Una vez, asomada al balcón de mi casa, observé que un agua de color verde cubría la calle hasta un poco antes del segundo piso, yo miraba desde el tercero. Unos barquitos, idénticos a los helicópteros y naves de propulsión de uno de los juegos del parque Rodó, flotaban la mayoría del tiempo, se desplazaban, a veces tomaban altura y avanzaban volando unos metros, para luego volver a posarse en el agua.

Qué ganas de saltar del balcón hasta uno de esos barcos! Tenía cuatro años, más o menos.

Bastante tiempo después, terminé -no sin dificultad- por deducir que eso tenía que haber sido un sueño. Pero eso fue bastante tiempo después.

Suficiente para.

Read more

Testimonials

Nothing to show.