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PICADOR ENTRANDO EN LA PLAZA

Su complexión no se acuerda con la de la generalidad de picadores, sobre todo antiguamente. Si adelgazó Michelín, quién se resistirá a perder peso. Bien está, pero en el imaginario taurino tenemos al picador gordo y nos cuesta cambiarlo. Este es un piquero elegante, joven, la espalda recta, bien sentado en su cabalgadura, relajada su actitud, destocado aún de castoreño que sostiene por arriba con la mano derecha, ligeramente apoyado por abajo sobre la delantera del caballo. Qué preciosidad la chaquetilla bordada en oro sobre seda de colores, entre azul y verde en esta ocasión (mi ojo torpe no sabría decir el nombre de esa tonalidad).

Va a dejar el sol que esplende en su espalda, refulge en el dorso, en las hombreras. La pechera alcanza la sombra y la profundiza: uos cuantos pasos más y entrará en lo oscuro, unos instantes de ceguera transitoria donde el protagonista, ahora, puede que sea el miedo, en algún momento se ha de conjurar al miedo y ... vencerlo. Pero si no estuviera bien presente, ¿qué clase de pantomima sería este espectáculo atroz?

Y todo se rige por el claro-oscuro, la incertidumbre, el valor o el paso atrás, trasunto de la vida.

 

Me hago yo a mi misma foto un comentario, no sé para qué; tal vez para que los del grupo de artesanía sepan que esa preciosa chaquetilla no es un prêt- à- porter.

 

Respetuosamente, Escardaneli.

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Uploaded on December 5, 2012
Taken on June 17, 2012