*efejota*
¡Este año sí, este año me declaro!
Dicen que las buenas fotos deben contar una historia. Así que yo me esfuerzo en intentar contar historias aunque no consiga buenas fotos. Estas callejeras es lo que tienen, como son a salto de mata cuando no me falla el enfoque falla el encuadre, o están trepidadas, o los parámetros son los que están en ese momento sean adecuados o no. Y al final me doy cuenta de que, además de que la foto es un churro, no he contado una historia. En realidad he hecho una sugerencia para que cada cual se invente la suya.
Aquí tenemos a nuestro protagonista, recién duchado y perfumado y puesto como un pincel sentado en un banco al que se ha acercado apoyado en su cachaba, que los años no pasan en balde, con su precioso ramo de flores recién comprado. Piensa en que esta vez no se le escapa la zagala y en cómo la va a abordar para, por fin, declararle su amor tanto tiempo sentido y tan pocas veces expresado por esa cobardía que tantas veces tenemos los hombres y tantas ocasiones nos hacen perder.
O quizás no. Igual simplemente está esperando a su esposa, que ha ido a hacer un recado, para “sorprenderla” con ese ramo de flores que le regala puntualmente todos los años este mismo día. Fue el día en que se conocieron y se enamoraron. Cómo no, en las fiestas locales. Por entonces todavía no se había inventado el Celedón, ni su bajada ni su subida. El iba con su cuadrilla bailando con su blusa, el puro en la mano y su boina cuando se fijó en esos ojos que le miraban y que eran como garfios de abordaje que se agarran a la carne y tiran con una fuerza irresistible. Y junto a esos ojos una sonrisa pícara. Luego el baile en la plaza, el inicio del cortejo, los primeros piropos y requiebros que venían a los labios empujados por ese par de chiquitos de Rioja que se había tomado antes para darse valor. Y desde entonces puntualmente todos los años le hace su obsequio en agradecimiento de esos 365 días de compañía feliz.
A lo mejor no celebran que ese día se conocieron. Tal vez se trata de que es la onomástica de ella, que se llama Blanca o Nieves o Edurne o Zuriñe y la espera junto a la iglesia donde está la imagen de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad.
¿Y por qué no? ¿No será que su propósito es una nueva conquista? ;-)
Para El Reto I-19: Propósito
1º
¡Este año sí, este año me declaro!
Dicen que las buenas fotos deben contar una historia. Así que yo me esfuerzo en intentar contar historias aunque no consiga buenas fotos. Estas callejeras es lo que tienen, como son a salto de mata cuando no me falla el enfoque falla el encuadre, o están trepidadas, o los parámetros son los que están en ese momento sean adecuados o no. Y al final me doy cuenta de que, además de que la foto es un churro, no he contado una historia. En realidad he hecho una sugerencia para que cada cual se invente la suya.
Aquí tenemos a nuestro protagonista, recién duchado y perfumado y puesto como un pincel sentado en un banco al que se ha acercado apoyado en su cachaba, que los años no pasan en balde, con su precioso ramo de flores recién comprado. Piensa en que esta vez no se le escapa la zagala y en cómo la va a abordar para, por fin, declararle su amor tanto tiempo sentido y tan pocas veces expresado por esa cobardía que tantas veces tenemos los hombres y tantas ocasiones nos hacen perder.
O quizás no. Igual simplemente está esperando a su esposa, que ha ido a hacer un recado, para “sorprenderla” con ese ramo de flores que le regala puntualmente todos los años este mismo día. Fue el día en que se conocieron y se enamoraron. Cómo no, en las fiestas locales. Por entonces todavía no se había inventado el Celedón, ni su bajada ni su subida. El iba con su cuadrilla bailando con su blusa, el puro en la mano y su boina cuando se fijó en esos ojos que le miraban y que eran como garfios de abordaje que se agarran a la carne y tiran con una fuerza irresistible. Y junto a esos ojos una sonrisa pícara. Luego el baile en la plaza, el inicio del cortejo, los primeros piropos y requiebros que venían a los labios empujados por ese par de chiquitos de Rioja que se había tomado antes para darse valor. Y desde entonces puntualmente todos los años le hace su obsequio en agradecimiento de esos 365 días de compañía feliz.
A lo mejor no celebran que ese día se conocieron. Tal vez se trata de que es la onomástica de ella, que se llama Blanca o Nieves o Edurne o Zuriñe y la espera junto a la iglesia donde está la imagen de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad.
¿Y por qué no? ¿No será que su propósito es una nueva conquista? ;-)
Para El Reto I-19: Propósito
1º