Te levantas con resaca. La reconoces porque no puedes despegar la lengua del paladar y la cabeza parece una lavadora centrifugando. Las ideas brillantes de la noche pasada salpican la alfombra. O quizás sean manchas de cerveza...

 

Tus pasos suenan lentos. La sensación del contacto con el suelo frío es agradable. Te acercas hasta el lavabo. El baño está lleno de la ropa de ayer: lo dejaste todo desperdigado.Te miras al espejo y dudas si realmente ese engendro de ojos hinchados y boca semicerrada eres tú. Parece ser que sí: de cualquier manera hay que aprender a aceptarse. Te lavas la cara. El frío te despeja. Ya que no puedes borrar tus facciones, quizás el agua sí atenúe las marcas del desastre de ayer por la noche.

 

No hay ningún desastre. La máscara de tu cara se ha caído. La persona de ayer no es la de hoy. La de hoy será probablemente la de mañana. O no.

 

Pero hoy ya no es ayer. La chica que se mira a sí misma ha cambiado. Sólo tú puedes juzgarte. Las lenguas ásperas del tiempo y de su fracaso te raspan la piel. Pero tú te lavas la cara.

 

Eh, tú, ¿Qué coño miras?

 

Hoy no llevarás tacones. No va contigo. Pero te pondrás cualquier cosa y saldrás a ganar. Palmadita en el culo y algo de resaca. No importa. Tienes tanta sed... Y no sabes por dónde empezar a beber.

     

|Noné.

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