.
Tuve la risa fácil yo también,
y también somnuyeron su clorisa.
Nunca crecí deprisa
y la sonrisa
flucó entre desdidumbres que ronecen
recuerdos y armonía.
Pero estarás tú siempre
con tus vértebras tan informuladas.
manolo gomez bur says:
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CON ESE AFAN DE INFINITO
A veces me gusta ver las cosas desenfocadas,
a veces, no distingo entre al fango y la alborada.
Suben los grumos, suben las algas desatadas.
Y a veces pienso que no eres tú lo que quiero,
a veces lo que quiero son tus alas.
Será el tiempo… que imagino delfines volando…
A veces oigo risas tras de mí y me lanzo al agua
esperando tu tacto,
el toque que conozco,
tu caricia desmembrada.
“A veces me gusta ver las cosas desde lejos. Cómo que me voy a nado.
Cómo que en algún momento puedo decir sin miedo:
¡No me siento enamorado!”
A veces la calma chicha, las nubes fáciles,
azul el estribo de la escapada…
“Puede ser que te intente recordar, pero tu cara…
Se me escapa en la noche de los tiempos
y sin embargo sé que aquella mañana
fundiste tu cuerpo con el mar y la mar enarbolada
te recogió como a un sonámbulo que busca a su amada
“Como siempre” piensa el mar “como siempre” y carcajada”
“A veces mi pie, desde la playa, baja tanto, con la prisa,
que suave roza la marejada.
Solo el agua, digo. Pero… siento en mis dedos
un temblor, un casi nada que no me atrevo a decir…
algo como ¡Para!”
si existieras….
Ludmilla, si existieras más allá de lo que pienso…
Más allá de las palabras…
Si fueras cordón de brea
en que sueñan mis añadas…
“Te voy a contar una historia.
Pero no te preocupes… es algo pasado…
No hace mucho, en estas aguas nadaba un hombre,
Nadaba,
y cuando estaba lejos, lejos… se hundió.
Se cree que lo esperaba.
Que sus fuerzas no llegaron hasta la curva
que cierra el mar en la distancia.
Que las caracolas traen en su algarabía sus notas
de cantos de amor y de esperanza.
Dice la caracola que no le importa la vida
si su vida le es restada.
Tu sonrisa,
Ludmilla, la flor aquella, ¿Recuerdas?
Hoy he hablado contigo.
Hoy he atravesado los mil litros de estulticia que nos separan
y estoy delante de ti.
No me oyes porque ignoras mi presencia.
Léeme. Cierra los ojos. Toca mis labios
TE QUIERO... calla...
manolo gomez bur says:
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ALBONDIGA
No serás menos fiel a tu promesa
que delata tu forma tan redonda,
y ese color marrón que está y te ronda
cuando por fin te acercas a mi mesa.
Antes la carne de un kilo que pesa
-mitad y mitad cerdo y vaca oronda-
ajo y huevo y el pan que no se esconda
y con algo de almendra en salsa espesa.
Se juntan a tu vista los pecados
si encima se acompaña de buen vino
de pensar esos trozos masticados,
pasando de comer cual tipo fino
a comer como comen, despreciados,
los que comen cual come algún canino.
manolo gomez bur says:
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Soneto improvisado a ERES
Déjame que te ponga la nariz,
que te ponga unos ojos que me miren
diciéndome que aspiran y que aspiren
a ser de la memoria emperatriz.
Déjame que te suba en un desliz
unos labios que rían y respiren
esas formas de amor y que deliren
los que quieren buscarte otro matiz.
Déjame que te pinte dos orejas
para que puedas oír todas sus quejas
mientras mira tu foco sus miradas.
Y déjame que pinte la pianola
las trompetas, violines y la viola
que acompañen tu música a las hadas.
manolo gomez bur says:
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MALDITA SOLEDAD
Esta maldita soledad que te cala hasta los huesos.
Esta lluvia pertinaz de lo que hiciste,
que recorre las nubes del tiempo.
Blancos algodones que jugaban al pilla pilla
allá en el cielo. Que giraban y formaban dibujos
de animales, divertidos y fieros.
Y riendo tu recuerdo miras de nuevo al frente
sin acordar lo que el viento arrastra con las hojas.
Sin ver si no son los claros de una luna
que recorre espacios de sombra y de luz
y se despeña en los ribazos, en la vereda.
Las nubes ya no son blancas.
Ya su color se difumina acorralando las estrellas.
Hace, si acaso, algo de frío.
Ya llegaras a casa y para mañana volverá a lucir el sol.
Esta maldita soledad que quizás nace de la noche
y de sus ruidos y de sus luces estampadas
como la colcha que te espera tapando la cama.
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