Nací en Santiago de Chile el 24 de junio de 1942. Soy el cuarto de los siete hijos del matrimonio conformado por el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva y María Ruiz-Tagle.

En mi hogar, mi padre y mi madre me enseñaron la importancia del esfuerzo, la lealtad y la fe en el porvenir. Me entregaron principios y valores morales por los cuales luchar en la vida.

 

foto-familia-efm-en-algarroboCursé mis estudios primarios y secundarios en el Instituto de Humanidades Luis Campino. Posteriormente, ingresé a la Universidad de Chile a estudiar Ingeniería Civil, donde me titulé con mención en Hidráulica.

 

Luego de recibirme, el 30 de septiembre de 1967 me casé con Marta Larraechea, “la Martita”, como a ella le gusta que le diga. La conocí en un almuerzo familiar y supe en ese momento que quería compartir mi vida con ella. Su alegría y espontaneidad me conquistaron desde el primer momento y decidimos embarcarnos juntos en la aventura de crear una familia.

 

Tras contraer matrimonio viajé a Italia a especializarme en Administración y Técnica de Gestión. Estuve 2 años en Milán y sus alrededores. Fue una experiencia muy enriquecedora. Junto con perfeccionarme profesionalmente, pudimos hacer una vida familiar muy intensa y tuvimos la posibilidad de conocer como se vive en otras culturas.

 

En 1969 volvimos a Santiago y entré a trabajar en la empresa de ingeniería Sigdo Koppers S.A., donde estuve hasta 1988. En ese lugar aprendí la importancia del trabajo en equipo y de planificar, así como también la capacidad de delegar y de formar equipos técnicos para lograr una gestión eficiente. Además, ahí nació mi obsesión por reunir información de distintas fuentes para tomar decisiones lo más acertadas posibles. Sin duda, mi paso por el sector privado me dejó grandes enseñanzas que han sido vitales en mi posterior trabajo en el servicio público.

 

Con la Martita tuvimos cuatro hijas Verónica, Cecilia, Magdalena y Catalina. Vivir entre tantas mujeres ha sido una gran experiencia y también un enorme aprendizaje. Hoy mis hijas me han dado ya 10 nietos -Sofía, Sebastián, Ignacio, Emilia, Blanca, Manuela, Elena, Victoria, Edmundo y Eduardo - los que me llenan de alegría y cariño.

 

foto-muro-15Entre mis aficiones principalmente está disfrutar de mi familia, especialmente de mis nietos, pasear con mi señora por los parques y cerros de Santiago. También soy un fanático del fútbol, en especial de la Universidad de Chile, a la que voy a menudo a ver jugar al igual que a la selección nacional. Además, me gusta participar en partidos de baby -fútbol y practicar golf.

 

Algunos confunden mi carácter introvertido con timidez. Yo me considero una persona muy entusiasta y optimista, por eso sigo creyendo en Chile, en su gente, en la urgencia por terminar con la desigualdad y la falta de oportunidades. Creo en el futuro y que la educación es la principal herramienta para superar la pobreza y la inequidad. Creo en un Chile para todos y por eso he dicho que quiero ser protagonista del Chile del futuro. No tengo temores en reconcursar y no lo hago con cálculos electorales ni pensando en las encuestas. Lo hago con propuestas y con la profunda convicción de que los valores que me inspiran son lo que se necesita para tener un país más justo, más democrático, más amable y donde todos pueden participar.

 

Mi actividad Política

 

foto-muro-11Inicié mi vida política en 1958 inscribiéndome en el Partido Demócrata Cristiano. Durante mi paso por la universidad me desempeñé como dirigente estudiantil y acompañé a mi padre en la campaña que lo llevó a la Presidencia de la República en 1964.

 

Uno de los grandes beneficios que me dio ver de cerca la intensa actividad política de mi padre, fue la posibilidad de poder compartir desde temprana edad con grandes personajes de la vida nacional como Bernardo Leighton, quien era mi padrino, Edmundo Pérez Zujovic, Radomiro Tomic y Gabriel Valdés, entre otros.

 

Pero sin duda fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez, la persona que más influyó en mí para que optara por entrar al servicio público. Recuerdo con mucho cariño las numerosas veces que nos juntamos a conversar en reuniones que duraban muchas horas. Siempre me impresionó su sencillez y calidez, la claridad de su mensaje, la firmeza de sus convicciones y su opción por los más pobres.

 

En 1988 decidí abandonar la actividad privada para dedicarme a la política y fiel a los principios que me transmitieron mis padres, me desprendí de todos mis activos empresariales, ya que siempre he considerado que el servicio público no es compatible con los negocios.

 

De este modo, junto a Sergio Molina y otros importantes políticos impulsamos el Comité Pro Elecciones Libres y participamos activamente en la campaña del “No” para el plebiscito del 5 de octubre de 1988 con el cual derrotamos a la dictadura.

 

Esa fue la primera vez en que recorrí el país haciendo política y me impresionó el fervor con que los chilenos esperaban el retorno de la democracia. Pero, también pude ver más directamente el lado menos amable: la inmensa cantidad de compatriotas que vivían en la pobreza y en medio de la desesperanza.

Me quedó aún más claro que había mucho por hacer y que me preocuparía especialmente por generar más y mejores oportunidades para los sectores más marginados de nuestra sociedad.

 

Por eso decidí postular al Senado, por la circunscripción de la Región Metropolitana Oriente, en las elecciones presidenciales y parlamentarias de diciembre de 1989, en las cuales resulté electo con la primera mayoría nacional.

 

En el ejercicio de mi función parlamentaria en la Cámara Alta presidí las Comisiones de Hacienda y Presupuesto e integré la de Vivienda.

 

En noviembre de 1991 fui elegido, con más del 70 por ciento de los votos, Presidente del Partido Demócrata Cristiano y en 1992 inscribí en mi partido mi candidatura a la Presidencia de la República, siendo proclamado como tal el 13 de diciembre de ese mismo año.

El 30 de mayo, fui proclamado oficialmente como candidato presidencial de la coalición, después de haber ganado las primarias de la Concertación frente a Ricardo Lagos.

 

El 11 de diciembre de 1993 fui electo Presidente de la República por un período de seis años, con el 57,9 por ciento de los votos, la más alta mayoría histórica.

 

El 11 de marzo de 2000 terminé mi período presidencial y asumí como Senador Vitalicio, de acuerdo a lo establecido por la Constitución vigente que yo había jurado respetar, pese a que no estaba de acuerdo con esa institución por ser antidemocrática. Por eso voté favorablemente su derogación en las reformas constitucionales aprobadas el año 2005.

 

Ese mismo año, y motivado por vivir de cerca la realidad de las regiones, postulé nuevamente al Senado, pero esta vez por la Circunscripción 16 que comprende la totalidad de la Región de Los Ríos y las comunas de Osorno, San Pablo y San Juan de la Costa de la Región de Los Lagos.

 

Tras resultar electo, asumí el 11 de marzo de 2006 y ese mismo día me eligieron Presidente del Senado, cargo que ocupé por dos años.

 

Además de mi calidad de parlamentario, soy miembro del Comité Ejecutivo del Club de Madrid y participo como conferencista permanente en la Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Interamericano del Desarrollo (BID).

 

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