Ahora, que mis manos se han quedado sin tinta, grito más que nunca hablar de estas tierras que ando, buscando lugar donde clavar bandera. Mientras encuentro aquí, por el resquicio de la puerta, un hilo de luz, salir de esta oscuridad que me ciega, y recuperar con el tiempo las letras perdidas. Sólo me ayudo de las que un día ya deambularon por estos lugares, marcadas en etiquetas con su año, y dejando el resto a su ritmo, que el tiempo vuelva a cargar este lápiz de nuevas historias.