Nathalie Le Bris
Religión
Visitando el pueblo fortificado de Villefranche-de-Conflent, en los Pirineos, tuvimos la suerte de poder entrar en la iglesia, del siglo XII, que no siempre está abierta al público. Las iglesias no son una gran fuente de inspiración para mi, y tampoco lo es la religión. Lo que si me parece (a veces) mágico es el contraste entre la oscuredad habitual y la luz que entra por los ventanales. Al final de la tarde, la luz daba al este coro antiguo, que desde luego no estaba en su emplazamiento originario sino que había sido desplazado debajo del campanario románico, al oeste.
Me paré un momento para hacer una foto y estuve imaginando la historia de estos árboles, que siglos atrás un artesano había sigilosamente transformado en asientos para el clérigo, y que habían atravesado el tiempo y las guerras hasta perdurar hasta hoy. Cuántos posteriores sagrados se habrán sentado en esos asientos... en invierno, en verano, en épocas de conflictos, en tiempos de bonanza...
Y luego me fijé en la firma de este Roger Souquet, otro de los miles de aficionados a los grafitis, que sin saberlo había ligado su historia individual a esta cadena de individualidades que había permanecido allí en esas sillas... En fin Jackie, que este tema que tan poco me inspiraba me ha llevado a imaginar toda una historia :-)
Religión
Visitando el pueblo fortificado de Villefranche-de-Conflent, en los Pirineos, tuvimos la suerte de poder entrar en la iglesia, del siglo XII, que no siempre está abierta al público. Las iglesias no son una gran fuente de inspiración para mi, y tampoco lo es la religión. Lo que si me parece (a veces) mágico es el contraste entre la oscuredad habitual y la luz que entra por los ventanales. Al final de la tarde, la luz daba al este coro antiguo, que desde luego no estaba en su emplazamiento originario sino que había sido desplazado debajo del campanario románico, al oeste.
Me paré un momento para hacer una foto y estuve imaginando la historia de estos árboles, que siglos atrás un artesano había sigilosamente transformado en asientos para el clérigo, y que habían atravesado el tiempo y las guerras hasta perdurar hasta hoy. Cuántos posteriores sagrados se habrán sentado en esos asientos... en invierno, en verano, en épocas de conflictos, en tiempos de bonanza...
Y luego me fijé en la firma de este Roger Souquet, otro de los miles de aficionados a los grafitis, que sin saberlo había ligado su historia individual a esta cadena de individualidades que había permanecido allí en esas sillas... En fin Jackie, que este tema que tan poco me inspiraba me ha llevado a imaginar toda una historia :-)