JULIO BALAGUER O LA FUERZA

DEL EXPRESIONISMO

 

Por Alberto Balaguer

 

Julio Balaguer (Palma de Mallorca, 1957). Afincado en Porto Cristo, desde su primera juventud, ha pasado su tiempo, porque de eso se trata, haciendo lo que más le place, alternando su tiempo entre el mar – es el pionero del surf en Mallorca, hace ahora 30 años-, la música culta –con un criterio serio y amplísimo-, la lectura y la pintura. Todo ello le ha servido para tallar su fino espíritu de artista. Es uno de los artistas más singulares de la plástica mallorquina contemporánea. La abundante producción de Balaguer tiene la peculiaridad de reconocerse a simple vista. Creo que ello se debe al dinamismo que entraña su pintura, esto es, a la fuerza simbólica del concepto, de una plenitud esplendorosa; y también al primor en el tratamiento del color y a la calidad de la imaginación o potencia creadora, según se mire, y que revelan un artista de casta. Frente a las obras de Balaguer son muchas las sensaciones y los sentimientos que cualquiera de nosotros puede experimentar, como también son muchos los recuerdos y similitudes, comparaciones y asociaciones que recobra la memoria. Empero, ha sabido labrarse un estilo propio y, vistos los resultados, intransferible. Incluso me atrevería a suponer, que ese impulso tan necesario para lograr cierta autenticidad, es algo que en Balaguer nada tiene que ver con la ambición. Es un maldito que acaba haciendo una pintura oscura porque pocos entienden su luminosidad. En Balaguer es el oscuro sentido de la vida humana un trazo más para darle forma y visibilidad a ese ente que llamamos alma y espíritu, y de esta manera nos presenta a los personajes, desde el aislamiento y el silencio, como una inconmovible protesta contra la pobreza espiritual del hombre de hoy. La cual se manifiesta con el mal y todas sus miserias. La pintura de este artista autodidacta y que adoptó el expresionismo como vehículo de expresión para asumir su potencial creativo -colmado de sensaciones e inquietudes-, y seguir todas las inclinaciones de su corazón, a derivado con el transcurso de los años – más de cuarenta años le separan de sus primeros dibujos- en una ingente producción donde prevalece la calidad sobre la cantidad. Y como prueba de ello, su pintura es muy apreciada en el ámbito de la critica nacional y elcoleccionismo, a pesar que su trabajo sigue siendo todavía desconocido por el gran público. Sin embargo, el pintor mallorquín, está convirtiéndose en uno

de los pintores con más proyección internacional del momento. Formalmente, sus obras no difieren apenas de las de sus predecesores. Del mismo modo, las leyes clásicas de la perspectiva y de las proporciones ceden ante el impulso interior del artista, que las altera para expresar su propio mundo subjetivo, como altera también los colores, con un claro predominio de las tonalidades frías, exaltadas y contrastadas. Pero la estética sombría de Balaguer, no puede resultar menos humana. Para acentuar aun más la expresividad, recurre a las líneas quebradas, a los ángulos rectos y a la estilización y deformación de las figuras. Pero no hay que olvidar que detrás de la imagen de la imperfección vive la idea de la perfección.

 

Lo que pretende con todo ello es, sobre todo, sorprender al espectador y llamar su atención sobre un mundo en crisis -preocupación esencial de los artistas expresionistas, oprimidos por la angustia, la miseria y el terror-. Y en consonancia con estos planteamientos, los temas preferidos de nuestro pintor son las escenas infantiles donde los sueños de los pequeños personajes irrumpen en forma de castillos o dédalos sólo transitados por la inocencia impregnada de poética; la mujer de mirada tiernamente soñolienta, amorosa, incluso dolorosa pero que viene a dulcificar la melancolía, cuya socava fragilidad empieza con el llanto de la niña. Y aquel niño ahora adulto, presumiblemente débil, que parece aligerar su hondo pesar en los ámbitos de la soledad; pues se muestra oprimido, nostálgico, pobre de espíritu, incluso tiernamente ridiculizado porque mira con menosprecio los bienes y honores mundanos; tan visiblemente trastornado por las propias emociones y las tribulaciones que amargamente gasta

la vida, por el acto de poseerse uno mismo en un cuerpo que apenas deja de lastimarse a si mismo a través de toda indeleble conciencia. Y son precisamente qué irregularidades del comportamiento humano, o qué tergiversaciones en la conducta de la sociedad, o qué sinsabores o frustraciones en la vida de la persona escaparán a los ojos de una mente crítica, cómodamente registradora del entorno? ¿Qué incongruencias mil, por rutinarias que sean, de cada día de la historia de este transito de la especie humana sobre la tierra podrían pasar sin hacer mella en una mente sensible que ya no necesita de elaboración racional alguna para distinguir drásticamente entre el bien y el mal?

 

Sólo las cosas que se pagan son autenticas, si se pagan con la inteligencia y el dolor. De ahí la fascinación que causan sus óleos, sobre todo para el ojo crítico y sensible, consciente de que todos contribuimos en mayor o menor medida a esta suerte de humanidad, en un retorno a la antigua pureza e inocencia, para recordarnos cómo hemos ido decayendo hasta nuestro estado actual. Parece que nos dice a modo de exhortación: “Desdichado del que no sueñe, pues nunca verá la luz”. Cito textualmente a García Lorca, ese andaluz universal y también maldito.

 

La pintura de Balaguer es en sí apasionamiento y vaguedad. Ha trabajado sin cesar, y no es de extrañar, dada la vitalidad de su espíritu en vuelo permanente.

  

Para el posible lector, es una ocasión espléndida para conocer un esqueje de una obra hecha y todavía por hacerse, muy distinta a la del resto de artistas de su generación.

 

De Julio Balaguer creo por algunas razones que se podría decir, lo que Peter Hammill dice en una de sus canciones: “Los ángeles viven dentro de mí: siento cómo sonríen... Su presencia acaricia y calma la tempestad de mi mente y su amor cura las heridas que me he producido”.

 

“En Balaguer, no hay que olvidar que detrás de la imagen de la imperfección vive la idea de la perfección”

 

“La abundante producción de este artista, tiene la peculiaridad de reconocerse a simple vista”

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