La felicidad está hecha de momentos de los cuales

las mujeres se adueñan por custodiarlos en los recuerdos,

como si se tratara de piedras preciosas.

Ellas saben que cuanto más feliz es el momento,

más doloroso será el recuerdo.

Desde las miradas a los besos, muriendo por amor o

librándose de los hilos que las hacen muñecas sin voluntad,

o como lagartos disfrutando al sol, ellas, todas ellas,

las mujeres de Sirakov, te miran esperando.

Ellas no se nutren de verdad, ellas se alimentas de respuestas que el pintor no tiene, porque estas diosas

han inspirado el cuadro, no la letra.

Aunque si no sabéis nada,

tenéis que tener respuestas para todo,

afirman a través de sus ojos:

Dios y las mujeres han nacido de esta preferencia.

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