Jesús Nicolás Sánchez
Ama Dablam, III
Con tonos ya fríos, se acerca la noche en la alta montaña, y sale la luna furtivamente detrás de una nube que parecía colocada a propósito en aquel rincón del cielo para darle algo de interés. El mar de nubes en el valle se acabará disipando durante la noche y a la mañana siguiente dispondremos de una luz radiante para superar un collado de más de 5.500 metros de altitud. Tengo que decir que sabíamos en aquellos precisos momentos, mientras lo estábamos disfrutando, que este atardecer iba a ser el mejor de todo el viaje. No nos equivocamos, lo fue.
La temporada de trekking en Nepal aún no había comenzado cuando nosotros ya nos encontrábamos en el camino de regreso a la capital (los meses fuertes son octubre y noviembre), tras 14 de días de caminata. Estábamos prácticamente solos en aquel lugar remoto, mi mujer, nuestros dos hijos y yo, y un puñado de nepalíes en varios albergues preparándose para la llegada de los turistas, que en menos de dos semanas estarían ya invadiéndolo todo. Nosotros y una naturaleza imponente rodeándonos por todas partes. ¿Qué más se puede pedir?
Ama Dablam, III
Con tonos ya fríos, se acerca la noche en la alta montaña, y sale la luna furtivamente detrás de una nube que parecía colocada a propósito en aquel rincón del cielo para darle algo de interés. El mar de nubes en el valle se acabará disipando durante la noche y a la mañana siguiente dispondremos de una luz radiante para superar un collado de más de 5.500 metros de altitud. Tengo que decir que sabíamos en aquellos precisos momentos, mientras lo estábamos disfrutando, que este atardecer iba a ser el mejor de todo el viaje. No nos equivocamos, lo fue.
La temporada de trekking en Nepal aún no había comenzado cuando nosotros ya nos encontrábamos en el camino de regreso a la capital (los meses fuertes son octubre y noviembre), tras 14 de días de caminata. Estábamos prácticamente solos en aquel lugar remoto, mi mujer, nuestros dos hijos y yo, y un puñado de nepalíes en varios albergues preparándose para la llegada de los turistas, que en menos de dos semanas estarían ya invadiéndolo todo. Nosotros y una naturaleza imponente rodeándonos por todas partes. ¿Qué más se puede pedir?