Más que comentar la historia de este clásico bar de la juerga sevillana, habría que hablar del concepto MINIBAR. Porque este local va más allá de un simple lugar donde poder tomarse una copa: aquello llegó a ser la prolongación del salón de nuestras casas, el único punto de encuentro posible.
Como en toda filosofía o religión donde existen corrientes de pensamiento, en esta convivían con total armonía dos tendencias muy definidas: los nandistas y los manolistas. O sea, los del Minibar Chico y los del Minibar Pasaje. Y algunos fatiguitas eran de los dos a la vez: de 10.30 a 12.30 en el chico, y de 12.30 a “cuando Manolo quiera” en el grande. Mientras recorrías la distancia entre uno y otro, observabas otros bares llenos de gente y uno se preguntaba incrédulo cómo era posible vivir y salir por otros lugares que no fuesen el MINIBAR. Y te compadecías de ellos por no haber descubierto la luz. Cuando algún día alguien osaba proponer quedar en otro bar, las miradas asesinas te hacían desistir del intento: eso era más grave que ponerle los cuernos a tu pareja. Como cualquier amante infiel, había que irse a otro barrio de la ciudad para consumar la infidelidad poniendo siempre alguna excusa peregrina.
Entre esas paredes pasaron muchas cosas en nuestras vidas: amores que acabarán en boda, amores que se convirtieron en desamores, novias fugaces, polvos de una noche… allí se gestaron proyectos de vida, partidas… pero siempre con un regreso. Borracheras inolvidables. En aquel lugar vimos pasar otoños, inviernos, primaveras, tórridos veranos que coincidían con el cierre temporal y donde más de uno sentía un vacío, un abismo insoportable que se mitigaba cuando se acercaba septiembre y con ello, lo que considerábamos el renacer de la vida: su reapertura y vuelta a empezar.
El MINIBAR está ya buscando las tablas y con ello su estocada final. En poco tiempo aquello se convertirá en una tienda de complementos femeninos o “en una sucursal del Banco Hispano Americano” (homenaje a la canción con la que cerrábamos en familia, abrazados y ciegos, el Minibar Pasaje). En un futuro no muy lejano, podremos parafrasear a Javier Marías: “En aquel espacio, si es que aún existe, deben de resonar todavía nuestras carcajadas incontables, como las de los fantasmas vivos que de momento vamos siendo, cada uno por nuestro lado”.
Adiós MINIBAR, hasta siempre.
- JoinedJanuary 2007
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Manolo, ya sí.....es la hora. Ahora que todo parecía que iba mejor. Ahora que me debo a la noche y a sus quehaceres. Sí, en este momento. Gloria y sublime te veo menina mía. No olvides que siempre llega este momento, Manolo. Este es el momento de la verdad. Ese rato de éxtasis en la noche del fin de semana que lueg… Read more
Manolo, ya sí.....es la hora. Ahora que todo parecía que iba mejor. Ahora que me debo a la noche y a sus quehaceres. Sí, en este momento. Gloria y sublime te veo menina mía. No olvides que siempre llega este momento, Manolo. Este es el momento de la verdad. Ese rato de éxtasis en la noche del fin de semana que luego se pierde en el pensamiento nocturno de mi cama. Momentos, situaciones y puntos de inflexión que no se pueden comparar con el "ahora....." Esa mirada perdida del barman, y ese puñetazo en la barra. "Que reviento el bar si es preciso......ahora!!!!" Un buche y todo acaba. Ponme mi tequila, Manolo. Ahora........
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