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Al otro lado del arco iris ( de "palabras para Julia")
Tres dias pasaron desde que encontré aquella carta tan descorazonadora. Tres dias en los que no conseguía olvidarme de unas palabras que habían quedado colgadas del aire, dibujando el contorno inacabado del lienzo de la soledad.
Resuelto a descubrir el origen de aquel baúl pregunté a mi abuela por ese nombre - Julia - mientras abría el sobre. Apenas comencé a deshojar los pétalos de sus palabras escritas, se quedó mirando al infinito e hizo que cesara mi lectura cogiéndome del brazo con determinación. Conocía perfectamente esa carta.
Me miró fijamente a los ojos con la intensidad velada de los recuerdos.
______
Una tarde de primavera, una de esas tardes en que el aire se viste de luz descubriendo los mil colores de la vida, llamaron a la puerta. María salió a abrir. Frente a ella, de pie, serena, con el rostro marcado por los años - como ella - estaba su amiga, la que hacía tanto tiempo que no veía.. Se abrazaron largamente. Los años de ausencia no habían podido mitigar los recuerdos de juventud en que su amistad les llevó a compartir momentos inolvidables. Hablaron de esos tiempos, de sus vidas.
Después de reir abiertamente describiendo pasadas locuras, llegó el silencio.
- ¿Cómo está Luis?
- Está acostado, hace tiempo que ya no se levanta. Quizá ya no se acuerde de tí, últimamente ha perdido casi toda la memoria.
- María, quiero hablarte de algo..., hace unas semanas me llegó una inesperada carta, dentro había un sobre con mi nombre. Por eso estoy hoy aquí...
María fue leyendo despacio cada uno de los párrafos allí escritos. Cuando terminó dobló el papel y se lo devolvió. La miró con tranquila seriedad. En un momento, mil palabras de aceptación nacieron de las pupilas y quedaron escritas en el silencio sin que hubieran de pronunciarse. Sólo asintió con la mirada.
.
.
Por las rendijas de la ventana se filtraba un haz luminoso que conformaba figuras en las sábanas. Ya era de día. Miró en las penumbras y solo oyó al silencio. Pensó en María y María no estaba. La puerta se abrió despacio, una figura se acercó a la cama y le besó en la frente dejando sobre la mesita un ramillete de flores en un transparente jarrón. Ella olía diferente a María, era un dulce aroma a jazmín.
Se abrió ligeramente la cortina y pudo verla: esas facciones que él nunca hubiera podido imaginar volver a ver, que se le habían ido borrando con el paso de los años... Sonrió y su sonrisa le abrió de par en par el corazón, que ya se le salía por los ojos de tanto como querían decir. Pero Julia puso un dedo en sus labios y le cogió la mano, al tiempo que María terminaba de abrir la ventana y salía en silencio de la alcoba cerrando la puerta tras de sí...
Ya en el patio comenzó a regar los geranios, se acercó al rosal que apuntaba sus primeras flores, y aspiró profundamente el aroma, abriendo de nuevo su casi olvidada y anhelada sonrisa.
Abril germinaba sobre la tierra como si el invierno le hubiera ido preparando concienzudamente para exponer de golpe toda su alegría, todo su esplendor.
_______
MI abuela cerró los ojos recordando a su madre como si aún estuviera allí, su rostro sereno, su aroma dulce de jazmin. Luego sonrió mirándome. Ahora, aquello que tantos años guardó su corazón, había germinado como primavera en su descendencia.
Me asomé a la ventana.
Los árboles dejaban caer pacientemente sus hojas bajo una fina lluvia. Era un nuevo otoño, era otro otoño, y encontré que la vida tiene tantos matices, tantas metáforas, que un solo gesto, unas palabras, obran el milagro de unir tiempo y espacio en un solo y único corazón...
Al otro lado del arco iris ( de "palabras para Julia")
Tres dias pasaron desde que encontré aquella carta tan descorazonadora. Tres dias en los que no conseguía olvidarme de unas palabras que habían quedado colgadas del aire, dibujando el contorno inacabado del lienzo de la soledad.
Resuelto a descubrir el origen de aquel baúl pregunté a mi abuela por ese nombre - Julia - mientras abría el sobre. Apenas comencé a deshojar los pétalos de sus palabras escritas, se quedó mirando al infinito e hizo que cesara mi lectura cogiéndome del brazo con determinación. Conocía perfectamente esa carta.
Me miró fijamente a los ojos con la intensidad velada de los recuerdos.
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Una tarde de primavera, una de esas tardes en que el aire se viste de luz descubriendo los mil colores de la vida, llamaron a la puerta. María salió a abrir. Frente a ella, de pie, serena, con el rostro marcado por los años - como ella - estaba su amiga, la que hacía tanto tiempo que no veía.. Se abrazaron largamente. Los años de ausencia no habían podido mitigar los recuerdos de juventud en que su amistad les llevó a compartir momentos inolvidables. Hablaron de esos tiempos, de sus vidas.
Después de reir abiertamente describiendo pasadas locuras, llegó el silencio.
- ¿Cómo está Luis?
- Está acostado, hace tiempo que ya no se levanta. Quizá ya no se acuerde de tí, últimamente ha perdido casi toda la memoria.
- María, quiero hablarte de algo..., hace unas semanas me llegó una inesperada carta, dentro había un sobre con mi nombre. Por eso estoy hoy aquí...
María fue leyendo despacio cada uno de los párrafos allí escritos. Cuando terminó dobló el papel y se lo devolvió. La miró con tranquila seriedad. En un momento, mil palabras de aceptación nacieron de las pupilas y quedaron escritas en el silencio sin que hubieran de pronunciarse. Sólo asintió con la mirada.
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Por las rendijas de la ventana se filtraba un haz luminoso que conformaba figuras en las sábanas. Ya era de día. Miró en las penumbras y solo oyó al silencio. Pensó en María y María no estaba. La puerta se abrió despacio, una figura se acercó a la cama y le besó en la frente dejando sobre la mesita un ramillete de flores en un transparente jarrón. Ella olía diferente a María, era un dulce aroma a jazmín.
Se abrió ligeramente la cortina y pudo verla: esas facciones que él nunca hubiera podido imaginar volver a ver, que se le habían ido borrando con el paso de los años... Sonrió y su sonrisa le abrió de par en par el corazón, que ya se le salía por los ojos de tanto como querían decir. Pero Julia puso un dedo en sus labios y le cogió la mano, al tiempo que María terminaba de abrir la ventana y salía en silencio de la alcoba cerrando la puerta tras de sí...
Ya en el patio comenzó a regar los geranios, se acercó al rosal que apuntaba sus primeras flores, y aspiró profundamente el aroma, abriendo de nuevo su casi olvidada y anhelada sonrisa.
Abril germinaba sobre la tierra como si el invierno le hubiera ido preparando concienzudamente para exponer de golpe toda su alegría, todo su esplendor.
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MI abuela cerró los ojos recordando a su madre como si aún estuviera allí, su rostro sereno, su aroma dulce de jazmin. Luego sonrió mirándome. Ahora, aquello que tantos años guardó su corazón, había germinado como primavera en su descendencia.
Me asomé a la ventana.
Los árboles dejaban caer pacientemente sus hojas bajo una fina lluvia. Era un nuevo otoño, era otro otoño, y encontré que la vida tiene tantos matices, tantas metáforas, que un solo gesto, unas palabras, obran el milagro de unir tiempo y espacio en un solo y único corazón...