Jesús Nicolás Sánchez
Mundo helado, III
Nos movemos unos centímetros o unos metros y todo cambia. Las texturas, las líneas, ... vamos de un lado para otro y no dejamos de fotografiar detalles, de componer, de mirar y de alucinar. De jugar buscando imágenes. Las hay evidentes, que te llaman a gritos que las atiendas y las inmortalices, y las hay que pasan desapercibidas y te obligan a moverte despacio, atento, con la nariz a dos palmos del suelo. Fotografiar lo efímero tiene algo de especial, pues sabes que bastan unas horas de sol y el paso de una sola noche después para que haya desaparecido lo que tu viste, todo se habrá transformado.
Mundo helado, III
Nos movemos unos centímetros o unos metros y todo cambia. Las texturas, las líneas, ... vamos de un lado para otro y no dejamos de fotografiar detalles, de componer, de mirar y de alucinar. De jugar buscando imágenes. Las hay evidentes, que te llaman a gritos que las atiendas y las inmortalices, y las hay que pasan desapercibidas y te obligan a moverte despacio, atento, con la nariz a dos palmos del suelo. Fotografiar lo efímero tiene algo de especial, pues sabes que bastan unas horas de sol y el paso de una sola noche después para que haya desaparecido lo que tu viste, todo se habrá transformado.