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Los Flechas del Sur, devoradores de distancia

“¿Quién no conoce ya de sobra estos hermosos trenes de líneas aerodinámicas que, desde hace casi dos años, cruzan velozmente a través de nuestros campos, y a los cuales la fecunda inventiva popular ha bautizado con el sugestivo nombre de “Flechas del Sur?”

Comodidad, rapidez y puntualidad son los atributos de estos modernos trenes, que señalan la culminación de una etapa de progreso ferroviario y que contribuyen, de manera poderosa, a colocar a los ferrocarriles chilenos en un plano de clara preponderancia sobre las organizaciones similares de este continente.

El viajero que, cómodamente instalado en un magnífico sillón del “Flecha”, devora las distancias a razón de 140 kilómetros por hora, o el mero observador que, colocado en un modesto andén del trayecto, mira pasar como una exhalación el lujoso convoy ignora, sin duda, las innúmeras preocupaciones las inquietudes y aun los sobresaltos que ha costado el hacerlo llegar a Chile, en una época en que empezaba a tender por el mundo sus tentáculos implacables la conflagración más sangrienta de la historia.

En el curso del año 1937, la Dirección General de los Ferrocarriles del Estado consideró seriamente la necesidad de contar con equipos modernos para el transporte de pasajeros. La afluencia creciente de turistas hacia la incomparable región sureña, creaba todos los años algunas dificultades derivadas de la insuficiencia de los trenes y de la dotación de coches dormitorios. Se pensó, y estimamos que con sobrada razón, que la incorporación de trenes “Diésel” salvaría esos escollos y procuraría a los viajeros confort y rapidez, dos condiciones esenciales para el éxito del turismo.

Al finalizar ese año estaba ordenada de Alemania la construcción de diez y seis equipos. Cinco de ellos eran del tipo “Diesel-eléctricos” (con las características del “Flecha”) y el resto, “automotores eléctricos”. Dos importantes fábricas de aquel país tomaron a su cargo este interesante trabajo: la M.A.N., de Augsburg y la A.E.G. de Berlín. Los frenos fueron contratados con la firma Westinghouse de los EE.UU.

En el curso de 1939 estuvo terminada una parte de este equipo. Iniciáronse de inmediato las tramitaciones para traerlo al país; pero ellas se vieron seriamente dificultadas por el estado de guerra que ya envolvía al país constructor y a diversas otras naciones del Viejo Mundo. Aun cuando Chile contó con ayuda diplomática amplia, sólo al terminar dicho año se pudieron embarcar seis trenes en el barco noruego “Belray”, fletado con este objeto desde el puerto de Génova. Una situación inesperada vino a malograr el éxito de esta expedición. Cuando el “Belray” zarpó de la costa italiana, este país era aún neutral. Durante la navegación hacia Sudamérica, el panorama internacional cambió violentamente y las naciones bajo cuyo pabellón y patrocinio eran conducidos a Chile nuestros trenes-motores se vieron envueltas en la contienda.

La guerra en el mar era implacable y la amenaza submarina estaba presente en todas partes. Fácilmente puede el lector comprender cuál sería la inquietud de la Dirección ferroviaria por la suerte del “Belray”, barco noruego, y de los equipos que constituían su principal cargamento. Durante muchos días no hubo noticia alguna de la nave, cuya situación exacta se ignoraba. El prolongado silencio del “Belray” hizo pensar en la trágica posibilidad del hundimiento. Las noticias, inciertas y diferentes, tuvieron felizmente un desmentido inesperado el 10 de mayo de 1940, día en que el barco echó sorpresivamente anclas en el puerto de Valparaíso. ¡La accidentada y peligrosa travesía había demorado más de cinco meses!

Rápidamente se procedió a efectuar la descarga de los trenes. Recién colocados éstos en tierra se desencadenó en la bahía un temporal violentísimo, que pudo haber puesto en peligro una vez más el valioso cargamento, si las faenas no se hubiesen realizado con especial celeridad.

Para terminar este comentario, deseamos consignar algunos pormenores técnicos de los trenes “Flechas”.

Cada automotor consta de tres coches o compartimientos unidos entre sí. El coche “A” contiene: cabina de comando, sala de máquinas, caldera de calefacción, departamento de correos, W.C. para el personal, sala de equipajes, vestíbulo y pasaje lateral, cocina, repostero, pequeño bar, toilette para señoras, toilette para caballeros y un closet para guardar maletas. El bar tiene capacidad para 15 personas.

El coche “B” se halla dividido en dos departamentos para pasajeros, cada uno de los cuales tiene 36 asientos.

El coche “C” tiene: un departamento para pasajeros, con 52 asientos; vestíbulo de entrada, dos closets para maletas, toilette para señoras, toilette para caballeros, sala de máquinas y cabina de comando.

La energía para la impulsión del tren se genera en dos plantas motrices Diésel-eléctricas, situadas una en cada extremo del convoy.

Los “Flechas” poseen sistemas de acondicionamiento y refrigeración de aire.

La marcha máxima de estos trenes sube de 130 kilómetros por hora y ella es desarrollada normalmente en diversos sectores, en donde la vía permite alcanzar altas velocidades.”

 

Foto 1: El “Flecha del Sur”, cuyo equipo es de lo más moderno y confortable y constituye la última palabra como técnica de tracción electromecánica. Este equipo hace el recorrido de Santiago a Puerto Montt con una velocidad constante de 100 kilómetros por hora; Foto 2: El vapor “Belray” anclado en el puerto de Valparaíso, que trajo a Chile nuestros trenes-motores; Foto 3: El aspecto de la cantina del “Flecha del Sur”; Foto 4: Esta foto nos muestra el desembarco de los carros del “Flecha del Sur” en el puerto de Valparaíso, llegados a Chile en el vapor “Belray”.

 

*En viaje, n° 105-110, julio-diciembre, 1942

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Uploaded on January 6, 2024