Itxaso.69
Otro nuevo comienzo...
Llega un momento en la vida en el que una persona simplemente deja de insistir en lo que no fluye. Ya no busca encajar donde no hay espacio, ni se esfuerza por mantener vínculos que solo existen cuando ella los sostiene. Comprende que la paz interior vale mucho más que cualquier compañía que se la arrebate.
Aprende a distinguir entre la presencia sincera y la que aparece solo por conveniencia. Si alguien quiere estar, estará. Y si no, también está bien. Sin rencor, simplemente cerrar la puerta con gratitud y seguir camino.
Ya no invierte energía en perseguir afectos que no se dan de forma natural. El amor, la amistad, el respeto… no se ruegan, se sienten, se ofrecen, o simplemente no están. Y cuando no están, se vuelve más sano soltar que quedarse esperando.
Se vuelve a valorar lo simple: una conversación clara, una mirada honesta, una presencia que no genera incertidumbre. Se queda con lo que suma, con lo que da calma, con lo que no necesita debates internos constantes.
Porque, al final, cuidar la paz interior también es una forma de amarse. Y parte de ese amor propio consiste en dejar de esperar que los demás cambien, para comenzar a cambiar uno mismo la forma en que elige a quién abrir su mundo.
Diciembre 2023
©Reservados todos los derechos. No se permite el uso o reproducción incluyendo electrónico sin el consentimiento por escrito.
All rights reserved. No use or reproduction including electronic is allowed without written consent.
Otro nuevo comienzo...
Llega un momento en la vida en el que una persona simplemente deja de insistir en lo que no fluye. Ya no busca encajar donde no hay espacio, ni se esfuerza por mantener vínculos que solo existen cuando ella los sostiene. Comprende que la paz interior vale mucho más que cualquier compañía que se la arrebate.
Aprende a distinguir entre la presencia sincera y la que aparece solo por conveniencia. Si alguien quiere estar, estará. Y si no, también está bien. Sin rencor, simplemente cerrar la puerta con gratitud y seguir camino.
Ya no invierte energía en perseguir afectos que no se dan de forma natural. El amor, la amistad, el respeto… no se ruegan, se sienten, se ofrecen, o simplemente no están. Y cuando no están, se vuelve más sano soltar que quedarse esperando.
Se vuelve a valorar lo simple: una conversación clara, una mirada honesta, una presencia que no genera incertidumbre. Se queda con lo que suma, con lo que da calma, con lo que no necesita debates internos constantes.
Porque, al final, cuidar la paz interior también es una forma de amarse. Y parte de ese amor propio consiste en dejar de esperar que los demás cambien, para comenzar a cambiar uno mismo la forma en que elige a quién abrir su mundo.
Diciembre 2023
©Reservados todos los derechos. No se permite el uso o reproducción incluyendo electrónico sin el consentimiento por escrito.
All rights reserved. No use or reproduction including electronic is allowed without written consent.