Jesús Nicolás Sánchez
Ama Dablam, II
Las luces de los atardeceres y amaneceres serán siempre "Las Luces", con mayúsculas. La velocidad con la que cambian los tonos nos obliga a correr de un lado para otro para aprovechar los pocos minutos que duran estos momentos y perpetuar en nuestras cámaras los maravillosos colores que mutan rápidamente de tonalidades pastel a azules fríos. Sin trípode por la imperiosa necesidad de reducir el peso de nuestras mochilas al mínimo posible -dado que en nuestro treking mi familia y yo éramos al mismo tiempo tanto los guías, como los porteadores y los clientes-, las fotos están realizadas apoyando la cámara sobre piedras, con el espejo levantado para minimizar la trepidación y con el modo de disparo retardado diez segundos. Me imagino a los nepalíes de aquel recóndito lugar a más de 4.800 m.s.m. viendo cómo aquel turista majareta corría de un lado para otro colocando la cámara sobre las vallas de piedra para llevarse a su casa lo que ellos veían todos los días.
Necesitaríamos un millón de vidas para disfrutar de todos los atardeceres del planeta.
Saludos.
Ama Dablam, II
Las luces de los atardeceres y amaneceres serán siempre "Las Luces", con mayúsculas. La velocidad con la que cambian los tonos nos obliga a correr de un lado para otro para aprovechar los pocos minutos que duran estos momentos y perpetuar en nuestras cámaras los maravillosos colores que mutan rápidamente de tonalidades pastel a azules fríos. Sin trípode por la imperiosa necesidad de reducir el peso de nuestras mochilas al mínimo posible -dado que en nuestro treking mi familia y yo éramos al mismo tiempo tanto los guías, como los porteadores y los clientes-, las fotos están realizadas apoyando la cámara sobre piedras, con el espejo levantado para minimizar la trepidación y con el modo de disparo retardado diez segundos. Me imagino a los nepalíes de aquel recóndito lugar a más de 4.800 m.s.m. viendo cómo aquel turista majareta corría de un lado para otro colocando la cámara sobre las vallas de piedra para llevarse a su casa lo que ellos veían todos los días.
Necesitaríamos un millón de vidas para disfrutar de todos los atardeceres del planeta.
Saludos.