VicenÇ
Un Lugar cualquiera
Pasaba por allí, no iba a ningún lugar en concreto, solo estaba haciendo tiempo hasta la hora de la reunión.
Yo no mandaba sobre mi, eran mis piernas quienes tenían el control de mi cuerpo, íbamos caminando por las calles del centro, cuando llegábamos a una esquina ellas decidían si debíamos tomar el camino de la derecha, izquierda o seguir recto, pasábamos por delante tiendas que a mi me hubiera gustado detenerme pero a ellas no les parecía oportuno por lo tanto seguíamos adelante, por el contrario se detenía en algunos lugares que inicialmente a mi no me despertaban interés.
Era temprano, en las calles había bastante gente yendo de un lugar a otro, para entrar a trabajar, para desayunar, para comprar o quien sabe exactamente a donde iban, o a lo que iban. Cada uno de ellos con sus peculiaridades y pensamientos reflejados en sus caras y movimientos.
Y yo estaba allí en medio, sin mando, si a mis piernas les hubiese apetecido darle una patada a alguien yo no podría haber hecho nada para remediarlo y tampoco hubiera podido justifícame ante esa insólita acción, tuve la suerte de que eso no sucediese.
Debido a la falta de control sobre mi mismo opté por depositar mi confianza en mis extremidades inferiores, cuando se detenían en un lugar cualquiera, primero miraba a mis pies para comprobar que estaban inmóviles y luego observaba detenidamente el lugar buscándole algún interés particular. Fuimos a un callejón que a pesar de haber pasado miles de veces por delante nunca me había adentrado, observamos las sillas y mesas de un bar esperando clientes, vimos a un jardinero metido hasta las rodillas dentro un estanque mientras hablaba por su teléfono móvil, nos detuvimos ante una cíngara que nos quería vender el amuleto de la fortuna. La situación se convirtió en atractiva, me gustaba dejarme llevar y ser conducido, el equipo formado entre ambos estaba dando buenos resultados.
Pero de repente me detuve de una forma extraña, sentía mis piernas, nuevamente miré a mi alrededor pero esta vez todo lo que me rodeaba carecía de interés.
Todo ello me resultó francamente raro, miré mi reloj y vi que ya era la hora de la reunión, por lo tanto me dirigí caminando rápidamente hasta el lugar acordado.
Un Lugar cualquiera
Pasaba por allí, no iba a ningún lugar en concreto, solo estaba haciendo tiempo hasta la hora de la reunión.
Yo no mandaba sobre mi, eran mis piernas quienes tenían el control de mi cuerpo, íbamos caminando por las calles del centro, cuando llegábamos a una esquina ellas decidían si debíamos tomar el camino de la derecha, izquierda o seguir recto, pasábamos por delante tiendas que a mi me hubiera gustado detenerme pero a ellas no les parecía oportuno por lo tanto seguíamos adelante, por el contrario se detenía en algunos lugares que inicialmente a mi no me despertaban interés.
Era temprano, en las calles había bastante gente yendo de un lugar a otro, para entrar a trabajar, para desayunar, para comprar o quien sabe exactamente a donde iban, o a lo que iban. Cada uno de ellos con sus peculiaridades y pensamientos reflejados en sus caras y movimientos.
Y yo estaba allí en medio, sin mando, si a mis piernas les hubiese apetecido darle una patada a alguien yo no podría haber hecho nada para remediarlo y tampoco hubiera podido justifícame ante esa insólita acción, tuve la suerte de que eso no sucediese.
Debido a la falta de control sobre mi mismo opté por depositar mi confianza en mis extremidades inferiores, cuando se detenían en un lugar cualquiera, primero miraba a mis pies para comprobar que estaban inmóviles y luego observaba detenidamente el lugar buscándole algún interés particular. Fuimos a un callejón que a pesar de haber pasado miles de veces por delante nunca me había adentrado, observamos las sillas y mesas de un bar esperando clientes, vimos a un jardinero metido hasta las rodillas dentro un estanque mientras hablaba por su teléfono móvil, nos detuvimos ante una cíngara que nos quería vender el amuleto de la fortuna. La situación se convirtió en atractiva, me gustaba dejarme llevar y ser conducido, el equipo formado entre ambos estaba dando buenos resultados.
Pero de repente me detuve de una forma extraña, sentía mis piernas, nuevamente miré a mi alrededor pero esta vez todo lo que me rodeaba carecía de interés.
Todo ello me resultó francamente raro, miré mi reloj y vi que ya era la hora de la reunión, por lo tanto me dirigí caminando rápidamente hasta el lugar acordado.