Fue mi padre, quien desde pequeño me inicio en el mundo de la fotografia, todavia recuerdo esa sensacion al ver aparecer un positivo en el revelador en el cuarto oscuro, solo con la luz roja y el olor de acido acetico del baño de paro.
Teniamos el laboratorio en un pequeño cuarto de 2m2 (que en realidad era una despensa de la cocina) donde en invierno hacia tanto frio y en verano tanto calor que era imposible mantener el revelador a 20 grados.