Capilla de Adoracion Perpetua
LA FUENTE DE UN MUNDO NUEVO
LA FUENTE DE UN MUNDO NUEVO
«Una vida puramente contemplativa no puede ser plenamente eucarística: pues, el hogar tiene una llama», escribía el Padre en 1861. Adorador, él es también apóstol celoso de la Eucaristía y abrió caminos para dar gloria a este misterio. Tratemos de resumir las grandes líneas de su acción y de sus enseñanzas.
Primer objetivo, la renovación de la vida cristiana. No se trata solamente de luchar contra la ignorancia o la indiferencia sino, y sobre todo, de renovar la vida cristiana que se está perdiendo en mil prácticas y devociones, olvidando lo esencial. En el prefacio del Directorio de los Agregados del Santísimo, pone este principio: «El hombre es amor como su prototipo divino: de tal amor, tal vida». Y explica que «todo amor tiene un comienzo, un centro y un fin». A partir de este principio, Eymard saca toda una pedagogía para la vida espiritual: «A fin de que el alma devota se fortalezca y crezca en la vida de Jesucristo, tiene necesidad de nutrirse en primer lugar de su verdad divina y de la bondad de su amor de tal modo que pueda pasar de la luz al amor, y del amor a las virtudes».
Los institutos que él fundó son llamados a vivir de este espíritu de amor cuyo sacramento es la sagrada Eucaristía: «Esta dilección eucarística de Jesús sea, pues, la ley suprema de la virtud, el tema del celo y como la nota característica de la santidad de los nuestros» , escribe en el número tres de las Constituciones. En otras palabras, una comunidad de amor. De la misma manera, él concibe la Agregación como un grupo de seglares que unen la adoración al compromiso apostólico. Por ello establecerá centros de Agregados no solamente alrededor de sus comunidades sacramentinas sino también en muchísimas parroquias. Muy a menudo, san Pedro Julián sueña con encontrar algunos Agregados que, con el propósito de llevar una vida más eucarística, se reunirían en comunidades de familias y formarían en el mundo como un pequeño cenáculo religioso.
El ideal que confía a sus hijos es «prender el fuego del amor eucarístico a los cuatro fines del mundo». Y, en las Constituciones, recomendaba a sus religiosos velar a fin de que «el Señor Jesús sea perpetuamente adorado en su Sacramento y socialmente glorificado en el mundo entero» (n° 2). Ese es el sentido de la expresión reino de la Eucaristía que sale tan a menudo de la pluma del P. Eymard. En un artículo titulado «Le siècle de l'Eucharistie», escrito para la revista Le Très Saint Sacrement que había fundado, Pedro Julián escribe: «El gran mal de nuestra época es que no vamos a Jesucristo como a su Salvador y a su Dios. Se abandona el único fundamento, la única fe, la única gracia de la salvación... Entonces ¿qué hacer? Regresar a la fuente de la vida, pero no al Jesús histórico o al Jesús glorificado en el cielo sino al Jesús que está en la Eucaristía. Tenemos que hacerlo salir de su escondite para que pueda de nuevo colocarse a la cabeza de la sociedad cristiana... Qué venga cada vez más el reino de la Eucaristía: ¡Adve-niat regnum tuum!»
Y, para terminar, he aquí un texto del P. Eymard que la liturgia nos ofrece para el Oficio de las Horas:
#FeriadelTiempoOrdinarioJuevesdelaDecimaSéptimaSemana
#Capilladeadoraciónperpetua #ConversaconDios #ViviendoconDios #VirgenMaría #CatólicoMariano #Eucaristía #MadredeLaIglesia #MaríaEsMadre #VirgenSanta #VirgenReina #SantoRosario #Rosary #VirgenMadre #Jesús #JesusEucarístico #Catolicismo #Santidad #Católico #Diosesamor #VirgendelCarmen #NuestraSeñoradeFátima #VirgendelaCandelaria #Eucharist #NuestraSeñoradelRosario #VirgenDesatanudos #EspírituSanto #AdoradorEucarístico
LA FUENTE DE UN MUNDO NUEVO
LA FUENTE DE UN MUNDO NUEVO
«Una vida puramente contemplativa no puede ser plenamente eucarística: pues, el hogar tiene una llama», escribía el Padre en 1861. Adorador, él es también apóstol celoso de la Eucaristía y abrió caminos para dar gloria a este misterio. Tratemos de resumir las grandes líneas de su acción y de sus enseñanzas.
Primer objetivo, la renovación de la vida cristiana. No se trata solamente de luchar contra la ignorancia o la indiferencia sino, y sobre todo, de renovar la vida cristiana que se está perdiendo en mil prácticas y devociones, olvidando lo esencial. En el prefacio del Directorio de los Agregados del Santísimo, pone este principio: «El hombre es amor como su prototipo divino: de tal amor, tal vida». Y explica que «todo amor tiene un comienzo, un centro y un fin». A partir de este principio, Eymard saca toda una pedagogía para la vida espiritual: «A fin de que el alma devota se fortalezca y crezca en la vida de Jesucristo, tiene necesidad de nutrirse en primer lugar de su verdad divina y de la bondad de su amor de tal modo que pueda pasar de la luz al amor, y del amor a las virtudes».
Los institutos que él fundó son llamados a vivir de este espíritu de amor cuyo sacramento es la sagrada Eucaristía: «Esta dilección eucarística de Jesús sea, pues, la ley suprema de la virtud, el tema del celo y como la nota característica de la santidad de los nuestros» , escribe en el número tres de las Constituciones. En otras palabras, una comunidad de amor. De la misma manera, él concibe la Agregación como un grupo de seglares que unen la adoración al compromiso apostólico. Por ello establecerá centros de Agregados no solamente alrededor de sus comunidades sacramentinas sino también en muchísimas parroquias. Muy a menudo, san Pedro Julián sueña con encontrar algunos Agregados que, con el propósito de llevar una vida más eucarística, se reunirían en comunidades de familias y formarían en el mundo como un pequeño cenáculo religioso.
El ideal que confía a sus hijos es «prender el fuego del amor eucarístico a los cuatro fines del mundo». Y, en las Constituciones, recomendaba a sus religiosos velar a fin de que «el Señor Jesús sea perpetuamente adorado en su Sacramento y socialmente glorificado en el mundo entero» (n° 2). Ese es el sentido de la expresión reino de la Eucaristía que sale tan a menudo de la pluma del P. Eymard. En un artículo titulado «Le siècle de l'Eucharistie», escrito para la revista Le Très Saint Sacrement que había fundado, Pedro Julián escribe: «El gran mal de nuestra época es que no vamos a Jesucristo como a su Salvador y a su Dios. Se abandona el único fundamento, la única fe, la única gracia de la salvación... Entonces ¿qué hacer? Regresar a la fuente de la vida, pero no al Jesús histórico o al Jesús glorificado en el cielo sino al Jesús que está en la Eucaristía. Tenemos que hacerlo salir de su escondite para que pueda de nuevo colocarse a la cabeza de la sociedad cristiana... Qué venga cada vez más el reino de la Eucaristía: ¡Adve-niat regnum tuum!»
Y, para terminar, he aquí un texto del P. Eymard que la liturgia nos ofrece para el Oficio de las Horas:
#FeriadelTiempoOrdinarioJuevesdelaDecimaSéptimaSemana
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