Antonio Ventaja
La Conversión de San Pablo (1614). Juan Bautista Maíno. Museu Nacional d´Art de Catalunya
La conversión de san Pablo es una obra muy representativa de la producción de Maíno. Recuerda al Retablo Mayor de las Cuatro Pascuas (Natividad, Reyes, Resurrección y Pentecostés), pintado para la iglesia de San Pedro Mártir de Toledo (1612-1614), que se conserva en el Museo del Prado y que está considerada una de las producciones más relevantes de la pintura española del siglo XVII.
En esta obra se aprecian los principales y más representativos aspectos que definen el repertorio gráfico del pintor y su lenguaje, caracterizado por un dibujo vigoroso, de trazo minucioso en los contornos, la monumentalidad escultórica de las figuras, creadas mediante una iluminación contrastada, y un colorido intenso. La conversión de san Pablo muestra la deuda contraída por Maíno con la pintura italiana, particularmente, con el estimulante ambiente romano, en cuya ciudad aparece documentada la presencia del artista entre 1605 y 1610.
El lenguaje de Maíno acusa también la influencia de Caravaggio, especialmente visible en el modelado del cabello de los ángeles y en el aspecto severo del rostro de Jesús.
La singularidad del arte de Maíno (1581-1649), tan directamente vinculado a las experiencias romanas de los primeros años del siglo, por su conocimiento del caravaggismo «claro» y su sentido de la naturaleza y el paisaje, tan ligado al mundo romano de Eshheimer y Annibale Carracci, le confieren un puesto de primerísimo orden entre los artistas de su tiempo. Su condición de monje y hombre de letras, unido al prestigio de su posición de profesor del rey Felipe IV cuando príncipe, le convirtieron, sin duda, en figura influyente en el ambiente cortesano.
La Conversión de San Pablo (1614). Juan Bautista Maíno. Museu Nacional d´Art de Catalunya
La conversión de san Pablo es una obra muy representativa de la producción de Maíno. Recuerda al Retablo Mayor de las Cuatro Pascuas (Natividad, Reyes, Resurrección y Pentecostés), pintado para la iglesia de San Pedro Mártir de Toledo (1612-1614), que se conserva en el Museo del Prado y que está considerada una de las producciones más relevantes de la pintura española del siglo XVII.
En esta obra se aprecian los principales y más representativos aspectos que definen el repertorio gráfico del pintor y su lenguaje, caracterizado por un dibujo vigoroso, de trazo minucioso en los contornos, la monumentalidad escultórica de las figuras, creadas mediante una iluminación contrastada, y un colorido intenso. La conversión de san Pablo muestra la deuda contraída por Maíno con la pintura italiana, particularmente, con el estimulante ambiente romano, en cuya ciudad aparece documentada la presencia del artista entre 1605 y 1610.
El lenguaje de Maíno acusa también la influencia de Caravaggio, especialmente visible en el modelado del cabello de los ángeles y en el aspecto severo del rostro de Jesús.
La singularidad del arte de Maíno (1581-1649), tan directamente vinculado a las experiencias romanas de los primeros años del siglo, por su conocimiento del caravaggismo «claro» y su sentido de la naturaleza y el paisaje, tan ligado al mundo romano de Eshheimer y Annibale Carracci, le confieren un puesto de primerísimo orden entre los artistas de su tiempo. Su condición de monje y hombre de letras, unido al prestigio de su posición de profesor del rey Felipe IV cuando príncipe, le convirtieron, sin duda, en figura influyente en el ambiente cortesano.