Phytoptus avellanae
Esta plaga se encuentra extendida por todas las comarcas avellaneras del mundo, parasitando tanto a los avellanos cultivados como a los silvestres. La intensidad del ataque depende de las condiciones climatológicas, de la especie y de la variedad.
Es un ácaro muy pequeño, transparente, con un tamaño aproximado de 1.5 mm y forma muy alargada. Ataca las yemas ya fructíferas o vegetativas, y debido a su invasión no pueden desarrollarse; en algunas variedades son también afectados los amentos masculinos, que quedan deformados, rígidos y quebradizos y apenas producen polen o no lo producen.
El ácaro inverna en el interior de la agalla que se mantiene cerrada hasta la llegada del buen tiempo. Después se abre y los insectos, abandonando el refugio invernal, van en busca de las yemas, donde originan sus colonias. La yema invadida por el ácaro, llegado el mes de julio empieza a hincharse en su axila, adquiriendo una coloración amarillenta, y de manera gradual aumenta su volumen a medida que se multiplica el insecto, hasta formar la agalla donde pasará la invernada.
El porcentaje de yemas afectadas varía con los años, según sean más o menos favorables a la plaga las condiciones climatológicas. Parece ser que le favorecen los años de sequía.
A causa de sus innumerables picaduras debilitan al árbol de tal manera que provocan la caída del fruto en pleno desarrollo.
Phytoptus avellanae
Esta plaga se encuentra extendida por todas las comarcas avellaneras del mundo, parasitando tanto a los avellanos cultivados como a los silvestres. La intensidad del ataque depende de las condiciones climatológicas, de la especie y de la variedad.
Es un ácaro muy pequeño, transparente, con un tamaño aproximado de 1.5 mm y forma muy alargada. Ataca las yemas ya fructíferas o vegetativas, y debido a su invasión no pueden desarrollarse; en algunas variedades son también afectados los amentos masculinos, que quedan deformados, rígidos y quebradizos y apenas producen polen o no lo producen.
El ácaro inverna en el interior de la agalla que se mantiene cerrada hasta la llegada del buen tiempo. Después se abre y los insectos, abandonando el refugio invernal, van en busca de las yemas, donde originan sus colonias. La yema invadida por el ácaro, llegado el mes de julio empieza a hincharse en su axila, adquiriendo una coloración amarillenta, y de manera gradual aumenta su volumen a medida que se multiplica el insecto, hasta formar la agalla donde pasará la invernada.
El porcentaje de yemas afectadas varía con los años, según sean más o menos favorables a la plaga las condiciones climatológicas. Parece ser que le favorecen los años de sequía.
A causa de sus innumerables picaduras debilitan al árbol de tal manera que provocan la caída del fruto en pleno desarrollo.