Vaciando mi taza, o mi manera de ver y fotografiar la vida silvestre

Una cálida tarde de verano disfruto de una reparadora siesta, estoy tumbado entre hayas en lo profundo de un bosque de la cordillera. Cuando me despierta el ruido producido por un pequeño grupo de rebecos los cuales interactúan con carreras y simulando persecuciones entre ellos.

 

Una joven hembra de rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva) se acerca hasta mi lugar de sesteo. En la fotografía muestra un gesto de sorpresa, acaba de darse cuenta de que estoy echado y medio oculto entre los helechos. Parece que gesticula girando la cabeza (en mi galería tengo una foto similar, que corresponde a un fotograma anterior de la serie). En esta que comparto hoy la rebeca ya se ha apercibido de mi presencia, pero parece que no acaba de identificarme, o sí y siente cierta curiosidad…

 

Me sirvo de esta instantánea que muestra esta interacción entre modelo y fotógrafo para abordar una reflexión acerca de la digamos evolución en mi manera de ver la fotografía de naturaleza.

 

Ayer visualizaba un vídeo del excepcional fotógrafo Steve Perry, en el audiovisual se cuestiona los verdaderos motivos por los que hace fotografía de fauna silvestre mientras va haciendo un recorrido por sus mejores fotografías del 2022. También expresa algo que es muy cercano a lo que yo siento y creo que he comprendido ya hace un cierto tiempo.

 

Las mejores fotos que voy consiguiendo durante los últimos años, por lo menos para mí, son las que son fruto de una “relación” y cierta comprensión de esas especies. Unas especies que hace tiempo he dejado de observar únicamente como un naturalista o como un fotógrafo de fauna silvestre. A lo largo de los años la observación y las variadas interacciones que se han dado mientras intentaba fotografiarlos ha producido en mi una llamémosle metamorfosis.

 

Siento que se han agudizado todos mis sentidos (el sexto también), para verlos progresivamente sin filtrar esa percepción a través de la estructura predeterminada por el conocimiento aprendido de su etología, biología etc. Esta información válida pero condicionante, que he adquirido por medio de lecturas especializadas, comunicaciones de expertos y mi propia observación de ellos en el ejercicio de la labor de naturalista de campo al uso.

 

He pasado progresivamente a estar menos condicionado , más abierto a percibir sus vidas con una mayor amplitud e interconectada a toda la riqueza de su entorno vital. Creo que poco a poco he ido adquiriendo una cierta perspectiva y aunque ciertamente sigue existiendo una tendencia a esa interpretación antrópica de la naturaleza. Es cierto que el peso de la impronta cultural es enorme. Pero siento que al menos puedo desplazar esa mancha de condicionamientos de mi percepción, dejando que pueda mostrarse una digamos realidad incondicional.

 

Como hace referencia el cuento zen : “Hay que vaciar la taza para poder verte en ella nuevo contenido”. Desaprender para aprender algo nuevo.

Y afortunadamente a veces siento que consigo ver a los modelos silvestre de mis fotografías, digamos “desde el corazón” (y que conste que tengo una parte mental potente en mi personalidad).

 

Así cada vez se dan más las condiciones para contemplar sin trabas actitudes y comportamientos que podríamos calificar como atípicas. Que revelan un potente componente individualizador, lo que me hace percibir a estos animales como individuos con unas características de una cierta “personalidad”.

 

Rebecos, corzos, osos, lobos, martas,... diversos individuos de estas y otras especies a los cuales he venido observando con cierta asiduidad durante los últimos 30 años. Son ellos tras dedicarles el suficiente tiempo, los que me han hecho abrir mi mente. No quiero desdeñar los conocimientos científicos más avanzados de estas especies que he bebido con pasión. Pero creo que he dejado de estar tan condicionado a interpretar lo que veo a través de lo que está descrito, digamos a observar a través de un cristal de cierto color que condicione la realidad.

 

Y sin enrollarme más, a lo que íbamos. En cuanto a la fotografía considero que esas fotografías que tienen “alma”, son las que son fruto de una prolongada dedicación a unas especies, que ha producido una relativa comprensión de estos maravillosos seres. Ya que después de invertir mucho tiempo en su seguimiento y observación he podido compartir extraordinarios momentos de sus vidas. Incluso he llegado a sentir muchas ocasiones que me daban permiso para captarlos en esas instantáneas. Aunque siempre procuro que no me detecten y poder plasmar su comportamiento natural sin intromisión. Y algunas veces lo consigo, otras ocasiones percibo que saben que estoy ahí, pero me permiten una cierta proximidad. Son instantes a veces en los que dejo de pensar, para ser y vivir ese presente con ese ser vivo y el todo que nos rodea.

 

 

El principal aliciente que motiva mi labor fotográfica es transmitir esa belleza que desprende la vida silvestre, cuando conocemos podemos valorar. Sensibilizar al mayor público a través de ese acercamiento que produce una empatía hacia estos hermanos biológicos.

 

A los cuales mantenemos en constante amenaza, desgraciadamente esta humanidad valora todo por el producto que puede obtener de ello.

 

Feliz año y mucha luz para tod@s.

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Uploaded on January 1, 2023
Taken on June 24, 2020