¿Que tiene la fotografía que tanto atrae? ¿Qué sensaciones recorren el alma cuando se aprieta el botón, y se captura un momento concreto de la existencia? Quizá yo no sea el más adecuado para responder a semejante cuestión, pero seguramente será lo mismo que quería sentir una niña, cuando, a sus siete u ocho años, casi que obligó a su padre a que le dejara manosear una vieja Kodak, para saciar su curiosidad. El destino de esa cámara, en las traviesas e inocentes manos de una niña, a buen seguro que resulto cuanto menos incierto, pero el talento de María Dolores, empezaba a asomar en forma de inquietud y curiosidad infantil. No fue hasta pasado un tiempo, que su padre le compró su primera cámara, un pequeño aparato de bolsillo, en formato de 110 mm. Debido a que vivían en una pequeña localidad de la provincia de Barcelona, las tiendas de revelado se limitaban a lo más conocido, o dicho de otra manera, a lo que todo el mundo llevaba a revelar, entiéndase salidas campestres, domingos de playa o cumpleaños. Esa circunstancia impidió a la todavía niña, dejar salir lo que llevaba dentro. Imágenes y situaciones instantáneas, curiosidades momentáneas que solo se pueden captar con un objetivo. La verdadera magia de la vida que quizá, sin saberlo ni ella misma, estaba dispuesta a capturar durante el resto de su vida. Sin embargo, y siendo una mujer tenaz (esto lo digo con conocimiento de causa) su inquieto interior hizo que jugando con la cámara (no olvidemos que todavía era muy niña) adquiriera practica, se desenvolviera, cargara y descargara el carrete, apuntara, disparara, y se imaginara el resultado. Sin darse cuenta estaba desarrollándose a ciegas.

Ya en su adolescencia, y siendo como ya he referido una mujer tremendamente tenaz y constante en sus deseos, adquirió bastantes conocimientos teóricos, a la vez que pudo hacerse con una Minolta sx 300, y lo que ocurrió después fue lo lógico en alguien tan inquieto: La cámara pasó a ser una extremidad mas de su cuerpo, una extensión de su alma y su talento creativo. Viajes por Europa, mas o menos frecuentes, conciertos, excursiones de cualquier tipo e importancia, eran tomadas siempre como motivo para disparar. Cada rincón, cada esquina, cada detalle, pequeño o grande, paisajes, motivos arquitectónicos, daba igual, nada escapaba a un ojo que mas quisieran deidades ficticias o reales tener en su colección de virtudes. Y asi, entre interminables ristras de negativos, capturas y momentos llenos de la magia que proporciona un objetivo, pasaron unos cuantos años, hasta que el mundo digital entro en su vida. Mundo este que en un principio le resultaba convincente, quizá por la comodidad de poder borrar instantáneamente aquello que no resultara satisfactorio, quizá por ser novedad, pero que no acabó de llenar un pequeño vacio (esto lo comento desde un punto de vista mas particular) y ese vacio era la falta de arte, el encanto del revelado, la emoción de tocar el papel, y por supuesto la grata sensación de ver el resultado final, una imagen colgada de una pinza, un instante de la existencia, escogido entre millones y millones de momentos con los que el tiempo decora este frágil mundo. No obstante, y como se diría coloquialmente, también supo sacarle jugo a su Olympus E 500 dejando un buen numero de instantáneas para el recuerdo, muchas de ellas ampliamente alagadas, comentadas y debatidas en multitud de páginas web dedicadas e este amplio mundo fotográfico. Ya en la actualidad, y como no, siempre con la curiosidad, tenacidad y experimentación como estandarte, adquiere una Lubitel con la que los que conocemos a esta genial y gran mujer, esperamos nos siga sorprendiendo y transportando a una dimensión no solo para los que son capaces de ver una fotografía, si no para todos aquellos que puedan ver un sentimiento y una pasión: La de ver la vida y el mundo al alcance de la mano.

 

Autor Jose Luis Huerga

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  • JoinedJanuary 2011
  • OccupationDiseñadora
  • HometownBarcelona
  • Current citySant Andreu de la Barca
  • CountryEspaña

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