Església romànica de Sant Climent de Taüll
Al fondo de la imagen podemos ver una línea serpenteante de luces, se trata de la popular "Baixada de torxes a Boí Taüll".
Antiguamente, con la llegada del solsticio de verano, se encendían hogueras para ahuyentar los malos espíritus. Los hombres bajaban de las montañas con antorchas encendidas, "las fallas", un fuego purificador que, aparte de ahuyentar los malos espíritus, servía para dar gracias por las buenas cosechas y la llegada del buen tiempo. Esta tradición milenaria, que se remonta a tiempos prehistóricos, ha adquirido variaciones hasta convertirse en una fiesta que, a lo largo de los meses de junio y julio, llena el valle de Boí de fuego, música y bailes.
La celebración comienza con la plantación de las fallas, en la que los hombres jóvenes talan siete u ocho pinos y los plantan en la cima de una montaña que sea visible desde el pueblo, lo llaman "faro". Allí, se preparan las fallas, que son unos ramos hechos de tea de pino que se unen con un mango de fresno o avellano. Una vez confeccionadas las fallas, se procede al encendido del faro, en el que cada participante enciende su falla para comenzar la bajada de fallas, un trayecto guiado por el mozo mayor o capataz. La bajada de fallas deja la montaña cubierta por auténticos ríos de fuego que acaban convergiendo en la plaza del pueblo, donde la fiesta termina con bailes que se organizan alrededor de una gran hoguera.
Església romànica de Sant Climent de Taüll
Al fondo de la imagen podemos ver una línea serpenteante de luces, se trata de la popular "Baixada de torxes a Boí Taüll".
Antiguamente, con la llegada del solsticio de verano, se encendían hogueras para ahuyentar los malos espíritus. Los hombres bajaban de las montañas con antorchas encendidas, "las fallas", un fuego purificador que, aparte de ahuyentar los malos espíritus, servía para dar gracias por las buenas cosechas y la llegada del buen tiempo. Esta tradición milenaria, que se remonta a tiempos prehistóricos, ha adquirido variaciones hasta convertirse en una fiesta que, a lo largo de los meses de junio y julio, llena el valle de Boí de fuego, música y bailes.
La celebración comienza con la plantación de las fallas, en la que los hombres jóvenes talan siete u ocho pinos y los plantan en la cima de una montaña que sea visible desde el pueblo, lo llaman "faro". Allí, se preparan las fallas, que son unos ramos hechos de tea de pino que se unen con un mango de fresno o avellano. Una vez confeccionadas las fallas, se procede al encendido del faro, en el que cada participante enciende su falla para comenzar la bajada de fallas, un trayecto guiado por el mozo mayor o capataz. La bajada de fallas deja la montaña cubierta por auténticos ríos de fuego que acaban convergiendo en la plaza del pueblo, donde la fiesta termina con bailes que se organizan alrededor de una gran hoguera.